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BOC Nº 062. Jueves 27 de Marzo de 2008 - 1194

IV. Anuncios - Administración Local - Cabildo Insular de Tenerife

1194 - Anuncio por el que se hace pública la Resolución de 6 de marzo de 2008, que modifica el anexo I de la Resolución de 19 de marzo de 2003, por la que se incoa expediente para la declaración de Bien de Interés Cultural, con categoría de Monumento, a favor de la Ermita de San Diego, sita en el término municipal de San Cristóbal de La Laguna, isla de Tenerife.

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Con fecha 4 de marzo de 2008, el Sr. Coordinador de Cultura, Patrimonio Histórico y Museos de este Excmo. Cabildo Insular dictó, entre otras, la siguiente Resolución:

"Visto el expediente de declaración de Bien de Interés Cultural, con categoría de Monumento, a favor de la Ermita de San Diego, sita en el término municipal de San Cristóbal de La Laguna, y

Resultando, que con fecha 19 de marzo de 2003, se dicta Resolución del Sr. Consejero Insular del Área de Cultura, Educación, Empleo y Juventud del Excmo. Cabildo Insular de Tenerife, por la que se incoa expediente de declaración de Bien de Interés Cultural, con categoría de Monumento, a favor de la Ermita de San Diego, sita en el término municipal de San Cristóbal de La Laguna, según la delimitación gráfica y escrita, justificación de la delimitación y descripción del Bien, que figuran en los anexos I y II que acompañan a dicha resolución, publicándose en el Boletín Oficial de Canarias nº 67, de 7 de abril de 2003.

Resultando, que con fecha 21 de noviembre de 2003, la Sección Técnica de la Unidad de Patrimonio Histórico del Excmo. Cabildo Insular de Tenerife, emite informe proponiendo la modificación de la descripción y de la justificación de la delimitación contenida en el anexo I que acompaña a la resolución anteriormente citada y que la Comisión Insular de Patrimonio Histórico, en sesión ordinaria, celebrada el día 26 de noviembre de 2003, dictamina dejar sobre la mesa el asunto a la espera de la pertinente consulta sobre la ordenación urbanística que el Plan General de San Cristóbal de La Laguna establece para la zona.

Resultando, que la Comisión Insular de Patrimonio Histórico, en sesión ordinaria, celebrada el día 18 de febrero de 2008, visto el informe emitido por la Gerencia Municipal de Urbanismo del Ayuntamiento de San Cristóbal de La Laguna, respecto a la situación urbanística del ámbito correspondiente a la delimitación señalada para la Ermita de San Diego, y dado que no existe contradicción entre el régimen de protección derivado de la delimitación propuesta para el Bien de Interés Cultural y el régimen urbanístico establecido por el Plan General, dictamina favorablemente el cambio de la justificación de la delimitación y de la descripción del Bien en cuestión.

Considerando, que según establece el artº. 8.3.d) de la Ley 4/1999, de 15 de marzo, de Patrimonio Histórico de Canarias, corresponde a los Cabildos Insulares la competencia de incoar y tramitar los expedientes de declaración de bienes de interés cultural, elevándolos al Gobierno de Canarias para su aprobación, así como las modificaciones de dichos expedientes.

Considerando, que esta Coordinación General del Área de Cultura, Patrimonio Histórico y Museos, ostenta las competencias del Cabildo Insular en materia de patrimonio histórico, en virtud de Acuerdo del Pleno corporativo de fecha 5 de julio de 2007 y de Acuerdo del Consejo de Gobierno Insular de fecha 6 de julio de 2007.

Es por lo que,

R E S U E L V O:

1º) Modificar el anexo I que acompaña a la Resolución del Sr. Consejero Insular del Área de Cultura, Educación, Empleo y Juventud, de fecha 19 de marzo de 2003, por la que se incoa expediente para la declaración de Bien de Interés Cultural, con categoría de Monumento, a favor de la Ermita de San Diego, sita en el término municipal de San Cristóbal de La Laguna, en el sentido de cambiar la justificación de la delimitación y la descripción del Bien que constan en el mismo por las que figuran en el anexo que acompañan a la presente Resolución.

2º) Notificar la presente Resolución a la Dirección General de Cooperación y Patrimonio Cultural y al Ayuntamiento de San Cristóbal de La Laguna, a los efectos oportunos.

3º) Publicar la presente Resolución en el Boletín Oficial de Canarias."

Santa Cruz de Tenerife, a 6 de marzo de 2008.- El Coordinador del Área de Cultura, Patrimonio Histórico y Museos, Cristóbal de la Rosa Croissier.

A N E X O

BIEN DE INTERÉS CULTURAL.

CATEGORÍA: Monumento.

A FAVOR DE: Ermita de San Diego.

TÉRMINO MUNICIPAL: San Cristóbal de La Laguna.

1. DESCRIPCIÓN.

Se trata de un inmueble de una sola nave, fundado por Juan de Ayala en 1615. Tiene unos 21 m de largo por 9 m de ancho, con piso de loseta cerámica antigua y techo artesonado de teja árabe a cuatro aguas. El templo exteriormente presenta disposición de única nave adosada por el lado del Evangelio al antiguo convento, tal y como es habitual en las construcciones isleñas. La fachada principal es de composición muy sencilla con esquineras de piedra a ambos lados y rematada en la pared del Evangelio con una espadaña en piedra de tres vanos (la espadaña es de dos alturas; con dos huecos en la parte inferior y uno más pequeño en el superior), con campanas en los vanos inferiores. Presenta, además, una ventana adintelada enmarcada en cantería (con piedra similar a la de las esquineras y espadaña) en la zona correspondiente al coro. Un arco de medio punto realizado en cantería, enmarca la puerta principal de acceso al templo. Las piezas que forman el arco (dovelas y clave) resaltan por estar sus uniones cubiertas con una capa de cal. A los lados de la puerta principal se desarrollan dos bancos en piedra a modo de poyos.

En cuanto a la fachada lateral, que se corresponde con la zona de la Epístola, existen dos ventanas con arcos de medio punto enmarcadas en cantería gris con cerramiento acristalado a modo de cojinetes. También existe un arco de medio punto en piedra gris, actualmente ciego, que sirvió como puerta de acceso lateral a la ermita y que quizás se corresponda con una de las puertas que se menciona en la documentación de finales del siglo XVll. La zona de transición entre la ermita propiamente dicha y la sacristía se define por la presencia de un contrafuerte en piedra similar a la de las esquineras. La trasera del edificio está totalmente oculta por la maleza pero destaca en ella la disminución de volumen y dimensiones con respecto de la nave principal, ya que es una construcción posterior.

En el interior existe un coro alto que ocupa todo el ancho de la nave, cuya escalera de acceso arranca del lado de la Epístola y gran ángulo de inclinación. La subida al coro está protegida por una barandilla, también en madera, con sencillos balaustres torneados como motivo ornamental.

Un poyo recorre el lado de la Epístola hasta la zona del presbiterio donde queda interrumpido por el aumento de altura de la mencionada zona. Éste es de factura reciente (al menos posterior a la segunda mitad del siglo XIX), pues anteriormente existían dos retablos en esta pared. El asiento se conforma mediante losas de barro, similares a las utilizadas en el pavimento del templo. Este tipo de poyos es muy característico en las ermitas canarias, tanto interior como exteriormente. Para acentuar o destacar más el presbiterio, se empleó una gruesa barandilla de madera con decoración de balaustres. En el lado del Evangelio se abre un arco -hoy ciego- que daba acceso a la antigua capilla de San Bernardo (posteriormente, capilla de Nuestra Señora del Buen Viaje) que pasó a ser propiedad de la familia Salazar a finales del siglo XVII, de ahí la presencia del escudo de armas de la familia - trece estrellas de ocho puntas-, realzado en piedra y situado sobre la clave del arco. Al cerrarla e incorporarse como una estancia más de la vivienda, se le colocó delante una pila antigua, en piedra, de agua bendita (que probablemente se encontraba en un lateral de la puerta principal o puertas laterales).

El segundo arco ciego, más cercano al presbiterio, donde hoy se encuentra el púlpito, también daba acceso al interior del convento. Delante se sitúa el púlpito al que se accede mediante unos escalones realizados en mortero de cemento.

En el espacio entre los dos arcos se desarrolla un poyo de características idénticas al del lado de la Epístola. Cuatro escalones de piedra, que fueron repintados en color blanco, separan la nave de la zona del presbiterio. En esta zona, a ambos lados del retablo mayor hay: dos puertas, con forma de arcos de medio punto, que comunican con las habitaciones de la sacristía. Esta disposición de las puertas, paralelas al retablo mayor, con acceso a la sacristía, es también muy habitual en los templos canarios. En esta zona del presbiterio se encuentran sendas losas que recuerdan al fundador de la ermita D. Juan de Ayala y Zúñiga (en la pared de la Epístola) y al Siervo de Dios (en la pared del Evangelio), Fray Juan de Jesús.

La cubierta del templo es la usual en Canarias, de teja árabe, a cuatro aguas. En fachada, tanto en la principal como la lateral, se remata con triple hilera de tejas. Las cumbreras no están recubiertas con mortero de cal, para destacar de las restantes. La techumbre de la ermita es de madera de tea, con un amplio almizate central y cuatro faldones sin decoración. La separación entre los faldones se realiza con lima bordón, mientras que siete tirantes recorren el ancho de la nave, ayudando al equilibrio de los muros y distribuyendo las tensiones. Cada uno se distingue del otro por la decoración geométrica de tipo mudéjar que tienen labrada o adosada.

La zona del presbiterio no se diferencia del resto de la nave con una cubierta y techumbre independientes, sino que las comparten y forman una unidad. El pavimento tanto de la nave como del presbiterio y del resto de las habitaciones que conforman la edificación, es de losas de barro. Si bien no todas pertenecen a la misma época, pues son reflejo de las distintas modificaciones que ha sufrido la construcción y que podemos comprobar por los distintos tonos que presenta el pavimento.

La sacristía posee una altura inferior a la del resto de la nave y fabricada en materiales distintos. Su techumbre es de "falso techo", y la iluminación se realiza a través de un pequeño ventanuco. Una segunda sala, de forma cuadrangular, servía como lugar de aseo y descanso para el párroco pues en ella se conserva un aparador con jofaina y restos de antiguos sillones y sillas. A la derecha según se entra, se encuentran dos ventanas y una puerta. La carpintería de estos vanos presenta las características del siglo XIX, pero como en el caso anterior, la estructura es del siglo XVIII. Las ventanas, de guillotina, iluminaban y ventilaban esta sala, deduciendo de ello que esta habitación daba al exterior y que el baño, al que actualmente se accede a través de la misma, fue construido en época posterior. Continuando en esta segunda sala, en la pared del fondo, existe un pequeño arco ciego de medio punto, hecho en piedra roja a una altura de metro y medio del suelo, correspondiente a una antigua hornacina.

Por último, el camino de acceso a la ermita constituye el tramo final de la antigua alameda mandada a plantar por el corregidor Agustín Gabriel del Castillo Ruiz de Vergara entre 1764 y 1770, con el fin preciso de acondicionar y hacer más agradable el paseo que conectaba La Laguna con el convento. Se encuentra delimitado por una profusa vegetación y representa un elemento definidor del conjunto patrimonial.

2. JUSTIFICACIÓN DE LA DELIMITACIÓN.

Las razones por las que se ha establecido un entorno de protección relativamente amplio en torno a la Ermita de San Diego y el antiguo convento de recoletos descalzos de la orden de los menores franciscanos, actualmente transformado en vivienda, obedecen a las siguientes motivaciones:

La justificación principal se vincula íntimamente al propio origen del citado convento y de su templo, fundado en 1648 por D. Juan de Ayala. Los recoletos descalzos escogieron una zona aislada y separada del enclave urbano de La Laguna, con el fin de guardar con mayor rigor los preceptos de su orden. La búsqueda de un emplazamiento en una zona natural, escasamente alterada y dominada por una vegetación arbórea, como su propio nombre indica -San Diego del Monte-, se encuentra en la base de la propia fundación del monasterio, que rodeado de un paisaje selvático y solitario propiciaba el recogimiento y la recolección. En este sentido, pues, no se entienden los valores históricos y patrimoniales de la ermita -y del antiguo convento anejo- sin su conexión con el ambiente natural que le ha rodeado secularmente. Este aislamiento es constatado por la narradora británica Olivia Stone (1888), al señalar que el convento de San Diego se encontraba separado de La Laguna por el lago que da nombre a la ciudad, requiriendo de barcas para franquear uno de los brazos de éste.

La hermosura y singularidad de este paisaje, que integra arquitectura y naturaleza, ha sido alabado de forma repetida por viajeros, historiadores y literatos, que destacaron su belleza y lo significaron como escenario natural que cerraba el Valle de Aguere por el oeste. En este sentido, es notable la descripción que realiza del mismo S. Berthelot en 1820: "Los recoletos establecidos en San Diego del Monte no podían haber elegido un lugar más delicioso; testigos de una antigua selva que se extendía hasta orillas del lago eran los grupos de árboles que quedaban en la montaña, y el convento, bien protegido, se levanta al pie de la ladera ... He contemplado este bosque soledoso donde los laureles, follaos y brezos entrelazan sus verdes ramas ... Los habitantes de San Diego del Monte no han sido capaces de comprender mis emociones ante esa mansión encantada, junto a esa vegetación exuberante ...". Posteriormente, se convirtió en zona predilecta de inspiración de poetas y escritores -Hernández Amador, Mantegazza, Diego Estévanez o Carballo Wangüemert-, el último de los cuales, en 1862 y tras la enajenación del lugar, se refiere a él como "un monasterio medio escondido entre un espeso bosque ... que en otro tiempo fue un lugar delicioso ...".

Las continuas referencias literarias coinciden en resaltar la simbiosis entre naturaleza y arquitectura de San Diego del Monte, estampa que, con vicisitudes diversas, ha llegado a nuestros días, conservándose la abundante vegetación que ha rodeado históricamente al edificio y que constituye un valor ambiental y paisajístico que es necesario preservar, tanto como el propio inmueble, pues ambos se hallan indisolublemente unidos.

El convento, que incluía la ermita así como las tierras que lo rodeaban, formó parte siempre de una misma propiedad, que durante el Trienio Liberal (1821) y tras la disolución de la institución conventual, fue destinado por el Ayuntamiento a hospicio para elefancíacos, impidiendo su privatización. Posteriormente, en 1839 la totalidad del conjunto fue vendido, pasando a titularidad privada hasta la actualidad; habiendo constituido siempre una unidad histórica que habría de preservarse.

La inclusión del camino de acceso en el propio B.I.C. obedece, tanto a razones ambientales -por los propios valores naturales de la vegetación que lo delimita (palmeras canarias, araucarias, cipreses, eucaliptus y especies autóctonas)-, como históricas, pues constituye el tramo final de la antigua alameda mandada a plantar por el corregidor Agustín Gabriel del Castillo Ruiz de Vergara entre 1764 y 1770, con el fin preciso de acondicionar y hacer más agradable el paseo que conectaba La Laguna con el convento, y cuyo único testigo es el último tramo, incluido ya en la finca.

Por último, existe otra justificación más genérica para establecer la delimitación propuesta, y que se entronca con el propio concepto de entorno de protección que figura en el artº. 26 de la Ley 4/1999, de 15 de marzo, de Patrimonio Histórico de Canarias, que señala que su delimitación "se realiza a fin de prevenir, evitar o reducir un impacto negativo de obras, actividades o usos que repercutan en el bien a proteger, en su contemplación, estudio o apreciación de los valores del mismo". Desde este punto de vista, el perímetro establecido es lo suficientemente amplio como para prevenir posibles afecciones directas al inmueble y sus alrededores, además de las relacionadas con su percepción visual.

El conjunto de razones históricas, ambientales y de estricta conservación justifican sobradamente la necesidad de establecer un entorno de protección respecto a la Ermita de San Diego que exceda la estructura física del inmueble, para englobar el entorno natural delimitado. Cabe señalar que se trata de una franja circundante que no abarca la totalidad del bosque existente en la actualidad, precisamente, con el fin de evitar un perjuicio excesivo a los titulares de la propiedad.

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