Gobierno de Canarias

Comunidad Autónoma de Canarias

Boletín Oficial de Canarias

Estás en:

BOC Nº 141. Lunes 29 de Octubre de 2001 - 1520

I. DISPOSICIONES GENERALES - Consejería de Obras Públicas, Vivienda y Aguas

1520 - DECRETO 166/2001, de 30 de julio, por el que se aprueba el Plan Hidrológico Insular de La Palma.

Descargar en formato pdf

La Ley 12/1990, de 26 de julio, de Aguas, regula, en el Capítulo III de su Título III, los criterios a que habrá de ajustarse la redacción y aprobación de los Planes Hidrológicos Insulares como instrumentos básicos de la planificación hidrológica.

Los artículos 7.c) y 41 de la citada disposición legal establecen que la aprobación definitiva de los Planes Insulares compete al Gobierno de Canarias, que la otorgará salvo que aprecie en su texto vulneración de disposiciones legales, inadecuación al Plan Hidrológico Regional o defectos formales graves, en cuyo caso procederá la devolución del proyecto, con expresión motivada de la causa, al Cabildo que, cuando proceda, lo remitirá al Consejo Insular.

El Consejo Insular de Aguas de La Palma presentó ante la Consejería de Obras Públicas, Vivienda y Aguas, para su aprobación por el Gobierno de Canarias, el Plan Hidrológico Insular de La Palma. Dicho Plan fue aprobado provisionalmente por el Pleno del Cabildo Insular de La Palma, en sesión celebrada el 27 de diciembre de 2000.

En razón a la inexistencia del Plan Hidrológico Regional, y a la adecuación de este Plan Insular a las disposiciones legales, la Dirección General de Aguas, según establece el artículo 23.5 del Decreto 161/1996, de 4 de julio, ha informado favorablemente la solicitud de aprobación del Plan Hidrológico Insular de La Palma.

En su virtud, a propuesta del Consejero de Obras Públicas, Vivienda y Aguas y previa deliberación del Gobierno en su reunión celebrada el día 30 de julio de 2001,

D I S P O N G O:

Artículo único.- Aprobar el Plan Hidrológico Insular de La Palma que consta como anexo y cuyas fuentes de financiación de los programas de actuaciones tendrán un carácter meramente indicativo.

DISPOSICIÓN FINAL

Única.- El presente Decreto entrará en vigor el mismo día de su publicación en el Boletín Oficial de Canarias.

Dado en Las Palmas de Gran Canaria, a 30 de julio de 2001.

EL PRESIDENTE

DEL GOBIERNO,

Román Rodríguez Rodríguez.

EL CONSEJERO DE OBRAS PÚBLICAS,

VIVIENDA Y AGUAS,

Antonio Ángel Castro Cordobez.

Ver anexos - página 16232

ÍNDICE

CAPÍTULO I INTRODUCCIÓN.

CAPÍTULO II DATOS GENERALES.

CAPÍTULO III PLANEAMIENTO HIDROLÓGICO DE SUPERFICIE.

CAPÍTULO IV BASES HIDROGEOLÓGICAS DEL PLANEAMIENTO DE LAS AGUAS SUBTERRÁNEAS.

CAPÍTULO V PLANEAMIENTO DE LAS AGUAS SUBTERRÁNEAS.

CAPÍTULO VI EL SISTEMA DE CONDUCCIÓN DE AGUAS.

CAPÍTULO VII EL ALMACENAMIENTO DE AGUAS.

CAPÍTULO VIII LA PRODUCCIÓN INDUSTRIAL DE AGUA.

CAPÍTULO IX DEMANDAS SECTORIALES Y BALANCES HIDRÁULICOS COMARCALES.

CAPÍTULO X ABASTECIMIENTO A POBLACIONES.

CAPÍTULO XI EL SANEAMIENTO DE POBLACIONES Y LA CONTAMINACIÓN AGRARIA.

CAPÍTULO XII ESTUDIO ECONÓMICO-FINANCIERO.

CAPÍTULO XIII ACTUACIONES.

CAPÍTULO I

INTRODUCCIÓN

La Ley de Aguas de Canarias estipula (artículo 35) que el Plan Hidrológico Insular es el instrumento básico de la planificación hidrológica, destinado a conseguir la mejor satisfacción de las demandas de agua y a racionalizar el empleo de los recursos hidráulicos de la isla, protegiendo su calidad y economizándolo en armonía con el medio ambiente y los demás recursos naturales.

Consecuentemente con estos objetivos y principios, el Consejo Insular de Aguas de La Palma lleva años realizando trabajos encaminados a la preparación de su Plan Hidrológico Insular.

Concretamente, en octubre de 1992 dio cima a un documento denominado Avance del Plan Hidrológico Insular, el cual no llegó, sin embargo, a remitirse al Gobierno de Canarias para su aprobación como instrumento de la planificación hidrológica.

En agosto de 1997 el propio Consejo convocó un concurso para la contratación del Plan Hidrológico de la isla, contratación que dio lugar a la realización de diversas labores técnicas culminadas en la redacción de los documentos que comprenden este trabajo. A saber:

- Memoria.

- Normas.

- Programa de obras.

La documentación gráfica viene incluida en la Memoria.

SECCIÓN I.1.

TRABAJOS REALIZADOS.

Con motivo de la redacción de este Plan Hidrológico Insular se han realizado diferentes trabajos de inventario y recogida de información; a saber:

- Un estudio sobre hidrología superficial y balance hídrico de la isla de La Palma.

- Un estudio sobre las principales cuencas hidrográficas de la isla.

- Un inventario de las obras de captación de aguas subterráneas.

- Un inventario de canales y conducciones de trasvase.

- Un inventario de depósitos, estanques y embalses.

- Un reconocimiento de la infraestructura municipal de suministro de agua potable.

- Un reconocimiento de la infraestructura municipal de saneamiento de aguas residuales.

Y numerosos trabajos adicionales relacionados con la recogida de información sobre diferentes aspectos de la gestión hidráulica insular.

SECCIÓN I.2.

LA ESTRUCTURA DE LA PLANIFICACIÓN HIDROLÓGICO INSULAR.

La Ley 12/1990, de Aguas de Canarias, concibe la planificación hidrológica como el instrumento básico de la política hidráulica del Archipiélago. Contempla las siguientes figuras relacionadas con esta planificación:

a) El Plan Hidrológico de Canarias.

b) Los Planes Hidrológicos Insulares.

c) Los Planes Hidrológicos Parciales y Especiales.

d) Las Actuaciones Hidrológicas.

El PHI de La Palma se inscribe, evidentemente, en el segundo de los grupos anteriores. Legalmente (artículo 33 de la Ley 12/1990), la planificación hidrológica insular ha de adaptarse a las directrices del Plan Hidrológico de Canarias. Sin embargo, en el momento de redactarse la presente Memoria, el Plan Hidrológico de Canarias no solamente no se había aprobado, sino que ni tan siquiera había llegado a publicarse en forma de avance o borrador.

Tampoco había llegado a difundirse dato oficial alguno acerca de un eventual Reglamento General de Aguas de Canarias.

De modo que el presente Plan Hidrológico se preparó a falta de antecedentes y directrices que deberían haber informado su redacción. Esta circunstancia es fundamental para entender su contenido (sobre todo el de sus Normas).

SECCIÓN I.3.

CONTENIDO DE LA PRESENTE MEMORIA.

La presente Memoria se dedica a exponer los resultados de los trabajos del Plan, así como a justificar las soluciones propuestas en relación con los problemas de suministro hidráulico de la isla.

Siguiendo este criterio, en la Memoria se tratan inicialmente los recursos hidráulicos superficiales y los problemas asociados a su explotación. Los dos siguientes capítulos se dedican al estudio de las aguas subterráneas insulares.

Varios capítulos se destinan después al estudio de los problemas de transporte hidráulico en la isla, al de su infraestructura de almacenamiento de agua y a la producción industrial de caudales.

El estudio de la demanda de agua se realiza en el capítulo IX. En él se formula una propuesta de comarcalización hidráulica de la isla y se estudian los balances hidráulicos disponibilidad-demanda hídricas correspondientes a las diferentes zonas de la isla.

Con posterioridad se presentan los resultados de los estudios practicados en relación con el suministro de agua potable y de saneamiento de aguas residuales urbanas.

En último extremo se aportan las conclusiones sobre los programas de inversiones propuestas (capítulo XIII) y sobre las actuaciones inversoras no específicamente traducibles en la ejecución de obras.

Ver anexos - página 16235

CAPÍTULO II

DATOS GENERALES

En este capítulo se ofrece un resumen de la información correspondiente a las diversas materias contempladas por el Plan Hidrológico y una primera presentación de los principales problemas de la realidad hidráulica insular.

SECCIÓN II.1.

HIDROLOGÍA.

¤II.1.1.- Balance hidrológico.

El siguiente cuadro refleja las cifras correspondientes a los términos básicos del balance hidrológico insular. En general, sus valores acusan muy señaladas diferencias con respecto a los de otros estudios anteriores también dedicados a la hidrología de la isla. Esas diferencias se deben a que la pluviometría y la infiltración del presente Plan Hidrológico superan a lo expresado por dichos estudios, en tanto que su escorrentía superficial es netamente inferior a la de ellos.

Ver anexos - página 16236

a escorrentía superficial de la isla se produce especialmente en la Caldera de Taburiente, por cuyos barrancos corre del orden de la mitad de sus aportaciones superficiales.

El cuadro adjunto muestra cifras relativas a las aportaciones medias anuales conjuntas correspondientes a la escorrentía superficial en los principales barrancos de la isla. Se expresan según la vertiente y en cotas de 0 y 500 m sobre el nivel del mar.

Ver anexos - página 16236

n el presente Plan Hidrológico Insular, se consideran especialmente dos casos de aprovechamiento de las aportaciones de la escorrentía superficial: el de las aguas del barranco de Las Angustias, mediante el sistema conocido como embalse de la Viña, y el de algunos cauces del nordeste de la isla, en los que se prevé construir tomaderos para derivar sus aguas hacia La Laguna de Barlovento. Pero hay además otros aprovechamientos de aguas superficiales previstos.

¤II.1.2.- Aguas subterráneas.

Las aguas subterráneas de La Palma discurren o se almacenan en tres acuíferos principalmente: el Coebra, el de las Vertientes y el Costero. El cuadro inferior recoge una estimación de los balances hidráulicos correspondientes a cada uno de ellos. En este cuadro cabe subrayar el dato de que todos los años se vierten al mar sobre unos 161 hm3. Destaca, pues, la importante magnitud que en la isla alcanzan los recursos hidráulicos subterráneos de carácter excedentario.

Ver anexos - página 16237

n general, la calidad química de las aguas subterráneas insulares puede reputarse de buena. No obstante, a esta situación se le pueden contraponer tres problemas de cierto relieve: la contaminación volcánica que experimentan las aguas de todo el vértice sur insular; la contaminación por intrusión marina que casi con carácter general provocan las extracciones en acuíferos costeros y los síntomas, que empiezan a ser ya muy evidentes en las aguas costeras del Valle de Aridane, de contaminación antrópica por intrusión al interior del terreno de nitratos de origen agrícola.

El noroeste de la isla (Tijarafe-Norte, Puntagorda, Garafía) representa la comarca con superior proporción de recursos subterráneos sobrantes y la que con mayor razón puede calificarse de infraexplotada.

Por el contrario, la totalidad del acuífero Coebra ha de considerarse en riesgo de sobreexplotación. Y en proceso de salinización la parte del costero correspondiente a los barrancos de Las Angustias y Tenisca.

¤II.1.3.- Infraestructura de captación de aguas subterráneas.

En el cuadro adjunto se ofrece un estado resumido del sistema de captación de aguas subterráneas de la isla.

Ver anexos - página 16237

n su casi totalidad, este sistema es de promoción y propiedad privada. Se da el caso de que la capacidad de la inversión privada en materia de alumbramiento de aguas subterráneas ha venido declinando fuertemente durante la última década, hasta el punto de que en la actualidad parece haber perdido casi por completo su primitivo impulso.

En el presente Plan Hidrológico se propone un conjunto de medidas dirigidas a fomentar, en unos casos, y a impedir, en otros, el desarrollo de las obras de alumbramiento de aguas subterráneas. Así, la declaración de zonas en riesgo de sobreexplotación o en proceso de salinización, pretenden impedir la perforación en determinadas comarcas de la isla. La declaración de zonas infraexplotadas y las medidas que la acompañan intentan lo contrario: activar esos trabajos de perforación en otras comarcas.

¤II.1.4.- Balances hidráulicos.

El cuadro inferior expresa los balances hidráulicos estimados en la actualidad para el conjunto de la isla con arreglo a los diferentes tipos de años (normal, húmedo o seco).

Ver anexos - página 16238

Con carácter general, la situación hidráulica de la isla puede considerarse equilibrada, aunque entendiéndose que este diagnóstico ofrece un aspecto muy diferente según se particularice para una u otra de las dos grandes vertientes hidráulicas de la isla.

La situación de la oriental es holgada, incluso durante los años secos, en los que los requerimientos de caudales para regadío suelen subir apreciablemente. Las aportaciones de manantiales y galerías casi bastan para cubrir la totalidad de las necesidades hídricas de la zona, aun durante el verano. Las extracciones de los pozos resultan necesarias apenas para atender algunas puntas de la demanda.

Por el contrario, la vertiente occidental (sobre todo el Valle de Aridane) solo puede satisfacer su demanda estival a base de recurrir a las aguas almacenadas en su copioso conjunto de estanques y depósitos y de forzar las extracciones de los campos de pozos del Valle de Aridane (barrancos de Tenisca y Las Angustias), con el consiguiente deterioro de la calidad de los recursos utilizados. Los agricultores del valle pueden sobrepasar la punta de la demanda estival de años secos tras capear no pocas dificultades y estrecheces, y convendría poder contar en la zona con un caudal adicional de al menos unos 5 hm3/año.

Las previsiones sobre la evolución de la demanda hídrica la dan por prácticamente estabilizada a lo largo de los próximos años -en consonancia con lo acontecido durante el último cuarto de siglo. En todo caso, ligada como está la demanda de agua fundamentalmente al plátano, y éste de la política agraria y comercial de la U.E., tal evolución habrá de verse muy dependiente de circunstancias institucionales de difícil pronóstico.

¤II.1.5.- Infraestructura de conducción de aguas.

Se han inventariado la totalidad de canales y conducciones de la isla. Su sistema de transporte hidráulico es muy amplio y puede considerarse dispuesto en general de modo lógico y eficiente. Con la culminación del túnel de trasvase Este-Oeste y la realización de un par de obras adicionales incluidas en este Plan (canal de Enlace La Laguna-Garafía y canal de Distribución del Valle de Aridane) la red de conducción de aguas de la isla puede considerarse prácticamente completa y sin deficiencias de gran relieve (salvo por lo que concierne a su conservación, que en varios casos ha sido bastante deficiente).

No se ha considerado ni necesario ni conveniente la formulación de la declaración de servicio público de transporte de agua para la isla en general o cualquiera de sus zonas.

Por otra parte, en el presente Plan Hidrológico se propone dirigir una buena parte de la inversión pública en materia de transporte de agua hacia el desarrollo de las redes de distribución de riego. Se trataría de disponer estas redes mediante conducciones a presión, con lo que podrían aplicarse técnicas de riego cada vez más eficientes, amén de lo que esta disposición supondría en materia de mejora de las condiciones de trabajo de los agricultores.

¤II.1.6.- Infraestructura de almacenamiento.

Los agricultores de la isla se han dotado de un sistema de regulación de aguas constituido por un crecido número de pequeños y medianos depósitos y estanques destinados al almacenamiento de los caudales sobrantes en el invierno con miras a su aprovechamiento durante el estío. El cuadro adjunto expresa las más importantes características de esa infraestructura insular de almacenamiento hidráulico.

Ver anexos - página 16239

ese a la importante amplitud que ya alcanza este sistema insular de regulación hidráulica, todavía durante la mayoría de los inviernos se arrojan al mar sobrantes hidráulicos que no pueden ser regulados por falta de capacidad del sistema de almacenamiento. Por virtud de lo cual, una de las líneas de inversión más importante del presente Plan Hidrológico Insular se dedica al reforzamiento de esa capacidad de almacenamiento. Supondrá el beneficio adicional de poder aplicarse una más racional política de explotación del sistema insular de pozos.

¤II.1.7.- Producción industrial de agua.

No se piensa que sea menester recurrir a procedimientos de producción industrial de agua para asegurar el abastecimiento hidráulico de la isla. Dicho esto sin perjuicio de la posibilidad que se recoge en el Plan de aprovechar, mediante su reutilización, las aguas residuales urbanas que deban ser sometidas a procesos de depuración secundaria.

¤II.1.8.- El abastecimiento urbano de agua potable.

El cuadro adjunto proporciona datos relativos a las circunstancias más importantes del sistema de suministro urbano de agua potable de la isla.

Ver anexos - página 16239

omo se ve, son sintomáticas de esta infraestructura las pérdidas excesivas de agua como consecuencia de sus deficientes condiciones de conservación y explotación.

En este Plan Hidrológico se prevé un ambicioso capítulo inversor destinado a la renovación de este sector de infraestructura pública.

¤II.1.9.- El saneamiento urbano de agua potable.

Dentro del presente Plan Hidrológico Insular, y en lo que se refiere a la infraestructura de saneamiento de aguas residuales urbanas, se propone un criterio de actuación consistente en atender al desarrollo de los sistemas de alcantarillado y depuración de los núcleos más populosos de la isla, es decir, de los del Valle de Aridane y de la comarca de Santa Cruz de La Palma-Las Breñas, dejando, salvo algunas excepciones, la evacuación de las aguas residuales de los restantes a expensas del sistema tradicional de pozos negros.

SECCIÓN II.2.

PROGRAMAS DE INVERSIONES.

Con motivo de la redacción del presente Plan Hidrológico Insular se ha sometido a estudio un numeroso conjunto de actuaciones de inversión dirigidas a la realización de obras de infraestructura hidráulica. En el siguiente cuadro se suministra un resumen de sus datos.

Ver anexos - páginas 16240-16241

En el cuadro siguiente se ofrece, además, un resumen de las fuentes financieras de cada línea del programa de inversiones. La segunda columna se refiere a la financiación estatal (Obras de Interés General del Estado); las dos siguientes, a la del Gobierno de Canarias (Consejerías de Obras Públicas, Vivienda y Aguas y de Agricultura); a continuación, las del Consejo Insular de Aguas y los Ayuntamientos. En la última, se incluyen las inversiones todavía pendientes de asignarles fuentes financieras.

Por otra parte, se han formulado (capítulo XIII) propuestas relativas a la realización de inversiones en materia de estudios e investigaciones, propuestas cuyos presupuestos conjuntos ascienden al centenar de millones de pesetas.

CAPÍTULO III

PLANEAMIENTO HIDROLÓGICO DE SUPERFICIE

Como en las restantes islas del Archipiélago, en La Palma las aguas superficiales constituyen una fuente secundaria de recursos hidráulicos; y, tal cual se explica más adelante, no es imaginable que esta situación vaya a cambiar apreciablemente en el futuro. Pero, aun así, las corrientes naturales de superficie no dejan de contribuir en cierta medida al total de los caudales aprovechados en la isla, medida que, en su mayor o menor significación práctica, no debe ser olvidada. Ofrecen, en todo caso, la ventaja de su excelente calidad química.

El interés de la escorrentía superficial no se agota, además, en la consideración de su eventual aprovechamiento: a las aguas de los cauces, siempre torrenciales y sólo presentes tras los más fuertes aguaceros, les acompaña tanto la posibilidad de su captación como la amenaza de su desbordamiento.

Así que en el presente capítulo se contemplan las aguas de superficie bajo este doble enfoque. Está organizado a base, primero, de describir las condiciones físicas, climatológicas e hidrológicas que determinan el flujo natural de las aguas superficiales (las condiciones geológicas de suelos y subsuelos se describen en el siguiente, donde se tratan las aguas subterráneas), para, después, analizar, por una parte, los problemas y circunstancias relacionados con su aprovechamiento y, por otra, los inherentes al riesgo de inundaciones. De paso, se presentan los resultados y datos básicos del balance hidrológico insular, balance que constituye un antecedente fundamental de cualquier planificación hidrológica.

Con motivo de la redacción del Avance de este Plan se realizó un estudio sobre la hidrología insular (Hidrología Superficial y Balance Hídrico de la Isla de La Palma, junio de 1992) cuyas hipótesis de trabajo y base informativa resultan difícilmente mejorables, de modo que lo que aquí se aporta al respecto no representa más que su actualización (actualización del Informe denominado "Hidrología Superficial y Balance Hídrico de la isla de La Palma", julio de 1998), actualización que ha consistido principalmente en la incorporación de las series de datos pluviométricos correspondientes a los años transcurridos entre la redacción de aquel Avance y la de este Plan.

A lo largo del presente capítulo se confrontan varias veces sus datos hidrológicos con los resultados del denominado proyecto SPA-15, realizado a principios de la década de los 70 bajo patrocinio del Gobierno español y la UNESCO. Estas comparaciones responden a la importancia que, por virtud de la amplitud de sus estudios, aún tiene el SPA-15 como antecedente y referencia ineludible en materia de hidrología general del Archipiélago y por no ocultar las importantes diferencias que se dan entre los balances hidrológicos de aquel proyecto y este Plan.

SECCIÓN III.1.

DATOS HIDROMETEOROLÓGICOS BÁSICOS.

¤III.1.1.- Red de observación hidrometeorológica.

Hasta hace tres décadas, la red de observación meteorológica de La Palma era bien precaria. Además de estar desigualmente repartidas sobre el territorio, las estaciones con series consistentes de datos resultaban escasas (llegaban apenas a la veintena y con registros bastante incompletos). Tal situación había de entenderse tanto más insatisfactoria en razón de la marcada diversidad climática (y en particular, pluviométrica) de la isla, debida a su abrupta orografía y a la variable orientación de sus comarcas ante los temporales más frecuentes, circunstancias que determinan, en definitiva, los abundantes rasgos microclimáticos propios de su territorio.

Además, las carencias de datos afectaban en especial a las regiones altas de la mitad norte insular -tan poco pobladas como para que en ellas resultara difícil disponer de estaciones de observación permanentes-, siendo así que son las más húmedas y donde se produce la mayor parte de la infiltración que alimenta los acuíferos o se genera principalmente la escorrentía superficial.

Tal era la situación en los primeros años de la década de los 70, cuando en ocasión del Proyecto Canarias, SPA-15, se elaboró un Estudio Hidrológico de Base del Archipiélago, que debió suplir la escasez de información empírica con el recurso a la inferencia estadística de los datos pluviométricos. Desde entonces para acá se ha ido ampliando apreciablemente la red hidrometeorológica, hasta llegar a la actual, reflejada en el plano III.1, y que cuenta con no menos de unas sesenta estaciones.

Sin embargo, y debido a su relativamente reciente instalación, hasta hace poco, las series de registros disponibles resultaban demasiado cortas; concretamente, el informe hidrológico del Avance de este Plan adoleció del inconveniente de estar basado en estaciones de observación pluviométrica de vida tan corta (seis años a lo sumo) como para que pudiera dudarse de la consistencia de su información básica. En gran medida, el problema ha entrado en vías de solución, habida cuenta de que en la actualidad se dispone de una red de observación relativamente densa con registros que, como poco, sobrepasan ya, los quince años.

Ver anexos - página 16243

III.1.2.- Régimen de precipitaciones.

La observación de los datos disponibles sobre precipitaciones en la isla arroja unas inmediatas y elementales conclusiones:

- La Palma es la isla más húmeda de Canarias: 740 mm/año año de pluviometría media anual frente a los 325 mm/año de promedio en todo el Archipiélago.

- Las series de precipitaciones medias mensuales de cualquier estación acusan su marcada estacionalidad, propia de un clima de tipo subtropical, como es el de La Palma y, en general, el de toda Canarias (ver gráfico).

Ver anexos - página 16244

El régimen de precipitaciones de la isla se caracteriza también por su fuerte irregularidad o variabilidad interanual. En cualquier estación pluviométrica, la desviación standard de la serie de sus datos anuales supera, por lo general, la cuarta parte de su módulo anual.

- El régimen pluviométrico de cada zona está en gran manera determinado por su vertiente y su cota. Son más húmedas las zonas abiertas a los temporales habituales y que aportan lluvias más intensas (los de N-NE). Y, desde luego, hay una correspondencia positiva y muy estrecha entre cota y pluviometría. La conjunción de estos dos factores determina que los máximos pluviométricos se sitúen en la zona de las cumbres del término municipal de Barlovento, donde se alcanzan valores promedios que superan los 1.400 mm/año.

Por lo demás, estos últimos efectos quedan patentes en el plano III.2, en el que se dibujan las isoyetas medias anuales de la isla.

Hay que dejar consignado que existen apreciables diferencias entre los valores pluviométricos de la isla obtenidos por los estudios del presente Plan y los inferidos por el SPA-15. Éste operó sobre series de precipitaciones entre un 10% y un 30% superiores, y ello porque a medida que se alargan las series de datos pesan cada vez menos las precipitaciones de la década de los 50, que resultó especialmente húmeda en Canarias. Sin embargo, y con todo, dicho proyecto apreció por defecto las precipitaciones en las zonas de cumbres; según él, los máximos pluviométricos de La Palma alcanzaban los 1.000 mm/año; para los estudios de la presente planificación se alargan hasta cerca de los 1.500 mm/año; de modo que los promedios insulares aumentan desde los valores de 650 mm/año para toda la isla del SPA-15 a los 740 mm/año de este Plan. La inexistencia de datos -a la que se aludió más arriba- en las zonas centrales del territorio insular representa la explicación de estas discrepancias, que lógicamente aquí no puede por menos que atribuirse a defectos de las estimaciones correspondientes a la época de elaboración del SPA-15.

Es de destacar, a su vez, que con respecto al estudio hidrológico del Avance, su actualización, si no ha introducido modificaciones en la pluviometría media de la isla (740 mm/año), sí las ha supuesto en el trazado de las isoyetas. Puede llamar la atención, por ejemplo (plano III.2), el "seno" o inversión pluviométrica que se dibuja alrededor de la línea dorsal de cumbre, al sur de la Caldera de Taburiente. Responde a una circunstancia ya observada al realizar aquel primer estudio, pero cuya existencia no se reflejó en los planos a la espera de que más amplias series de datos lo confirmaran: Ahora ha vuelto a hacerse notar el hecho de que las estaciones situadas en el mismo filo de la cumbre o en su inmediata proximidad tienen medias pluviométricas anuales netamente inferiores a las situadas por debajo de ellas, contradiciendo la norma general en la isla de crecimiento de las precipitaciones con la cota.

¤III.1.3.- Otras variables meteorológicas.

Las circunstancias de la red pluviométrica se repiten con respecto a las de observación de las restantes variables atmosféricas. Las estaciones termométricas escaseaban aún más que las de lluvia y sus series eran más cortas. En la actualidad, hay una docena de estaciones con datos relativos a insolación, pero la mayoría tienen a lo sumo diez años de funcionamiento. Del régimen de vientos, solo la estación de Mazo-Aeropuerto dispone de registros que superen la década. Ello no obstante, algunas de estas variables meteorológicas (y, particularmente, las termométricas) se producen con rasgos variabilidad territorial y temporal menos acusados que las precipitaciones, por lo que la menor densidad de puntos de registro o sus más cortas series de observación no necesariamente tienen por qué significar inferior precisión informativa.

Sobre los valores de la evaporación en lámina libre no se cuenta con otra referencia empírica que el producto de un corto número de experiencias practicadas con ocasión del SPA-15. Que se sepa, a pesar de los 25 años transcurridos desde la realización de esos experimentos, sus resultados son todavía los únicos de carácter empírico disponibles en relación con esta variable.

El régimen de temperaturas de la isla se caracteriza por su suavidad. El gráfico de la siguiente página refleja las medias mensuales de la temperatura en el aeropuerto de la isla. Las variaciones diarias de temperatura son también francamente reducidas (7-8û C). Como cabe suponer, hay un apreciable gradiente termométrico en función de la altura, que viene a representar un descenso de unos 0,5ûC por cada 100 m de ascenso en cota.

Los vientos dominantes son los de componente NE, correspondiente a la dirección de los alisios.

Los datos de las experiencias de evaporación en lámina libre referidos anteriormente cifran sus valores en alrededor de 1.500 mm/año (La Viña) o en unos 1.200 mm/año (Barlovento).

Ver anexos - página 16246

III.1.4.- Evapotranspiración.

En el estudio hidrológico de base a este Plan se realizó un detallado análisis de la evapotranspiración. Como las cifras de esta variable determinan fundamentalmente los valores definitivos de los distintos términos del balance hidrológico insular, no puede excusarse una breve descripción a sus hipótesis y metodología de cálculo.

Ver anexos - página 16247

a evapotranspiración real (ETR) se estimó a partir de la precipitación (P), de la reserva de agua acumulada en el suelo -en su capa más superficial y hasta donde llegan los sistemas radiculares de la vegetación presente en la zona- y de la evapotranspiración potencial (ETP).

En primer lugar, mediante la fórmula de Thorntwhite, se determinaron los valores anuales de la ETP en la totalidad de las estaciones termométricas de la isla, valores que pasaron a expresarse como funciones de la cota de la estación (Se consideró, sin embargo, que en las zonas por encima de la cota 1.200 m, esa fórmula representaba defectuosamente los fenómenos de evapotranspiración, ya que, sobrepasada la capa de nubes, en este fenómeno influye sobre todo la intensa radiación solar que reciben los suelos. De modo que, en tal caso, la evapotranspiración potencial se determino por aplicación de la de Penman-Montheith).

Se contó así, en suma, con tres curvas que relacionaban cota y ETP, individualizadas para las vertientes nororiental, suroriental y occidental. De modo que, tras dividir la superficie insular según una malla cuadrangular de unas 150 celdas, conforme a su cota y orientación y de acuerdo con los datos de las referidas curvas, a cada una de ellas se le asignó un valor de la ETP. Como, al tiempo, se había calculado la distribución mensual de la evapotranspiración potencial en las diferentes zonas de la isla, pudo asignarse también a cada celda los valores mensuales de su evapotranspiración.

Para la determinación del destino del agua caída sobre cada punto de la isla se realizó un cálculo de la evapotranspiración real, que vino precedido de la apreciación separada de la evaporación, por un lado, y la transpiración por otro.

Al objeto de estimar la fuerza evaporante de la atmósfera se partió de un estudio de los días de lluvias producidos en las estaciones con respecto a las cuales se disponía de datos de precipitaciones diarias. De acuerdo con ellos se definió una función media que ligaba la intensidad de las precipitaciones de cada mes con su número de días de lluvia, con lo que, celda a celda, pudo disponerse de una estimación mensual de días lluviosos. Se supuso que es precisamente a lo largo de ellos (con la adición de uno o dos más para tener en cuenta la evaporación producida incluso después de haber cesado las lluvias y antes de que el suelo se haya secado por completo) cuando se hace efectiva la evaporación.

En cada celda se estableció un coeficiente de reparto entre la transpiración y la evaporación en función de la parte de su superficie cubierta de vegetación y del tipo y densidad de ésta. Con la aplicación sistemática de esta función fue posible determinar las cifras de su directa evaporación a la atmósfera.

Al tiempo, se estudiaron los valores de la capacidad de retención típica de los diferentes tipos de suelos como una variable dependiente de sus características edafológicas y de su cobertura vegetal y con ayuda de los datos del Mapa de las Series de Vegetación de España (Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, 1987), de los planos de Vegetación Natural Comparada (confeccionados por el ICONA y editados por el Cabildo Insular de La Palma) y de la información suministrada por el Departamento de Edafología de la Universidad de La Laguna.

En general, la capacidad de retención más baja utilizada (al margen de los suelos urbanos y las coladas recientes, donde se supuso nula) fue la correspondiente a las laderas altas de la cara exterior de la Caldera de Taburiente, en las que la vegetación predominante es el codesar, y donde se fijó en 10 mm. La mayor se asignó a los núcleos más frondosos de laurisilva, donde se supuso equivalente a 325 mm. Valores intermedios fueron atribuidos a los terrenos de tabaibal y de cardonal de la costa, a los diferentes tipos de pinares y a los demás tipos de terrenos y vegetación.

A resulta de todo ello, pudo disponerse de una estimación de la capacidad de retención propia de los suelos de cada punto de la isla, esto es, en cada una de las celdas en que se había repartido su superficie.

A partir de las estimaciones relativas a los valores de pluviometría, días de lluvia, evaporación, transpiración y capacidad de retención se pasó a calcular el valor de la evapotranspiración real mediante balances diarios del agua recibida, retenida o cedida por el suelo de cada una de las celdas de la malla.

El cálculo respondió a una concreta mecánica basada en la realización de una secuencia de balances diarios y con arreglo a los siguientes principios o criterios:

- Se iniciaba en todos los casos en el primer día del mes de octubre, en el cual se suponía que la reserva de agua del suelo estaba agotada, esto es, que era nula.

- En cada día, si la precipitación superaba a la evapotranspiración potencial, la evapotranspiración real se hacía igual a la potencial.

- En el mismo caso -esto es, si la precipitación superaba a la evapotranspiración potencial- la diferencia entre una y otra daba un saldo apto para incrementar la reserva de agua del suelo.

- Cuando la acumulación en esta llegaba a superar la capacidad de retención de dicho suelo, el excedente se consideraba caudal útil para recargar el subsuelo o para generar escorrentía superficial.

- Por contra, cuando la evapotranspiración potencial superaba a las precipitaciones, la diferencia entre ambas se detraía de la reserva de agua del suelo.

- En el mismo caso, mientras existía saldo positivo en dicha reserva, la evapotranspiración real se igualaba a la potencial, y, cuando no, a las precipitaciones.

Ver anexos - página 16249

En los casos en que al final de septiembre la reserva de agua del subsuelo resultaba nula, se daba por concluido el cálculo.

- Si a finales de septiembre, dicha reserva era positiva, el cálculo se volvía a iniciar tanteando un valor inicial en la reserva del suelo que coincidiera con el final.

Una vez concluidos los cálculos relativos a los balances, la adición de los valores parciales correspondientes a todas las etapas del cálculo en relación con la evapotranspiración real y los saldos para recarga e infiltración, suministraron el valor definitivo de estas variables en la celda bajo consideración.

Los valores obtenidos de esta manera para la evapotranspiración real en el conjunto de las celdas de cálculo ascendieron a 348 mm/año, esto es, en promedio, al 47% de la pluviometría insular.

En el plano III.3 se representan las isolíneas de evapotranspiración real. Refleja el panorama general de la distribución del fenómeno sobre la superficie de la isla.

Quedan patentes en él ciertas franjas o áreas con valores mínimos de la evapotranspiración real que, con dirección principal de cumbre a mar, resaltan a la altura de Mazo y Fuencaliente o en el Valle de Aridane. Estos mínimos coinciden con bandas y zonas de coladas recientes (malpaíses), escasas de vegetación y muy permeables, que facilitan la infiltración de las aguas de precipitación y dejan escaso margen para que operen los fenómenos de evaporación y transpiración.

Igualmente, aparecen áreas de máxima evapotranspiración real en las zonas de laurisilva o, en general, de vegetación muy frondosa, principalmente en las caras exteriores de las paredes septentrionales de la Caldera de Taburiente y en los tramos medios de la cordillera dorsal (términos municipales de Santa Cruz de La Palma y las dos Breñas).

SECCIÓN III.2.

EL BALANCE HIDROLÓGICO INSULAR.

¤III.2.1.- Escorrentía e infiltración.

Según se ha dicho ya, los excedentes generados al colmarse la capacidad de retención del suelo quedaban disponibles para alimentar los flujos de escorrentía superficial y de recarga del subsuelo.

La separación de estos dos flujos se realizó a partir de una estimación del coeficiente de escorrentía atribuible a los distintos terrenos de la isla.

En esta asignación se echó mano de la experiencia disponible en relación con la escorrentía superficial en la Caldera de Taburiente y de los barrancos en los que se emplazan tomaderos de la Laguna de Barlovento.

Ver anexos - páginas 16251-16252

En general, puede destacarse que, con la salvedad de los terrenos de la propia Caldera de Taburiente, los suelos de La Palma son permeables o muy permeables. Resultan, además, notables los fenómenos de infiltración en cauce: los obstáculos que en su camino encuentran los cursos de agua, las hoyas y los tramos en terrenos de gran permeabilidad favorecen importantes infiltraciones localizadas o la pérdida difusa, pero muy apreciable, del caudal de sus avenidas.

Por otra parte, la permeabilidad superficial de los terrenos de zonas altas, sobre todo en las laderas de la fachada exterior de la Caldera de Taburiente, es especialmente significativa. La relativa modernidad de la geología superficial propias de esas zonas favorece tal circunstancia.

Puede significarse, por consiguiente, que, dentro de la mayoría de los cauces, el coeficiente de escorrentía suele ser alto en cabecera, disminuye en zonas de medianías y aumenta otra vez en sus tramos finales, de modo que si bien es posible que se produzcan avenidas con relativa frecuencia en los cursos altos de los barrancos más importantes, rara vez llegan éstas a sus tramos inferiores, resultando realmente infrecuente que acaben desaguando caudales al mar.

En definitiva, el cálculo de los flujos de escorrentía superficial de toda la isla se organizó con arreglo a la referida distribución de coeficientes de escorrentía. El cómputo se inició en las celdas coincidentes con las divisorias de aguas de las principales líneas de cumbres. En cada una de ellas, y según el coeficiente que les hubiera correspondido y sus precipitaciones, se calculaban los flujos superficiales de agua que proporcionaban.

A continuación, y de acuerdo con la disposición de la red hidrográfica insular, se pasaba a estudiar las celdas hacia donde escurrían los caudales generados por las anteriores. En las nuevas, las aportaciones disponibles para generar escorrentía estaban determinadas por la suma de las ocasionadas por sus propias precipitaciones más los caudales provenientes de las superiores. A estas aportaciones se les aplicaba el propio coeficiente de escorrentía de la celda bajo consideración. Con lo cual se disponía de otras estimaciones de escorrentía, válidas para el nuevo orden de celdas. Y así sucesivamente, hasta llegar a las celdas donde se situaba la línea de costa, cuyos sobrantes se suponían que vertían al mar.

En cada caso (en cada celda), se determinaban los flujos de su recarga al subsuelo detrayendo a sus aportaciones (lluvia más caudales llegados por escorrentía desde celdas superiores menos evapotranspiración) su propio caudal de escorrentía.

Con lo cual se llegó a disponer de una distribución de los flujos de escorrentía e infiltración a lo largo y ancho de la superficie insular. Por agregación de los valores del conjunto de la isla se determinaron los términos globales del balance hidrológico insular. Los resultados obtenidos son los que recogen el próximo apartado.

¤III.2.2.- El balance hídrico.

Los gráficos de la siguiente página ofrecen los resúmenes finales de los datos relativos a los balances hidrológicos insulares según los estudios hidrológicos del Avance y su actualización. Van seguidos de los mismos valores conforme a las determinaciones del SPA-15. No es menester resaltar en las evidentes diferencias cuantitativas reflejadas los resultados de este plan con respecto a los de aquel estudio.

Ver anexos - página 16254

III.2.3.- Sobre la precisión del balance hídrico.

Así pues, con respecto a los valores del balance hidrológico insular ofrecidos por el SPA-15, en el presente Plan se entiende que la isla es más lluviosa de lo allí que se supuso, que su escorrentía superficial es bastante menor de la estimada por él y apreciablemente mayor la recarga a los acuíferos.

Visto lo cual, parece del caso preguntar si a de este Plan Hidrológico no le sucederá lo propio, de suerte que ulteriores estudios deban corregir en grado substancial las estimaciones que ahora se aportan. Que es como inquirir por cuál es la precisión que se atribuye a los resultados de su balance hidrológico.

Para responder a esta cuestión ha de empezarse señalando que, de las cifras dadas para los cuatro términos del balance hidrológico (precipitación, evapotranspiración, escorrentía y recarga), sólo una: la de la precipitación, constituye un dato empírico y proviene de una directa medición de su magnitud. Las demás se deben a la aplicación de fórmulas empírico-teóricas de utilización más o menos general y sancionadas por la práctica (la evapotranspiración), al criterio de técnicos con dilatada experiencia en la materia (la escorrentía) o al balance de las demás cantidades (la infiltración).

La pluviometría.

Los datos pluviométricos pueden asimilarse a valores de variables aleatorias. Las del balance (o las que reflejan las isoyetas) representan medias muestrales, es decir, estimaciones del correspondiente estadístico. Cabe, pues, acotar su exactitud. Concretamente, las pluviometrías medias de las estaciones de más larga vida en la isla (cuyas series de registros se aproximan ya a los 50 años) tienen un margen de error que, con un nivel de confianza del 90%, suele variar entre ± 5 y ± 10%. En las de instalación más reciente, que llevan 13 años funcionando, este margen de error se mueve por lo general entre ± 15% y ± 20%, también para un nivel de confianza del 90%.

La precipitación media de la isla, no obstante, puede verse como una función de la pluviometría del conjunto de sus estaciones de observación. En este caso, la estimación de la exactitud de sus valores constituye un complicado problema de estadística inferencial de nada sencilla formulación y resolución. Se ha estimado, en todo caso, que el valor de la pluviometría media insular puede estar entre ± 10% y ± 15% (siempre con un nivel de confianza del 90%).

Y este es, en suma, el nivel de precisión que cabe atribuir a los valores dados en este Plan con respecto al módulo pluviométrico medio de la isla. Cuando se dice, por consiguiente, que asciende a 740 mm/año, ha de entenderse que esta cifra se puede mover arriba o abajo hasta unos 75 mm/año e incluso más.

Se considera, por otro lado, que el actual número de estaciones de observación pluviométrica de la isla (unas 60) es suficiente para las estimaciones hidrológicas aportadas. No son de temer, pues, los desenfoques del SPA-15, debidos a la total carencia de datos pluviométricos en amplias comarcas de la isla.

La evapotranspiración.

Los datos dados sobre la evapotranspiración se han obtenido por aplicación de métodos de estimación y procedimientos de cálculo propios de la hidrología técnica. Prácticamente, carecen de apoyo empírico en Canarias y, desde luego, de ninguno relativo a La Palma. Por tanto, aunque gozan el respaldo científico que representa su utilización universal, no dejan de encerrar su buen margen de incertidumbre; entre otras cosas, porque habiendo varias fórmulas disponibles, cabe por lo menos el grado de subjetividad que implica elegir una u otra.

En los trabajos de hidrología del Avance y de su actualización se han exprimido al máximo las posibilidades de esos métodos, pero las sofisticaciones de cálculo no descartan el hecho de que desde un principio se esté operando sobre estimaciones cuyo grado de precisión se desconoce verdaderamente.

La escorrentía.

En Canarias, las estimaciones de la escorrentía superficial han constituido tradicionalmente la fuente de apreciables imprecisiones, incluso con trascendencia práctica. En verdad, siempre se ha carecido casi absolutamente de cualquier tipo de referencia empírica sobre ella. Los diferentes autores aplicaban, por tanto, los coeficientes de escorrentía que en razón de su experiencia profesional entendían más adecuados. Por lo general, se acudía a valores plausibles en otras latitudes (sobre todo en la Península). No es de extrañar, por tanto, que variaran substancialmente entre un trabajo y otro (cosa que todavía se aprecia al comparar los datos ofrecidos por los avances de la planificación hidrológica de las distintas islas). Así, eran habituales propuestas de coeficientes de escorrentía comprendidas entre el 10% y el 25% de las precipitaciones.

El caso es que al acometerse los trabajos técnicos correspondientes al Plan de Balsas del Norte de Tenerife, pudo comprobarse que las aportaciones de la red hidrográfica de la isla, no llegaban, ni por asomo, a esos valores. Y al respecto, hay bastantes razones de tipo geomorfológico e hidrológico para suponer que Tenerife y La Palma pueden tener un comportamiento muy similar.

El cúmulo de datos que supone la observación durante años del comportamiento de los barrancos de Tenerife (sobre todo de los conectados a sus balsas) más las contadas apreciaciones disponibles para La Palma (Caldera de Taburiente y barrancos con tomas para la Laguna de Barlovento) representan la base de las propuestas de este Plan en relación con la escorrentía. Ya se entiende que dichas observación y apreciaciones son en buena manera cualitativas, por lo que a la cifra dada del 3% de coeficiente de escorrentía para la isla le cabe un apreciable margen de error, pero nunca tan grande como para que fueran admisibles los valores antiguamente al uso (del tipo de los del SPA-15, por ejemplo).

La infiltración.

El valor de la recarga se ha obtenido por diferencia, es decir, detrayendo al valor de las precipitaciones, los de la evapotranspiración y la escorrentía. Con lo cual, los márgenes de error de una variables y otras se acumulan.

Si se acepta que el margen de incertidumbre de aquéllas es de ± 10%, y aun suponiendo que los valores de la evapotranspiración y la escorrentía fueran totalmente exactos, una elemental aplicación de la teoría estadística llevaría a la conclusión de que el de la recarga no puede ser inferior a ± 20% (nivel de confianza del 90%). Que es la precisión con la que, en el mejor de los casos y siendo optimistas, puede estimarse que se conoce esta variable.

¤III.2.4.- Las actuaciones relativas a la mejora del conocimiento de la hidrología insular.

A raíz de todo lo dicho, merece la pena apuntar algunas consideraciones relativas a la posibilidad de aumentar el grado de precisión con que se conocen los términos del balance hidrológico insular.

Con relación a los datos pluviométricos, sucede que sus valores provienen de la observación de un fenómeno natural, observación que exige el transcurso del tiempo necesario para que el fenómeno se produzca. Y toca la casualidad que el ritmo con que sus datos ganan precisión en el tiempo es muy lento. Así, el margen de error de la pluviometría media de cualquier estación es inversamente proporcional a la raíz cuadrada del número de sus años de funcionamiento. Aquel margen, pues, de entre ± 5% y 10% que se atribuía a las estaciones con series próximas a los 50 años se habrá reducido (si para entonces siguen en funcionamiento) a la mitad hacia mediados del siglo XXII. A las de 13 años de vida les sucederá lo propio dentro de 40 años.

Son tan reducidas, por tanto, estas ganancias marginales de exactitud en los datos de la red existente como para que no quepa esperar substanciales mejoras de ella dentro del horizonte de una vida humana. No es asunto este, por tanto, en el que puedan esperarse avances tangibles, si no es a largísimo plazo.

Lo lógico consistiría en ocuparse de las zonas que estuvieran relativamente desprovistas de estaciones de observación, porque en tal caso, pocos años de observación rendirían substanciales resultados. Pero como se ha dicho, la red que se maneja en la actualidad parece, en general, suficientemente amplia y, desde el punto de vista de la hidrología general de la isla, se entiende que su aumento no va a producir muy apreciables frutos.

En relación con la evapotranspiración, apenas cabe imaginar la posibilidad de impulsar trabajos experimentales. Su coste los torna prohibitivos, pero además pueden suministrar datos puntuales sobre la ocurrencia del fenómeno en una determinada zona y en un concreto tipo de terreno y de vegetación, mas con respecto a áreas amplias habrán de seguirse utilizando las fórmulas y procedimientos al uso.

Ya se ha comentado que las características de los cauces y avenidas de la isla dificultan extraordinariamente el funcionamiento de los normales procedimientos de aforo de cursos de agua. Con ocasión del SPA-15, en los barrancos de Tenerife se instalaron algunas estaciones de aforo a las que, con un notable costo, se mantuvo en explotación durante más de una década. Vista su práctica inutilidad, se abandonaron totalmente a comienzos de los 80.

Hay que decir, en definitiva, que a propósito de los distintos términos del balance hidrológico, no es muy probable que en el futuro puedan mejorarse substancialmente las cifras de este Plan Hidrológico Insular. Si en adelante llegan a aventurarse otras, dudosamente, antes de que pasen décadas, podrán tener niveles de precisión o certidumbre substancialmente superiores a las de él.

SECCIÓN III.3.

LA RED HIDROGRÁFICA Y SUS APORTACIONES.

¤III.3.1.- La red hidrográfica.

El grado de desarrollo de la red hidrográfica es muy diferente en las distintas comarcas de la isla. Debido a su configuración en forma de un triángulo alargado hacia el sur, la estrechez de las vertientes meridionales concede poco espacio para el desarrollo de un sistema de avenamiento perfectamente consolidado. Se suma a ello la relativa juventud geológica de estas zonas, que hace que dicho sistema aún no haya tenido tiempo para consolidarse plenamente.

En las zonas centrales, sin embargo, y merced a ciertos fenómenos geológicos, se ha abierto el sistema hidrográfico de la Caldera de Taburiente cuya cuenca junto con la de su salida natural por el barranco de Las Angustias es, por superficie y aportaciones, de las mayores de Canarias.

Con la salvedad de los barrancos de la Caldera, los cauces naturales sólo conducen agua tras la descarga de los más fuertes aguaceros. Aunque no se dispone del hidrograma correspondiente a ninguna avenida que no sea de Las Angustias, cabe decir que el flujo de las aguas superficiales es sumamente torrencial, con un frente de avenida que transporta gran cantidad de arrastres y una efímera cola de agotamiento (Este tipo de aluviones es el común de áreas secas, tal como la vertiente mediterránea de la Península, y en hidrología de crecidas reciben la denominación de avenidas relámpago).

La regulación de ribera resulta casi despreciable fuera de la Caldera de Taburiente: las aguas que se infiltran en el terreno van a parar a los acuíferos profundos, por completo desconectados del sistema de avenamiento de superficie.

Ni siquiera se dispone de estadísticas relativas a la frecuencia con que se producen las avenidas en los cauces más importantes. Echando mano de estimaciones e impresiones subjetivas puede decirse que lo común es que, en la zona norte de la isla, los barrancos descarguen por término medio dos o tres veces cada invierno.

En el norte, la morfología de los cauces es la típica de una red de avenamiento bien desarrollada. En muchos casos, los lechos de los cauces constituyen sólo el fondo de barrancos de gran profundidad, abiertos en ocasiones como cañones o tajos de impresionantes dimensiones y belleza.

La situación de la red hidrográfica en las diferentes zonas de la isla es la que se describe a continuación:

a) Punta meridional.

La zona, que puede identificarse con el municipio de Fuencaliente no tiene, prácticamente, red hidrográfica desarrollada. Hay un sistema de barranqueras de pequeñas dimensiones en longitud y profundidad que desaguan muy rara vez, y exclusivamente en ocasión de los mayores temporales y sólo mientras éstos descargan.

b) Vertiente de Tazacorte.

Corresponde a los términos municipales de Tazacorte y Los Llanos de Aridane. En cuanto a la hidrografía, su situación es parecida a la de la zona anterior, aunque el sistema de barranqueras está más desarrollado, pero tampoco conduce agua, sino tras los temporales más violentos.

c) Vertiente de Mazo.

Coincide con los términos municipales de Mazo, Breña Baja y Breña Alta y parte de El Paso. La red hidrográfica está bastante más desarrollada que en los casos anteriores, pero conformando un sistema de barranqueras paralelas y muy próximas, lo que determina la estrechez y escasa superficie de sus cuencas. Tampoco hay más escorrentía que la ocasional derivada de los temporales más fuertes, pero sus aluviones pueden alcanzar gran violencia.

d) Vertiente noroccidental.

Corresponde a la región de los términos municipales de Tijarafe, Puntagorda y Garafía. Está surcada toda ella por una serie de barrancos muy consolidados, varios con cuencas hidrográficas relativamente amplias, y capaces de generar escorrentía tras aguaceros de mediana intensidad. Sus avenidas son frecuentes y resultan raros los inviernos en que no se produce alguna.

e) Vertiente oriental.

Términos municipales de Barlovento, San Andrés y Sauces, Puntallana y Santa Cruz de La Palma. Región como la anterior, pero con una red de barrancos aún de mayor desarrollo. Sus torrentadas son más frecuentes incluso que en la zona anterior como consecuencia de su mayor pluviosidad. En varios de los barrancos de la zona hay tomaderos conectados con la balsa de La Laguna de Barlovento (barrancos de Franceses, Adarnero, Herradura y del Agua). Se estima que proporcionarán un volumen medio anual rondando los 700.000 m3/año.

f) La Caldera de Taburiente.

Por su conformación estructural y por su orografía y geología es un caso singular. Representa una de las cuencas hidrográficas más extensa de Canarias (56 km2), y de las de mayores aportaciones hídricas. Por los barrancos de su interior discurren una serie de arroyos que en la actualidad constituyen uno de los pocos ejemplos en el Archipiélago de corrientes superficiales permanentes. Coincidiendo con las épocas de lluvia, el caudal de estos barrancos aumenta notablemente, hasta el punto de conformar avenidas de notable caudal y violencia. La Caldera tiene su salida a través del profundo tajo que constituye el barranco de Las Angustias. En el mismo umbral de la Caldera, donde arranca el barranco, en el punto denominado Dos Aguas (cuenca: 36,2 km2) hay un tomadero; aguas abajo, otros tres consecutivos denominados La Estrechura (41,5 km2), La Viña (49,3 km2) y Las Casitas.

En los siguientes cuadros se presentan datos correspondientes a los principales barrancos de la isla (de todos lo que corren sin interrupción de cumbre a mar y de los de mayor cuenca entre los restantes), cuya situación se ofrece en el plano III.6.

Ver anexos - páginas 16258-16260

En este cuadro, la columna encabezada con el título "Área, z>500" refleja la superficie de las cuencas (en km2) situada por encima de los 500 m de cota, que, por lo general, es aquélla en la que la captación se puede verificar en las mejores condiciones para el aprovechamiento de sus caudales; la penúltima se refiere a la pluviometría media en la cuenca y la última al valor medio (en hm3/año) de sus aportaciones en la sección correspondiente a su desembocadura y, entre paréntesis, en la de los susodichos 500 m de cota.

En todo caso, ha de manifestarse que el comportamiento de cada concreto barranco con respecto a sus aportaciones es algo predecible con cierta seguridad exclusivamente tras estudios detallados de sus circunstancias geomorfológicas, estudios que, salvado el caso del de Las Angustias, no se ha realizado en relación con ninguno de La Palma.

Por lo cual, ha de entenderse que las cifras reflejadas en la última columna relativa a las aportaciones de escorrentía se presentan a título meramente estimativo u orientativo, y nada más.

¤III.3.2.- Las aportaciones superficiales.

Como queda de relieve en el cuadro anterior, son muy contadas las cuencas que presentan volúmenes medios de aportaciones superiores a los 500.000 m3/año, ya sea en cota de 500 m o a nivel del mar.

Las aportaciones de la Caldera de Taburiente fueron evaluadas mediante un análisis específico: el Estudio del Aprovechamiento de los Caudales Circulantes por el Barranco de Las Angustias.

Las corrientes permanentes de la Caldera provienen de nacientes que manan en su interior y, principalmente, de un conjunto de siete galerías perforadas en las vertientes que la circundan. Ha de advertirse que, en este Plan, las aportaciones de dichos nacientes y galerías se han contabilizado entre las aguas superficiales, y no entre las subterráneas.

Al objeto de que pueda apreciarse su grado de variabilidad, en el siguiente se presentan los caudales anuales circulantes por Dos Aguas para el período 1970-1990.

Ver anexos - página 16261

icho esto, es menester referir que los caudales circulantes por Dos Aguas suponen una aportación media anual de 22,3 hm3 (media del período 1950-1990), de los cuales 9,4 hm3/año son de origen superficial y 12,9 hm3/año subterráneo. Como parte importante de estos caudales se captan en La Viña, a la altura de los tomaderos bajos pasan sólo unos 12,3 hm3. Por debajo de ellos, los caudales circulantes disminuyen apreciablemente, al aumentar la infiltración en el cauce, de tal manera que se estiman en poco más de 7 hm3/año el valor medio de los volúmenes de agua vertidos al mar.

SECCIÓN III.4.

EL APROVECHAMIENTO DE LAS AGUAS SUPERFICIALES.

¤III.4.1.- Situación actual.

Antes de presentar datos sobre la captación y aprovechamiento de los caudales del barranco de Las Angustias conviene ofrecer una explicación preliminar: esta captación se efectúa con una serie de tomaderos, es decir, mediante pequeños azudes, adosados a los cuales, y aguas abajo de ellos, se dispone un canal de derivación, protegido con unos perfiles de hierros, colocados a guisa de enrejado, que impide la entrada en él de los cantos de mayor tamaño arrastrados por las avenidas. En los mismos canales de derivación se emplazan desarenadores, para favorecer la sedimentación de los acarreos que no han podido retener las rejas (fotografía siguiente).

Ver anexos - página 16262

omo se apuntó ya, en el barranco de Las Angustias hay cuatro tomaderos consecutivos; el primero -o más alto- de los cuales (Dos Aguas) es, a efectos prácticos y con mucho, el principal, y se emplaza en el mismo umbral de la Caldera. Aguas abajo de él están los de La Estrechura, La Viña y Las Casitas. A partir de ellos, y mediante diversos sistemas de canales, las aguas captadas se distribuyen por todo el Valle de Aridane.

Ya puede comprenderse que estos tomaderos ven reducida su capacidad instantánea de captación de los caudales de avenida en función precisamente de las dimensiones del canal de derivación. Una circunstancia adicional afecta, además, a la conducción de las aguas derivadas y, consecuentemente, al volumen aprovechado: que haya suficiente capacidad libre de embalse en el valle como para almacenarlas; durante los inviernos más húmedos, las aguas que bajan de la Caldera llegan a colmar su sistema de almacenamiento, de modo que, aunque los tomaderos siguen derivando agua, ésta acaba arrojándose otra vez al barranco.

Así que, dependiendo de estas particularidades, en los cuadros de la siguiente página se distingue entre caudales circulantes (que llegan a los tomaderos), caudales captados (que se derivan a partir de ellos) y distribuidos (que se conducen hasta el valle y se almacenan allí). Ha de anotarse, en todo caso, que en el canal que arranca de Dos Aguas (Dos Aguas-Los Barros) se efectuaron hasta 1984 importantes obras de recrecimiento que comportaron un substancial aumento de su capacidad de transporte, la cual pasó de 1,0 a 2,3 m3/seg. Sin embargo, los datos de los cuadros obvian esta circunstancia, y se refieren al promedio de las aguas hipotéticamente captadas en el período 1950-1990, como si su cabida hubiera sido siempre la actual.

En el segundo de los cuadros referidos se reflejan las cifras relativas a los caudales derivados anualmente en el conjunto de los tomaderos del barranco de Las Angustias según que el año correspondiente haya sido seco, normal o húmedo (se considera como seco aquél año cuyas aportaciones, dentro de la serie de las anuales, tenga una probabilidad del 75% de ser superada; normal, si esa probabilidad es del 50%; y, húmedo, del 25%). En el tercero y último de los cuadros, se presentan los datos concernientes a las aportaciones estacionales (mensuales) del barranco a la altura de Dos Aguas.

Ver anexos - página 16263

or lo que se refiere al exterior de la Caldera, el único aprovechamiento existente en la práctica es el de La Laguna de Barlovento. Según se comentó más arriba, consiste en una balsa a en la que desembocan los canales de derivación de un conjunto de cuatro tomaderos construidos en otros tantos barrancos. En los pocos años que lleva en servicio ha permitido la captación de una aportación media rondando los 0,7 hm3/año (0,5 hm3 en años secos y alrededor de 1,0 hm3 en los húmedos).

Por lo demás, en relación con las aguas superficiales de la isla, se plantea, como principal asunto de trascendencia práctica, el de dilucidar si es posible aspirar a un incremento substancial de su actual nivel de su aprovechamiento. La respuesta a esta cuestión ha de darse desde el doble punto de vista que supone el considerar las corrientes superficiales como originadas o no dentro de la Caldera de Taburiente.

¤III.4.2.- Los problemas de la captación de las aguas superficiales exteriores a La Caldera.

Con respecto a la captación del agua de los barrancos exteriores a La Caldera, ha de contarse con los serios inconvenientes que se concitan contra la regulación de sus caudales; a saber:

Ver anexos - página 16263

El carácter sumamente torrencial de estas aportaciones, determinado por su irregular y esporádica presentación. Circunstancia que obliga a disponer importantes capacidades de regulación en relación con el volumen de agua captado. Esto es, contando con que las avenidas de un barranco típico se producen por lo general de forma puntual e imprevisible y un contado número de veces por invierno, habrá de disponerse de embalses de crecida capacidad en relación con el volumen de agua captado cada año, capacidad que se colmará al sobrevenir esa o esas avenidas, para irse vaciando el resto del año, a medida que se utiliza el agua.

- La alta permeabilidad de las formaciones geológicas que constituyen la superficie de la mayor parte de la isla. Lo cual obliga a pensar inexcusablemente en la total impermeabilización del vaso de cualquier embalse de regulación construido fuera de La Caldera de Taburiente, impermeabilización que solo puede asegurarse a costes muy considerables.

- Las características topográficas de los barrancos, que se abren con mucha frecuencia formando verdaderos cañones, donde es difícil hallar vasos adecuados para el almacenamiento de sus aportaciones. En las condiciones propias de los barrancos de la isla, se suele recurrir a lo que comúnmente se denominan en Canarias balsas, es decir, embalses construidos fuera del propio cauce cuyas aguas se pretenden aprovechar (la propia Laguna de Barlovento en La Palma o las típicas balsas del norte de la isla de Tenerife). Pero esta disposición constructiva acarrea muy significativos costes por cada metro cúbico de capacidad de embalse habilitado.

- La gran cantidad de materiales sólidos que arrastran las aguas superficiales, materiales que añaden dificultades a su regulación por lo que supone el riesgo de muy rápido aterramiento de los vasos de embalse.

- La conformación de la red hidrográfica a base de múltiples cauces, de cuencas -y, por ende, de aportaciones- reducidas. Lo que apenas da margen para disfrutar de las notables economías de escala propias de la construcción de embalses y balsas de regulación de aguas.

El conjunto de estas circunstancias determina muy frecuentemente que, salvado el caso de la Caldera de Taburiente, el aprovechamiento de las aguas superficiales de los barrancos de La Palma represente una iniciativa de aprovechamiento hidráulico dificultosa y habitualmente poco rentable, esto es, una iniciativa cuyos costes unitarios de producción (en ptas./m3 de agua aprovechado) supera la mayor parte de las veces los propios de otras opciones de abastecimiento de agua disponibles para garantizar la demanda hidráulica de la isla.

Con todas las dificultades que ha sido preciso vencer hasta su definitiva puesta en servicio, la Laguna de Barlovento constituye el óptimo de este tipo de explotación hidráulica, por cuanto en ella se presentan en su máximo las condiciones favorables de un aprovechamiento de aguas superficiales en La Palma: la zona más húmeda de la isla, los barrancos de mayores cuencas y la existencia de una zona a propósito para construir una balsa. Sin embargo, el volumen medio de agua que permite captar alcanza por término medio apenas los dichos 0,7 hm3/año, volumen ciertamente escaso para los considerables costes que ha supuesto la construcción de esta obra.

Sin embargo, en el presente Plan (sección III.9 de este mismo capítulo) se plantea una serie de proyectos destinados a la captación de aguas superficiales. Prácticamente, agotan las posibilidades de esta opción de aprovechamiento hidráulico en la isla. En el momento de su diseño técnico, será menester analizar su viabilidad técnica y económica.

¤III.4.3.- Los problemas del aprovechamiento de las aguas del barranco de Las Angustias.

Tal cual se describió anteriormente, sus aguas superficiales se captan ya, aunque en pequeña proporción y como subproducto de la derivación de las de origen subterráneo que discurren por los cauces de su interior.

Desde hace décadas, se ha tenido como iniciativa posible y muy tentadora la de embalsar y captar los caudales de avenida de Las Angustias que sobrepasan Dos Aguas. Abonan esa iniciativa las circunstancias de formar la Caldera la mayor cuenca hidrográfica del Archipiélago, ser de las más lluviosas, estar excavado el cauce del barranco en terrenos de una impermeabilidad inusual en las islas y ser muy ostensibles los importantes volúmenes de aguas que todos los inviernos sobrepasan los actuales tomaderos para acabar perdiéndose en el mar. Las circunstancias, en efecto, citadas en el apartado anterior como factores que perjudican en general la posibilidad de aprovechar las aguas superficiales de La Palma quedan relativamente mitigadas en el caso del barranco de Las Angustias, pero con una e importante salvedad: la relativa a los arrastres sólidos de sus aguas de avenida, que ahora adquieren una magnitud y protagonismo extremos.

La violenta orografía de la Caldera y su constitución geológica -un edificio volcánico de gran altura y fuerte tendencia a desmoronarse por estar asentado sobre los materiales del fácilmente erosionable Complejo Basal-, junto a la extrema torrencialidad de las crecidas de sus cauces propician el que se presenten acompañados de gran proporción de arrastres (no menos del 10% de su volumen).

Significa ello que cualquier dispositivo que cerrara el cauce para represar las aguas del barranco resistiría pocas invernadas antes de que su vaso se viera por completo colmado de sedimentos. Tal fue la causa de la inviabilidad del proyecto de presa en Dos Aguas, que, tras algunas controversias, se desechó finalmente a principios de la pasada década de los ochenta.

Con miras al aprovechamiento de la escorrentía superficial de la Caldera y a la sustitución de la malograda presa de Dos Aguas, se recurrió a una alternativa consistente en la ejecución de un embalse que, estando situado en el barranco de Las Angustias, y siendo, por tanto, capaz recoger las aguas de sus aluviones, permita el libre discurrir de los frentes de avenida y la consecuente evacuación de las masas de arrastres sólidos que los acompañan. Este propósito germinó en el denominado proyecto de La Viña.

¤III.4.4.- El embalse de La Viña.

Según lo dicho, La Viña responde a la idea de construir el tomadero de derivación de las aguas de escorrentía de Las Angustias sin obstruir totalmente el cauce, de modo que los frentes de avenida -y sus arrastres- puedan seguir libremente su carrera barranco abajo. En principio, se pensó en repetir las instalaciones de los tomaderos actuales, esto es, en disponer exclusivamente el azud de derivación, su desarenador y el canal de conducción de las aguas captadas hasta su zona de utilización. Pero esta posibilidad tropezó con el inconveniente de que en el Valle de Aridane, donde se ha de aplicar el agua, no existe suficientes embalses como para almacenar toda la que se capta en el barranco, por lo que ni siquiera cabe aprovechar la completa capacidad de derivación ya existente. Así que se tuvo por inevitable la necesidad de añadir un cierto volumen de embalse de agua, al objeto de regular los caudales de derivación.

No obstante, las dificultades de los diseños técnicos han resultado considerables: a lo que tiene el embalse de la Viña de solución técnica relativamente novedosa y poco convencional en el campo de la ingeniería hidráulica -y, por tanto, sin precedentes sancionadas por la experiencia- se le añaden las muy estimables complejidades geológicas, topográficas o hidrológicas de la zona de su emplazamiento. Así que pese a que los primeros estudios relativos al embalse datan de más de una década, aún no se ha podido llegar a un proyecto definitivo. Hacia 1990 se dispuso de un anteproyecto que, dos años después, se convirtió en proyecto constructivo. Pero fue desechado tras las objeciones relativas a su seguridad que formuló el Servicio de Vigilancia de Presas.

De modo que ha sido menester comenzar de nuevo los trabajos de estudio y diseño. Por ahora, están planteadas dos soluciones alternativas consistentes cada una de ellas en una presa de cierre del barranco de Las Angustias; una, a la altura de la cota de 240 m sobre el nivel del mar; la otra, a la de 200 m. Los elementos principales de esta segunda serían: un tomadero del tipo "Dos Aguas" -capaz de aliviar 1.000 m3/seg- del que partiría un canal de derivación de 10 m3/seg de cabida y en el que se dispondría un desarenador. Este canal conduciría las aguas captadas hasta el embalse, que estaría adosado a la ladera izquierda del barranco y formado por una presa de gravedad, bien de hormigón, bien de escollera, de unos 2 hm3 de capacidad. El embalse debería recibir diversos tratamientos de impermeabilización. Para su utilización, las aguas recogidas se bombearían al canal de Dos Aguas. En todo caso, el desagüe del barranco se mantendría expedito mediante la construcción de un canal o un túnel que, orillando la presa de cierre permitiera la circulación a su través de los susodichos 1.000 m3/seg. Sería menester, además, realizar obras de estabilización e impermeabilización de la ladera izquierda del barranco.

La alternativa en cota de 240 metros sobre el nivel del mar sería semejante a la anterior, con las ventajas de que no demandaría obras de estabilización e impermeabilización de laderas y de que la altura de los bombeos hasta el canal de Dos Aguas resultaría inferior, pero con los inconvenientes de hallarse dentro de la zona de Protección del Parque Nacional de La Caldera y de ser de más costosa construcción.

El coste estimado para la solución de la cota de 200 m sería de unos 2.500-3.000 millones de pesetas y, el de su alternativa, un 20% superior.

Los estudios hidrológicos y de regulación realizados en relación con aquella primera solución (la de cota de 200 metros sobre el nivel del mar) han permitido determinar los volúmenes de agua que podrán captarse con ella, que habrán de ser naturalmente función de la cabida del canal de derivación y de la capacidad del embalse. Con las ya señaladas magnitudes de 10 m3/seg y 2 hm3 para una y otra, se captará un caudal medio de 1,8 hm3/año.

¤III.4.5.- Recarga artificial de acuíferos con aguas superficiales.

Aunque la recarga artificial de acuíferos podría caberle más propia consideración en el próximo capítulo dedicado al planeamiento hidrogeológico, se incluye en éste para examinar lo que puede representar como medio de dar utilidad a unos caudales, los de escorrentía superficial, de difícil aprovechamiento por otros medios.

Ha de adelantarse, sin embargo, que a despecho de la atención que le presta la vigente Ley 12/1990, de Aguas de Canarias, que la distingue como técnica digna de expresa mención en su regulación de la planificación hidrológica -cf. artículos 33.-1.d y 38.6º.b-, la recarga artificial de acuíferos tiene a esos propósitos bien poco que decir en Canarias y prácticamente nada en La Palma.

Por lo pronto, para promover un proyecto de recarga artificial ha de disponerse, primero, de agua que infiltrar hacia el subsuelo; segundo, de procedimientos que hagan viable técnica y económicamente la infiltración de esas aguas y, en último extremo, de acuíferos donde poder recoger y retener eficazmente las aguas infiltradas.

Tal cual se dijo anteriormente en este mismo capítulo, las aguas que escurren por los cauces de la isla hasta el mar apenas representan un corto 3% (15 hm3/año) de las que se infiltran directa y naturalmente al interior del subsuelo. Esta fracción (a la que se ha de descontar los 3,5 hm3/año que se aprovechan ya en superficie) constituye, por lo tanto, el techo de lo que se puede recargar artificialmente, y ha de convenirse en que no representa mucho en el conjunto de los recursos hídricos de la isla.

Pero es que, además, debe repararse en el modo de presentarse la escorrentía de los cauces: en forma de avenidas de súbita aparición con ocasión de los mayores aguaceros que descargan sobre cada cuenca y de rápido agotamiento una vez cesadas las lluvias que los provocan. Así que el agua superficial circula sólo en momentos de fuertes precipitaciones, cuando los suelos están totalmente saturados y agotada su capacidad de infiltración natural. De manera que la avenida deberá almacenarse en superficie, a la espera de que una posterior sequedad climática permitan la regeneración de esa capacidad, con lo que se viene a parar nuevamente en las dificultades y costes de los embalses de superficie (y, como ejemplo, no hay más que traer a colación lo dicho con respecto al proyecto de la Viña).

En cuanto a los procedimientos de infiltración, no parece necesario aclarar la absoluta inviabilidad de los pozos filtrantes: si la construcción de embalses de superficie tropiezan con el escollo de que a muy corto plazo se ven totalmente aterrados, ha de imaginarse con cuánta mayor rapidez no sufrirían del mismo inconveniente dichos pozos o cualquier otro dispositivo que al mismo fin se dispusiera.

Por lo demás, conforme se anotó anteriormente, la mayor parte de los caudales de superficie de la isla discurren en cotas bajas -por debajo de los 800 m sobre el nivel del mar-, esto es, en zonas donde el agua infiltrada alimentaría principalmente a los acuíferos costeros. A través de estos acuíferos, y a lo largo del borde litoral de la isla, fluye al mar un caudal de agua de decenas de hm3 de agua dulce (como se refiere en el próximo capítulo de esta memoria dedicado al planeamiento hidrogeológico). No resultaría muy lógico, por tanto, recargar un acuífero cuyos recursos se pierden en su mayor parte en el mar con escasas posibilidades de explotación.

Es de reseñar, por último, que, de momento, no se conoce de ningún proyecto de recarga artificial que se haya intentado llevar a la práctica en el Archipiélago. Las esperanzas depositadas en esta técnica -y no sólo por los redactores de la Ley de Aguas (conclusiones del proyecto Canarias SPA-15)- no parecen, pues, muy fundadas. Es cierto, sin embargo, que las islas hay una técnica tradicional de aprovechamiento hidráulico (gavias y nateros de Fuerteventura) basada en una forma peculiar de recarga artificial, pero dependiente de tan distintas condiciones naturales a las propias de La Palma que su utilidad como modelo para esta isla puede ser nula desde el punto de vista del aumento de sus caudales aprovechables. Sin embargo, acaso pudiera tenerla como medio de retener las tierras que las aguas arrastran al mar con cada aluvión.

Se concluye, en definitiva, afirmando sin ambages que la recarga artificial con aguas superficiales es inviable en La Palma.

SECCIÓN III.5.

LA UTILIZACIÓN DEL DOMINIO PÚBLICO HIDRÁULICO.

Se dedica este apartado a lo poco que pueden dar de sí en la isla las modalidades de utilización del dominio público hidráulico de superficie que no supongan la captación del agua o su aprovechamiento privativo. En general, los tipos más usuales de esta clase de explotación conciernen al disfrute en común -o en sus cursos- de las corrientes de agua, al uso de los terrenos del dominio público hidráulico y a la extracción de los productos de unas y otros.

Con respecto a La Palma, la absoluta imposibilidad de algunos de ellos (navegación, flotación, aprovechamientos energéticos, pesca ...) o su escasísima utilidad (verbigracia, la directa utilización del agua en los cauces para la bebida o el lavado de las personas o para abrevar al ganado) excusan su consideración en estas páginas.

De modo que, en lo relativo a los derechos y conflictos derivados de estas aplicaciones de las corrientes superficiales, puede bastar una remisión general a lo regulado por las Normas del Plan.

En lo tocante a las extracciones de áridos en particular, se consigna la vigencia del Decreto del Gobierno de Canarias 152/1990, de 31 de julio, que las regula y las prohíbe en determinadas zonas, aparte de las contempladas por la Ley de Espacios Naturales. Durante estos últimos años, el aprovisionamiento de estos materiales se ha verificado en La Palma mediante graveras en el barranco de las Angustias y en algunos cauces del norte de la isla (se han aprovechado, en concreto, los acarreos depositados tras los tomaderos del embalse de La Laguna de Barlovento). Pero estas explotaciones han sido más ocasionales que sistemáticas. Las dificultades y carestía del transporte en la isla y las variaciones de localización de la demanda de áridos al compás del cambio del emplazamiento de las obras públicas más importantes tornan poco recomendable la pretensión de establecer un sistema permanente de extracciones de estos materiales. Las decisiones deberían dejarse, pues, al impulso de libre iniciativa privada, con el control administrativo que supone la aplicación del antedicho decreto y las reglas recogidas en las Normas del presente Plan.

Un aspecto del discurrir natural de las aguas de escorrentía que alcanza cada vez mayor relieve en las consideraciones generales sobre planificación hidrológica concierne a la función "ecológica" o de mantenimiento de los sistemas biológicos naturales asociados a las corrientes naturales. Comúnmente, las de La Palma se precipitan como torrentadas ocasionales que, a este respecto, apenas representan papel alguno.

Desde luego, en la isla no existen problemas de vertido de efluentes urbanos en los cauces: con respecto a la eliminación de las aguas residuales domésticas cuando no hay redes de saneamiento, la práctica general de evacuación consiste en su inyección al subsuelo a través de pozos filtrantes.

Por su parte, las corrientes permanentes de la Caldera de Taburiente discurren por el interior de un Parque Nacional, y lo que puedan suponer en el terreno de la conservación de sus apreciables ecosistemas y paisajes, y las medidas de defensa que merezcan por ello, es asunto más de la competencia de la Administración del Parque o de la medioambiental en general que de este Plan. Así pues, aquí sólo se consideran los arroyos de la Caldera en cuanto se tiene asumido como objetivo su conservación en sus actuales condiciones y caudales. Lo cual, quizá se antoje paradójico a quien considere que una parte de esos caudales son de origen, en buena parte, artificial, al provenir de los alumbramientos de un sistema de galerías de captación de aguas subterráneas abiertas a lo largo del espaldón semicircular que la circunda. Pero es que estas galerías han venido, en cierta manera, a restituir los caudales naturales y pretéritos de un crecido número de manantiales del interior del Parque, manantiales que desaparecieron o vieron menguar sus caudales por efecto de otras galerías abiertas previamente en el mismo espinazo montañoso.

SECCIÓN III.6.

LA DEFENSA CONTRA LAS AVENIDAS.

¤III.6.1.- Los caudales de máximas crecidas.

La determinación de zonas amenazadas por inundaciones exige una identificación de los tramos de barranco cuya sección resulta insuficiente para canalizar los caudales de máximas crecidas que presumiblemente puedan precipitarse por ellos, seguida de la delimitación del área cubierta o afectada por las aguas desbordadas. Lo cual en La Palma entraña sus dificultades por razón de la escasez de series suficientemente largas de registros pluviométricos, sobre todo en lo concerniente a precipitaciones en períodos inferiores al día, que son muy escasos en la isla.

Pero como muchas veces -sobre todo en ocasión del dimensionamiento de ciertas obras públicas- es imprescindible contar con estimaciones sobre caudales de máximas crecidas, se suele recurrir a procedimientos de cálculo al uso en ingeniería, algunos de ellos sancionados por su recomendación en normas técnicas de carácter oficial. Aunque estos métodos se fundan en la experiencia de regiones muy distantes y distintas de Canarias, son, por lo general, bastante conservadores, esto es, pronostican caudales de máximas crecidas probablemente superiores a los que cabe esperar en la realidad. El hecho de que contemplen el fenómeno de modo pesimista garantiza la seguridad en su aplicación, con lo que cabe utilizarlos con miras a resolver problemas prácticos.

La Caldera de Taburiente, siendo como es una de las áreas de Canarias con respecto a la que más diseños y estudios hidráulicos se han formulado, ha visto pasar una buena serie de análisis y deducciones en torno a sus caudales de máximas crecidas. La tabla siguiente (obtenida en un anteproyecto de Limpieza, Corrección y Ordenación del Barranco de Las Angustias) expresa en forma comparativa dichos caudales según diferentes autores y procedimientos.

Ver anexos - página 16268

n un proyecto de ingeniería de la zona de San Andrés y Sauces los cálculos por el método hidrometeorológico de las máximas avenidas (tiempo de recurrencia: 500 años) en diversas cuencas arrojaron los resultados de la siguiente tabla.

Ver anexos - página 16268

as cifras de estos cuadros reflejan algunas circunstancias propias de la hidrología de máximas crecidas de la isla: a proporción a la superficie de cuenca, las crecidas de cabecera son más caudalosas que las de desembocadura. Por ejemplo, en el barranco de Las Angustias, los aluviones se gestan de modo principal en el interior de la Caldera: aunque por debajo de Dos Aguas queda bastante superficie de cuenca (unos 20 km2), los caudales de avenida aumentan ya poco a partir de este punto (sin embargo, tampoco es probable que decrezcan en forma absoluta, como pronostica el método hidrometeorológico, cuyos valores por debajo de La Estrechura deben tenerse por inciertos y producto de inconsistencias propias del procedimiento de cálculo.)

Por otro lado, los caudales específicos (los caudales por cada km2 de cuenca) en avenidas con período de recurrencia de 500 años puede variar entre valores rondando los 40 m3/sg/km2 (en cuencas muy pequeñas, de menos de 1 km2) y los de cuencas mayores, que se aproximan a los 15 m3/sg/km2 (en el interior de la Caldera, más bien a los 25 m3/sg/km2).

¤III.6.2.- Las máximas crecidas y su amenaza en la práctica.

Las aluviones de los cauces canarios reproducen rasgos propios de los habituales en zonas áridas y abruptas, caracterizados por lo repentino de su presentación y el ímpetu de sus aguas. Adquieren éstas toda la velocidad y potencia de arrastre que les confieren las fuertes pendientes de laderas y barrancos. Así pues, en la isla el mayor problema de las crecidas de cauces no radica tanto en los peligros de anegamiento como en la capacidad destructiva de los frentes de avenida (en Canarias, la mayoría de las víctimas de las riadas perecen al ser destruidas y arrastradas las casas en que se acogen).

Las características de la red hidrográfica de La Palma son los propios de su juventud geomorfológica: laderas muy escarpadas y cauces de fuertes pendientes y ocupando el fondo de barrancos profundos y encajados. Casi nunca forman ramblas amplias, incluso en los tramos de su desembocadura, con lo que sus márgenes no ofrecen por lo común demasiados atractivos para el asentamiento de la población. Tampoco alcanza ésta, por otro lado, una densidad tal como para que exista una fuerte propensión a colonizar terrenos bajo la amenaza de las riadas.

De modo que, en principio, no cabe pensar que las inundaciones representen la mayor amenaza que se cierne sobre la isla y la seguridad de sus habitantes. Pese a cual, no dejan de constituir un riesgo que, de tarde en tarde, se hace realidad con caracteres catastróficos. Así lo dejan ver los datos disponibles con respecto a pasados desastres. Por lo que se sabe, el mayor de este siglo -el único con víctimas mortales en la isla-, y probablemente de toda su historia, se produjo el 16 de enero de 1957, cuando un temporal, que la afectó en casi su totalidad (en Los Sauces llegaron a recogerse más de 500 l/m2 en 48 horas), dio ocasión al desbordamiento de varios cauces y, en especial, al de los barrancos de Aguacencio y Amargavinos, en Las Breñas, cuya riada, de más de 100 metros de ancho, arrasó varias viviendas y se cobró la vida de 32 personas.

Puede considerarse lo insólito de este aluvión (de cuyas circunstancias hidrológicas, no hay, que se sepa, estudios) por lo mucho que pesa la cifra de sus víctimas en el total del medio centenar corto de muertes que a lo largo del siglo XX han ocasionado las riadas en el conjunto de las cuatro islas occidentales del Archipiélago.

Sea como fuere, tampoco son para desdeñar los riesgos que entrañan las riadas: a lo largo de la historia de dichas cuatro islas occidentales han descargado aluviones (verbigracia, los del 11 de diciembre de 1645 y del 7 de noviembre de 1826 en Tenerife) que se cobraron en cada caso centenares de vidas y que, de acontecer hoy, ocasionarían, a proporción del incremento número de habitantes de la isla, varios miles de muertos en cada caso.

Con cargo a este Plan se ha realizado una primera revisión de la situación de los barrancos de la isla, en relación especialmente con el problema de sus máximas crecidas y, centrado, sobre todo, a la altura de las zonas más pobladas (carretera de circunvalación y núcleos costeros de Santas Cruz de La Palma y Tazacorte). En principio, no parece que los ramblazos propios de aluviones con caudales específicos en el orden de magnitud de los citados en el anterior apartado representen, en general, amenaza grave para la población de sus márgenes. Pero esta aseveración debe quedar matizada con algunas precisiones adicionales.

Ha de atenderse, en primer lugar, la situación concreta de ciertas áreas edificadas o construidas en relación con los barrancos. A este respecto, es posible que la típica urbanización diseminada y nada ordenada de un buen número de pagos rurales palmeros disimule la imprudencia aislada de quien haya edificado en áreas de márgenes de cauces susceptibles de ser batidas por las aguas de ciertas riadas. O que los pasos de cauces habilitados bajo ciertas infraestructuras (carreteras, por ejemplo) resulten insuficientes para el desagüe de determinadas avenidas, con el riesgo de que, en ocasión de los mayores temporales, queden gravemente afectados servicios públicos esenciales. Y ambas cosas sólo pueden concretarse en el terreno del detalle, mediante la observación y estudio cuidadoso de todos los barrancos y barranqueras de la isla. Cosa que queda muy lejos del objeto de este Plan.

Debe tenerse presente, en segundo término, que no siempre los barrancos principales son los únicos responsables de los desastres por aluviones. En ocasión de los mayores temporales cabe que mínimas barranqueras lleguen a convertirse en vía para el desagüe de importantes riadas. Aunque no se dispone de datos al respecto en La Palma, el fenómeno no ha dejado de observarse en otras islas: las aluviones tinerfeños de 1826 y 1944 se saldaron con el nacimiento de nuevos barrancos donde antes sólo existían pequeños barranquillos y vaguadas. Lo cual explica la necesidad de respetar la red de drenaje de la isla en su totalidad e integridad: tanto los cauces grandes como los pequeños, y así los públicos como los privados.

En todo caso, la revisión realizada ha permitido detectar problemas concretos en algunos barrancos; a saber:

- En el barranco de Tenisca, a la altura de su cruce con la carretera de Puerto Naos (Los Llanos de Aridane).

- En el barranco de La Teja, que ha desaparecido en un tramo sustituido por una calle (Los Llanos de Aridane).

- En el barranco de Los Álamos, a la altura de la urbanización industrial El Molino (Breña Alta).

- En el barranco Llanito, en cuyas márgenes se ha construido un crecido número de edificaciones que pueden verse afectadas por una riada (Breña Alta).

- En el barranco del Socorro, en el tramo de su cruce con la carretera general (Breña Baja).

- En el barranco de Amargavinos (afectado por la riada de 1957), cuyo cauce está lleno de vegetación, hasta el punto de que su sección de desagüe se ha reducido en una cuarta parte (Breña Baja).

- En el barranco de San Blas, aguas arriba del cruce de la carretera general (Mazo).

- En el barranco del Puente Roto (Mazo).

- En el barranco de Las Nieves, cuyo encauzamiento, construido hace 30 años, presenta evidentes defectos de conservación, en particular en sus rastrillos. (Santa Cruz de La Palma.)

Y en todo caso, no se quiere dejar de destacar la situación de la rambla formada en la misma desembocadura del barranco de Las Angustias (término municipal de Tazacorte). Según parece, ha sido ya escenario de desastres por causa de riadas. Ahora el problema se ve agravado por efecto de su utilización como área edificable y residencial. Las obras de su encauzamiento se encuentran en mal estado de conservación, con muros parcialmente descalzados.

Es de reseñar que la hidrología de máximas avenidas de este barranco resulta especialmente compleja. En relación con su estudio se dan no sólo las comunes dificultades originadas por la determinación de los caudales de crecidas y al régimen de sus aguas en el cauce, sino a otras muy particulares de él: se presentan, por ejemplo, fenómenos tales como el asociado a la posibilidad de que haya deslizamientos de sus laderas con motivo de una riada; si los productos de estos deslizamientos (que pueden alcanzar enormes proporciones) llegan a obstruir totalmente el cauce, se forma un embalse sostenido por una presa de tierras. Un embalse que, por natural, carece de elementos de seguridad, de modo que, tarde o temprano, las mismas avenidas acaban erosionándolo y destruyéndolo (este proceso se ha podido observar no hace muchos años y en la historia geológica del barranco ha debido repetirse); con lo que al caudal de la avenida se suma el golpe de agua producido por la destrucción del referido embalse.

Ha de atenderse, por otra parte, al proceso de aterramiento que en la misma boca del cauce está ocasionando la presencia del puerto de Tazacorte; En realidad, no se sabe hasta qué punto la consecuente disminución de la sección de salida del barranco acabará provocando sobre-elevaciones en los niveles de las aguas de crecidas y en qué medida éstas llegarán a ser peligrosas.

A propósito de este cauce se considera, por consiguiente, de lo más recomendable el estudio cuidadoso de las circunstancias y particularidades de sus máximas crecidas.

¤III.6.3.- Criterios para prevenir y evitar daños por inundaciones.

La Ley 12/1990, de Aguas de Canarias, tiene establecido (artículo 38.7º) que, entre los extremos que, en sus respectivos ámbitos, deberán contemplar los Planes Hidrológicos Insulares, habrán de hallarse los criterios sobre estudios, actuaciones y obras a llevar a cabo para prevenir y evitar daños por inundaciones y otros fenómenos hidráulicos, criterios cuyo señalamiento constituye, por tanto, el objeto esencial de este Plan en relación con el problema de las crecidas.

En materia de prevención de daños por avenidas, todo lo que cabe hacer en La Palma está relacionado con el respeto a los cauces. En este terreno, las medidas deben considerarse precisamente según el triple enfoque ofrecido por la Ley 12/1990: estudios, actuaciones (administrativas) y obras (de corrección y defensa de cauces).

Con respecto a los estudios, el criterio de este Plan consiste en que (conforme se ha ido explicando en la presente sección) resulta imprescindible realizarlos y en que sería conveniente separar los de la Caldera de los relativos al resto de la red hidrográfica de la isla. En aquéllos debieran primar las análisis científicos o técnicos en relación con la hidrología del barranco de Las Angustias. En éstos, la función inspectora del estado de los barrancos, sobre todo por lo que concierne a la existencia, en cauces y márgenes, de obras, edificaciones o actividades que puedan correr peligros u ocasionarlo en casos de avenida. De modo que se plantea la redacción de dos estudios sobre:

- "Máximas crecidas y daños por avenidas en el barranco de las Angustias".

- "Máximas crecidas y daños por avenidas en los cauces (públicos y privados) de La Palma, con la excepción del de Las Angustias".

Debe tenerse presente en todo caso la distinta situación geomorfológica de la isla. Todo su sector septentrional (al norte del Valle de Aridane y Santa Cruz de La Palma) tiene una antigüedad geológica en el orden de 600.000 años. Por tanto, las aguas han tenido tiempo para labrarse su camino y la red de barrancos está muy desarrollada. Por tanto, excepto en sus tramos finales, los desbordamientos resultan improbables en ellos.

Por el contrario, la zona meridional de la isla es geológicamente muy joven. La red de avenamiento está, pues, poco desarrollada y son mucho más probables que en la anterior los fenómenos de desbordamientos y de aparición de nuevos barrancos. Es ésta, desde luego, la zona donde el problema de catástrofes por aluviones debe contemplarse con mayor cuidado.

En estos estudios se deberán considerar crecidas con período de recurrencia de 500 años. El Decreto del Gobierno de Canarias 152/1990, por el que se aprobaron las Normas Provisionales Reguladoras del Régimen de Explotación y Aprovechamiento del Dominio Público Hidráulico, estipula (artículo 3.1.2) que cualquier obra de ocupación y canalización de un cauce, o cruce de éste, deberá proyectarse de forma que permita desaguar la avenida que origine la precipitación máxima de las series más extensas disponibles en las estaciones más próximas a cada cuenca y que tengan la probabilidad de ocurrir una vez cada quinientos (500) años, considerando, además, que el agua arrastra un 20% de aportes sólidos. Estas normas se titularon de provisionales en cuanto fueron dictadas a la espera de lo dispuesto por la planificación hidrológica insular.

La cuestión radica, por tanto, en analizar si el criterio del decreto en cuestión debe ser modificado por el presente Plan. Hasta la pasada década, cuando entraban en consideración cuestiones de seguridad relacionadas con máximas crecidas, lo corriente en la ingeniería española era jugar con avenidas de período de recurrencia inferior a 500 años, reservándose éste sólo para las grandes obras cuya ruina pudiera originar muy graves consecuencias (verbigracia, presas). Posteriormente, algunos desastres por riadas en la costa levantina aconsejaron la imposición administrativa con carácter general de dicho período de 500 años. Por lo visto, en sus referidas normas provisionales, la Administración canaria se ha atenido a este mismo criterio.

Naturalmente, cuanto mayor es el período exigido, más estricto se es en materia de seguridad, pero, al mismo tiempo, mayores serán los costes asociados a las medidas de defensa y protección. Teóricamente, el período de recurrencia óptimo sería, en cada caso, aquel en que se igualaran los beneficios (en forma de daños evitados) con los costes de las obras o medidas de defensa que demandara. Sin embargo, en la mayoría de los casos, este análisis, sencillo de enunciar teóricamente, es casi imposible de llevar a la práctica. Con lo que la decisión final acaba siendo lo que es ahora: una imposición pública de carácter administrativo. Habida cuenta de que en La Palma el principal problema relacionado con las crecidas tiene que ver con la seguridad de las personas (en virtud precisamente de la tipología de sus aluviones, a la que se ha aludido arriba) se considera lo razonable mantener el criterio conservador de aquel Decreto.

Superada esta cuestión de carácter más bien técnico, todo lo demás que tiene que ver con los criterios de la lucha contra las crecidas concierne a medidas relativas de policía administrativa, en relación con la conservación de la red hidrográfica, y a las obras e inversiones en materia de defensa contra inundaciones, asuntos que son objeto de las dos próximas secciones III.8 y III.9, dedicadas respectivamente a las Normas de Actuación y a las Inversiones Programadas en el presente Plan, a las que se hace expresa remisión.

SECCIÓN III.7.

MEDIDAS CONTRA LA EROSIÓN.

El artículo 38.8º estipula que los Planes Hidrológicos Insulares habrán de contemplar los Planes Hidrológicos-forestales y de conservación de suelos que hayan de ser realizados por la Administración.

La erosión de las aguas superficiales constituye el fenómeno natural responsable de la mayor parte de las pérdidas de suelos que sufre la isla. Contra él caben dos tipos de medidas: menos útiles son las que persiguen interceptar los arrastres de las aguas mediante la habilitación de azudes en los cauces para remansarlas y facilitar la sedimentación de sus materiales en suspensión. En la mayoría de los casos, la productividad de este tipo de iniciativas resulta, en efecto, bien precaria, por razón de la escasa dimensión de los vasos que razonablemente pueden crearse, lo cual en definitiva determina que resulte favorecida sólo la decantación de los arrastres más gruesos, y menos probablemente la de los finos, finos que propiamente constituyen el producto de la erosión de los suelos. En todo caso, dentro del presente Plan se disponen partidas presupuestarias destinadas a impulsar un cierto número de esta clase de acciones.

Alternativamente, mucho más interés por lo que se refiere a la lucha contra la erosión tiene la política de conservación forestal de la isla, es decir, de mantenimiento de sus masas boscosas, que cubre precisamente las áreas donde es más frecuente la circulación de las aguas superficiales y donde mayor resulta su capacidad de erosión y de arrastre.

Sin embargo, se ha considerado pertinente no programar las correspondientes actuaciones inversoras en materia de repoblación forestal, toda vez que el Gobierno de Canarias (Consejería de Política Territorial y Medio Ambiente) tiene en el momento de redactarse esta Memoria en fase adelantada de preparación el Plan Forestal de Canarias. Por razones de competencia administrativa y de especialización técnica, lo razonable es que la política forestal se formule y quede recogida en este ámbito de esta planificación (en el de la forestal), al que se remiten las medidas exigidas por dicho artículo 38.8º.

Sea como fuere, es de imaginar que, por lo que concierne a La Palma, las acciones que en ella se postulen resultarán relativamente moderadas, dada la gran amplitud que alcanza ya la cobertera boscosa de toda la zona central de la isla.

SECCIÓN III.8.

NORMAS DE ACTUACIÓN.

¤III.8.1.- El problema general de las normas relativas al planeamiento hidrológico de superficie.

Al presentar las normas relativas al planeamiento hidrológico de superficie resulta imprescindible volver sobre una cuestión ya planteada en capítulos anteriores. A saber, que una buena parte de las materias reguladas por la Ley 12/1990, de Aguas de Canarias, carecen -por lo menos, de momento- de desarrollo reglamentario.

A este respecto, es de consignar que, desde la aprobación de la Ley de 1990, las disposiciones de carácter general sobre aguas aprobadas por el Gobierno de Canarias han sido las siguientes:

- Decreto 152/1990, de 31 de julio, por el que se aprueban las Normas Provisionales reguladoras del Régimen de Explotación y Aprovechamiento del Dominio Público Hidráulico para captaciones de agua o para utilización de cauces.

- Decreto 177/1990, de 5 de septiembre, por el que se aprueban normas de inscripción en el Registro de Aguas.

- Decreto 186/1990, de 5 de septiembre, por el que se aprueban normas de aforo y controles técnicos de aprovechamiento hidráulico.

- Decreto 88/1991, de 29 de abril, por el que se aprueba el Reglamento de auxilios a obras hidráulicas de iniciativa privada.

- Orden de la Consejería de Obras Públicas, Vivienda y Aguas de 20 de marzo de 1991, por la que se aprueba la Ordenanza del Registro y del Catálogo de Aguas de Canarias, de acuerdo con lo previsto en la Ley Territorial 12/1990, de 26 de julio, y el Decreto 177/1990, de 5 de septiembre, que aprobó normas de inscripción en el Registro de Aguas.

- Decreto 276/1993, de 8 de octubre, de Reglamento sancionador en materia de aguas.

- Decreto 174/1994, de 29 de julio, por el que se aprueba el Reglamento de Control de Vertidos para la protección del Dominio Público Hidráulico.

- Decreto 158/1994, de 21 de julio, de transferencias de funciones de la Administración pública de la Comunidad Autónoma de Canarias a los Cabildos Insulares en materia de aguas terrestres y obras hidráulicas.

Así que en relación sobre el dominio público hidráulico de superficie, en Canarias se han promovido sólo las referidas normas provisionales del Decreto 152/1990 y las normas sobre aforo del 186/1990.

Con lo cual, a ciencia cierta no se sabe si la estructura definitiva del ordenamiento de las aguas canarias contará con un reglamento del dominio público hidráulico o, alternativamente, si la regulación reglamentaria de éste deberá desprenderse de la planificación hidrológica insular. A favor de la primera posibilidad cabe citar el modelo nacional de organización normativa en materia de aguas (por lo que vale como ejemplo): en ella, la existencia legal de un marco de planificación hidrológica de cuenca no ha impedido que se haya aprobado un reglamento general del dominio público hidráulico. A favor de la segunda, el que las referidas "Normas Provisionales del Régimen de Explotación y Aprovechamiento del Dominio Público Hidráulico, justifican su carácter de provisional con la inexistencia de planificación hidrológica insular, lo cual, supuestamente, ha de significar que se tiene entendido el régimen definitivo sobre estas materias como propio de esta planificación.

La cuestión tiene aquí su importancia porque sería bien diferente el contenido de las Normas de este Plan según cuál fuera la solución del referido dilema. En todo caso, en la presente situación, y a falta de propias previsiones reglamentarias, una buena parte de la gestión hidráulica canaria se efectúa mediante la aplicación subsidiaria del Reglamento del Dominio Público Hidráulico nacional (R.D.P.H.), aprobado mediante el Real Decreto 849/1986, de 11 de abril. Hecho que ha de reputarse como muy inconveniente, habida cuenta de que esta disposición representa el desarrollo de una Ley distinta a la vigente en Canarias y de las disparidades de todo orden existentes entre las aguas peninsulares y las del Archipiélago.

Por lo que, en definitiva, las Normas de este Plan se han redactado en la pretensión de que constituyan una completa regulación de materias reglamentarias en relación con la gestión del agua y del dominio público hidráulico.

Entendido lo cual, es menester describir las diversas cuestiones planteadas a propósito de su contenido y justificar las soluciones que se les ha dado.

¤III.8.2.- La zona de dominio público de los cauces.

Se ha previsto como zona de dominio público la que ocupa la avenida ordinaria, y a ésta como la que los terrenos que inunde resulten inaprovechables (la definida en las Normas Provisionales equivalente a la de período de recurrencia de 100 años, parece desorbitada: desde luego, cabe preguntarse por lo justo de calificar como ordinario algo que por término medio ocurre una vez al siglo).

¤III.8.3.- Las zonas de servidumbre y de policía de cauces.

Se da por entendido que la definición del dominio público hidráulico se corresponde con la establecida en el Título Primero (artículos 2-12) de la Ley 29/1985, de 2 de agosto, de Aguas.

Se establece en ella (artº. 6) que en cada margen de la zona de dominio público de los cauces habrá una zona de servidumbre de 5 metros de anchura para uso público, más otras de policía, de 100 metros, en la que se condicionará el uso del suelo y las actividades que sobre él se desarrollen.

Se sobreentiende que esta definición no obliga a Canarias habida cuenta de que la Disposición Adicional Tercera de dicha Ley 29/1985 dispone que serán de aplicación, en todo caso,[...] los artículos de esta Ley que definen el dominio público estatal ..., siendo así que las zonas de servidumbre y de policía, si son anejas a dicho dominio público, estrictamente no son dominio y quedan, por tanto, fuera del ámbito de la regulación estatal.

Resulta problemática, por otro lado, la función que les puede caber a ambas zonas en los barrancos canarios. Desde luego, dudosamente las que atribuye el R.D.P.H. a la de servidumbre (paso del personal de vigilancia, paso para actividades de pesca, paso para salvamento de personas y varado y amarre de embarcaciones). Sin embargo, no hay dudas de que el legislador canario del 90 contó con su existencia (artº. 111.b): La zona de servidumbre de los cauces públicos en los barrancos se extenderá al terreno practicable más próximo que permita el acceso al cauce, aun cuando la distancia al mismo supere los cinco metros). De modo que en las Normas de este Plan se mantiene tal cual.

Por motivos de seguridad de bienes y personas, el condicionamiento de la zona de policía parece tener más sentido: resulta inevitable que, si el cauce es el espacio cubierto por las aguas de las avenidas ordinarias, algún margen debe quedar para las extraordinarias. Aunque la anchura de la Ley nacional resulta discutible (en los barrancos palmeros es muy posible que un punto distante 100 metros en horizontal de un barranco esté decenas de metros por encima de él).

Por virtud de lo cual, se ha reducido la definición originaria de la Ley nacional (la susodicha franja de 100 metros de anchura) a una 25 metros, pero además con la particularidad de que con ella no se deberá superar la zona afectada por la avenida de los 500 años, en cuyo caso el límite de ésta constituirá precisamente el extremo exterior de la zona de policía.

Ha de tenerse presente que, con la gran densidad de la red hidrográfica de la isla, el área afectada por esta zona representará una parte substancial de su superficie (piénsese que en los cuadros de este mismo capítulo se relacionan barrancos con longitud acumulada de cauces cercana a los 500 km, cuya zona de policía, a base de una banda de 200 metros de ancho, cubrirá del orden de 100 km2, esto es, alrededor de la sexta parte de la isla, y ello contando con que no todos sus cauces públicos están, ni mucho menos, comprendidos en el cuadro en cuestión). De modo que el régimen de autorización previa previsto para la zona de policía podría suponer un tráfico burocrático de regular magnitud. Por tanto, la reducción de anchura de la zona de policía implicará el beneficio de un evidente aligeramiento de la carga administrativa aneja a su vigilancia.

¤III.8.4.- Cauces públicos y cauces privados.

El asunto de la distinción entre cauces privados y públicos resulta francamente complicado. En la definición de unos y otros confluyen el Código Civil y las leyes de aguas nacional y canaria. Su consideración, pues, exige un complejo análisis jurídico, acompañado probablemente de diversas consideraciones de tipo hidrológico y hermenéutico.

De modo que el asunto se eludirá en beneficio de la brevedad de estas páginas. La regulación planteada en las Normas a propósito de cauces públicos y privados se limita, por tanto, a seguir estrictamente lo dispuesto en las disposiciones legales.

Se manifiesta, en todo caso, que los cauces de los barrancos relacionados en páginas anteriores deben verse como públicos en toda su longitud.

¤III.8.5.- El aprovechamiento del dominio hidráulico de superficie.

Dado que las normas de aprovechamiento de las aguas deben ser, en buena manera, comunes para superficiales y subterráneas y que éstas dominan de modo absoluto entre las explotadas en la isla, los usos privativos del agua se regularán en el capítulo dedicado al planeamiento hidrogeológico. Se hace una sola excepción relativa a los denominados usos privativos por disposición legal (artº. 52 LAN), esto es, a los que la Ley 12/1990 llama pequeños aprovechamientos (artº. 73 LAC).

Por lo demás, se regulan los usos comunes del agua que pueden tener algún sentido en La Palma, el aprovechamiento del resto del dominio público hidráulico y las servidumbres más frecuentes, exceptuando la de acueducto, que se contemplará en el capítulo dedicado a las conducciones generales.

En último extremo, se establecen las normas relativas a las concesiones y autorizaciones para utilización de los terrenos de dominio público o para la realización de obras sobre ellos. Se sobreentiende que estas actuaciones requerirán autorización cuando no se pretenda un uso privativo y exclusivo del dichos terrenos y concesión en caso contrario.

SECCIÓN III.9.

INVERSIONES PROGRAMADAS.

¤III.9.1.- Obras de aprovechamiento de aguas superficiales.

En los cuadros de los programas de inversiones se reflejan las actuaciones previstas en materia de aprovechamiento de aguas superficiales.

¤III.9.2.- Defensa contra avenidas.

Se han previsto actuaciones generales de defensa contra avenidas con arreglo a los dos siguientes capítulos:

- Encauzamientos de cauces (construcción y reparación): 1.320 Mpts.

- Otras obras de defensa: 770 Mpts.

- Conservación: 100 Mpts.

CAPÍTULO IV

BASES HIDROGEOLÓGICAS DEL PLANEAMIENTO

DE LAS AGUAS SUBTERRÁNEAS

En el presente capítulo se ofrecen datos básicos relativos a las condiciones naturales del flujo de las aguas subterráneas, al objeto de que en el próximo pueda plantearse con conocimiento de causa el análisis de los aspectos prácticos de su explotación y, en general, las propuestas de una política de aprovechamiento de las reservas y recursos hídricos del subsuelo insular.

SECCIÓN IV.1.

GEOLOGÍA.

¤IV.1.1.- Introducción.

a) Objetivos.

En esta sección (Basada en su totalidad en el informe -que en gran parte se reproduce literalmente- "Geología de la isla de La Palma", abril de 1998, preparado por el geólogo consultor Roberto Poncela para este Plan Hidrológico Insular) se pretende actualizar y sintetizar los conocimientos disponibles en relación con los factores geológicos de la circulación hídrica subterránea de la isla, aportándose datos en orden a un mejor conocimiento de su sistema hidrogeológico.

Para ello, se ha tomado como punto de partida y marco básico de referencia la descripción geológica y vulcanológica preparada por el geólogo D. José Manuel Navarro Latorre para el Avance (1992) de este Plan Hidrológico.

Además, se ha efectuado una revisión bibliográfica y una actualización de los datos disponibles sobre la estructura geológica de la isla, así como sobre dataciones absolutas obtenidas por el equipo del Dr. Juan Carlos Carracedo Gómez, Director de la Estación Volcanológica de Canarias-CSIC.

Conjuntamente con estas actividades, se han realizado reconocimientos geológicos de campo para comprobar la validez de la información utilizada.

b) Planteamiento del estudio.

Se pretende describir los principales rasgos geológicos y morfoestructurales que caracterizan a La Palma, a fin de mejorar el conocimiento que se tiene de su funcionamiento hidrogeológico. A tal efecto, los principales aspectos examinados han sido:

- La identificación y descripción de las principales unidades vulcanológicas con influencia directa sobre las aguas subterráneas.

- La descripción de los rasgos de cada unidad geológica que más afectan a los parámetros hidrogeológicos: tipos de lavas predominantes, proporción relativa de lavas y piroclastos, existencia de aglomerados de origen vario y, sobre todo, grado de alteración y compactación de las diferentes litologías.

- La disposición de cada unidad en el subsuelo, que permitirá entrever e identificar los procesos de construcción/destrucción experimentados por la isla hasta la adquisición de su actual fisonomía y definir su geometría aproximada.

En la redacción de la presente síntesis se ha intentado abreviar las caracterizaciones genéticas o petrológicas, que, sin añadir datos esenciales de carácter hidrogeológico, restan claridad y agilidad a la exposición.

Con miras a confirmar la validez de las hipótesis de partida, se ha conjugado la observación -realizada para el Avance de este Plan- de numerosas galerías horizontales y pozos verticales que perforan el bloque insular en todos los niveles con un reconocimiento geológico de superficie. En materia de geología de superficie, para la mitad sur de la isla se ha dispuesto de cartografía geológica general a escala 1:125.000 y 1:33.000. Las únicas zonas de la isla que cuentan con cartografía de detalle es La Caldera de Taburiente, donde aflora un basamento antiguo de rocas plutónicas y volcánicas submarinas, y a escala más detallada, algunos sectores de la mitad sur de la isla, que han servido para elaborar la citada cartografía geológica meridional de la isla del equipo del Dr. Carracedo.

En la actualidad, se ha establecido un convenio entre el Instituto Tecnológico Geominero de España y la Estación Volcanológica de Canarias-CSIC para, en el plazo de dos años, realizar la cartografía geológica insular a escala 1:25.000, en la que se recogerán todos los aspectos geológicos conocidos, además de los resultados de las últimas investigaciones en la materia. A la luz de esta nueva cartografía y de su información, tal vez sea preciso reconsiderar algunos de los datos y criterios que se recogen en estas páginas a propósito de las bases geológicas de la hidrología subterránea de la isla, tarea que, en su caso, quedará a expensas de una futura revisión de este Plan Hidrológico Insular.

c) Antecedentes geológicos.

Existe abundante bibliografía temática sobre la geología de La Palma, que puede dividirse en tres categorías de trabajos:

Genéricos: elaborados casi siempre por autores antiguos, que consideran la isla globalmente y conjeturan sobre el origen de La Caldera de Taburiente (von Buch, Reiss, Sapper, etc.).

Detallados: que se centran en:

Las características y significado del Complejo Basal que aparece en el fondo de La Caldera (Gastesi et al, Hernández-Pacheco, de la Nuez, Staudigel y Schmincke, Staudigel et al., etc.) y

El volcanismo histórico del sur de la isla (Afonso, Hernández-Pacheco y Valls, etc.).

Recientes: que suponen una actualización de los conocimientos existentes, ya sea de carácter insular, ya parcial o local:

Coello (1987), que como consecuencia de la investigación de las galerías del norte de La Palma hace aportaciones fundamentales al conocimiento de la estratigrafía y estructura del subsuelo; en él se menciona por primera vez la existencia de una enigmática "caldera" enterrada que condiciona decisivamente el flujo del agua subterránea y es responsable de nacientes tan caudalosos como los de Marcos y Cordero.

Navarro, que realizó una cartografía geológica insular diferenciando las principales unidades volcanológicas existentes, base para la conceptualización del sistema hidrogeológico expuesta en el Avance del Plan Hidrológico Insular de La Palma (1992).

Navarro y Coello, que elaboraron una cartografía geológica a escala 1:25.000 de La Caldera de Taburiente y zonas anexas.

Carracedo, que aportó nuevos conocimientos sobre la génesis, estructura y evolución de la zona meridional de La Palma.

Carracedo et al., que elaboraron un mapa geológico a escala aproximada 1:33.000 del volcán Cumbre Vieja, con incorporación de dataciones radiométricas. La escala base de trabajo en campo ha sido más detallada.

d) Trabajos realizados.

Los trabajos realizados para la elaboración de esta sección han consistido en una recopilación de la información geológica existente, y en su revisión y actualización hasta donde los nuevos conocimientos sobre la materia lo han permitido.

El trabajo base de referencia ha sido el Avance del Plan Hidrológico Insular de 1992, en el que quedaron reflejadas las principales características geológicas y morfoestructurales de la isla, obtenidas a partir del inventario de pozos y galerías de 1988, que actualizaba los anteriores de los proyectos SPA-15 (1975) y MAC-21 (1980).

La revisión y homogeneización de los criterios estratigráficos acometida por los geólogos D. Juan Martínez y D. J. M. Navarro, desde diciembre de 1989 a febrero de 1990, merced a la visita de las 35 principales galerías de la isla, ha permitido un notable avance en el conocimiento del subsuelo insular.

e) Geomorfología.

e.1) Rasgos generales del relieve emergido.

La isla de La Palma, situada en el sector noroccidental del Archipiélago, al noroeste de Tenerife, tiene una superficie de 730 km2, y presenta una morfología parecida a la de un triángulo isósceles invertido, con unos ejes máximos de 47 km de norte a sur, y de 29 km de este a oeste. Coexiste en ella gran variedad de formas de relieve, condicionadas por la disposición de los edificios volcánicos y por su antigüedad.

Las máximas elevaciones de la isla por encima de los 2.000 m de altitud son: el Roque de los Muchachos (2.426 m), Fuente Nueva (2.366 m), Pico de la Cruz (2.351 m), Piedra Llana (2.321 m), Pico Palmero (2.310 m), Tamagantera (2.299 m), Pico de las Nieves (2.247 m), Pico del Cedro (2.091 m) y Corralejo (2.044 m).

Hay zonas en las que la acumulación de materiales apenas si ha dejado actuar a los agentes erosivos externos, existiendo una red de drenaje sólo incipiente (dorsal Sur); por el contrario, en otras, el encajamiento de los barrancos son muy pronunciados y existe un constante desmantelamiento del relieve (Cono Norte y Barranco de Las Angustias).

Las costas, con un desarrollo de unos 130 km, son altas, rocosas y acantiladas, y en ellas destaca la continua erosión regresiva consecuencia de la abrasión marina.

Desde el punto de vista morfoestructural, la isla puede dividirse en tres zonas (Avance del Plan Hidrológico de 1992 y plano IV.1):

Cono Norte, truncado por La Caldera de Taburiente.

Dorsal Sur.

Zona de transición, a través del arco de la Cumbre Nueva y la depresión de Los Llanos de Aridane, entre uno y otra.

La morfología visible de la isla refleja la sucesión de los sucesivos eventos de construcción/destrucción experimentados por el edificio insular a lo largo de su historia geológica, a la vez que muestra los procesos geomorfológicos funcionales que afectan a su territorio. Por ello, el estudio geomorfológico se convierte en una potente herramienta en el análisis de la compleja estructura interna del bloque emergido.

Ver anexos - página 16277

.2) Cono Norte.

La zona septentrional de la isla tiene forma parecida a la de un gran edificio cónico que, a nivel del mar, alcanza un diámetro entre 25-30 km, y cuya altura original superaba los 3.000 m, a tenor de la disposición y buzamiento de las lavas. La porción somital del gran cono está truncada por La Caldera de Taburiente y su drenaje natural, el barranco de Las Angustias, que por erosión han logrado exhumar en una profundidad de unos 2.000 m el núcleo interno del edificio y las raíces de algunos edificios volcánicos recientes, por lo que se constituyen como un excelente corte estratigráfico.

La Caldera de Taburiente es una importante depresión con forma de cuenco y paredes internas subverticales. Su carácter erosivo y de colapso se manifiesta no sólo en su desarrollo a escala geológica, sino que es directamente observable, pues continuamente se producen inestabilidades de ladera acompañadas de aparatosos y estruendosos derrumbes y deslizamientos, en especial en épocas de fuertes lluvias y como consecuencia de la acción de las heladas en sus zonas más elevadas.

Las laderas externas del gran cono, constituidas por lavas con buzamiento periclinal hacia el mar, presentan profundos barrancos encajados, distribuidos radialmente desde la zona de antiguas cumbres, hoy decapitada por la Caldera. El grado de encajamiento de estos barrancos, además de constituir uno de sus principales rasgos geomorfológicos y litológicos, informa sobre la pluviometría local; así, en el noreste, donde las precipitaciones son máximas, es donde también la red de drenaje tiene un mejor desarrollo.

La mayor parte de las acumulaciones y acarreos se localizan en el barranco de Las Angustias y son el resultado del transporte de la erosión de la Caldera y del propio barranco. Se ha estimado que el volumen de acarreos sólidos transportados es del orden de 1 hm3/año.

e.3) Dorsal Sur.

La dorsal Sur se corresponde con un edificio volcánico en proceso de construcción, como lo atestiguan las siete erupciones ocurridas en su dominio durante los últimos seiscientos años.

El modelado de su relieve presenta una franja con numerosos aparatos eruptivos de pequeñas dimensiones (más de un centenar de conos de escorias) de los que parten lavas con morfología superficial casi intacta. La franja eruptiva coincide con la divisoria de aguas (N-S) y las lavas buzan hacia el mar en una disposición de tejado a dos aguas. El punto más alto de la dorsal se encuentra en el extremo norte.

La actividad erosiva resulta poco intensa debido a:

- La escasa alteración por meteorización de las litologías presentes.

- La elevada permeabilidad de los materiales volcánicos jóvenes, lo que provoca que el agua de lluvia se infiltre con facilidad (sólo se forman torrentes cuando tienen lugar precipitaciones excepcionalmente intensas).

- El escaso potencial erosivo de estos efímeros cursos de agua, inferior al crecimiento del edificio por la superposición de más productos volcánicos sobre los precedentes, cuando una nueva erupción tiene lugar (ej. Teneguía).

Las costas son, en general, acantiladas debido a la constante acción erosiva del mar sobre unas litologías que, dada su poca cohesión global, favorecen los desprendimientos y derrumbes. Aún así, durante los procesos eruptivos, las lavas recientes descienden por los acantilados para invadir la plataforma de abrasión litoral, de manera que los aparatos volcánicos vuelven a ganar al mar en unos días el retroceso sufrido durante años.

e.4) Zona de transición.

Entre el relieve cónico del norte y la dorsal Sur aparece una franja muy peculiar y algo más compleja que define su conexión topográfica mediante el arco de la Cumbre Nueva. Es un relieve cóncavo hacia el oeste y convexo hacia el este que representa un claro límite para la depresión de Los Llanos, cuya suave topografía es el producto de los sedimentos procedentes del Cono Norte y las lavas muy recientes emitidas en la dorsal Sur.

Al norte de la citada depresión, y separándola de La Caldera de Taburiente, se levanta el macizo del Bejenado, que aunque topográficamente parece pertenecer al Cono Norte, en realidad constituye un edificio volcánico que ha crecido después de la formación del Valle de Aridane.

La pared interna del arco tiene una fuerte inclinación y no está compartimentada por los característicos interfluvios que resultan de la erosión de los barrancos, como sucede en La Caldera de Taburiente; por el contrario, resulta anormalmente lisa y como cortada a cuchillo, lo que aporta un indicio esencial a la hora de dilucidar su origen. Las laderas externas presentan una pendiente mucho más suave y están surcadas por numerosos barrancos, pero menos encajados que los del Cono Norte, cuya disposición tiende a ser radial, como procedente de algún punto más elevado que hubiese estado situado en el interior de la depresión de Los Llanos.

¤IV.1.2.- Geología regional.

El Archipiélago Canario, situado en el Océano Atlántico y próximo al margen continental occidental africano, constituye la parte emergida de una formación volcánica emplazada sobre la litosfera oceánica de edad Jurásica. Es por tanto un archipiélago que se sitúa en el dominio de la placa oceánica, en el dominio intraplaca del borde occidental de la placa africana.

Las Islas Canarias están constituidas por siete islas principales: Lanzarote, Fuerteventura, Gran Canaria, Tenerife, La Gomera, La Palma y El Hierro, algunas de menor entidad como La Graciosa y pequeños islotes.

Su génesis se asocia con la dinámica alpina, que tuvo su paroxismo en esta zona durante el Mioceno (hace unos 20 millones de años) asociada, a su vez, a las tectonofases dinámicas del Atlas africano. El desarrollo del archipiélago es el resultado del desplazamiento de este a oeste de un punto caliente ("hotspot") del manto, actualmente situado en el extremo occidental del archipiélago. La edad de las islas decrece hacia occidente siguiendo el desplazamiento del punto caliente.

La Palma es la segunda isla canaria más joven y se encuentra en la fase de crecimiento más rápida del archipiélago, dentro de una etapa denominada de "shield-building".

¤IV.1.3.- Estratigrafía.

a) Marco general.

En La Palma, la sucesión estratigráfica está bastante bien definida gracias al profundo corte natural que representa La Caldera de Taburiente, y a las numerosas galerías que penetran radialmente en el subsuelo, principalmente desde las pendientes exteriores.

Las unidades estratigráficas en que pueden agruparse los diferentes materiales del bloque insular son las siguientes (planos IV.2 y IV.3):

- Complejo Basal, constituido por un núcleo de edad superior a 3 millones de años (Plioceno), formado esencialmente por materiales volcánicos submarinos y rocas intrusivas. Sólo aflora en el fondo de La Caldera de Taburiente, pero aparece en el frente de numerosas galerías, por lo que puede inferirse su configuración aproximada en el subsuelo. Esta formación tiene un considerable interés desde el punto de vista hidrogeológico, puesto que condiciona la circulación del agua subterránea al representar un medio de muy baja permeabilidad, por lo que en la práctica se asimila al basamento impermeable general.

- Un conjunto de unidades volcánicas subaéreas (lavas, piroclastos, diques, etc.) que recubren discordantemente el Complejo Basal y que han sido emitidas durante los últimos 2 millones de años. Su emisión se ha producido de manera discontinua y espacialmente dispersa, siendo su disposición actual el resultado de la imbricación de los grandes edificios volcánicos singulares que se han ido sucediendo en el tiempo mientras la actividad volcánica principal se desplazaba de norte a sur. Este conjunto constituye el sistema acuífero insular.

- El Complejo Basal y las Unidades Volcánicas Subaéreas están separados por una discordancia que representa un período de inactividad superior, posiblemente, al millón de años de duración. Durante este período tuvieron lugar dos procesos simultáneos:

- El levantamiento del Complejo Basal, de modo que rocas de procedencia submarina se encuentran actualmente a cotas elevadas, y

- La erosión de la parte más superficial del macizo emergido, que ha hecho aflorar materiales consolidados originalmente a gran profundidad.

Ver anexos - páginas 16280-16281

b) El Complejo Basal.

b.1) Generalidades.

El Complejo Basal es la formación más estudiada de la isla.

Aflora hasta la cota 1.600 y se considera un edificio volcánico submarino levantado hasta su actual posición por el empuje ascendente de intrusiones magmáticas posteriores. Las raíces del primitivo edificio submarino son visibles gracias a la intensa erosión posterior que ha disectado los niveles más profundos.

La topografía del Complejo Basal en el subsuelo se reconstruye aproximadamente a partir del estudio del frente de numerosas galerías que lo han intersectado. La forma resultante (plano IV.4) es la de una cúpula subcircular, truncada en su porción somital por La Caldera de Taburiente y centrada también alrededor de ella. La pendiente media de las laderas externas es de unos 15º, pero con frecuentes irregularidades tales como valles e interfluvios radiales; entre estos últimos hay que destacar el situado más al norte, que coincide en la pared de la Caldera con el sector en que el Complejo aflora a mayor cota.

A pesar de la heterogeneidad litológica del Complejo éste se comporta hidrogeológicamente de forma homogénea, constituyendo un medio de muy baja permeabilidad (a efectos prácticos asimilable a impermeable); no obstante, en el seno de esta formación no son infrecuentes los manantiales de escaso caudal, casi siempre asociados a fracturas secundarias o a diques rotos con bajo grado de interconexión, lo que confiere una escasa capacidad de almacenamiento y cierta transmisividad a favor de las estructuras planares.

b.2) Litologías presentes.

Integran el Complejo rocas que proceden de materiales emitidos en erupciones submarinas y rocas granudas (fundamentalmente gabros), resultantes de la lenta consolidación del magma en cámaras profundas, rocas todas ellas afectados por varias generaciones de diques y por acumulaciones fragmentarías de origen poco claro, a las que se ha dado el nombre genérico de "aglomerados".

Todavía no se han reconstruido con suficiente precisión las relaciones espaciales entre todos estos materiales debido, por un lado, a la intrínseca dificultad científica de la cuestión, y de otro, a las dificultades que para los reconocimientos del terreno suponen la escarpada topografía del interior de la Caldera y la escasa cohesión de sus rocas, circunstancias ambas que, cuando no se transitan los pocos senderos bien señalados, implican riesgos personales para quienes han de efectuar labores relacionadas con la preparación de cartografía o con cualquier otro aspecto de investigación geológica.

b.3) Series Volcánicas Submarinas.

Las Series Volcánicas Submarinas se han originado en erupciones emitidas a mayor o menor profundidad bajo el nivel del mar, y están formadas por lavas almohadilladas basálticas (pillow-lavas) y mantos fragmentarios asociados (hialoclastitas y pillow-brechas). Durante el proceso de levantamiento sufrido por el conjunto de la formación, se ha producido una rotación tectónica, con lo que su posición actual es diferente de la original.

Ver anexos - página 16283

as pillow-lavas están agrupadas en secuencias estratigráficas cuya potencia individual llega a superar los 100 m de espesor. Cada secuencia representa un episodio eruptivo, y en ella los diámetros de las almohadillas decrecen hacia el techo.

Las pillow-brechas están formadas por fragmentos heterométricos que resultan de la rotura de pillow-lavas. Los fragmentos tienen bordes subangulosos y se encuentran dispersos en una matriz de grano más fino. Forman mantos múltiples imbricados, de unos pocos metros de espesor individual, que se intercalan entre las unidades de pillow-lavas, lo que favorece una estratificación definida para el conjunto de las series volcánicas submarinas. Esta estratificación es uno de los pocos elementos indicativos de las perturbaciones tectónicas inducidas por el levantamiento.

b.4) Rocas plutónicas.

Las rocas plutónicas constituyen un complejo formado por la agregación de numerosos cuerpos intrusivos de dimensiones individuales relativamente pequeñas (algunos centenares de metros). La parte central de La Caldera de Taburiente se corresponde con la zona de alimentación magmática principal, dado que la mayor parte de las intrusiones se sitúa en esta zona y existen diques radiales asociados. Los cuerpos plutónicos se han intruido en varias fases temporales, como lo señala el hecho de ser muy variable la densidad de la malla de diques que corta a cada plutón, así como el grado y tipo de alteración hidrotermal. Los plutones más jóvenes, y con menor densidad de diques, son zonas de alimentación de edificios volcánicos recientes, construidos cuando el Complejo Basal ya había emergido.

Por su composición, estas rocas son mayoritariamente gabros (equivalente plutónico del basalto), aunque también existen algunas masas de rocas ultrabásicas formadas por acumulación gravitatoria de cristales densos (piroxenos y olivinos), por lo que probablemente representan zonas profundas de cámaras magmáticas individuales.

b.5) Red filoniana.

La red filoniana presente en el Complejo Basal es muy abundante. En ocasiones llega a constituir el 100% de las rocas expuestas en los afloramientos, obliterando la roca matriz. Cada dique es un cuerpo tabular con espesor medio de 0,5-2 m y una longitud de centenares e incluso miles de metros.

Estos diques se han generado en varias fases, con lo que su estado de alteración y de deformación es muy variable. No obstante, pueden distinguirse tres tipos de familias:

- Diques perpendiculares a la estratificación de las series volcánicas submarinas, que pueden ser considerados como sus conductos de alimentación. Aunque originalmente eran subverticales, ahora se encuentran rotados, del mismo modo que las series submarinas. Su estado de alteración hidrotermal es similar a estas últimas.

- Diques paralelos a la estratificación de las series volcánicas submarinas ("sills"). Su número aumenta a medida que se desciende en la secuencia estratigráfica hasta convertirse en un denso entramado, presentando, frecuentemente, una fuerte alteración hidrotermal.

- Diques con inclinación próxima a la vertical y bajo grado de alteración (incluso frescos). No han experimentado basculamiento, por lo que se encuentran en la misma posición en la que se formaron. Se corresponden con los conductos de alimentación magmática de los edificios volcánicos que recubren el Complejo Basal. Su distribución tiende a ser radial con respecto al centro de La Caldera.

b.6) Aglomerados de techo.

Los aglomerados de techo engloban un extenso y potente conjunto de materiales de carácter masivo, sin estratificación apreciable. Están constituidos por clastos angulosos heterométricos y litologías diversas, englobados en una matriz más fina de la misma naturaleza. No presentan la alteración hidrotermal característica de las series submarinas (rocas verdes), y entre los fragmentos no se identifica ninguno que resulte de la destrucción de la unidad mencionada (restos de pillow-lavas, por ejemplo), por lo que parecen corresponder más bien a lavas extruidas en forma subaérea, así como a diques.

No está muy clara su forma de emplazamiento (submarina o subaérea) o la fase concreta en que se generaron. Su inclusión en el Complejo Basal parece estar basada en dos argumentos:

- La densidad de sus diques, aunque muy variable, tiende a ser similar a la de otros materiales del Complejo Basal, y es superior a la secuencia de lavas de la pared de La Caldera, y

- Entre esta última secuencia y los aglomerados hay una clara discordancia. El punto débil de este razonamiento radica en que la secuencia de lavas de la pared (edificio Taburiente II) no es la primera de las unidades volcánicas extruidas después del levantamiento y erosión del Complejo, por lo que no puede excluirse que, al menos parte de los aglomerados (los que tienen menor densidad de diques), correspondan a eventos acaecidos en las primeras fases de la actividad volcánica subaérea.

Desde el punto de vista hidrogeológico, el comportamiento de estos materiales se corresponde con un medio de baja permeabilidad que a efectos prácticos puede asimilarse a impermeable.

b.7) Grado de alteración.

El conjunto de series submarinas, rocas intrusivas y diques que forma el Complejo Basal está afectado sistemáticamente por alteración hidrotermal. El grado de alteración aumenta a medida que se desciende en el nivel estratigráfico, así como al aproximarse desde los flancos hacia el núcleo del Complejo.

En techo y flancos de la serie, la alteración es de baja temperatura y aparece en forma discontinua: las rocas resultantes han experimentado una deposición de minerales secundarios (carbonatos y zeolitas, principalmente) que rellenan la porosidad primaria. En el núcleo y en los niveles estratigráficos inferiores aumenta el grado de metamorfismo, al mismo tiempo que se hace más continuo: hay reemplazamiento de unos minerales por otros y aparecen minerales verdes (clorita y epidota) responsables de esa tonalidad tan característica de la roca (rocas verdes).

c) Unidades Volcánicas Subaéreas.

c.1) Rasgos generales y criterios de separación entre unidades.

Las Unidades Volcánicas Subaéreas son el resultado de la actividad efusiva ocurrida en toda la isla después del levantamiento del Complejo Basal; su época de emisión está comprendida entre hace unos 2 millones de años y la actualidad. En La Palma, los procesos eruptivos tienden a concentrarse en áreas geográficas limitadas, originando edificios volcánicos singulares de dimensiones restringidas, cuya forma puede ser groseramente cónica o bien adoptar la configuración más compleja de una dorsal (ej. dorsal Sur, donde se ha localizado toda la actividad de los últimos 600.000 años).

En el presente trabajo se utiliza la nomenclatura propuesta por Coello, que determinó hasta 4 Series Antiguas, más 2 Series Recientes. Esta nomenclatura y terminología han sido homogeneizadas merced a los trabajos del Avance del Plan Hidrológico de La Palma.

El proceso de crecimiento de la isla se ha verificado por imbricación de tales edificios singulares al desplazarse el foco principal de la actividad. La diferenciación entre ellos es sencilla en ocasiones, ya que el tránsito se produce después de un evento o período que destruye parcialmente el edificio anterior, bien sea por una fase erosiva prolongada o por un deslizamiento en masa instantáneo de grandes dimensiones; en ambos casos desaparece una parte del relieve preexistente y se genera una discordancia en la superficie que separa los materiales de una y otra unidad. En otras ocasiones, el desplazamiento de la actividad se produce, aparentemente, sin una marcada ruptura de la continuidad temporal; entonces, la diferenciación hay que realizarla con criterios tales como la inclinación respectiva de las lavas (que en cada edificio tenderán a buzar periclinalmente con respecto a su cumbre de referencia) o el grado de erosión y alteración que afecta a la superficie de uno y otro.

Las litologías predominantes son los basaltos, siendo volumétricamente insignificantes rocas más diferenciadas, como las fonolitas o traquitas, lo que dificulta la distinción de unidades estratigráficas dentro de la secuencia eruptiva, puesto que ésta no ha sido constante en el tiempo ni homogénea en el espacio.

De acuerdo con los criterios anteriormente establecidos, dentro del volcanismo posterior a la elevación del Complejo Basal se han distinguido cinco edificios principales tomados del Avance del Plan Hidrológico de La Palma (1992). De más antiguo a más moderno son los siguientes:

- Taburiente I.

- Taburiente II.

- Cumbre Nueva.

- Bejenado y Sedimentos del Time.

- Dorsal Sur o Cumbre Vieja.

En su distribución espacial se observa que el foco principal de la actividad tiende a desplazarse de norte a sur. El cambio tiene lugar en ocasiones después de un evento destructivo de grandes proporciones, como sucede entre los edificios Taburiente I y II o entre los edificios Cumbre Nueva y Bejenado. En los restantes casos, el desplazamiento ha tenido lugar por causas menos catastróficas, todavía no bien comprendidas.

c.2) Edificio Taburiente I.

El edificio Taburiente I es una de las unidades menos conocidas de la isla por haber quedado enterrada en su mayor parte bajo los materiales del edificio Taburiente II. Sólo ha sido exhumada por la erosión en algunos cortes muy profundos de la zona de máximas precipitaciones, como el Barranco del Agua, donde surgen los nacientes de Marcos y Cordero. El afloramiento principal se encuentra justo al norte de La Caldera de Taburiente, donde la intensa erosión ha actuado en el área en que es mínimo el espesor de las lavas posteriores (véase el mapa geológico). Estos afloramientos fueron atribuidos anteriormente al Complejo Basal, cuyos aglomerados de techo tienen cierta similitud con los materiales expuestos en el fondo de los barrancos. El cambio de interpretación es esencial para comprender mejor la historia geológica de la isla y el funcionamiento hidrogeológico insular.

El primero en diferenciar esta importante unidad fue Coello, denominándola serie Antigua I, y estableciendo sus principales características estructurales a partir de sus escasos afloramientos de superficie y del estudio de numerosas galerías, como único medio de investigar esta unidad en extensión y profundidad.

La descripción que se presenta en este apartado procede de los datos obtenidos en la totalidad de las galerías que la cortan, presentados en el Avance de este Plan Hidrológico, los cuales confirman y amplían las observaciones de Coello.

Las litologías presentes en este edificio, lavas y mantos piroclásticos, conforman un gran estratovolcán cuya cima se encontraba probablemente sobre lo que ahora es la mitad septentrional de La Caldera de Taburiente, a juzgar por la inclinación divergente de las lavas (plano IV.5). Con el estratovolcán Taburiente I se reanuda la actividad después del largo período de calma eruptiva en que se levantó y erosionó el Complejo Basal, sobre el que se apoya discordantemente. Las emisiones comenzaron hace algo más de 2 millones de años, según las dataciones radiométricas absolutas disponibles.

La construcción del estratovolcán tuvo lugar en unos centenares de miles de años, tiempo relativamente corto desde el punto de vista geológico si consideramos otros eventos de mayor duración. Esto coincide con las observaciones estratigráficas que no registran interrupciones importantes dentro de la secuencia.

Ver anexos - página 16287

os materiales constituyentes del estratovolcán presentan composición predominantemente basáltica y actividad centralizada sobre todo en el vértice, con pocos aparatos periféricos:

- Lavas fluidas de tipo "pahoe-hoe" y "aa" que llegan hasta la cota 0 y sin duda se prolongan bajo el nivel del mar; las primeras son predominantes en los niveles inferiores de la secuencia estratigráfica.

- Niveles piroclásticos en forma de potentes lentejones con granulometría gruesa (conos de cínder enterrados), o bien como horizontes delgados y extensos con granulometría más fina; ambos son más abundantes cerca de la región de cumbres original, aunque los segundos tienden a alcanzar una dispersión mayor.

- Aglomerados de génesis variada, constituidos por fragmentos líticos dispersos en una matriz limosa o limo-arenosa.

En la parte central del edificio las lavas están intercaladas e imbricadas con aglomerados y niveles piroclásticos, los cuales tienden a acuñarse y a desaparecer, dando paso a una secuencia integrada fundamentalmente por lavas en las proximidades de la franja costera.

Aunque estos materiales no son muy antiguos (algo más de 2 millones de años en la base de la secuencia), han experimentado procesos de alteración y compactación que modifican sus características primarias, especialmente en los piroclastos y aglomerados, donde son más intensos por tener carácter fragmentario. Así, pese a que originalmente eran porosos e incoherentes, ahora forman masas compactas con muy baja proporción de huecos. Las lavas están menos afectadas y conservan buena parte de su porosidad primaria, aunque tiende a disminuir gradualmente al descender en la secuencia estratigráfica.

Un rasgo esencial del edificio Taburiente I, de gran repercusión hidrogeológica, es que la mitad sur ha desaparecido por completo, decapitada por un anfiteatro calderiforme concéntrico con la depresión de Taburiente. Este anfiteatro (plano IV.5) ha sido bautizado con el nombre de "estructura Coebra", al ser los geólogos D. Juan Coello y D. Telesforo Bravo los primeros en reconocer su existencia y su influencia en la circulación del agua subterránea, dado que existen numerosos manantiales con elevado caudal. Su formación coincidió con el cese temporal de la actividad volcánica, el cual favoreció la acción de los agentes erosivos externos, en particular del agua, que excavó en la zona de contacto entre el Complejo Basal y Taburiente I dos barrancos arqueados convergentes en la antigua zona de cumbres. Esta estructura erosiva, denominada Coebra, está prácticamente oculta en el subsuelo, aflorando en reducidas extensiones en el interior de La Caldera y en el Barranco del Agua, donde surgen los nacientes de Marcos y Cordero.

c.3) Edificio Taburiente II.

El edificio Taburiente II es la unidad más extensa de la isla en superficie, ya que ocupa prácticamente toda la mitad norte (plano IV.2), y es también la unidad mejor expuesta en sección natural al haber quedado cortada en todo su espesor (casi 1.000 metros) por la pared de La Caldera.

La reactivación volcánica se produjo con un desplazamiento hacia el sur del foco magmático, más o menos centrado sobre el domo del Complejo Basal subyacente.

Las litologías de esta unidad configuran un gran estratovolcán cónico que originalmente tenía su cumbre en algún punto de lo que hoy es La Caldera, pero la formación de esta última ha truncado la porción de cumbres. A juzgar por el buzamiento de las lavas, la cima del edificio superaba ampliamente los 3.000 metros de altura, pero la altura del perímetro del circo de cumbres disminuye rápidamente por el constante retroceso erosivo de las paredes de La Caldera. En la cabecera del edificio quedan restos de valles de erosión glaciar decapitados por la pared, lo que significa que durante el Holoceno existía una parte central con extensión y altura suficientes como para acumular gran cantidad de hielo.

La distribución y tipo de productos eruptivos es similar a la del edificio Taburiente I por ser el resultado de una actividad más intensa en el vértice del aparato. No obstante, también se han producido erupciones de flanco a través de diques radiales; consecuencia de ellas son los numerosos conos de cínder que, en toda la periferia del edificio, se intercalan e imbrican con las lavas que proceden de la porción central más elevada.

Un rasgo característico del edificio Taburiente II es la generación inicial de numerosos mantos de aglomerado que se imbrican lateralmente, formados por clastos basálticos angulosos y que están englobados en una matriz limo-arenosa que presenta un elevado grado de litificación, lo que les confiere gran resistencia a la erosión, destacando en el relieve con una morfología fácilmente distinguible a gran distancia (visible en la pared de La Caldera, donde los aglomerados recubren directamente el Complejo Basal, adaptándose y suavizando sus irregularidades).

La base aglomerática presenta un elevado contraste de permeabilidad en relación con las lavas suprayacentes, y es un nivel esencial para hacer distinciones estratigráficas y para determinar la posición de la estructura Coebra, que actúa como barrera morfológica e impide la dispersión radial de los aglomerados, de modo que en las secciones radiales los materiales de Taburiente II se apoyan directamente sobre Taburiente I (plano IV.3); por el contrario, donde falta la estructura Coebra los aglomerados pueden seguir sin obstáculos las pendientes de la isla.

El edificio Taburiente II se prolonga en el subsuelo bajo los materiales del edificio Cumbre Nueva, tanto en el sector del Time como bajo el propio arco de la Cumbre Nueva. Falta, en cambio, en el Valle de Aridane, lo cual es un importante factor a considerar en relación con el origen del Valle.

La secuencia eruptiva completa de este edificio queda expuesta en el magnífico corte natural de la pared de La Caldera de Taburiente, donde se apoya directa y discordantemente sobre el Complejo Basal. La secuencia comienza con unos 100 metros iniciales constituidos sólo por mantos aglomeráticos que se yuxtaponen e imbrican lateralmente. Sobre los aglomerados hay casi 1.000 metros de lavas y piroclastos, existiendo un tránsito gradual, con alternancia de lavas y aglomerados hasta que éstos desaparecen totalmente y se entra en una secuencia predominantemente lávica. Esta secuencia tiene intercalados niveles piroclásticos de dos tipos extremos:

- Grandes masas lenticulares de granulometría gruesa, que corresponden a conos de cínder enterrados, y

- Horizontes extensos, de granulometría fina y escaso espesor, que son el equivalente distal de los conos. En la pared se aprecia también la red filoniana del edificio, relativamente radial.

En la franja externa, la sucesión estratigráfica se conoce por las numerosas galerías existentes, gran parte de las cuales la atraviesan en su totalidad. Además de las lavas que proceden del vértice del edificio hay numerosos conos adventicios en todos los niveles de la secuencia, si bien sólo aflora en superficie un cierto número de ellos (plano IV.2), permaneciendo enterrados los restantes. Estas erupciones periféricas están relacionadas en ocasiones con extensos mantos piroclásticos que, al ser fácilmente alterables, se encuentran transformados en suelo en su parte alta; el paso de coladas posteriores ha convertido los suelos en almagres impermeables, los cuales pueden detener las aguas de infiltración y dar lugar a pequeños acuíferos colgados de carácter efímero.

Los procesos de alteración y compactación de este moderno edificio han sufrido un escaso desarrollo de forma que, aunque la secuencia alcanza en ciertas zonas un espesor próximo a los mil metros, las rocas conservan gran parte de la porosidad primaria, incluso en los niveles estratigráficos inferiores. Sin embargo, existen notables contrastes de permeabilidad como consecuencia de la diversidad litológica, como ocurre entre lavas y aglomerados: los aglomerados son materiales muy poco porosos debido a la matriz limo-arcillosa que engloba los cantos. Las lavas, por el contrario, conservan una elevada permeabilidad global: el volumen más importante de huecos interconectados se da en las escorias de base y techo de las coladas "aa" y, sobre todo, en el conjunto de las coladas "pahoe-hoe".

Fuera de la estructura Coebra apenas existe contraste de permeabilidad en el contacto entre los edificios Taburiente I y II, por lo que la transición geológica de una a otra unidad no tiene repercusiones hidrogeológicas. Por otra parte, como el espesor de Taburiente I es bastante grande, el agua subterránea sólo se acumula en ella; el papel hidrogeológico de Taburiente II queda reducido a proporcionar un elevado grado de infiltración, que favorece la recarga natural, y a facilitar la circulación vertical a través de la zona no saturada.

En el ámbito de la estructura Coebra, en cambio, el contraste de permeabilidad es muy marcado porque el edificio Taburiente I presenta las siguientes características:

- Hay gran proporción de aglomerados o de piroclastos compactados que prácticamente carecen de huecos interconectados; esta litología se debe a la mayor proximidad al área eruptiva principal.

- Las lavas presentes son las de los niveles estratigráficos más profundos, es decir, aquellas que han experimentado mayor alteración y compactación post-deposicional.

- La red de diques en muy densa, lo que contribuye a restar movilidad al flujo del agua subterránea.

c.4) Edificio Cumbre Nueva.

Es el edificio con menor identidad morfológica, ya que la formación del Valle de Aridane y de la Caldera de Taburiente lo ha suprimido totalmente en una amplia franja norte-sur, dividiéndolo en dos mitades desconectadas (Avance del Plan Hidrológico de La Palma, 1992):

- El pequeño afloramiento del Time, y

- El arco de Cumbre Nueva propiamente dicho (ver plano IV.2).

- A pesar de la destrucción experimentada, todavía existen rasgos que permiten relacionar las dos mitades y reconstruir la configuración original. Así, ambos afloramientos tienen una morfología similar que contrasta con la del edificio Taburiente I, en el que se apoyan.

- Los barrancos están mucho menos encajados, lo que lleva a pensar que la superficie del Taburiente II ha estado más tiempo expuesta a la acción erosiva, es decir, es más antigua, y

- Mientras que en el edificio Taburiente II los barrancos divergen radialmente desde un hipotético vértice situado más o menos sobre el centro de la actual Caldera de Taburiente, los que cortan al edificio Cumbre Nueva, que también divergen radialmente, lo hacen desde un centro más meridional situado entre el Bejenado y la población de El Paso.

La formación y crecimiento de este edificio tuvo lugar entre hace 770.000 y 565.000 años. Sin interrupción aparente en la actividad volcánica se produce un nuevo desplazamiento hacia el sur del foco magmático, responsable del crecimiento del edificio Cumbre Nueva, en el flanco del edificio Taburiente II, el cual se corresponde con una configuración de estratovolcán cónico, con las litologías buzando periclinalmente hacia el mar desde el mismo vértice hipotético del que divergen los barrancos, tal como se infiere de la disposición de la red de drenaje.

El edificio Cumbre Nueva está constituido por una secuencia formada por un apilamiento de lavas basálticas y mantos piroclásticos subordinados, que en la cabecera oriental del Valle de Aridane, puede alcanzar los 400-500 m de potencia. El emplazamiento se realizó en un lapso de tiempo relativamente corto (apenas existen paleosuelos, intercalaciones sedimentarias o discordancias erosivas locales) pero con actividad eruptiva muy continua e intensa.

Las lavas están representadas por tipos "pahoe-hoe" y "aa" muy poco alteradas y compactadas. Los horizontes piroclásticos son escasos en la proximidad del mar pero aumentan en frecuencia, espesor y tamaño de grano hacia el interior de la isla. Aunque estos últimos han perdido gran parte de su permeabilidad por ser extremadamente sensibles a la alteración y la compactación, las lavas conservan una buena proporción de su porosidad primaria interconectada, de modo que esta unidad se comporta globalmente como un conjunto de elevada permeabilidad.

Los únicos elementos que representan un obstáculo para la circulación del agua subterránea son los diques que se pueden agrupar en dos familias:

- Sistema radial asociado al estratovolcán, y

- Sistema norte-sur condicionado por el eje tectónico principal de la isla, sobre el cual se ha emplazado cada uno de los diversos edificios a lo largo de la evolución geológica. El entrecruzamiento de la red de diques y la fuerte anisotropía vertical son los factores que permiten que la superficie piezométrica se eleve considerablemente sobre el zócalo impermeable.

Al final de la etapa constructiva de esta unidad, la acumulación de material tanto del edificio Cumbre Nueva como del edificio Taburiente, ejerció una presión litostática creciente sobre el techo inclinado del Complejo Basal, lo que motivó que en la superficie de contacto se desarrollara una fuerte inestabilidad que finalmente se tradujo en un gran colapso en el flanco occidental y en un deslizamiento gravitacional en masa, conocido como deslizamiento de Aridane, dejando tras de sí una depresión abierta en forma de herradura. El volumen de material puesto en movimiento se ha estimado entre 180-200 km3. Los resultados del mismo todavía están presentes y configuran la topografía de la zona central de La Palma.

c.5) Edificio Bejenado y sedimentos del Time.

El Bejenado es un estratovolcán de reducidas dimensiones que limita entre la zona septentrional del Valle de Aridane y la Caldera de Taburiente, constituyendo un pequeño macizo cuya divisoria de aguas separa claramente la mitad norte de la sur.

El deslizamiento de Aridane provocó una brusca descompresión responsable del ascenso del magma en el antiguo anfiteatro. Este hecho motiva la aparición del volcán Bejenado. Dicho volcán se eleva directamente sobre el Complejo Basal existiendo, no obstante, una brecha volcánica caótica de potencia variable en el contacto. Esta brecha muestra una matriz limo-arcillosa que engloba de manera dispersa cantos angulosos y subangulosos, y presenta una red de diques menos densa que la correspondiente a los materiales subyacentes del Complejo Basal.

Las principales litologías del Bejenado se corresponden con lavas tipo "aa" y "pahoe-hoe" con buzamiento periclinal (que gradualmente pasa a subhorizontal en el sector meridional, lo que sugiere que el anfiteatro original del deslizamiento de Aridane se encontraba próximo al centro de emisión), y con escasos niveles piroclásticos subordinados. Hacia techo de secuencia afloran lavas de naturaleza traquibasáltica y fonolítica. La mayor potencia, del orden de 500 m, se localiza hacia el Valle de Aridane, detectándose un rápido acuñamiento.

Hacia la desembocadura del Barranco de Las Angustias, y probablemente en el subsuelo de El Paso y Los Llanos, las lavas del Bejenado están intercaladas entre los sedimentos del Time. Coetáneamente con la diferenciación morfológica de la Caldera de Taburiente, los productos resultantes de la intensa erosión del anfiteatro se acumularon en el abanico aluvial del Time, cuyos materiales forman un apilamiento de algunos centenares de metros de espesor y proceden de la destrucción de la citada caldera. En los sedimentos integrantes se distinguen dos tipos de niveles, de color y morfología contrastados:

- Una mitad inferior en donde predominan capas bien individualizadas de naturaleza brechoide, con cantos angulosos y matriz fina bien consolidada, formada por pequeñas avalanchas en masa y flujos densos, y

- Una mitad superior más claramente conglomerática, en la que predominan los grandes cantos rodados con matriz intersticial fina, que les resta porosidad. Presentan también características sedimentológicas controladas por flujos densos. Este aumento granulométrico parece definir el carácter fundamentalmente progradante del abanico durante el desmantelamiento.

Las lavas del Bejenado son muy permeables por no haber experimentado apenas alteración y compactación, pero su influencia en la circulación del agua subterránea resulta muy limitada en el ámbito del estratovolcán propiamente dicho, pues la recarga no es muy alta y, además, el agua infiltrada no permanece retenida por la moderada densidad en la red de diques. La circulación queda limitada a una fina lámina de agua que discurre cerca del contacto con el mortalón o con el Complejo Basal, motivo por el cual las galerías perforadas en esa zona han sido muy poco productivas o improductivas y se encuentran actualmente abandonadas.

Posteriormente, un nuevo desplazamiento del foco emisor hacia el sur deja inactivo al volcán Bejenado, con lo que la erosión actuó intensamente en la zona de Taburiente, proceso que continúa en la actualidad. Esta continua erosión y paulatino encajamiento del Barranco de Las Angustias han hecho desaparecer la mitad septentrional del Bejenado, siendo la morfología actual la de un semicono.

c.6) Edificio Dorsal Sur o Cumbre Vieja.

El edificio Dorsal Sur Volcán Cumbre Vieja es un extenso volcán poligénico (con un área subaérea de 220 km2, un volumen subaéreo de 125 km3 y una altura máxima próxima a los 2.000 m), que se localiza sobre el flanco meridional del antiguo Volcán Cumbre Nueva.

Los materiales que lo constituyen son fundamentalmente lavas alcalinas (basaltos alcalinos, basanitas, traquibasaltos y tefritas) y depósitos piroclásticos de naturaleza estromboliana, de los cuales una proporción significativa individualiza conos de cínder concentrados sobre los ejes estructurales principales de la dorsal. También existe un número importante de domos fonolíticos dispersos sobre el edificio.

Los conos de cínder presentan, en general, un excelente grado de conservación y reflejan claramente su morfología en la topografía y paisaje del área. Este hecho ha motivado la declaración de Espacio Natural Protegido y Área de Sensibilidad Ecológica al Monumento Natural de Los Volcanes de Aridane (P-6), formado por la Montaña de Argual, Montaña de Triana, Montaña de La Laguna y Montaña Todoque, para la preservación geomorfológica de estos conos de picón y de sus cráteres, predominantemente con forma de herradura.

La cumbre del complejo volcánico está formada por una cresta montañosa alineada norte-sur y formada principalmente por la concentración de fisuras y aberturas o una zona de cresta o dorsal volcánica ("rift zone"), la cual individualiza dos vertientes, oriental y occidental. Las principales características de estas dorsales son la presencia de una densa red de diques subparalela a la alineación principal (mayor cuanto mayor es la profundidad y la cercanía a los ejes de las dorsales), procesos geotectónicos de extensión, con una conexión directa con una somera cámara magmática infrayacente, etc. Esta zona ha mostrado actividad histórica reciente, especialmente en el sur de la isla, donde cabe citar la erupción que formó el volcán Teneguía en 1971.

La evolución del edificio Dorsal Sur o Volcán Cumbre Vieja puede dividirse en las siguientes etapas, basadas en la datación absoluta que proporciona el método K-Ar:

- Desde hace 125.000 hasta 80.000 años: se producen erupciones a partir de un sistema coalescente de tres "rifts" o crestas volcánicas, con presencia de un punto triple de intersección. En esta fase, la isla sufre un espectacular crecimiento, especialmente en la zona meridional.

- Desde hace 80.000 hasta 20.000 años: disminuye el ritmo de crecimiento, aunque las zonas de cresta continúan activas. La acción erosiva marina sobre la costa es superior al ritmo de crecimiento, en especial con la bajada relativa del nivel del mar. Durante este período destaca la formación de los acantilados costeros.

- Desde hace 20.000 años: la isla vuelve a crecer. Se producen erupciones en las alineaciones N-S, NE y, en menor extensión, NW correspondientes a las zonas de cresta. Su resultado es la emisión de lavas que descienden sobre los acantilados costeros antiguos y configuran plataformas lávicas a su pie, dificultando la erosión. Coetáneamente, la zona de cresta NW parece disminuir su actividad en relación con las otras dos, lo cual apunta a una temprana manifestación de la consiguiente reorganización de estas crestas o dorsales.

- En los últimos 7.000 años la distribución de las aberturas volcánicas en Cumbre Vieja cambian casi totalmente. Las direcciones NE y NW de los "rifts" desaparecen, concentrándose la actividad a lo largo de la zona N-S, que se extiende, a su vez, más hacia el norte (se pasa de un sistema de triple dorsal a un sistema de dorsal única). Posteriormente a estos acontecimientos, se desarrollan fisuras eruptivas sobre el flanco occidental del volcán. La reorganización del sistema de "rift" volcánico indica que el campo de esfuerzos ha cambiado notablemente en los últimos miles de años. Aumentan las acumulaciones de lava que recubren los antiguos acantilados y se forman las actuales plataformas lávicas costeras, sometidas a intensa erosión marina.

Los materiales formados son muy jóvenes y prácticamente no han sufrido procesos de alteración, lo que los convierte en extremadamente permeables y transmisivos. No obstante, la zona meridional de la isla, aunque presenta una recarga moderada, especialmente en las zonas más elevadas, muestra contaminación de las aguas subterráneas por CO2 de origen volcánico como consecuencia de la actividad volcánica latente en esta zona, lo que imposibilita su consumo salvo costosos procesos de desalinización.

SECCIÓN IV.2.

ESTRUCTURA HIDROGEOLÓGICA.

¤IV.2.1.- Introducción.

La Palma dispone en la actualidad de recursos hidráulicos aprovechables en cuantía que ronda los 75 hm3/año. Mas sus caudales no siempre fueron tan abundantes. Los antiguos pobladores de la isla contaban apenas con el 20% (15 hm3/año) de esa cifra, a pesar de lo cual veían sobradamente satisfechas sus necesidades de agua. Los nacientes de la Caldera, de Marcos y Cordero y los barrancos de Las Angustias y del Agua, principalmente, constituían fuentes y cursos permanentes e inagotables, cuyas aportaciones les bastaban aun en ocasión de las peores sequías.

A la llegada de los europeos, los nuevos pobladores de la isla se repartieron los caudales preexistentes, mediante la constitución de heredamientos para su aprovechamiento. Ahora, las aguas, desviadas de sus cauces, se canalizaron hacia zonas relativamente llanas y cultivables. Pero la nueva situación en nada modificó los caudales disponibles, que permanecieron invariables durante varios siglos.

El panorama hídrico de la isla empezó a cambiar hacia la mitad del XIX, al iniciarse la apertura de galerías. Durante décadas, se mantuvieron éstas, sin embargo, en muy modestas dimensiones, de a lo sumo unos cortos centenares de metros de longitud; pero ya en el siglo XX pudo sobrepasarse el kilómetro de profundidad. En la actualidad, la galería Pajaritos, en Barlovento, supera los 5 km de desarrollo.

Más tardíos fueron los pozos. Se excavaron primero en los acarreos de los barrancos, para horadarse más tarde en los más consistentes basaltos y acabar por ejecutarse obras con dimensiones tan apreciables como las del pozo Amargavinos de Las Breñas -el más profundo de la isla-, que supera los 400 metros de profundidad.

Merced a las aportaciones de estas galerías y pozos, la disponibilidad insular de agua fue creciendo regularmente. Y a la postre, el caudal utilizable acabó por quintuplicar al que original y naturalmente manaba en ella.

El actual abastecimiento hídrico de la isla depende fundamentalmente del conjunto de galerías y pozos construidos durante el último siglo y medio como producto del trabajo de varias generaciones de isleños. Sus mismas perforaciones -sobre todo, las de las galerías- se han constituido como un observatorio particularmente eficiente del subsuelo de la isla. Por tanto, la hidrogeología insular -y en alguna manera su geología- depende de esas obras en dos sentidos: en el de que sin ellas difícilmente se tendría el más o menos preciso conocimiento de que en la actualidad se dispone con respecto a las aguas subterráneas y a los factores y condiciones de su circulación; y en el de que tal conocimiento tiene como objeto esencial el poder ejecutar esas captaciones con las mayores garantías de éxito. Por lo cual nada debe tener de sorprendente que desde un principio participen a título de protagonistas en cualquier consideración que se formule sobre las aguas insulares.

¤IV.2.2.- Los acuíferos insulares.

La exposición relativa a la hidrología subterránea de la isla se ha dividido en dos secciones: el acuífero insular y la circulación de las aguas subterráneas. Aquélla tiene por objeto describir la estructura básica del sistema hidrogeológico insular; ésta, presentar las particularidades y cifras fundamentales relativas a la circulación de las aguas por el subsuelo.

Un doble enfoque procede al observar cualquiera de estos dos aspectos: contemplados a cierta distancia -esto es, vistos a gran escala-, los acuíferos dejan ver su estructura general, las partes y divisiones fundamentales que pueden existir en ellos, el régimen general de la circulación hídrica y los factores a que responde ésta. Por contra, a corta distancia -o a pequeña escala-, cabe discernir circunstancias adicionales, puntuales o de detalle que modifican y condicionan esos rasgos y caracteres generales.

Y se dice esto para resaltar que a partir del conocimiento de la estructura y aspectos generales de un acuífero no se está necesariamente en condiciones de predecir su comportamiento local. Así, por ejemplo, sin perjuicio de que dos galerías hayan penetrado de igual manera en pleno acuífero, puede que un manto de piroclastos alterados a arcilla torne en improductiva a una, mientras la otra, próxima a ella, pero perforada en coladas pahoe-hoe, disfruta de abundantes alumbramientos. Porque son los factores locales los que muchas veces determinan el comportamiento y aportaciones de las captaciones. Lo cual es una inevitable consecuencia de la gran heterogeneidad de los terrenos volcánicos de la isla cuando se contemplan a la escala conveniente.

La estructura básica del sistema hidrogeológico insular se describirá, en definitiva, distinguiendo sus tres unidades fundamentales: el acuífero de las Vertientes, el Coebra y el Costero. La exposición sobre la hidrogeología de la isla que a continuación se formula está basada en la presentación de los factores y datos elementales relativos a la circulación del agua en cada uno de ellos y en el análisis de sus circunstancias y condiciones locales, mediante el doble enfoque a que se acaba de hacer alusión.

¤IV.2.3.- El acuífero de las Vertientes.

Tal cual se refirió en la sección anterior de este mismo capítulo, el Complejo Basal puede verse como una gran cúpula de forma groseramente troncocónica, con su base centrada en la mitad norte de la isla y culminación en la zona de los Cantos de Tugurumay, en cotas de unos 1.600 m sobre el nivel del mar. A esta cúpula le falta el hueco correspondiente al mordisco ocasionado por la erosión de la Caldera de Taburiente y de los tramos superiores del Barranco de Las Angustias. Con la excepción de las zonas donde esta erosión lo ha hecho aflorar, permanece enterrado bajo capas de materiales emitidos con posterioridad a su formación. Las pendientes medias de sus laderas rondan el 25%.

A efectos hidrogeológicos, el Complejo Basal -y el manto de aglomerados que lo cubre- constituyen el substrato impermeable de la isla. Representan, pues, la base del acuífero que en esta memoria se ha denominado "de las Vertientes". Se sitúa, en todo su espesor, sobre materiales de la serie Taburiente I. Como al describir la estructura del denominado Coebra, se explica más adelante, su límite superior está determinado por el borde enterrado del cráter correspondiente al estratovolcán que formó esa serie.

Es, en suma, el Complejo Basal el que, en cotas altas y medias de la isla, sustenta y determina principalmente la disposición y el flujo de las aguas subterráneas, aguas que tienen su origen en la directa infiltración de las precipitaciones. Pero debe contarse con circunstancias y factores que condicionan secundaria y localmente la forma de este flujo.

Se comentó ya, por un lado, que entre la época de elevación del Complejo Basal y la de emisión de los materiales de la serie Taburiente I transcurrió toda una larga fase de la historia geológica de la isla, durante la cual cesó la actividad emisiva. De modo que hubo tiempo como para que los procesos erosivos hicieran su trabajo sobre el relieve natural y excavaran una desarrollada red de drenaje. Las primeras emisiones de Taburiente I -de aglomerados y piroclastos- debieron suavizar en algo este relieve. Pese a lo cual subsistieron los primitivos barrancos, ahora rellenos de los materiales de la serie. Con lo cual, la circulación del agua a través de los materiales del subsuelo se produce principalmente obligada por las direcciones preferentes de aquel primigenio relieve.

Además, vistos a pequeña escala, la mayor parte de los materiales de la serie Taburiente I son sumamente permeables, pero esta permeabilidad original está muy modificada por la intervención de dos elementos adicionales: los diques intrusivos y los mantos aglomeráticos y de piroclastos.

Los diques suelen ser masivos y escasamente permeables. Su existencia provoca una apreciable disminución de la permeabilidad general del acuífero y, merced a su entrecruzamiento, inducen una compartimentación del espacio subterráneo que, a vista de pájaro, podría contemplarse como las celdillas de una colmena. De no existir, el agua circularía por el subsuelo con suma facilidad y, habida cuenta de la fuerte pendiente del Complejo Basal, con escaso espesor de la zona saturada. Ahora bien, su profusa presencia disminuye apreciablemente la permeabilidad longitudinal a gran escala de los acuíferos e induce a una sobreelevación general de sus niveles freáticos -y por ende de su capacidad de almacenamiento.

La compartimentación del espacio subterráneo explica, por otro lado, algunas particularidades de los alumbramientos de las galerías. Cuando éstos se producen en ocasión de atravesarse un dique, lo primero que se origina es un vaciado relativamente rápido del agua de la celda afectada y, como consecuencia de ello, el inicial caudal de aportación tiende a menguar hasta el de su alimentación natural. Es así, por tanto, por lo que cualquiera de estos alumbramientos suele responder a un modelo caracterizado por su relativamente apreciable caudal de alumbramiento y por la tendencia de éste al rápido agotamiento, hasta estabilizarse en cifras permanentes y comúnmente más modestas. Una vez alcanzado este equilibrio, el caudal permanecerá constante a lo largo del tiempo.

De otra parte, la serie Taburiente I engloba también numerosos mantos aglomeráticos y de piroclastos. Áquellos presentan una estructura arcillosa que envuelve clastos de variada litología y tamaño, y son de naturaleza relativamente impermeables. Los piroclastos se alteran con rapidez y tienden de igual manera a convertirse en capas de reducida permeabilidad. Ambas estructuras se convierten en horizontes guías o base del discurrir de las aguas por el interior del terreno.

Son, por consiguiente, las capas de aglomerados y de piroclastos las que a menudo explican tanto la presencia de los alumbramientos que aparecen en las galerías, precisamente en las inmediaciones de la zona donde se las corta (claro es que sólo cuando el corte en cuestión coincide con un punto bajo del paleorelieve al que se adaptan las susodichas capas), como los manantiales naturales originados al intersectarse, por efecto de la erosión, con la actual superficie del terreno (nacientes colgados).

El acuífero de las Vertientes representa la principal fuente de recursos hidráulicos de la isla. De él sacan sus caudales la mayor parte de las galerías de la isla. En la actualidad, puede contarse con que proporciona del orden de la mitad de las aguas que en ella se aprovechan.

¤IV.2.4.- El acuífero Coebra.

Tal cual se explicó en la sección dedicada a la descripción geológica de la isla, antes de que comenzase el paroxismo volcánico que acabó conformando la serie Taburiente II, la primitiva isla era el producto de la elevación del Complejo Basal, que adoptaba la forma aproximada de una cúpula troncocónica. Su parte norte estaba ocupada por un volcán en escudo que culminaba sobre cotas de unos 1.700 ó 1.800 m, volcán cuyas emisiones habían formado la serie Taburiente I. Ni la caldera ni el estratovolcán estaban completos pues, a causa de la erosión, a una y otro les faltaba su parte meridional.

Las paredes de la caldera estaban cubiertas por piedemontes. En su interior, las aguas superficiales llegaron a formar dos profundos barrancos que, con un nacimiento común en el punto más alto de sus paredes (donde ahora está la zona conocida por los Cantos de Tugurumay) discurrían bordeándolas con dirección general, uno, hacia el sur y, el otro, hacia el sudoeste.

En esta situación, en el interior de la caldera -en las proximidades de su centro, pero algo desplazado hacia el sur- se formó un nuevo estratovolcán. Sus primeras emisiones consistieron en aglomerados y piroclastos que tapizaron el fondo de la caldera y sus barrancos y que dieron paso luego a coladas basálticas. Con ellas se rellenaron la una y los otros, pero de modo que sus pendientes comenzaron adaptándose a las de este fondo, para, a medida que lo rellenaban, adoptar una disposición cada vez más horizontal. Colmada del todo la oquedad preexistente, las coladas se derramaron por los bordes de la caldera, cayendo hacia el mar por la vertiente norte y ladera abajo, hasta cubrir en su totalidad los materiales del volcán anterior (el que emitió la serie Taburiente I).

A juzgar por el buzamiento de sus lavas, el nuevo estratovolcán debió culminar en alturas superiores a los 3.000 m; su hundimiento creó un hueco en el que, tras sucesivos episodios volcánicos y erosivos, habría de formarse la Caldera de Taburiente. Pero desde el punto de vista hidrogeológico, lo que importa es destacar que los restos de la antigua caldera, con sus barrancos, rellenos de productos emisivos de la serie Taburiente II, constituyen la estructura geológica de lo que se conoce como el acuífero Coebra. Ocupa éste, por tanto, el espacio del subsuelo situado entre las paredes de la antigua Caldera de Taburiente I y los restos del gran cono decapitado de Taburiente II y el Complejo Basal. En planta, su forma asemeja sendos canales -adaptados a los antiguos barrancos- de unos 6 km de longitud cada uno y 2-3 km de anchura que abrazan a la Caldera de Taburiente.

En un examen a pequeña escala del acuífero, destaca la abundancia en su parte baja de los aglomerados, los piedemontes rubefactados y los piroclastos de grano fino alterados a arcillas, productos todos de baja permeabilidad. Más arriba, menudean las coladas "aa", cuyas escorias de base y techo mejoran la transmisividad general del relleno, y las "pahoe-hoe", que son las de mayor permeabilidad en función de su alta porosidad. Pero, en todo caso, la gran densidad de la malla de diques que se entrecruzan en el espacio del acuífero reducen apreciablemente la permeabilidad general del acuífero.

Su alimentación depende en exclusiva de las aportaciones debidas a la directa infiltración de las aguas de lluvia que caen en su vertical. Desagua subterráneamente sobre el acuífero de las Vertientes; uno de sus brazos (el oriental o Coebra II), a la altura de Santa Cruz de La Palma, hacia la cabecera del barranco de La Madera; el otro (occidental o Coebra I), en zona sin identificar de, probablemente, la parte alta de Tijarafe.

El proceso erosivo de la Caldera de Taburiente ha ido mordiendo el acuífero en ambos de sus ramales, dando ocasión a los manantiales que menudean en las paredes de ésta. A su vez, la erosión en las laderas exteriores de la Caldera también ha llegado a intersectar el espacio ocupado por el acuífero: concretamente, el Barranco del Agua, en San Andrés y Sauces, ha dado lugar a los nacientes de Marcos y Cordero. Doce galerías han penetrado en él, y aunque algunas se cuentan entre las más caudalosas de la isla, no han permitido aumentar substancialmente las disponibilidades globales de recursos hidráulicos de ésta, por cuanto los caudales de sus alumbramientos se han producido en buena manera en detrimento de las aportaciones de los nacientes originales.

El acuífero de las Vertientes, cuya posición y recursos se conocen con cierta aproximación en la mitad septentrional de la isla, en el entorno exterior de la Caldera de Taburiente, se difumina hacia el sur. A decir verdad, no se conoce con certeza la posición del Complejo Basal -esto es, del zócalo impermeable- en el vértice sur de la isla (términos municipales de Mazo y Fuencaliente y parte meridional del Valle de Aridane); de acuerdo con el buzamiento general de las coladas de estas comarcas, parece que el zócalo en cuestión debe permanecer por debajo del nivel del mar. Si esto es cierto, todo el sistema de aguas subterráneas debe permanecer flotando sobre las aguas del mar infiltradas en el subsuelo, lo que quiere decir que forma parte del acuífero Costero. Como quiera que sea, es ésta, desde luego, la parte de la isla cuya hidrogeología peor se conoce.

¤IV.2.5.- El acuífero Costero.

La descarga de agua subterránea al océano se produce a lo largo de toda la costa. El agua dulce flota sobre la del mar infiltrada en el subsuelo de la isla. Como el nivel marino oscila con las mareas, el acuífero reproduce estas oscilaciones, que se amortiguan y desfasan al alejarse de la costa. Tal y como se explica más adelante, el mayor o menor caudal de descarga dependerá de la pluviometría y de la permeabilidad del subsuelo, pero siempre será mayor en los momentos de marea baja.

Toda la banda costera del acuífero, que, en orden de magnitud, puede tener una anchura de 4 ó 5 km, puede verse con sección transversal similar a la de una lente; en ella, la curva que limita por debajo el acuífero constituye su interfaz, o superficie donde, de modo más o menos claro, se sitúa la separación entre las aguas del acuífero y las del mar. El límite superior del acuífero, esto es, el nivel freático, señala la separación entre terreno seco y terreno saturado y su pendiente (con caída hacia el mar) mide el gradiente hidráulico del acuífero. La forma de la interfaz es un reflejo muy ampliado de la de la superficie freática, y, por tanto, con un gradiente unas 50 veces superior. La cuña de agua dulce, que en suma constituye el acuífero y que satura las rocas, es la que sube y baja continuamente con las oscilaciones de la marea.

Dos son las variables que determinan las condiciones del equilibrio de los acuíferos costeros: los recursos o caudales que fluyen por ellos y la permeabilidad de los terrenos que atraviesan. Su gradiente hidráulico aumenta en razón directa a la cuantía de esos recursos e inversa a la de la permeabilidad. En la isla, el gradiente en cuestión es mayor en el norte que en el sur, al ser allí superiores los volúmenes de agua fluyentes al mar y menor la permeabilidad de los terrenos que se atraviesan (series Taburiente I y II del norte frente a Cumbre Nueva y Dorsal Sur en la otra). Pero en general, es siempre pequeño, en el orden de muy pocos tantos por ciento.

De los acuíferos costeros extraen sus caudales de la práctica totalidad de los pozos en explotación en la isla.

Una gran parte de sus aguas son de infiltración muy antigua, por lo que suelen mostrar claros signos de mineralización; las de infiltración reciente se depositan en los niveles superiores, formando delgadas láminas de agua de mejor calidad. Las oscilaciones de los niveles por efecto de las mareas y la agitación motivada por los bombeos de los pozos tienden a destruir la estratificación de las aguas del acuífero y a perjudicar seriamente la calidad de sus recursos aprovechables.

Así que no resulta nada fácil acertar con los sistemas y caudales de extracción más adecuados, y tales que sus perturbaciones no imposibiliten la explotación. De hecho, de los referidos 69 pozos perforados en la isla, casi la mitad de ellos han debido abandonarse definitivamente, y del resto ninguno mantiene la calidad inicial de sus aguas. Con todo, merced a las grandes reservas y recursos de estos acuíferos, una buena parte de las aguas aprovechadas en la isla se extraen de ellos.

Un importante sector del acuífero Costero insular es la de los Barrancos de Las Angustias y Tenisca (en el Valle de Aridane), que se desarrolla en materiales del abanico aluvial del Time. Se nutren de la infiltración hacia el subsuelo de las aguas de escorrentía que discurren por el Barranco de Las Angustias. El área de recarga coincide con los cuatro últimos kilómetros del cauce, y se verifica a través de los propios acarreos del cauce.

El acuífero Costero se nutre principalmente de la directa recarga de las aguas de lluvia que se infiltran en su vertical y, sobre todo, de los caudales que le aporta el acuífero de las Vertientes, situado hacia el interior de la isla y, por tanto, aguas arriba de él.

La recarga de los acuíferos Costeros a causa de la infiltración de aguas que escurren por los barrancos es escasa y se podría calificar de irrelevante si no fuera por la importancia que circunstancialmente tiene en el Valle de Aridane.

¤IV.2.6.- La estructura general de la hidrogeología insular.

Interesa recapitular lo que se acaba de referir en relación con la estructura hidrogeológica general de la isla. Su factor determinante es la existencia del Complejo Basal. Puede imaginarse éste como una enorme cúpula impermeable, concéntrica con la mitad norte de la isla y cuya parte sur-occidental hubiera sido profundamente excavada por la erosión que ha producido la Caldera de Taburiente y el Barranco de Las Angustias.

Alrededor de lo que queda de este Complejo Basal, pues, se dispondría el acuífero Coebra, conformando una suerte de canalón donde se recogen las aguas que, por efecto de la infiltración, llegan a la parte superior de dicha cúpula. Tendría este canalón dos desagües principales -y subterráneos- a la altura de Tijarafe y Santa Cruz de La Palma, que verterían sus aguas al acuífero de las Vertientes, y una serie de rebosaderos que originan los diversos manantiales del interior de la Caldera de Taburiente y los de Marcos y Cordero.

Por debajo del Coebra, las aguas infiltradas siguen deslizando sobre las laderas del Complejo Basal, constituyendo el acuífero de las Vertientes. Aquí, el flujo subterráneo se ve favorecido por la fuerte pendiente de esas laderas, pero está contrarrestado por el gran número de diques verticales que actúan al modo de pantallas opuestas a la circulación del agua en el subsuelo.

Al llegar al nivel del mar, las aguas subterráneas dejan de apoyarse por el Complejo Basal y quedan sobrenadando sobre las del mar que, por debajo de ellas, saturan los subsuelos costeros.

En la zona sur de la isla, donde no hay Complejo Basal, el acuífero se sostiene en toda su extensión sobre las del mar.

En los planos IV.6, IV.7 y IV.8 se ofrecen la situación en planta de los diferentes acuíferos y la de sus flujos y superficies freáticas. En los IV.9, IV.10, IV.11, IV.12 y IV.13, varios cortes que muestran su disposición en alzado en diversas partes de la isla.

Ver anexos - página 16297

ECCIÓN IV.3.

RECURSOS HIDRÁULICOS SUBTERRÁNEOS.

Se presentan en esta sección los datos generales relativos a los recursos y al nivel de explotación de los diferentes acuíferos de la isla.

¤IV.3.1.- Los recursos del acuífero Coebra.

Es de significar, en primer lugar, que las estimaciones de los caudales correspondientes a este acuífero -junto a los de la Caldera de Taburiente- se han utilizado como datos de referencia al objeto de acotar las cifras del balance hidrológico insular. Sucede en efecto que, de aceptarse las cifras de precipitaciones e infiltraciones propuestas por el SPA-15, el balance del Coebra resultaría imposible de cuadrar. De él (del acuífero), se conocen los caudales que ceden a través de galerías y manantiales; y acontece que dichos caudales superan a los que, según ese estudio, podrían llegarle a partir de la infiltración de las precipitaciones. A resultas de lo cual, hubo de pensarse que las estimaciones de este estudio relativas a precipitaciones e infiltración pecaban de insuficiencia.

El ramal oriental del acuífero (Coebra II), vierte del orden de 5 hm3/año a través de los manantiales de la Caldera de Taburiente y unos 11 hm3/año por intermedio de las galerías que le llegan a afectar. Los volúmenes de agua que le llegan desde la superficie del terreno por infiltración se estiman en unos 19 hm3/año. De suerte que debe derramar alrededor de 3 hm3/año sobre el acuífero de las Vertientes, probablemente hacia la zona alta de Santa Cruz de La Palma. En este ramal tienen sus alumbramientos las galerías Los Cantos I, Los Minaderos, Bomba del Agua, Risco Liso y Tenerra y de sus aguas se nutren los manantiales de Turugumay, Piedra Rajada y Hoya Verde, entre otros.

Del ramal occidental (Coebra I) salen unos 6 hm3/año por galerías y un 1 hm3/año por diversos nacientes. Como sus recursos de infiltración importan unos 11 hm3/año, por la zona alta de Tijarafe debe ceder al acuífero de las Vertientes como unos 4 hm3/año. Este ramal alimenta a los nacientes de Manrrubio, Verduras de Alfonso, Marcos y Cordero y a las galerías Guanches, Tajadre, Altaguna, La Rosita y Risco Blanco. Es probable que los caudales que vierte sobre el acuífero de las Vertientes alimenten al grupo de galerías formado por Hidráulica de las Nieves, Salto de la Baranda, Corcho y Zarzalito y Salto de las Poyatas.

¤IV.3.2.- Los recursos del acuífero de las Vertientes.

Como se refirió ya más arriba, el acuífero de las Vertientes puede verse como una lámina de agua que, en el interior del terreno, y dentro concretamente de los productos volcánicos de la serie Taburiente I, cae ladera abajo deslizando sobre el Complejo Basal y su cobertura aglomerática, que actúan como zócalo impermeable. Rodea exteriormente todo el tronco de cono que constituye el edificio de la Caldera de Taburiente. Se alimenta de la directa infiltración de las aguas de lluvia y, en menor proporción, por los caudales rebosantes del Coebra.

Ver anexos - páginas 16299-16306

En el Avance de 1992 se aportaron datos en relación con los balances de este acuífero en dos concretas alturas: aquellas en que el susodicho zócalo impermeable alcanza las cotas de 600 m y 0 m sobre el nivel del mar. Prácticamente, dichos datos siguen siendo válidos, en cuanto los estudios de este Plan ni han variado substancialmente las cifras de la infiltración al acuífero, ni las de sus extracciones mediante galerías. En los dos cuadros de la anterior página se recoge un resumen de ellos con referencia a los perfiles reflejados en el plano IV.14.

¤IV.3.2.- Los recursos del acuífero Costero.

Se alimenta con la directa infiltración de las aguas de lluvia que caen sobre su vertical y de los caudales que le cede el de las Vertientes. Sus recursos sobrantes se vierten al mar, de modo que este acuífero viene a representar el último escalón y la postrera fase del ciclo de la circulación subterránea de las aguas insulares.

Así pues, recibe, por un lado, los 90 hm3/año que representan los recursos excedentes del de las Vertientes. A su vez, recoge adicionalmente del orden de 100 hm3/año provenientes de la infiltración. Como se le extraen alrededor de unos 20 hm3/año, acaba cediendo al mar en el entorno de 170 hm3/año de agua dulce.

En el vértice meridional de la isla el acuífero permanece contaminado por las emanaciones de un volcanismo latente. Según se verá en la próxima sección dedicada a la calidad de las aguas, esta circunstancia determina que sus aguas resulten inservibles frente a cualquier uso urbano o agrícola. Visto lo cual, sus caudales no se han incluido en las cifras globales que se acaban de consignar.

Por comarcas, y conforme a la misma zonificación del plano IV.14, los balances del acuífero son los que refleja el siguiente cuadro.

Ver anexos - página 16307

a descarga al océano de los recursos de este acuífero se verifica a lo largo de toda la costa, pero tendiendo a localizarse en los tramos de ella correspondientes de las zonas con mayores flujos de aguas subterráneas. Por otra parte esta descarga suele aumentar en épocas invernales o de mayores precipitaciones y se concentra primordialmente en los momentos de marea baja.

Ver anexos - página 16308

egún se apuntó en la sección anterior, el agua dulce que forma el acuífero Costero se constituye al modo de una lente limitada entre la superficie freática y la interfaz. En él, la superficie freática suele disponerse elevándose muy poco con respecto al nivel del mar; pero como la interfaz alcanza profundidades entre 40 y 100 veces superiores a tal elevación, la lente en cuestión tiene una gran potencia y en ella se almacena un muy notable volumen de agua dulce. Es así, por tanto, que el acuífero Costero representa el depósito natural donde se acumula la mayor parte de las reservas de agua de la isla.

Su explotación se efectúa casi exclusivamente mediante pozos. Pese a la fuerte proporción de sus recursos que se acaban perdiendo en el mar, esa explotación tropieza con muy considerables dificultades debidas a los fenómenos de intrusión marina. El asunto tiene tanta trascendencia como para que hayan debido abandonarse la mitad de los pozos abiertos en la isla y como para que ninguno de los que se mantiene en explotación deje de mostrar signos más o menos graves, pero siempre evidentes, de salinización de sus aguas.

La intrusión marina inducida es una consecuencia de las extracciones de los pozos, esto es, de las depresiones del nivel freático ocasionadas por los bombeos que se efectúan en ellos, depresiones que al provocar un ascenso de la interfaz, salinizan las aguas de extracción (sin perjuicio de que las alumbradas inicialmente aparenten buena calidad) y favorecen, a su vez, la penetración del agua marina por debajo de la cuña de agua dulce.

Como las permeabilidades de las formaciones por las que discurren las aguas del acuífero Costero son, por lo común (y por razón a su extrema juventud geológica), muy altas, los equilibrios agua dulce-agua salada que determinan su existencia resultan en extremo delicados e inestables. Por consiguiente, la afección debida a esas extracciones difícilmente deja de alterarlos, con lo que la explotación del acuífero o se ve impedida del todo o perjudicada por el inconveniente que representa la más o menos fuerte salinización de las aguas bombeadas.

Aunque puedan resultar sencillas de enunciar en términos generales o teóricos, las formas de evitar esa contaminación lo son mucho menos de llevar a la práctica. No es difícil coincidir en que tanto mejor será la calidad del agua extraída del acuífero Costero cuanto más alejado se encuentren los correspondientes pozos de la línea costera, cuanto más impermeables sean los materiales en que se hayan perforado, cuanto menos penetren en la zona saturada del acuífero, cuanto más separados entre sí los pozos contiguos, cuanto menos caudal se extraiga de cada pozo, cuanto menor sea la parte de esta extracción que corresponda a épocas de superior circulación de recursos en el acuífero (es decir, al invierno), cuanto más se concentre el bombeo en los momentos de baja marea (sobre todo donde las oscilaciones sean muy notorias en los movimientos del nivel freático) y etcétera ... Pero también resulta por demás evidente que cada una de estas reglas entraña un manifiesto inconveniente práctico o un considerable coste económico.

Por todo lo cual, con respecto a este tipo de acuíferos es muy aventurado pretender definir con certeza el punto de equilibrio que representa el óptimo del trinomio que relaciona las variables cantidad de agua-calidad del agua-coste de explotación. Hasta ahora, la explotación de los pozos de la isla ha tenido un relativo éxito en cuanto a la cantidad (un 30% de su disponibilidad hidráulica proviene de ellos); bastante menos, probablemente, en cuanto a la calidad, toda vez que los signos de la contaminación que evidencian sus aguas son tales como para que con la mayor frecuencia sus caudales sólo resulten utilizables como recursos marginales, a los que principalmente se recurre sólo con ocasión de resultar insuficientes los de galerías. Y, desde luego, en cuanto a la racionalidad y economía de algunos de sus campos de pozos (verbigracia el de los Barrancos de Tenisca y Las Angustias), acaso sea para dudar bastante de su actual disposición, habida cuenta de la cuestionable tendencia que muestran a arracimarse en determinadas zonas, generando interferencias y afecciones entre ellos y dando lugar a todos los consabidos conflictos y disfunciones propios de estos casos.

SECCIÓN IV.4.

QUÍMICA DE LAS AGUAS SUBTERRÁNEAS.

Dos son los principales inconvenientes que sufre la isla con respecto a la calidad de sus aguas subterráneas: la intrusión marina en el acuífero Costero y la disolución en ella de gases de origen volcánico. Pero exceptuadas las consecuencias -muy serias- de estos dos fenómenos, el grado de mineralización de las aguas insulares es normalmente bajo, por lo que, desde el punto de vista de su calidad química, pueden ser calificadas como buenas o excelentes e idóneas, desde luego, para cualquier tipo de uso común, agrario o urbano.

Normalmente, las aguas de lluvia presentan una baja proporción de substancias disueltas, y tanta menor cuanto mayor es la cota de su precipitación. Pero, como se puntualizará más adelante, al infiltrarse en el subsuelo y al discurrir por él, las aguas subterráneas disuelven gases de origen volcánico que, junto a su escasa mineralización de origen, les confiere gran agresividad y capacidad para extraer de las rocas los componentes que precisan al objeto de restaurar su equilibrio químico. Por consiguiente, donde el volcanismo latente resulta más acusado y esas substancias pueden incorporarse al agua en altas proporciones, las aguas afectadas llegan a presentar estados de mineralización muy acusados, que las inutiliza en la práctica para sus destinos más habituales o corrientes.

Pero, en todo caso, como en cualquier zona de la isla se produce una cierta aportación de gases volcánicos al agua, que mantiene su agresividad química, rara vez deja de quedar patente la progresiva mineralización de los recursos hídricos del subsuelo en su discurrir de cumbre a mar. Ello, añadido a que las aguas de lluvias llevan tantas más substancias disueltas cuanto menor es su cota de precipitación y a las consecuencias de la contaminación antrópica, que tienden a concentrarse en la corona costera, determina, por lo común, y en todo caso, que las aguas subterráneas presenten estados crecientes de mineralización según se baja de cota. Hecho que se refleja con claridad en los planos de isolíneas a que más abajo se hace referencia.

Sea como fuere, a continuación se consideran más en detalle los procesos a que responde el quimismo de las aguas subterráneas de la isla y sobre sus consecuencias en el terreno práctico.

¤IV.4.1.- Los procesos de modificación natural de la composición química de las aguas subterráneas.

Según se acaba de decir, en la isla, la circunstancia natural que condiciona principalmente el quimismo de sus aguas subterráneas estriba en la existencia de una actividad volcánica residual o latente.

La afección volcánica a los acuíferos se verifica cuando sus aguas entran en contacto con gases de origen volcánico. De ellos, el agua puede disolver componentes diversos, pero principalmente dióxido de carbono, ciertos compuestos de azufre y cloruros. Incorpora también algunas otras substancias que, aunque presentes en ella en muy pequeñas concentraciones, pueden perjudicar seriamente las posibilidades de su utilización, cuales son, por ejemplo el flúor y determinados metales pesados.

Al asimilar dióxido de carbono o azufre, el agua forma ácidos que disminuyen su pH y aumentan su agresividad. Acrecientan, por tanto, su capacidad disolvente y de atacar a las rocas a través de las que fluye, de las que se lleva principalmente el sodio, el magnesio y el calcio. De modo tal que se forman sales del tipo de bicarbonatos (o carbonatos) y sulfatos. Con lo cual, las sales más comunes dentro de las aguas subterráneas de la isla no contaminadas por intrusión marina son los bicarbonatos (sódicos, magnésicos y cálcicos).

En estas aguas, el equilibrio de los bicarbonatos determina sus principales características químicas y sus reacciones típicas. Al ser alumbradas, pueden perder parte del dióxido de carbono que llevan disuelto, con lo que quedan sobresaturadas de bicarbonatos y tienden a precipitarlos, esto es, a tornarse incrustantes.

La contaminación por la emanación de gases volcánicos afecta a un tercio de las aguas subterráneas insulares (algo más de 200 km2 de superficie). Como ya se apuntó en la sección anterior, la principal zona afectada se extiende por todo el vértice sur de la isla, desde Las Breñas y Tazacorte hasta Fuencaliente. En las captaciones de esta zona -practicadas siempre en el acuífero Costero- se han obtenido comúnmente aguas de baja o muy baja calidad. Incluso en algún caso, los bombeos no han hecho más que empeorarlas, al provocar la extracción de recursos cada vez más profundos y, por ende, más antiguos y mineralizados.

Así, en los márgenes septentrionales de esta zona contaminada se encuentra el pozo Amargavinos, que con sus 405 m de profundidad es el más hondo de la isla. Sus aguas muestran todos los síntomas propios de la contaminación volcánica, síntomas que tienden a agravarse cuando se le somete a dilatados períodos de bombeos, juntándose además con los originados por los de la intrusión marina.

En esta parte del acuífero Costero, algunas veces hay remedios peores que la enfermedad que pretenden sanar, y si se trata de evitar los efectos de la intrusión marina se acaba por sufrir los de la volcánica. Unos ejemplos al respecto pueden constituirlos los pozos Las Hayas y Peña Horeb, en los que la perforación de galerías de fondo con dirección hacia tierra adentro, para paliar los efectos de la contaminación marina, condujo finalmente a un agravamiento de la de origen volcánico.

Como fenómeno de carácter curioso cabe aludir a la manifiesta caracterización ferruginosa de las aguas superficiales del Barranco de Almendro Amargo, en el interior de la Caldera de Taburiente. El cauce de éste se halla excavado en lo que algunos geólogos consideran la cámara magmática del estratovolcán Bejenado. La disolución de sulfuros y metales explica el manifiesto color pardo que presentan esas aguas.

¤IV.4.2.- Las consecuencias de la contaminación antrópica.

En ausencia de problemas debidos a una industria, que prácticamente no existe en la isla, tres son los fenómenos a los que, por lo que concierne a la contaminación hídrica de origen humano, cabe prestar atención: la intrusión marina; la contaminación agraria y la de origen urbano.

La intrusión marina.

Anteriormente se adelantaron ya algunos comentarios sobre el origen y efectos de la contaminación de acuífero Costero por intrusión marina. Según se explicó, el fenómeno responde a las condiciones del equilibrio mecánico del acuífero, no del químico, pese a lo cual, sus consecuencias son esencialmente químicas, por cuanto entrañan la mezcla de agua dulce-agua salada y contaminación de los caudales extraídos por cierta cantidad de sales (especialmente de cloruro sódico) aportadas por el agua marina.

En algunos casos, esa contaminación puede tener efectos químicos a largo plazo: si en el subsuelo hay poros relativamente aislados de la circulación general del acuífero (cual sucede, por ejemplo cuando se desarrolla en terrenos de tipo arcilloso), el desplazamiento del agua salada por la dulce (una vez que se ha producido la intrusión y se inicia el proceso de recuperación del acuífero) resulta poco efectivo y la contaminación se torna permanente o cuasi-permanente. No parece que éste sea el caso en la isla: por lo que se ha podido comprobar, tan fácilmente como los pozos del acuífero Costero sufren los efectos de la intrusión marina, así de rápidamente se recuperan de ella una vez suspendidas las extracciones y estabilizados los niveles freáticos.

En el gráfico puede contemplarse un ejemplo que muestra la elasticidad de reacción de la calidad del agua frente a los movimientos del nivel dinámico del pozo Morriña [los datos proceden de los estudios hidrogeológicos que realizó el Servicio Geológico de Obras Públicas sobre el acuífero de los barrancos de Las Angustias y Tenisca (Tazacorte)], movimientos que obedecen precisamente a las incidencias que suponen los bombeos en este pozo y en otros de sus proximidades.

Ver anexos - página 16311

ontaminación agraria.

Se produce al infiltrarse hacia el subsuelo, con las aguas de lluvia y de riego, compuestos originados por la disolución de los productos fitosanitarios y de abono utilizados en la agricultura.

Se manifiesta especialmente por la presencia en las aguas de los acuíferos de compuestos nitrogenados, y en particular de nitratos. Cuando aparecen nitritos ha de pensarse en la condición reductora de las aguas, esto es, de la existencia de una contaminación orgánica muy intensa o próxima, y cuyas aportaciones no han podido, por tanto, oxidarse totalmente.

Por su propia naturaleza, la contaminación agraria es de condición difusa, es decir, se extiende a lo largo y ancho de las áreas en las que se practica una agricultura de carácter intensivo, con prácticas profusas de abonado y riego.

En la isla, este tipo de contaminación no lleva aparejadas consecuencias graves. Habida cuenta de que la agricultura intensiva y de regadío se practica sólo en una corona próxima al litoral, su contaminación afecta, en todo caso, a las aguas del acuífero Costero, para el que los problemas de intrusión marina suelen representar un problema de mucha mayor importancia.

Bien es verdad que, hasta el presente, se carece de un diagnóstico preciso en relación con sus efectos. En las fechas de redacción de estas páginas el Gobierno de Canarias tiene en fase de realización un estudio a propósito del fenómeno y referido a todo el Archipiélago. Aún no está finalizado, pero por lo que se puede saber, en La Palma sólo existen signos de este tipo de contaminación en la zona costera del Valle de Aridane. En algunos casos han llegado a medirse concentraciones del ion nitrato (NO3-) rondando los 300 mg/l; pero lo cierto es que estas cifras suelen sufrir bastantes variaciones, con tendencia a crecer a finales del verano y a reflejar mínimos en los comienzos de la primavera, lo cual revelaría la existencia de fenómenos de lavado del acuífero a resultas de la recarga invernal.

Como quiera que sea, este juicio y demás particularidades de la contaminación agraria habrán de ser refrendadas por los referidos estudios. Se concluye señalando, por tanto, que, por lo que se puede saber de momento, en la isla este tipo de contaminación tiene una importancia local, reducida al Valle de Aridane y, al parecer, no demasiado intensa.

Contaminación urbana.

Es la que se produce como consecuencia de la infiltración en el interior del terreno de las aguas residuales urbanas. Teniendo como tiende la estructura urbana de la isla a concentrarse en espacios próximos al litoral, el acuífero con más posibilidades de verse afectado por este fenómeno es el Costero.

El signo principal de este tipo de contaminación estriba también en la presencia de compuestos nitrogenados en el agua, por lo que la mayoría de las veces es difícil de separar de la de origen agrario.

No siendo muy densa la población de la isla, no son de temer en principio las consecuencias de este tipo de contaminación. Y en efecto, con la salvedad del caso ya comentado relativo a la presencia de nitratos en pozos del Valle de Aridane -cuyo origen se atribuye corrientemente a la agricultura- el fenómeno es prácticamente inapreciable en otras zonas de la isla, por lo que habrá de concluirse con que no existen problemas relevantes de contaminación urbana.

¤IV.4.3.- Cartografía isométrica.

La confección de planos de isolíneas relativos a los elementos y compuestos de mayor presencia en las aguas de la isla tropieza con dos dificultades:

- De un lado, al hecho de que las curvas en cuestión sólo pueden presentarse con respecto a zonas para las que haya datos químicos sobre sus aguas. Y como en la isla existen captaciones -es decir, aguas alumbradas y, por tanto, datos químicos sobre ellas- exclusivamente en las cotas medias de la mitad septentrional, sólo a esta zona pueden referirse con total propiedad las isolíneas. Y no precisamente, pues, al tercio meridional de la isla, por completo desprovisto de captaciones, o a las zonas bajas de la corona costera, donde, si se exceptúa el Valle de Aridane y la comarca de Santa Cruz de La Palma y sus alrededores, tampoco las hay.

- Ocurre, en segundo lugar, que las concentraciones en el agua de ciertos elementos o compuestos químicos resultan muy variables y dependientes de circunstancias hidrometeorológicas y de las relacionadas con el estado de su explotación; por lo que, siendo su situación química totalmente inestable, difícilmente pueden reflejarse en planos. Así, por ejemplo, la concentración de cloro en las aguas del acuífero costero varía mucho de verano a invierno, según se esté explotando o no el acuífero o en función del régimen de las últimas lluvias caídas sobre la zona. Un plano de sus isolíneas representaría, a lo sumo, una instantánea de su situación en un muy concreto momento, pero que bien poco diría con respecto a otros.

Se han elaborado, por tanto, los planos (IV.15 y IV.16) relativos a las zonas del acuífero Costero con concentraciones altas de Cl- y de nitrógeno (NO3-, NO2 = y, eventualmente, de NH4+). En este caso, la inestabilidad de las correspondientes concentraciones ha impedido trazar isolíneas. Por consiguiente, se han sustituido por planos de "manchas", para reflejar las zonas del acuífero costero con problemas de intrusión marina o de contaminación por aportación de materia orgánica.

Ver anexos - páginas 16313-16314

CAPÍTULO V

PLANEAMIENTO DE LAS AGUAS SUBTERRÁNEAS

El normal abastecimiento de agua de La Palma se verifica gracias muy en especial al aprovechamiento de sus recursos hidráulicos subterráneos: de los caudales que por el momento se consumen en ella, más del 90% provienen de manantiales, pozos y galerías. Incluso los de origen superficial en apariencia derivados del cauce de Las Angustias, deben gran parte de su existencia a los nacientes y galerías del interior de la Caldera de Taburiente, cuyas aguas, antes de alcanzar los tomaderos, se dejan correr libremente por los lechos de los barrancos.

Esto es así ahora como lo ha sido siempre: hasta finales del siglo pasado, prácticamente no se aprovechaban en la isla otras aguas que las que brotaban espontáneamente en sus numerosos manantiales; a partir de entonces se empezó a disponer, además, de las alumbradas en las galerías y pozos con las que se han ido explorando los subsuelos insulares.

Son, por tanto, las cuestiones relativas al alumbramiento, extracción y aprovechamiento de las aguas subterráneas las que, con gran diferencia, tienen una mayor relevancia práctica para la isla.

SECCIÓN V.1.

PRODUCCIÓN DE AGUAS SUBTERRÁNEAS.

¤V.1.1.- Nacientes.

La Palma cuenta con un gran número (alrededor del centenar y medio) de manantiales naturales de agua, bien es cierto que muy irregularmente repartidos por su superficie y de caudales bastante variables y muy dependientes por lo general de las precipitaciones.

Dos son los principales hontanares de la isla: el de Marcos y Cordero, en la zona de cabecera del Barranco del Agua (término municipal de San Andrés y Sauces) y el que representa el arco de paredes interiores del anfiteatro natural que constituye la Caldera de Taburiente (El Paso). Al margen de ellos, otras surgencias salpican las zonas de medianías y cumbre de toda la isla, y principalmente de su cuadrante nororiental.

Los llamados nacientes de Marcos y Cordero representan un conjunto de manaderos que brotan en el expresado paraje, entre cotas de 1.300 y 1.350 m sobre el nivel del mar. Su aprovechamiento es inmemorial y, desde la llegada de los europeos a la isla los disfrutan los agricultores de Los Sauces, actualmente agrupados en una comunidad de regantes.

Tienen caudales apreciablemente influidos por las precipitaciones. Se aforan con relativa regularidad desde 1943. El gráfico inferior muestra la evolución de su caudal conjunto a lo largo de los últimos 45 años.

Ver anexos - página 16315

l gráfico parece reflejar una disminución de sus aportaciones desde comienzos de la década de los 80. Y en efecto, el caudal medio del período 1943-1981 resultó ser de 186 l/sg, en tanto que durante el 1982-1997 apenas llegó a los 101 l/sg. Esta diferencia es, estadísticamente, muy significativa y difícilmente puede atribuirse a un descenso de sus flujos de alimentación por causa de una circunstancial disminución de las precipitaciones. En el Avance del presente Plan se explicaba como resultado de la entrada de algunas galerías en el espacio del acuífero de Coebra, y de la consiguiente afección producida sobre sus manantiales, y difícil resulta imaginar otra explicación más plausible.

A lo largo del referido período 1982-1987 las aportaciones anuales de los nacientes oscilaron entre 2,6 hm3/año (83 l/sg) y 3,6 hm3/año (116 l/sg). En el 25% de los años (esto es, en el cuartil de los más secos), esas aportaciones no superaron los 2,9 hm3/año (92 l/sg); por el contrario, la aportación de 3,3 hm3/año (105 l/sg) tuvo una probabilidad del 25% de ser superada.

Del informe denominado "Estudio del Aprovechamiento de los caudales circulantes por el Barranco de Las Angustias" se ha extraído la información que refleja el gráfico de la siguiente página, donde se recogen los caudales medios anuales que llegan a Dos Aguas con origen en los nacientes y galerías del interior de la Caldera de Taburiente.

En este caso, el caudal medio del período es de 406 l/sg, de 352 l/sg el del caudal anual que es superado por el 75% de los años y de 459 l/sg el que es sobrepasado sólo por el 25% de estos mismos años.

Ver anexos - página 16316

ado que en el eje de ordenadas de este último gráfico se representan aportaciones medias anuales (y no caudales instantáneos, como en el caso de Marcos y Cordero), es natural que sus variaciones se muestren en forma amortiguada con respecto a las del anterior gráfico. Debe tenerse, en todo caso, por natural que las aportaciones de la Caldera de Taburiente sean comparativamente más estables en el tiempo que las de Marcos y Cordero, habida cuenta de que entre aquéllas se cuentan las de varias galerías, cuyos caudales, si por algo se caracterizan, es por su regularidad.

Las aguas de Marcos y Cordero y de la mayoría de los nacientes y galerías de la Caldera de Taburiente constituyen surgencias del acuífero Coebra. Al margen de ellos, en toda la superficie de la isla brotan caudales que provienen del afloramiento de pequeños acuíferos colgados, esto es, de acuíferos que deben su existencia a la presencia en el subsuelo de horizontes o capas impermeables, por lo común de pequeña extensión, y que suministran, por tanto, caudales modestos y muy dependientes de las precipitaciones.

En el cuadro de la siguiente página se aporta una estimación de los caudales del conjunto de los manantiales de la isla. En su preparación se han estimado separadamente los de galerías y nacientes de la Caldera de Taburiente, para incluir solamente los de estos últimos. Sin embargo, debe tenerse muy presente que en la Caldera de Taburiente, las aguas de nacientes y galerías se aforan muchas veces conjuntamente, por lo que no hay forma de discernir exactamente qué aportaciones son de galerías y cuáles de manantiales; así que las cifras de este Plan -tanto como las de otros estudios- relativas a caudales -por separado- de nacientes y galerías deben aceptarse con reservas, y ello sin perjuicio de la confianza que merezcan las cifras agregadas de unos y otras.

Ha de resaltarse, en todo caso, que el SPA-15 daba un caudal medio para los nacientes de la isla de 15,8 hm3/año. La diferencia entre esta cifra y los 10,1 hm3/año reflejados en el cuadro inferior es lo que se estima que, a lo largo de los últimos 25 años, han perdido los manantiales como consecuencia de las afecciones de galerías.

Por lo demás, se señala que, sobre todo las de Marcos y Cordero y de la Caldera de Taburiente, son objeto de un inveterado aprovechamiento. Como se expresó ya, las de aquéllos, por una comunidad de regantes; las de la Caldera, por el Heredamiento de las Haciendas de Argual y Tazacorte. Para regular las aportaciones de las primeras, se ha erigido el embalse de Adeyahamen. Las de las Haciendas se almacenan en el numeroso conjunto de estanques construido en el Valle de Aridane.

Ver anexos - página 16317

V.1.2.- Galerías.

Salvo en su tercio meridional, las laderas de la isla se encuentran profusamente perforadas por galerías de captación de aguas subterráneas. Se constituyen éstas al modo de socavones en fondo de saco, sensiblemente horizontales (en realidad, con pendientes de algún tanto por mil y caída hacia bocamina), pequeña sección (menor de 2 m2) y grandes longitudes, que en las que han completado un normal desarrollo rara vez son inferiores a uno o dos kilómetros (la mayor, supera los 6 km de perforación).

Por lo general, las galerías se emboquillan en cotas medias y altas y tienden a concentrarse en la cara exterior del espaldón de la Caldera de Taburiente. Más de una docena se emboquillan dentro de esta misma depresión. En el Barranco de El Riachuelo hay abierto, además, un conjunto de ellas, por lo común de modesta longitud. Abundan también relativamente en la dorsal insular, fundamentalmente a la altura de Breña Alta.

Las galerías explotan casi exclusivamente el acuífero de las Vertientes. Unas pocas (en el orden de una docena) llegan a tocar al Coebra. Si se exceptúan las galerías en trancada (que se han contabilizado entre los pozos) en ningún caso se utilizan para captar aguas de acuíferos costeros.

El cuadro de la siguiente página facilita un resumen de las existentes en los distintos términos municipales de la isla. Sus datos se refieren al año 1997 y se han obtenido a partir de un inventario efectuado durante los primeros meses de 1998.

Ver anexos - página 16318

al como se ha apuntado, las galerías suelen situarse en cotas altas y medias. El gráfico adjunto refleja la distribución de los caudales alumbrados en función de la cota de sus bocaminas. Los máximos se verifican entre los 500 y los 750 m sobre el nivel del mar. Por debajo de los 290 m y por encima de los 1.250 m no hay galerías con caudales aprovechables.

Ver anexos - página 16318

sí es que para distribuir las aportaciones de galerías, no es necesario recurrir a elevaciones mecánicas. Debido a su relativa altitud, la exclusiva fuerza de la gravedad basta para llevar sus aguas hasta los puntos de utilización. (La única excepción a esta circunstancia radica en el pequeño bombeo provisional que, a través del túnel de la carretera de la cumbre -TF-812-, se verifica con las aguas del canal Barlovento-Fuencaliente, aguas que durante los estiajes se trasvasan al Valle de Aridane. Previsiblemente, en su momento, cuando esté en servicio el túnel del trasvase Este-Oeste, el bombeo a través de él de las aguas de ese canal se verificará con carácter permanente).

La mayoría de las galerías de la isla nunca han llegado a alumbrar agua. Concretamente, hay en la actualidad sólo 65 con aportaciones aprovechables. Pero incluso entre las que disponen de agua, el caudal de la gran mayoría es pequeño. El gráfico siguiente muestra el número de las galerías en función del rango de sus caudales. Es de resaltar que las 12 más caudalosas suman el 50% de la aportación conjunta de todas ellas; las 22 mejores, el 75%; y las 33 primeras, el 90%. Las aportaciones de estas obras de captación se caracterizan por la regularidad: salvo las muy cortas -que no son más que antiguos nacientes socavados- sus caudales sólo raras veces muestran variaciones estacionales o diferencias apreciables entre año secos y húmedos.

Ver anexos - página 16319

o que sí pueden acusar sus aportaciones, sobre todo nada más producirse los correspondientes alumbramientos, es la tendencia de sus caudales iniciales a disminuir con mayor o menor rapidez por razón del agotamiento de los depósitos subterráneos que los alimentan. Pero una vez llegan a estabilizarse estas aportaciones iniciales, su regularidad es característica.

Por lo demás, en contadas ocasiones disponen las galerías de cierres para limitar la salida de sus caudales en las épocas de bajo consumo hidráulico. Se pueden algún caso del interior de la Caldera (en galerías del Heredamiento) y poco más.

En su casi totalidad, las aportaciones de las galerías son de propiedad privada; precisamente, de los partícipes en las comunidades de aguas propietarias de estas obras de captación. Ciertos municipios disponen de una parte (pequeña por lo común) del caudal de las galerías de su término municipal, obtenida como contrapartida al permiso de perforación concedido por los ayuntamientos a las comunidades para perforar en los subsuelos de los montes de propios municipales.

¤V.1.3.- Pozos.

Todos los pozos de La Palma obtienen sus caudales del acuífero costero. Lo que significa que sus aguas se alumbran siempre en cotas muy próximas a la del nivel del mar.

En el cuadro siguiente se reflejan los datos de los existentes en los distintos términos municipales. En cada caso, se ha distinguido la perforación en vertical (es decir, en el mismo pozo) de la relativa a sus muy frecuentes galerías de fondo.

Ver anexos - página 16320

on la única salvedad de media docena de galerías en trancada (galerías con un tramo de fuerte pendiente con caída hacia el frente), todas las obras inventariadas corresponden a pozos canarios convencionales, esto es a pozos de gran diámetro (2-3 m). No hay en la isla ningún ejemplo de pozo-sondeo, que constituye un tipo de perforación relativamente usual en el resto del Archipiélago.

Junto a los embalses y estanques, los pozos constituyen uno de los dos reguladores con que cuenta el suministro hidráulico de la isla. En ellos, durante el invierno, cuando la demanda hídrica disminuye, se suspenden por lo regular las elevaciones de agua o se acortan los períodos de bombeo. De modo que sus aportaciones se hallan bastante condicionadas por las coyunturas meteorológicas; con lo que sus extracciones de verano son mayores que las invernales y las de los años secos superiores a las de los húmedos.

Así que en el cuadro anterior se han presentado dos columnas relativas a las aportaciones: la de caudales máximos, que refleja las que se producirían si durante todo el año se bombearan los mismos caudales que se extraen en las puntas de verano, y la de los caudales medios, que refieren los volúmenes de agua efectivamente aprovechados a lo largo del año 1997. Aquellos 23,66 hm3/año vienen a representar, por tanto, algo así como la producción máxima conjunta de la batería de pozos de la isla.

En todo caso, la producción de agua de los pozos se muestra incluso más concentrada que en el caso de las galerías. En efecto, de los 75 pozos inventariados, sólo 25 están en explotación. El restante medio centenar están abandonados, ya sea porque no disponen de alumbramientos, ya por razón de la baja calidad de sus aguas. De los productivos, los 5 más caudalosos suministran algo más del 55% de la aportación conjunta (contabilizada en función de la aportación media) de todos los existentes en la isla; los 10 mejores, más del 80%; y los 14 mejores, cerca del 93%.

El más profundo (Amargavinos) supera en poco la profundidad de 400 m (cota de 395 m sobre el nivel del mar). Entre los que están en explotación, dos más tienen profundidades superiores a los 300 m. Entre el resto, ninguno sobrepasa los 200 m.

En cuanto a la propiedad de los pozos, puede darse por repetido lo dicho para las galerías. Son casi exclusivamente de propiedad privada, y en la gran mayoría de los casos a través de Comunidades de Aguas.

Ha de resaltarse, por último, que la distribución de los pozos en el territorio se caracteriza por su irregularidad. El Valle de Aridane (con la parte de Tijarafe del Barranco de Las Angustias), junto a la comarca de Santa Cruz de La Palma (Santa Cruz más las dos Breñas), representan casi las únicas zonas cuyos acuíferos costeros se explotan con los correspondientes campos de pozos. Por contra, en todo el amplio arco septentrional del acuífero costero (Tijarafe-Puntagorda-Garafía-Barlovento-San Andrés y Sauces-Puntallana) sólo hay cuatro en explotación.

¤V.1.4.- Energía necesaria para la producción, elevación y transporte del agua.

El artículo 38.1º) de la Ley de Aguas estipula que, junto al inventario general de los recursos en explotación y sus zonas de captación, los Planes Hidrológicos Insulares habrán de indicar la energía necesaria para la producción, elevación o transporte del agua hasta sus lugares de consumo.

A este propósito, ya se especificó más arriba (¤V.1.2) que para distribuir los caudales de las galerías prácticamente en ningún caso se hace necesario recurrir a la elevación mecánica del agua.

Lo propio se diga en lo tocante al aprovechamiento de los recursos superficiales y de los provenientes de manantiales.

Por otra parte, la ínfima entidad actual de la reutilización de aguas depuradas y de la desalación de la del mar o de las salobres (capítulo VIII) en la isla exime de mayores obligaciones en cuanto a la contabilización de su consumo energético.

De modo que el bombeo del agua de los pozos constituye el único renglón del sector hidráulico en el que este consumo alcanza valores significativos. Así pues, en cuanto a ellos, se señala que, en el supuesto de que el rendimiento energético medio de las correspondientes impulsiones fuera del 75%, el gasto en energía preciso para elevar los caudales de los pozos hasta sus brocales representaría unos 8,3 Gwh/año. Pero, como cabe imaginar, las aguas se impulsan en realidad por encima del nivel de estos brocales, precisamente hasta una cota media de unos 315 m. De modo que, en la misma hipótesis de rendimiento del 75%, el consumo en energía por la elevación de los 18,45 hm3/año que se extrajeron en 1997 representa 21,2 Gwh/año. Si las extracciones hubieran sido los 23,66 hm3/año que se señalaron como aportación máxima de los pozos, el correspondiente gasto hubiera ascendido a 27,3 Gwh/año. (Se consigna que el consumo total de energía eléctrica de la isla asciende a unos 120 Gwh/año).

De los dichos 21,2 Gwh/año, 14,7 Gwh/año corresponden a la vertiente occidental (13,3 Gwh/año al Valle de Aridane) y 6,5 Gwh/año a la oriental.

Ha de tenerse presente que, con el repetidamente referido rendimiento energético de la elevación del 75% y en el supuesto de precio de la energía equivalente a 15 pts./kwh, la elevación de un metro cúbico de agua a una altura de 315 m entraña, por el exclusivo concepto de consumo energético, un coste promedio de 17 pesetas. Sabido que, en la isla, y en función de la estación y de las circunstancias meteorológicas, el precio del agua de galerías suele oscilar entre las 20 pts./m3 y las 50 pts./m3, resulta fácil comprender por qué durante el invierno los pozos dejen a menudo de bombear: si la debilidad de la demanda hidráulica reduce esos precios por debajo de ciertos niveles, a los propietarios de los pozos les puede acaba resultando más barato comprar agua que bombearla.

¤V.1.6.- La evolución de la captación de aguas subterráneas.

Si se trae a colación este asunto no es precisamente por su interés histórico. Sin perjuicio de que, sin conocer la de sus alumbramientos, resulte difícil hacerse una precisa idea de la evolución de la agricultura, y, por ende, de su completa y reciente historia económica de la isla, lo que aquí interesa de él son sus aspectos prácticos e hidrológicos: el sistema acuífero insular constituye una compleja estructura de cuyo comportamiento imaginablemente cabrá extraer alguna conclusión analizando cómo ha respondido a la solicitación que supuso su intensa explotación de las últimas décadas.

Los primeros datos sistemáticos publicados sobre las obras de captación de La Palma fueron los del SPA-15, como producto de un inventario muy detallado realizado fundamentalmente a lo largo del segundo semestre de 1972.

Con motivo del realizado para el presente Plan Hidrológico Insular, además de los datos relativos a 1997, se investigaron los correspondientes a los años 1985, 1988, 1993. Contándose como se cuenta, además, con la información del inventario llevado a cabo para el estudio que se denominó MAC-21 (1978), se dispone de una serie de datos sistemáticos y bastante precisos sobre el desarrollo de la producción de agua subterránea en la isla a lo largo del último cuarto de siglo.

El siguiente cuadro refleja la evolución en ese período de diferentes variables relativas a las obras de captación de aguas subterráneas.

Ver anexos - página 16322

al cual se comentó ya, los nacientes han sufrido mermas que difícilmente cabe atribuir a otra causa que a la afección de las galerías incidentes sobre el Coebra. Lo que significa que la estabilidad que las cifras del cuadro conceden a las aportaciones de las galerías resulta más aparente que real, pues si sus caudales parecen mantenerse, ello ha sido a costa en buena manera del agotamiento de los nacientes.

Por lo demás, se carece de referencias precisas sobre los primeros trabajos de perforación en pozos y galerías de La Palma, aunque se supone que, a más tardar, debieron iniciarse sobre principios de este siglo (para entonces, en Gran Canaria y Tenerife llevaban construyéndose más de cincuenta años).

Fue, sin embargo, a partir de los 40 cuando esos trabajos (sobre todo los de perforación de galerías) empezaron a cobrar el fuerte impulso, que habría de caracterizarlos durante las décadas subsiguientes. Según datos del SPA-15 (Página 163 del volumen III del informe final del SPA-15), la construcción de estas obras siguió el ritmo que queda reflejada en el siguiente cuadro.

Ver anexos - página 16322

ara las restantes obras relacionadas con el aprovechamiento hidráulico (canales, estanques y depósitos y, sobre todo, pozos), se carece de datos tan concretos, pero es razonable imaginar que reprodujeron las mismas pautas que las galerías, aunque con algún retraso quizá.

Los datos del siguiente cuadro expresan la evolución que ha seguido el ritmo de perforación en las galerías y pozos y el número de obras que se han mantenido en actividad dentro de cada período estadístico.

Ver anexos - página 16323

V.1.7.- Implicaciones hidrológicas de los datos sobre evolución de las galerías.

En Canarias, la captación mediante galerías implica a menudo -o casi siempre- que las aguas captadas lo son en buena parte con cargo a las reservas hidráulicas del subsuelo. Los caudales alumbrados tienden al agotamiento, de suerte que para mantener sus valores iniciales es preciso sostener un constante ritmo de perforación en ellas. A la que éste cesa o simplemente baja, la disminución de los caudales de las galerías lo deja ver con prontitud.

Sucede, en efecto, que, hoy por hoy, las galerías de, por ejemplo, Tenerife proporcionan menos del 70% de sus caudales de hace tres décadas, cuando los trabajos de perforación eran más intensos que ahora. Y aun para mantener las actuales aportaciones de estas obras se hace preciso perforarlas en varios kilómetros al año. Lo que en buena manera se practica en dicha isla es, pues, una auténtica minería del agua.

Esta circunstancia es mucho menos evidente en La Palma: hacia finales de los 70, el sistema de galerías de la isla alcanzó sus máximos históricos de producción de agua: unos 41 hm3/año. A partir de entonces, según ha ido menguando el ritmo de perforación de galerías, los caudales han disminuido, pero no ciertamente gran cosa: en los últimos 10 años muy poco o nada en la práctica, y ello a pesar de que los trabajos en galerías parecen llevar camino de paralizarse por completo.

Aparentemente, pues, las consecuencias del drenaje de reservas son menos evidentes o efectivas en La Palma que en otras islas. La clara tendencia de los caudales alumbrados por las galerías de la isla a mantenerse -aun contando con la disminución de los nacientes- algo, pues, debe significar respecto a que realmente se están explotando los recursos de los acuíferos y no sus reservas. Hecho este que tendría mucha importancia a la hora de prever la definitiva permanencia de los caudales ya alumbrados.

Aunque bien es verdad que si con las galerías se estuvieran captando solamente recursos, tampoco se explicaría muy bien cómo, después de haberse perforado en ellas más de 50 km desde 1979, no han llegado a aumentar los caudales captados. No parece sino que, a medida que las galerías avanzan en su perforación, van ganando caudales por el frente a costa de perderlos de sus anteriores alumbramientos, o que la única consecuencia de su avance ha sido la de quitarse los caudales unas a otras, para, entre todas, contar siempre de la misma aportación conjunta.

¤V.1.8.- Implicaciones sociales de los datos sobre la evolución de la captación de aguas subterráneas.

Durante los 20 años comprendidos entre 1952 y 1972, en La Palma se perforaron 136 km de galerías, esto es, cerca de 7 km/año. Incluso, durante la década de los sesenta, que, a impulsos del auge platanero, representó la época dorada de la inversión hidráulica insular, el ritmo de perforación llegó a situarse en promedios rondando los 10 km/año.

Llegados los setenta, sin embargo, ese empuje constructivo e inversor empieza a decaer. Ya prácticamente no se abren galerías nuevas (7 en el transcurso de los últimos 25 años) y aquel ritmo de perforación de 10 km/año baja a los 3,2 km/año de media en los últimos 25 años (1972-97). A lo largo de los nueve último años (1988-97), el declinar de los trabajos en galerías se acentúa, hasta llegarse a los bajos ritmos de perforación (1,0 km/año) propios del último cuatrienio. Como se verá en el próximo capítulo IX, durante estos mismos años la inversión privada en materia de aguas, más que al alumbramiento de nuevos caudales, se ha dedicado a la implantación de técnicas de riego que propician el ahorro del agua.

Todos los datos disponibles confirman estas primeras conclusiones en relación con el fuerte retraimiento de la inversión privada tradicional en materia de aguas. Así, los reflejados en el cuadro siguiente ponen de manifiesto cómo ha venido decayendo el interés por la obtención de autorizaciones para ejecutar obras de captación de aguas subterráneas en la isla. Se recoge en él el número de solicitudes a este objeto presentadas cada quinquenio ante la Administración Hidráulica (Servicio Hidráulico de Santa cruz de Tenerife) a lo largo de los 35 años anteriores a la constitución de los Consejos Insulares de Aguas.

Ver anexos - página 16324

nte este cúmulo de datos no puede por menos que inquirirse sobre los motivos que abonan los actuales y evidentes decaimiento y desinterés de la actividad privada en materia de alumbramiento de aguas subterráneas. Desde luego, lo más probable es que el fenómeno no responda a un solo orden de razones, sino a varios, tales cuales pueden ser el cierto estancamiento de las superficies bajo riego, el descenso en la demanda de agua como consecuencia de la aplicación de mejores técnicas de riego, el gran número de obras de captación ya existentes y autorizadas, que tal vez dificulta el encontrar espacios donde desarrollar otras nuevas, y algunas más de índole semejante.

Pero no deja de suscitarse un asunto de cierta importancia práctica. Si se observa el gráfico adjunto, donde se recogen el mismo número de instancias en solicitud de autorización de obras de alumbramiento -ahora contabilizado año a año- se reparará en que antes de la crisis actual, la promoción de obras de captación sufrió otra bastante evidente: la de 1971-75, a la que no resulta fácil encontrarle una explicación, porque durante los primeros años de la década de los 70 se disfrutó de una favorable situación económica, en tanto que fue a partir de 1974 cuando se entró en la fase recesiva resultado de la crisis del petróleo. Sin embargo, el ritmo de la promoción de obras de captación evolucionó precisamente en forma contraria a la coyuntura económica general.

Ver anexos - página 16324

l único hecho de aquellos años setenta que puede traerse a colación para explicar la paralización en la promoción de obras de alumbramiento fue la realización del proyecto SPA-15 (iniciado en 1971 y cuyo informe final se hizo público en 1975). Cabe imaginar que las incógnitas creadas en torno a los resultados y pronunciamientos de ese estudio, con amplia resonancia en todo el Archipiélago, provocara una inhibición de la iniciativa privada relacionada con este tipo de obras.

Es posible, a la postre, que el mismo efecto se produjera más adelante, hacia mitad de los 80, en ocasión de tramitarse y promulgarse la Ley de aguas de 1985 y su declaración de las aguas subterráneas como un dominio público.

Si estas explicaciones responden a la verdad, lo que denotarían es el especial estado de sensibilización y suspicacia de los promotores insulares en materia de alumbramientos subterráneos con respecto a cualquier la alteración del marco institucional de las aguas.

Lo cual puede tener su confirmación en el escaso eco que en la isla ha tenido -en contra de lo acontecido en otras- la invitación de la Ley 12/1990 (disposición transitoria 3ª) a propósito de la inscripción en los registros de aguas públicas de las de carácter privado alumbradas con anterioridad a su promulgación.

En efecto, según los resultados de una encuesta practicada con motivo de la realización del inventario de obras de captación, esa inscripción se ha solicitado sólo para 19 galerías, que suman actualmente el 17,5% de su caudal conjunto, y 5 pozos, que representan el 8,5% del agua de todos ellos. Es decir, que en definitiva se ha solicitado la inscripción apenas para el 13% de los caudales de origen subterráneo disponibles en la isla.

SECCIÓN V.2.

SITUACIÓN DE ACUÍFEROS Y ZONAS HIDROGEOLÓGICAS.

¤V.2.1.- Zonificación hidrogeológica.

Se ha mantenido la zonificación hidrológica correspondiente al Avance del presente Plan Hidrológico, zonificación que se recoge en el siguiente plano V.1.

Ver anexos - página 16325

n relación con ella ha de tenerse presente, sin embargo, que, por un lado, en la mayor parte de los casos la separación en zonas no implica independencia hidrogeológica. Así, en las zonas IT1, IT2, IG1, IG2, IIB1, IIB2 y IP los acuíferos de las Vertientes y costero continúan de una zonas a otras con perfecta regularidad. La zonificación tiene aquí, pues, una función localizadora y descriptiva, pero sin ninguna pretensión en orden a diferenciar unidades hidrogeológicas.

En segundo término, que dentro dichas zonas sí se dan, por el contrario, discontinuidades hidrogeológicas, en cuanto que en cada una de ellas hay acuíferos distintos (concretamente, en todas, el de las Vertientes y el costero), lo que implica que a las zonas se les deba aplicar tratamientos diferenciados según se esté contemplando uno u otro de dichos acuíferos.

De modo que en el presente Plan Hidrológico es inevitable que las referencias se hagan distinguiendo zonas y, dentro de ellas, acuíferos.

¤V.2.2.- Balances hidrogeológicos según los diferentes acuíferos.

Según los datos ya expuestos en el anterior capítulo IV, la situación en cuanto a recursos y extracciones de los diferentes acuíferos es la que se expresa en el cuadro de la siguiente página.

En él no se ha dado entrada a los recursos de las zonas IIM, IIF y OV1, cuyas aguas muestran, como se explicó en su momento (¤IV.4.1), muy evidentes síntomas de contaminación por gases de origen volcánico y resultan por completo inaprovechables.

Ver anexos - página 16326

n cuanto a los flujos subterráneos, la situación global de la isla se concibe, pues, en los términos cuantitativos semejantes a los siguientes: la infiltración insular es del orden de unos 260 hm3/año (¤III.2.2). De ellos, unos 35 hm3/año van a parar a los acuíferos meridionales (zonas IIM, IIF y OV1) y acaban contaminados por emanaciones de gases volcánicos, de suerte que no se contabilizan como recursos. De los 225 hm3/año restantes, unos 30 hm3/año alimentan al Coebra; 105 hm3/año van directamente al de las Vertientes; y 90 hm3/año a los acuíferos costeros del norte de la isla.

De suerte que como los excedentes del Coebra se vierten sobre el de las Vertientes, éste conducirá finalmente los 112 hm3/año de recursos totales que refleja el cuadro anterior. De igual modo, los excedentes del de las Vertientes como alimentación del costero, sumados a los producidos por la recarga, darán para éste unos recursos globales de 179 hm3/año.

¤V.2.3.- Balances hidrogeológicos zonales.

En capítulo anterior (¤IV.3.2 y ¤IV.3.3) se aportaron unos cuadros que reflejan los balances de aguas subterráneas en perfiles coincidentes con las diferentes zonas hidrogeológicas de la isla, cuadros que se reproducen al pie de esta página y en la siguiente.

(Se aprovecha la ocasión, no obstante, para señalar que la aparente exactitud de las cifras de esos cuadros no debe llevar a engaño: tal cual se explicó en ¤III.2.3, sería optimista suponerles márgenes de error inferiores al ± 20%. Por lo que deben aceptarse más a título de aproximaciones indicativas u órdenes de magnitud que de otra cosa).

Sea como fuere, lo que sí cabe inferir inmediatamente de esos datos es que, si se exceptúan los del Coebra, los caudales extraídos tanto de galerías como de pozos, son, en esas zonas, y por comparación con sus recursos naturales, relativamente bajos y en caso alguno suponen un régimen de extracción que no pueda calificarse de moderado.

Cabe estimar, en efecto, que, en general, se explota del orden de la cuarta parte de los recursos subterráneos disponibles en la isla y que en todas las zonas el caudal extraído se mantiene, en el peor de los casos, por debajo del 50% de los recursos disponibles.

Ver anexos - páginas 16327-16328

Por lo que se concierne al acuífero Coebra, se desprende también con claridad del cuadro incluido en el apartado ¤V.2.2 que soporta un nivel de extracción que, para la precisión cuantitativa con que pueden conocerse sus flujos de alimentación, no debe hallarse ya muy lejos del techo de sus recursos totales.

¤V.2.4.- Zonas y acuíferos no aprovechados o infraexplotados.

El artículo 38.3º.a) de la vigente Ley 12/1990 especifica que los Planes Hidrológicos Insulares deberán contemplar las zonas o acuíferos no aprovechados o infraexplotados.

A este respecto se significa que, pese a hallarse investigado por galerías en toda su extensión, el acuífero de las Vertientes dispone de recursos excedentes y susceptibles de explotación en la mayor parte de ellas. Pero es fundamentalmente en IT2 (franja norte del término municipal de Tijarafe) y en IG (términos municipales de Puntagorda y Garafía) donde el nivel de su explotación es especialmente bajo, tanto como para que el acuífero en la zona pueda reputarse de no aprovechado o infraexplotado.

Lo mismo se dice por lo que concierne al acuífero costero en las zonas IT, IG, IB e IP. En todo el arco norte de este acuífero (desde Tijarafe hasta Puntallana) se extraen no más allá de 3,7 hm3/año por término medio, en tanto que sus recursos hídricos suman del orden de 120 hm3/año.

¤V.2.5.- Zonas y acuíferos sobreexplotados o en riesgo inminente de estarlo.

De igual manera, el artículo 38.3º.b) de la misma Ley 12/1990 especifica que los Planes Hidrológicos Insulares contemplarán las zonas o acuíferos que, en el momento de redacción del Plan, se encuentren sobreexplotados o en riesgo inminente de estarlo.

Se entiende que esta calificación de zona o acuífero en riesgo inminente de sobreexplotación resulta pertinente por lo que atañe a la totalidad del acuífero Coebra (subzona COEBRA de la zona 0). Avalan esta calificación la circunstancia de que de él se extraen unos 23 hm3/año sobre un total de 30 hm3/año de recursos totales -esto es, el de que su caudal estimado de excedentes coincida poco más o menos con el margen de error con que se conocen los flujos de su recarga- sumada a las circunstancias de que, tal cual se apuntó al principio de este capítulo (¤V.1.1) parece indudable que las galerías que inciden sobre él han afectado ya a sus nacientes y de que la parte de sus caudales que brotan por el interior de la Caldera constituyen elemento fundamental de un Parque Nacional, cuya protección constituye un objetivo de este Plan Hidrológico.

¤V.2.6.- Acuíferos en proceso de salinización.

El artículo 49 de la repetida Ley 12/1990 establece la posibilidad de declarar a un acuífero costero en proceso de salinización, con efectos equivalentes a los de zonas sobreexplotadas.

Viene al caso, por tanto, cuestionar si esa declaración resulta procedente con respecto a algunos sectores del acuífero costero insular.

El asunto resulta tanto más pertinente porque prácticamente todos los pozos de la isla muestran síntomas, más o menos patentes, pero indudables, de contaminación marina.

Ahora bien, con la sola excepción relativa al campo de pozos de los barrancos de Las Angustias y Tenisca, al que de inmediato se hará referencia, la explotación costera se verifica mediante pozos aislados, cuyas extracciones, vistos los recursos del acuífero, difícilmente pueden considerarse excesivas. Es decir, no cabe decir que esté produciéndose un proceso de intrusión marina debido a las excesivas extracciones del acuífero. Más propiamente, la contaminación que evidencian estos pozos es producto de un factor al que se aludió en el capítulo anterior: la precariedad -por razón de la alta permeabilidad de los subsuelos insulares de la franja costera- de los equilibrios hidromecánicos que sustentan a los acuíferos costeros. Incluso es posible imaginar en algunos casos que los pozos en cuestión hubieran podido realizarse de forma más en consonancia con esa precariedad a base de realizar las adecuadas galerías de fondo, con lo que hubieran sufrido en menor medida sus consecuencias; pero una vez construidos en nada mejoraría su situación el declararlos como salinizados.

Diferente es la situación de Las Angustias y Tenisca. En estos barrancos sí hay un conjunto numeroso de pozos entre los que se producen interferencias, con el resultado de que entre todos se extrae más agua de la que puede aportar el acuífero sin riesgos de contaminación marina. Esta situación se diagnosticó con claridad en un estudio del Servicio Geológico de Obras Públicas de principios de los 80.

De modo que resulta inevitable formular la declaración de zona salinizada con respecto al acuífero costero de los términos municipales de Tazacorte y Los Llanos de Aridane, más la parte del de Tijarafe que vierte hacia el barranco de Las Angustias. Con lo cual, en este Plan Hidrológico se formula la prohibición de realizar en ella -a la que se añade el término municipal de El Paso- cualquier obra de alumbramiento mediante pozos, con la expresa excepción de las definidas en el programa de regularización a que se alude en la parte final de este capítulo (¤V.3.11).

¤V.2.7.- Reserva de recursos para usos determinados.

En relación con lo estipulado en el artículo 38.4º) de la Ley 12/1990, no se propone ninguna declaración de reserva de los recursos hídricos para destinos determinados.

¤V.2.8.- Perímetros de protección.

El artículo 44 de la Ley 12/1990 estipula la posibilidad de establecer perímetros de protección a fin de defender el ciclo hidrológico natural y las captaciones de agua en zonas sensibles a la actividad humana. En ellos se exigirá autorización administrativa para la realización de obras de infraestructura, extracción de áridos, vertidos o cualquier otra actividad con capacidad de afectar substancialmente a las aguas superficiales o subterráneas.

En el presente Plan Hidrológico se desaconseja esta posibilidad. Es cierto que la actividad humana interfiere de hecho sobre el ciclo hidrológico prácticamente en toda la isla, pero sus efectos no son imaginablemente tan intensos que no puedan ser controlados a través de los normales procedimientos de policía administrativa: los de las extracciones de áridos, mediante de las autorizaciones o concesiones otorgadas a tal fin en las zonas de dominio público o de policía de los cauces (capítulo III de este Plan); los vertidos, con arreglo a las autorizaciones regulares de vertidos (capítulo XI); y etcétera, etcétera.

Hay en la isla una zona de especial interés por lo que se refiere a la protección de sus aguas: la Caldera de Taburiente. Pero constituye un parque nacional y se estima que los controles que como tal se le imponen, más las medidas propuestas en este Plan con respecto al acuífero Coebra, resultan suficientes en orden a asegurar sus caudales superficiales y subterráneos. Se considera, en efecto, que añadir a los controles que soporta esa zona como parque nacional los propios de la definición de un perímetro de protección no constituiría más que una redundancia burocrática sin ningún sentido.

SECCIÓN V.3.

SISTEMAS Y CRITERIOS DE CAPTACIÓN DE LAS AGUAS SUBTERRÁNEAS.

¤V.3.1.- Planteamiento general.

Se expresa de entrada la opinión de que el tradicional sistema de captación de aguas subterráneas que se ha venido practicando en la isla desde hace décadas está, en sus líneas generales, perfectamente adaptado a las condiciones naturales de la isla.

Así, la captación mediante galerías es la más adecuada para el acuífero de las Vertientes y lo propio se diga con respecto a los pozos tradicionales cuando se trata de explotar el acuífero costero.

Ello no obstante, hay un número bastante crecido de circunstancias que, al objeto de acentuar la eficiencia y racionalidad de este sistema, deben tenerse en cuenta a la hora de continuar con su práctica.

¤V.3.2.- El espacio cautelar de protección.

Establece la Ley 12/1990 (artículo 79.6) que la concesión de aguas no podrá perjudicar explotaciones preexistentes amparada por la Ley.

Al construir una nueva obra de captación de aguas subterráneas, se corre a menudo el riesgo de que, por causa de la intercepción que puede ejercer sobre los flujos subterráneos de otras preexistentes, se vean afectados los caudales de aprovechamientos próximos. En Canarias -o en varias de sus islas-, estos riesgos son tanto más probables o verosímiles en función de lo menguado del territorio y del intenso desarrollo del sistema de obras de captación, que determinan las altas densidades de perforación típicas de algunos acuíferos insulares.

A decir verdad, la protección de los alumbramientos ya producidos constituyó la razón de ser de la normativa especial y de la actividad administrativa en materia de aguas canarias anteriores a la entrada en vigor de la nueva legislación hidráulica de 1990. Prácticamente, la única cuestión de fondo debatida en los miles de expedientes tramitados con motivo de la petición de nuevas labores de alumbramiento fue, hasta esa renovación legislativa, la de si las obras solicitadas podrían o no afectar a caudales ya alumbrados.

Sobre el papel -esto es, sobre el texto de las disposiciones-, la cuestión quedaba supeditada a los dictámenes técnicos. En la práctica -esto es, en los propios dictámenes-, el asunto derivó finalmente hacia el establecimiento de unas distancias mínimas y fijas en función de las cuales se emitía el informe técnico, de modo que solo si las que mediaban entre la nueva obra y los alumbramientos preexistentes las superaban, aquél venía a resultar favorable.

Así que, en la práctica administrativa de la provincia de Santa Cruz de Tenerife, los 100 m que la Ley de Aguas de 1886 imponía como distancia mínima entre captaciones se ampliaron en la práctica hasta los 1.000 metros cerrados. Con posterioridad, el Decreto 152/1990, del Gobierno de Canarias, los volvió a elevar hasta los 2.000 metros, ahora con carácter provisional, mientras no se aprobaran los planes hidrológicos insulares, y bajo la denominación de "espacio cautelar de protección".

En realidad, dada una captación en un acuífero, ningún modelo teórico da cuenta de hasta dónde llega la influencia sensible de sus extracciones, porque ese radio de influencia abarcará tanto cuanto se extienda el acuífero, es decir, la zona afectada por la captación será infinita si el acuífero es indefinido. Claro es que esa afección disminuye con la distancia y llega a hacerse tan pequeña como se quiera, con lo cual la cuestión se vuelve por pasiva y radica precisamente en determinar cuándo se entiende que una influencia llega o no a ser sensible.

Lo que sí pueden aclarar estos modelos son algunas de las consecuencias que provoca una captación en un acuífero; así, sus efectos:

- crecerán en cualquier punto, en razón directa a la cuantía del caudal extraído;

- serán más sensibles en la dirección del flujo subterráneo (de las líneas de corriente) y menos en las transversales a él;

- en terrenos anisótropos, se transmitirán preferentemente según las direcciones de máxima permeabilidad;

- para un concreto caudal, disminuirán en proporción inversa al logaritmo de la distancia de protección.

Al margen de estas cuestiones, y sean cuáles fueren las razones que avalaron la ampliación del espacio cautelar resultante de la publicación del Decreto 152/1990, está por ver que resultara conveniente para La Palma. Dicha ampliación supone, en efecto, distanciar entre sí los pozos y las galerías, es decir, reducir las posibilidades de aprovechar exhaustivamente los recursos hídricos de sus acuíferos. Y es bien dudoso que esta sea la política más adecuada para una isla donde aún quedan importantes caudales subterráneos por captar.

En segundo término, el sistema de captaciones de la isla se ha ido diseñando a lo largo de décadas -de casi un siglo probablemente- en función de unas ciertas distancias entre ellas. De modo que su duplicación equivaldría en muchos casos a frustrar las expectativas y previsiones bajo las que esas obras se emprendieron. Cabe imaginar el escaso sentido que, en función de un determinado aumento de esas distancias, tendría imponer ahora el abandono de sus galerías -galerías que se iniciaron bajo autorizaciones administrativas basadas en otras distancias- a quienes llevan décadas perforándolas al coste de muchos cientos de millones de pesetas.

En último extremo, está claro que las distancias de protección de alumbramientos preexistentes impuestas a lo largo de las últimas décadas funcionaron en un sentido: en el de que para los inversores en obras de alumbramiento implicaron suficiente garantía, desde el momento en que bajo su amparo se ejecutaron centenares de kilómetros de galerías y de pozos al coste de miles y miles de millones de pesetas, lo cual difícilmente hubiera sucedido careciendo tan crecidas inversiones de efectiva protección.

De modo que como regla básica se propone mantener los referidos 1.000 m como distancia básica de protección.

¤V.3.3.- La protección del acuífero Coebra.

Entre los efectos de la declaración de acuífero sobreexplotados, la Ley 12/1990 (artículo 45) incluye la denegación de nuevas concesiones o autorizaciones en la zona. A tal efecto, y dado que el acuífero en cuestión se sitúa está sobre una base impermeable cuyo límite inferior se sitúa sobre los 1.000 m sobre el nivel del mar, se propone la prohibición de ejecutar en toda la isla obras de captación (lógicamente, galerías) por encima de esta cota.

¤V.3.4.- El espacio cautelar de protección en el caso de pequeños alumbramientos y nacientes.

Se dijo en su momento que, excepción hecha de los de Marcos y Cordero, los de la Caldera de Taburiente y muy pocos más, los nacientes de la isla son en su mayor número la consecuencia de pequeños acuíferos colgados que provocan una surgencia al ser interceptados por la superficie del terreno.

De igual manera, no es infrecuente que en la perforación de las galerías se vayan atravesando horizontes geológicos que, funcionando como capas impermeables, dan lugar a pequeños alumbramientos permanentes, alumbramientos que quedan atrás según se continúa la perforación.

La necesidad de respetar los aprovechamientos asociados a estas surgencias, por lo común de pequeño caudal, obliga a proponer un espacio cautelar de protección propio de ellos. Debe tenerse en cuenta que, en tanto que los acuíferos asociados a estos alumbramientos se hallan desconectados del de las Vertientes, el espacio que se propone nada tiene que ver con el apropiado para ese caso.

Así, se define un espacio de protección formado, en planta, por un círculo de radio dado por la fórmula:

Ver anexos - página 16331

onde "Q" es el caudal medio del naciente en cuestión, contabilizado en litros por segundo, y "R" el radio del circulo de protección en metros. Y en alzado se considerará también distancia suficiente una diferencia de cota equivalente a un quinto (1/5) de este radio.

El fundamento de esta fórmula reside en la determinación de una superficie protegida tal que el volumen de agua correspondiente a su recarga (a razón de 400 mm/año) equivalga al caudal del naciente o alumbramiento, pero corregido a efectos de operar con un cierto margen de seguridad.

¤V.3.5.- El espacio cautelar de protección en el caso de galerías en el acuífero de las Vertientes.

Tal cual se apuntó antes, cuando se trate de alumbramiento en el acuífero de las Vertientes, el espacio cautelar de protección vendrá marcado por el sistema o el criterio de los 1.000 m.

La aplicación de este criterio a la autorización de galerías se verificaba tradicionalmente según las siguientes reglas:

a) En planta podían autorizarse aquellas obras de captación que distaban más de 1.000 m de alumbramientos preexistentes, sean cual fuere la diferencia de cota entre unas y otros.

b) En alzado, y para cualquier distancia en planta, se aceptaban las obras ejecutadas con diferencias de cotas de 200 m con respecto a alumbramientos preexistentes (lo cual suponía aceptar que el acuífero se dispone según un plano inclinado con pendiente del 20%, con lo que dicha diferencia daba por consecuencia que el punto de incidencia de las galerías sobre el acuífero distaban también en planta más de 1.000 m).

c) En las obras autorizadas, pero no ejecutadas, se trataban como alumbramientos preexistentes. Es decir, se suponía que los tramos autorizados de galerías contaban con alumbramientos que imponían a las obras próximas el mantenimiento de las señaladas distancias en planta y en diferencias de cota.

Se considera, pues, que el mantenimiento de estas reglas representa el criterio más conveniente con miras a la explotación de los recursos subterráneos de la isla.

¤V.3.6.- El espacio cautelar de protección en la explotación de los acuíferos costeros.

En este caso, la distancia de mil metros en planta se aplicaba estrictamente, tanto con respecto a la perforación vertical del pozo como, de existir, a las galerías de fondo (en este caso, sin embargo, las concernientes a las diferencias de cotas no entraban en consideración).

El principal inconveniente del sistema radicaba en que con él quedaba siempre abierta la posibilidad de que se establecieran filas de pozos en dirección perpendicular a la línea costa, esto es, en la dirección del flujo que, conforme a lo dicho anteriormente, es la preferente de afección.

Así, podía darse el caso de que a la apertura de un pozo en la relativa proximidad de la costa siguiera, cuando el primero tenía éxito, la de otro aguas arriba de él y después, la de un tercero por encima del segundo y así sucesivamente, en una especie de escalada ladera arriba. Con lo que la situación acababa por convertirse en insostenible y empezaba a fallar por las captaciones inferiores, que eran las que primero y principalmente sufrían la afección en forma de intrusión marina, es decir, por las abiertas en primer lugar, que deberían haber gozado, en buena lógica, del derecho preferente propio de su prioridad en el tiempo. El caso de los campos de pozos de Las Angustias y Tenisca puede ser un ejemplo típico de estos procesos.

Se propone, por tanto, modificar el anterior sistema a base de transformar el primitivo espacio cautelar, con forma de círculo de 1.000 m de radio, por una elipse con semieje menor de los mismos mil metros en dirección paralela a la costa y el mayor, de 2.000 m, perpendicular al anterior.

¤V.3.7.- Cuestiones sobre la promoción de nuevas obras de alumbramiento.

Con arreglo a lo dicho anteriormente, la isla disfruta aún de estimables oportunidades en orden a aumentar el caudal aprovechado de recursos hidráulicos subterráneos, oportunidades que, por lo tocante al acuífero de las Vertientes, se localizan preferentemente en la zona noroeste de la isla (norte de Tijarafe, Puntagorda, Garafía), y al costero, en estas mismas zonas más las de Barlovento, San Andrés y Sauces y Puntallana. De modo que parece apropiado considerar en qué condiciones convendría promover el aumento en la explotación de dichos recursos.

Al respecto, la primera cuestión que cabe suscitar versa sobre cómo plantear el desarrollo del sistema de obras de captación que haga posible ese aumento. Hasta el presente, el papel del sector público en materia de promoción de obras de alumbramiento ha consistido casi exclusivamente en dar una respuesta -positiva o negativa- a quien ejerce la verdadera iniciativa: el sector privado. La tradicional función pública se caracterizaba por su carácter pasivo: autorizar o no los proyectos de los promotores privados, proyectos por ellos definidos y concebidos, pues, de modo descentralizado, en función de criterios individuales, sin tener en cuenta la explotación global de las zonas ni los condicionamientos que cada obra impone a todas las demás.

Quizá no sea necesario entrar en mayores detalles acerca de los inconvenientes de esta manera de proceder: desde el momento en que cada proyecto de captación depende de los aprobados con anterioridad a él, y, determina, a su vez, las posibilidades de los que habrán de seguirle en el tiempo, no hay forma de llegar a la solución óptima de la explotación de un acuífero si no es contemplando simultáneamente el conjunto de todas las iniciativas que puedan emprenderse en él.

Una típica disfunción asociada a aquella manera de actuar tiene que ver, por ejemplo, con la ejecución de pozos: pudo suceder -de hecho ha ocurrido más de una vez- que en un acuífero costero se autorizaran unos primeros pozos demasiado cerca de la costa, con el resultado de que o bien proporcionan poca agua o bien la que se extrae está muy afectada por la contaminación marina, o ambas cosas a la vez. Estos inconvenientes no merecería mayor comentario si los sufrieran en forma exclusiva los promotores de las obras mal diseñadas; mas ocurre que el asunto trasciende el interés privado, ya que las obras en cuestión pueden impedir -por respeto a los alumbramientos preexistentes- la ejecución de otras mejor situadas aguas arriba de ellas o, en el mejor de los casos, obliga a ejecutarlas demasiado alejadas de la costa con el subsiguiente encarecimiento de sus caudales. Con lo cual, aquellas autorizaciones iniciales acaban por determinar de modo definitivo una inadecuada explotación del acuífero. Y no es este el único ejemplo de disfunción que, ya sea con pozos ya con galerías, puede referirse.

Por otra parte, uno de los más importantes problemas de la autorización de obras de alumbramiento tenía que ver con la extremada lentitud de sus tramitación. Por los datos que se han podido obtener, en relación con La Palma hay todavía una solicitud sin resolución definitiva que data de 1967; con cerca de 20 años de tramitación, existen del orden de una docena y algunas más por debajo de estos plazos, pero también con una historia de años de tramites administrativos. La extrema morosidad de tales procedimientos obedece a causas varias, pero en la raíz de todas ellas se hallan las oposiciones de titulares de alumbramientos preexistentes que se sienten amenazados por los nuevas obras, y en el rosario de recursos en vía administrativa y judicial que desencadenan.

Se considera necesario, por tanto, el desarrollo de un plan de alumbramiento de aguas subterráneas en el noroeste de la isla, que deberá ejecutar el Consejo Insular de Aguas con recursos propios o en convenio con otras Administraciones.

¤V.3.8.- Galerías o pozos.

Una segunda cuestión relacionada con la explotación de los recursos subterráneos del norte de la isla tiene que ver con el dilema de si conviene optar por la explotación del acuífero costero o por el de las Vertientes; que es lo mismo que inquirir si resulta preferible promover la captación de las aguas subterráneas a través de pozos o, alternativamente, mediante galerías.

La comparación entre pozos y galerías no puede hacerse al margen de las particulares condiciones de unos y otras. La conveniencia, en efecto, de promover pozos depende mucho de la morfología de la costa en la que se deban abrir. En toda Canarias, estos pozos han tendido a concentrarse preferentemente en los valles de más suave pendiente, donde la menor inclinación del terreno permite alejarlos del litoral -y, por tanto, amortiguar las consecuencias de la contaminación marina- sin que, para alcanzar el nivel freático -siempre próximo al del mar en los acuíferos costeros- resulte preciso recurrir a perforaciones de gran profundidad.

En La Palma, esta situación puede ser la del valle de Aridane. Pero claramente no la de su región septentrional, de costa acantilada y laderas muy abruptas, en la que lo más habitual es que puntos separados dos kilómetros del mar sobrepasen cotas de 400 m sobre el nivel del mar. Desde luego, desde esta perspectiva, pocas costas oponen tantas dificultades a la explotación de sus recursos hídricos subterráneos, por muy abundantes que éstos sean, como la del norte de La Palma.

Circunstancias que, junto a la general inferior calidad química del agua de pozos, parecen abogar muy claramente, en principio, en favor de la promoción preferente de galerías.

¤V.3.9.- Medidas específicas relativas a las galerías.

En relación con las galerías de propiedad privada ya existentes, en las Normas del presente Plan Hidrológico se recoge la posibilidad de que el Consejo Insular de Aguas ordene la instalación de cierres en galerías cuyas aguas invernales se desaprovechan. Ello a pesar de que tal posibilidad sólo cabe cuando concurren dos circunstancias:

a) Que la estructura geológica de la galería en la proximidad de los alumbramientos se preste a la adaptación de este dispositivo.

b) Que la galería se encuentre definitivamente terminada, es decir, que a medio plazo no esté prevista la continuación de sus perforaciones, continuación que con el cierre instalado es imposible.

Condiciones ambas que no permiten ser muy optimista en cuanto a las posibilidades de la aplicación del sistema.

¤V.3.10.-Captación mediante pozos.

En el diseño de pozos costeros, la variable fundamental de diseño es la distancia del mar a que deben emplazarse.

En teoría, el óptimo de esta variable depende de consideraciones económicas: cuanto más distan de la línea de costa, mayores caudales libres de contaminación marina pueden suministrar, pero más costosa resultará también su construcción y explotación. La distancia donde el beneficio marginal asociado al agua extraída equivalga a los costes marginales de construcción y explotación proporcionará la solución del problema. Pero esta formulación no es más que un esquema teórico sin mayor relevancia práctica, porque generalmente se desconoce cuál es la función que relaciona la productividad de los pozos con su distancia al mar.

Lo que sí cabe decir, sin embargo, es que muy probablemente esa solución debe hallarse en zonas tales que los puntos de alumbramiento disten de la costa no menos de 3-4 km. Con litorales tan altos como el del norte de la isla, incluso si, como es lo normal, se elige el fondo de los barrancos para emboquillarlos, no es posible alcanzar esas distancias a menos que se acometan pozos de profundidades bastantes superiores a los 400 m. Con arreglo a lo cual, lo lógico es emplazarlos a cotas de entre 200-300 m, para penetrar luego tierra a dentro mediante galerías de fondo (o, eventualmente, recurriendo a galerías en trancada).

En todo caso, el diseño óptimo debe consistir en una batería de pozos dispuestos en una línea paralela a la línea costa, es decir, lo natural es proscribir los pozos abiertos, según el sentido del flujo subterráneo directamente aguas arriba de otros.

Tal cual se ve de necesaria la apertura de galerías de fondo en los pozos, así también se recomienda el modelo de pozo canario típico y no, precisamente, el constituido mediante sondeos de gran diámetro, que si pueden ser más baratos y, sobre todo, de más rápida ejecución, las impiden del todo.

¤V.3.11.- La inversión pública en materia de captación de aguas subterráneas.

En Canarias, la participación pública en las inversiones de alumbramiento de aguas subterráneas ha sido siempre muy minoritaria. Pero ha existido. Salvo, precisamente, en La Palma, en todas las islas hay obras de captación de promoción y propiedad pública, aparte de que en alguna de ellas es dado encontrar también -aunque, sin duda, muy raras veces- municipios participando en pie de igualdad con los particulares en comunidades de aguas.

En las islas, la inversión pública en pos de las aguas subterráneas se ha verificado en dos períodos principales: en primer lugar, durante las fases del arranque de las galerías (entre finales del siglo pasado y principios del presente), cuando la necesidad de incrementar los caudales a disposición de los suministros urbanos de agua potable estimuló la intervención municipal.

En una segunda fase, a lo largo de las dos-tres últimas décadas, a raíz de que en algunas islas volviera a acusarse una extrema escasez de agua; pero ahora en respuesta a finalidades algo más complejas que el simple aseguramiento de los caudales de suministro urbano. Por ejemplo, integrando las captaciones en sistemas mixtos de aprovechamiento hídrico (v.g.: Plan de balsas del Norte de Tenerife), en combinación con recursos superficiales y aguas de propiedad privada.

En principio, se ha desestimado la posibilidad de promover obras de captación destinadas en forma exclusiva al abastecimiento urbano de agua potable de la isla. Y ello por dos razones principales: porque, de un lado, a tal fin no cabría recurrir a pozos si no es a costa de la calidad o del coste del precio del agua suministrada (como se verá en el próximo capítulo X, en la isla, rara vez se destinan las aguas de pozos al abastecimiento municipal por razón de su habitual escasa calidad química y del alto coste que a menudo supone su impulsión hasta los depósitos municipales); y en segundo término, porque la mejor manera de garantizar dichos suministros es mediante su conexión con el mayor número posible de galerías y no dependiendo de unas pocas, como sucedería de abrirse algunas de ellas a propósito para satisfacer exclusivamente la demanda urbana. Lo cual se dice, evidentemente, sin perjuicio de que, llegando a existir caudales a disposición del sector público, se asignen preferentemente al sostenimiento del suministro municipal de la isla.

En estas condiciones, se entiende que la participación de la inversión pública en el alumbramiento de aguas subterráneas habría de obedecer a los siguientes objetivos:

- Suplir la inexistencia o insuficiencia de la iniciativa privada en esta materia.

- Realizar obras de alumbramiento, cuando al beneficio que suponga la propia captación puedan añadirse los asociados a la experiencia y conocimientos hidrológicos y de otro tipo adquiridos con su ejecución y explotación.

- Perseguir fines específicos de la política hidráulica de la isla.

A efectos de tomar en consideración aquella posible insuficiencia, ha de recordarse que, según se apuntó páginas atrás, el panorama hidráulico de la isla viene en cierta manera señalado en estos momentos por el apagamiento de la inversión privada. Es evidente que si llegara a apreciarse una descompensación entre demanda y oferta hídrica y el sector privado no fuera capaz de actuar con la necesaria diligencia para corregir esta situación, no quedaría más remedio que recurrir a la inversión pública.

De modo que en el presente Plan Hidrológico Insular se ha previsto un importante renglón presupuestario (los 3.000 millones de pesetas del capítulo 200 de los programas de inversiones) dirigido a la promoción de obras de captación de aguas subterráneas de promoción y financiación pública.

¤V.3.11.- La concentración de captaciones.

La Ley de Aguas 12/1990 (artículo 88) determina que la Administración hidráulica fomentará la fusión de captaciones en una comunidad única en aquellos puntos en los que sus dimensiones y volumen de interacciones lo hagan recomendable. A tal fin, se establece la posibilidad de que ofrezca ayuda técnica para la redacción de los estatutos de esas fusiones, además de los estímulos que puedan crearse en el seno de un programa de actuaciones tendente a impulsarlas.

La conveniencia de fusionar comunidades responde a una concreta razón: que existiendo interdependencia entre los efectos que ejerce un conjunto de captaciones, sólo se puede llegar a la óptima explotación de los recursos de su acuífero mediante la operación coordinada de todas ellas. Afirmación que implica dos corolarios:

- que los beneficios asociados a la fusión resultarán tanto más apreciables cuanto mayor sea dicha interdependencia, es decir, cuanto más intensa sea la explotación del acuífero en cuestión.

- que lo que importan de la fusión son, no sus aspectos formales (esto es, los relativos a cuál sea la personalidad o naturaleza jurídica de la entidad que agrupe a los propietarios de las diversas captaciones que explotan un acuífero) tanto como que las decisiones relativas a dicha explotación se adopten centralizadamente y no de forma independiente por parte de cada uno de esos propietarios.

Así que las zonas donde esa fusión puede resultar más necesaria son, pues, las que se hallan sobreexplotadas o en riesgo de estarlo; cuales son en La Palma las del acuífero Coebra y de los barrancos de Tenisca y Las Angustias. Pero sucede que en relación con el Coebra no hay decisiones que tomar, en tanto que el presente Plan se propone no autorizar más galerías en él y, por tanto, de ahora en adelante la explotación de sus recursos consistirá en recoger los caudales que proporcionen buenamente las ya existentes o los nacientes del acuífero. Por lo que no parece que con respecto a él venga al caso promover ningún proceso de fusión.

Se diría lo contrario precisamente a propósito del acuífero costero de los barrancos de Tenisca y Las Angustias. Aquí si parece necesario recomendar vivamente la fusión de las comunidades implicadas en su explotación.

Sin embargo, por muy patente que sea la necesidad de explotar coordinadamente un acuífero, el proceso de fusión de captaciones se ha revelado como todo menos sencillo de llevar a cabo. Sobre la necesidad de esta política de concentración de captaciones se lleva predicando en algunas islas desde hace décadas y con resultados, por cierto, nada estimulantes (sin perjuicio de algunos éxitos ocasionales que han dado lugar en Tenerife, por ejemplo, a comunidades fusionadas con dimensiones tan apreciables como para que cuenten con miles de partícipes).

El principal problema radica en que es menester llegar a un acuerdo entre todos los afectados con respecto al reparto de los caudales que la comunidad fusionada obtendrá del acuífero (las comunidades con poca agua o sin autorizaciones para perforar tienden a pensar que ganarán poco con la fusión, mientras que las que sí las tienen suelen mostrarse lógicamente refractarias a compartirlas con las demás). A este problema se suman las dificultades debidas a las mayorías cualificadas exigibles en las comunidades en trance de fusión y a las dificultades formales de disolución de las comunidades individuales y de creación de la fusionada. En todo caso, queda siempre el problema de quién toma la iniciativa en relación con la apertura de un proceso de fusiones.

Lo que aquí se propone consiste en orillar estos problemas conforme a las siguientes medidas:

- Confeccionar un Programa de regularización del aprovechamiento del acuífero de los barrancos de Las Angustias y Tenisca, pero un programa muy detallado, en el que se concretarían todas las particularidades relativas al desarrollo de las obras de perforación en los pozos y a su explotación. Quedarían aseguradas de este modo las decisiones relativas a tal explotación (que según lo dicho es lo que importa) sin necesidad de entrar en los complicados procesos de reestructuración de la personalidad jurídica de las comunidades implicadas en ella.

- Adjudicar a la propia Administración hidráulica (al Consejo Insular de Aguas) el ejercicio de esa iniciativa, esto es, la de redactar el programa en cuestión, que luego sometería a audiencia de las comunidades interesadas y a negociación con ellas.

- Impulsar la realización de unas obras que proporcionen los caudales suficientes como para garantizar que, incluso con las restricciones de explotación en los acuíferos de Las Angustias de Tenisca y Las Angustias, ningún interesado perderá agua con respecto a la situación actual.

Lo que se refiere a estas obras merece un comentario especial. Se trataría de, partiendo del fondo de un pozo del Barranco de Las Angustias, avanzar con una galería hacia el norte en dirección paralela a la costa y bajo el término municipal de Tijarafe. Estas obras deberían ser financiadas totalmente -o en parte muy importante- a cargo de fondos públicos. Y ello en función de una circunstancia muy especial: que entrañaría un objetivo añadido en materia de investigación del acuífero costero del norte de la isla y de sus más apropiadas técnicas de explotación.

Hasta el caudal que se convenga, las aguas proporcionadas por esta galería se repartirían entre las comunidades de Las Angustias y Tenisca a condición de que aceptaran las restricciones y condiciones en general del Programa de regularización. El resto quedaría a disposición de la Administración para el aprovechamiento público que se decida.

SECCIÓN V.4.

NORMAS.

Con respecto a la estructuración del sistema normativo relativo a las aguas subterráneas de la isla, en este capítulo se tratan en exclusiva los problemas relativos a la ejecución de galerías y pozos, porque siendo como es el actual sistema de aguas públicas, todo lo relativo al régimen concesional de los recursos hidráulicos insulares se trata en el próximo capítulo IX.

Se tocan, además, en éste, los regímenes especiales de gestión de los recursos hidráulico subterráneos (acuíferos sobreexplotados y en proceso de sobreexplotación, salinizados, etc.) además de las que las situaciones que la Ley 12/1990 califica como especiales y de emergencia y la requisa de caudales para suministro urbano.

Todo ello conforme a los criterios que se han ido justificando a lo largo de las páginas anteriores.

Ver anexos - página 16336

CAPÍTULO VI

EL SISTEMA DE CONDUCCIÓN DE AGUAS

Como en cualquier otro lugar, en Canarias los caudales captados o alumbrados se trasvasan hasta sus puntos de utilización a través de las consabidas redes de conducción de agua.

Ello no obstante, en las islas, los principios de organización y funcionamiento de estas redes resultan bastante peculiares y distintos de los habituales en otras latitudes.

Concretamente:

a) Su estructura básica consta de unos canales generales (también denominados principales, maestros, de trasvase, de transporte, etc.) en los que entroncan los singulares de las obras de captación (bajantes o impulsiones) y de los que derivan las redes de distribución de los usuarios. Es decir, resulta relativamente inusual que las conducciones establezcan una conexión directa producción-consumo del agua, antes bien, más frecuentemente, hay una vinculación indirecta, previo paso intermedio por unos canales generales que representan el papel de ejes colectores-distribuidores de cada sistema insular de conducción hidráulica.

b) La existencia de estos canales entraña un notorio efecto de integración en los sistemas hídricos insulares. A pesar de que la producción de caudales depende de un crecido número de captaciones, al confluir buena parte de ellos en las mismas conducciones colectoras, dichos sistemas se caracterizan por su unidad e interdependencia.

c) Cuando no forman parte de las redes municipales de distribución de agua potable, los canales y conducciones, tanto generales como secundarios, son, mayoritariamente (y en algunas islas, casi totalmente), de propiedad privada.

d) Se han construido a impulso de iniciativas privadas independientes, en condiciones de competencia y a falta de una voluntad planificadora o coordinadora. Pese a lo que, en ocasiones no dejan de exhibir rasgos de coherencia y racionalidad estructural.

e) En ocasiones, los canales y conducciones generales pertenecen a empresas formadas específicamente para construirlos y explotarlos; las conducciones particulares, por el contrario, son instalaciones anejas a las obras de captación o a las explotaciones agrarias y a los sistemas urbanos de abastecimiento de agua potable.

f) El derecho de pase de agua por un canal general se consigue mediante el pago de una tasa, tasa que en algunos casos consiste en la detracción de una fracción del agua trasvasada.

Funcionalmente, la existencia de estos canales generales entraña una importante consecuencia para el desenvolvimiento de los sistemas hidráulicos de las islas más dotadas de caudales: permiten la formación de mercados de agua. Estando como están, en efecto, la mayoría de los productores y consumidores de caudales vinculados a los mismos ejes de canalización, se hacen posibles los intercambios competitivos de aguas, en cuanto cabe el encuentro (la concurrencia) de oferentes y demandantes.

Como se ha significado ya, en las islas mayores los canales generales los ha construido preferentemente la iniciativa privada en busca de los beneficios latentes bajo la descompensación de recursos que se da entre zonas sin conexión hidráulica: la coexistencia, en efecto, en una misma isla de comarcas excedentarias y deficitarias en agua ofrece al promotor del correspondiente canal de conexión la posibilidad de ofrecer un servicio que adecuadamente retribuido puede compensarle de su inversión.

Ahora bien, para que esa compensación llegue a hacerse realidad será menester que el volumen de agua susceptible de canalización y el precio unitario del trasvase permitan enjugar los costes de construcción, conservación y explotación del canal en cuestión. Lo cual se ha verificado en las islas (Gran Canaria y Tenerife) de mayor superficie y población, donde se manejan volúmenes relativamente importantes de agua y ésta resulta más cara (y, por ende, son mayores las diferencias de precios entre zonas, diferencias que representan el auténtico motor de la empresa privada de trasvase del agua). En las islas pequeñas (El Hierro y La Gomera), sin embargo, tales condiciones no llegan a cumplirse y, o no hay canales generales o los pocos que hay son de promoción pública.

En La Palma, se da una situación mixta: los canales generales importantes son de iniciativa pública, pero no deja de haberlos privados en algunos casos. Los secundarios son casi exclusivamente de propiedad privada.

Y, con respecto al modelo imperante en las islas mayores, en ello radica la singularidad de la isla en cuanto a su sistema de conducción de agua: que es mixto público-privado, y que los canales generales de mayor importancia estratégica son, precisamente, los de carácter público.

SECCIÓN VI.1.

DESCRIPCIÓN DE LA RED DE CONDUCCIÓN DE AGUAS.

¤VI.1.1.- Estructura general del sistema de conducción de aguas.

Hasta el mismo momento de redactar estas páginas, la organización general del sistema de producción-consumo de agua de la isla se caracteriza por su división en dos sectores por completo desconectados. A este respecto, se la podría ver como bisectada longitudinalmente por un eje norte-sur que mantuviera la independencia hidráulica de las vertientes occidental y oriental.

Por su parte, cada una de estas vertientes constituye una sola unidad hidráulica. Ambas están recorridas a todo su largo por canales que conducen el agua desde las zonas septentrionales (más húmedas) hacia las meridionales (relativamente secas). Lógicamente, pues, el sentido del trasvase del agua es exclusivamente (o casi exclusivamente, porque hay alguna excepción a este regla) de norte a sur.

En cada una de las dos vertientes hay un canal que constituye el verdadero espinazo de su sistema de trasvase de agua: el canal Barlovento-Fuencaliente, en la oriental, y el Garafía-Tijarafe, en la occidental.

Ambos se emplazan en cotas tales que su trazado discurre por debajo de la mayoría de las galerías de captación de aguas subterráneas, que así pueden verter por gravedad sus aguas en ellos y dominan las superficies en regadío y los más importantes asentamientos de población.

En la actualidad, está en plena fase de construcción un túnel que atravesando la cordillera dorsal que separa ambas vertientes las conectará hidráulicamente. Arranca del Barlovento-Fuencaliente a la altura de Las Breñas y vendrá a terminar en el Valle de Aridane. Con él se pretende hacer posible la conducción de los excedentes orientales para satisfacer los déficit hídricos occidentales que, durante buena parte de los estiajes, agobian a este valle. En espera de ese trasvase, hace unos años se ejecutaron obras de elevación y conducción de agua a través del túnel de la carretera TF-812 a fin de conectar hidráulicamente y de modo provisional ambas vertientes.

El gráfico VI.1 muestra una planta de la red de canales de la isla. Por su parte, el VI.2 facilita la información correspondiente al esquema de conexiones de esta red. Entre ambos proporcionan una visión detallada de la estructura general de la red de conducción de aguas de la isla.

Por lo demás, a continuación se facilita una descripción resumida de sus principales obras de conducción de agua, con la única excepción relativa a las redes interiores de distribución municipal de agua potable. En su mayor parte, estos datos coinciden casi exactamente con los recogidos en el Avance de este Plan, toda vez que, desde la redacción de aquél, apenas se ha producido modificación substancial en esta parte de la infraestructura insular.

¤VI.1.2.- Red de canalización de agua de la vertiente occidental.

Como se ha anotado ya, el eje hidráulico fundamental de esta vertiente lo forma el canal Garafía-Tijarafe. A decir verdad, constituye éste el único canal general en sentido estricto de la zona, en cuanto recoge aguas de varias captaciones y facilita su trasvase a lo largo de toda la vertiente, desde Garafía hasta el Valle de Aridane.

Aparte, de él, hay dos canales más de largo recorrido que salvan la profunda grieta que en la vertiente representa el Barranco de Las Angustias: los de las galerías de Los Minaderos y Aguatavar. Pero se limitan a conducir sólo el agua de las concretas captaciones a las que sirven.

Una vez en el valle, la red de canalización se complica extraordinariamente. Su superficie está surcada en todas direcciones por un complicadísimo amasijo de canales y tuberías de muy variados tipos y dimensiones.

En la descripción que sigue se separan en epígrafes distintos el canal Garafía-Tijarafe, los restantes canales de largo recorrido, los canales de transporte del valle, los canales a las galerías del Barranco de Las Angustias, la red de canalización del Riachuelo, los bajantes de galerías, las elevaciones de pozos y las redes de distribución de aguas.

¤VI.1.3.- El canal Garafía-Tijarafe.

Tramo 1º: Garafía-Puntagorda.

Comienza en la cota de 635 m, en la margen derecha del Barranco de Carmona (término municipal de Garafía). Se trata de un canal de hormigón bastardo fabricado in situ, de sección circular y 600 mm (24") de diámetro que cambia a 400 mm (16") a la altura de la balsa de Puntagorda del IRYDA.

Este primer tramo, de 27.018 m de longitud, de los que 4.177 discurren en túnel, llega hasta la margen izquierda del Barranco de Cueva Grande, cerca del casco urbano de Tijarafe. A lo largo de su recorrido salva un total de doce barrancos mediante sifones de tubería de fundición dúctil de 600 ó 400 mm (24" o 16") de diámetro.

La capacidad máxima de transporte que refleja su proyecto es de 2.625 pp/h (350 l/s) para el tramo de 600 mm y 1.125 pp/h (150 l/s) para el de 400 mm. Sin embargo, según se desprende de la encuesta realizada entre sus usuarios, en la actualidad es dudoso que su capacidad supere mucho las 700 pp/h (93 l/s).

Este tramo del canal presenta un buen estado de conservación, excepto en dos zonas que suman una longitud de 3.580 m, en las que está completamente arruinado.

A lo largo de su recorrido, recibe aguas de los bajantes de las galerías Los Poleos, Los Hombres, Fuente Nueva, La Guinderesa y de la elevación del pozo Noroeste.

Tramo 2º: Puntagorda-El Time.

Consiste en una prolongación del canal mediante una tubería de fibrocemento de 400 mm (16") de diámetro, que finaliza en un depósito regulador construido en las proximidades del mirador de El Time, en cota de 475 m. A lo largo de sus 8.452 m de recorrido salva un total de cinco barrancos, de los cuales el de El Jurado es el de mayor importancia. Los barrancos se cruzan con sifones de tubería de fundición dúctil de 400 mm (16") de diámetro y cuya longitud conjunta suma 1.430 m. La capacidad máxima de transporte de este tramo se cifra en unas 1.000 pp/h (133 l/s).

Tramo 3º: El Time-balsa de Cuatro Caminos.

Comienza en el depósito regulador de El Time, con una tubería de fibrocemento de 400 mm (16") de diámetro y capacidad de 1.000 pp/h (133 l/s). Cruza el Barranco de Las Angustias con un sifón constituido con una tubería de acero galvanizado del mismo diámetro, para finalizar en un depósito regulador (500 m3) y estación de bombeo situados en el paraje denominado Lomo de los Caballos, a la cota de 475 m. Llegado a este punto, existen, dos ramales de continuación: el primero, formado por una tubería de fibrocemento de 400 mm (16") de diámetro y 1.000 pp/h (133 l/s) de capacidad, llega hasta un depósito regulador en Los Llanos de Aridane. El segundo consiste en una impulsión desde una estación con tres equipos de bombas de 29,33 l/s cada uno (88 l/s en total), formada por una tubería de 300 mm (12") de diámetro hasta una arqueta situada a la cota de 515 m, para, una vez alcanzada esta altura, volver a conectar mediante un bajante con el ramal anterior. Con esta elevación se pretende poner en carga la tubería en determinados períodos, a fin de suministrar agua de riego a los cultivos emplazados en cotas superiores a la traza de la conducción.

A partir del depósito regulador de Los Llanos de Aridane se continúa con un tramo de unos 800 m de tubería de 300 mm (12") de diámetro, para terminar con uno de 250 mm (10") y una capacidad de 330 pp/h (44 l/s) en la balsa de Cuatro Caminos, a la que se llega a través de un bajante de 330 pp/h (44 l/s) de capacidad.

En el momento de redactar esta Memoria está recién contratada la obra de corrección de las deficiencias de algunos tramos del canal.

¤VI.1.4.- Conducciones de largo recorrido de la vertiente occidental.

Conducción de Los Minaderos.

Parte de la galería del mismo nombre, emboquillada en el término municipal de Garafía, en cota de 1.400 m; termina su recorrido en el paraje denominado El Lomito. Se construyó hacia 1964, pero en 1975 fue repuesta totalmente con tubería de fibrocemento de 300 mm (12") de diámetro, tendida a cielo abierto y con varios tramos en túnel. Con una longitud de 34.670 m, su máxima capacidad de transporte es de 600 pp/h (80 l/s).

A partir de un punto cercano a su extremo parte la denominada conducción Minaderos-Valle, cuyo primer tramo consiste en un sifón, mediante el cual se atraviesa el Barranco de Las Angustias, formado por una tubería de acero galvanizado de 150 mm (6") de diámetro, ya en el término municipal de El Paso, que finaliza en cota de 610 m. Se continúa este tramo con una tubería de fibrocemento del mismo diámetro, que acaba en las tanquillas de La Cruz Chica, en cota de 600 m. Su capacidad de transporte puede cifrarse en unas 375 pp/h (50 l/s).

Toda esta instalación de transporte de agua está construida para el exclusivo servicio de los caudales de la referida galería Los Minaderos, la más caudalosa de la isla.

Conducciones de Aguatavar.

De la galería del mismo nombre, emboquillada en el término municipal de Tijarafe, en cota de 615 m, arrancan dos conducciones en sentidos opuestos. Una, que se dirige hacia el norte está formada por una tubería de fibrocemento de 300 mm (12") de diámetro, que a los 400 m se transforma en otra de acero galvanizado de 100 mm (4"). Finaliza su recorrido en un depósito situado en la margen izquierda del Barranco de El Chupadero, en el lugar conocido por Las Breveras, en cota de 610 m.

El segundo y general toma dirección sur, hacia el Valle de Aridane, y se desarrolla mediante una tubería de fibrocemento de 300 mm (12") de diámetro y 600 pp/h (80 l/s). En su recorrido dentro del término municipal de Tijarafe pasa siete barrancos con sifones de tubería de acero estriado del mismo diámetro y 355 m de longitud conjunta. En un principio acababa en El Time, en cota de 545 m; sin embargo, recientemente se ha prolongado hasta el Lomo de los Caballos mediante un sifón con el que se salva el Barranco de Las Angustias.

¤VI.1.5.- Principales canales y conducciones del Valle de Aridane.

Canal Dos Aguas-Los Hombres.

Canaliza las aguas derivadas en el tomadero de Dos Aguas, en el Barranco de Las Angustias, en la cota de 420 m. Consta de tres tramos (los dos primeros del Heredamiento de las Haciendas de Argual y Tazacorte y el tercero de la Comunidad Los Hombres):

1º) Discurre desde el tomadero hasta el paraje conocido como El Arenero en un recorrido de 6.710 m por la margen izquierda del barranco. Se trata de un canal de mampostería hormigonada con enlucido interior, que fue remodelado mediante un proyecto de cubrimiento y recrecimiento de junio de 1982. La ejecución del proyecto aumentó su sección libre a 2,258 m2, con lo que se consiguió una capacidad de transporte de 21.000 pp/h (2,8 m3/s).

2º) Desde El Arenero hasta el pago de Tendiña continúa un canal de hormigón de 5.520 m de longitud y una sección de 1,58 m2. Su capacidad de transporte es de unas 17.000 pp/h (~ 2,27 m3/s).

3º) El último tramo tiene una sección de 0,4 m2 (0,80 x 0,50 m2) y una capacidad máxima de 2.500 pp/h (333 l/s). Termina en la margen derecha del Barranco de Los Hombres, pasada la balsa de Cuatro Caminos, después de recorrer una longitud aproximada de 7.300 m.

Canal Argual-Triana.

Es un canal de hormigón con enlucido, a cielo abierto y con tapas. Comienza al final de la elevación del pozo Zona Alta, en cota de 310 m, y transcurre, prácticamente en todo su recorrido, en paralelo con la Acequia de Argual. De 0,202 m2 de sección, tiene una capacidad de transporte de 1.000 pp/h (133 l/s). Finaliza en el callejón de Cañana, al este de La Laguna, en la cota de 300 m. Pertenece al Heredamiento de las Haciendas de Argual y Tazacorte.

Canal La Estrechura-Las Norias.

Constituye una conducción continua, pero que a lo largo de su recorrido va variando de sección, propietario y nombre, y en el que se pueden diferenciar varios tramos; a saber:

1º)Comienza en el tomadero de La Estrechura, en la cota de 350 m, donde recoge las aguas derivadas del Barranco de Las Angustias, para finalizar en las tanquillas del bajante de Hidráulica de Argual, en la cota de 315 m. Este tramo, de aproximadamente 5.200 m de longitud, está construido en mampostería hormigonada y enlucida, de 0,l3 m2 (0,5 x 0,6 m2) de sección, que le permite transportar unas 1.500 pp/h (200 l/s).

2º) Comienza en las tanquillas de la Hidráulica de Argual para concluir en las de la montaña de Las Rosas, en la cota de 305 m. El tramo desde la Hidráulica hasta la plaza de Argual presenta una sección media de 0,68 m2, siendo capaz de transportar un caudal máximo de 5.000 pp/h (667 l/s). El resto del tramo es de hormigón enlucido sin tapas y con una sección media de 0,525 m2, que le da una capacidad de 1.200 pp/h (160 l/s). Su longitud total es de 3.500 m.

3º) Consiste en un canal de hormigón enlucido y descubierto que continúa el anterior. Termina al este de la montaña de La Laguna, en cota de 300 m. Su longitud es de unos 3.000 m y presenta una sección media de 0,275 m2 y capacidad de unas 1.200 pp/h (160 l/s).

4º) Continúa el anterior mediante una tubería de fibrocemento de 500 mm (20") de diámetro, para terminar, después de unos 2.700 m de recorrido, en las cercanías de la carretera de Los Llanos a Puerto Naos, en su cruce con la cota de 290 m. Su capacidad de transporte es de 1.200 pp/h (160 l/s).

Canal Intermedio.

Comienza en la margen izquierda del Barranco de Las Angustias, al final de la primera elevación del pozo Zona Alta, en la cota de 265 m y termina en la de 225, en el paraje conocido por El Hoyo. Con una sección de 0,2 m2, es capaz de transportar hasta 1.200 pp/h (160 l/s). Se trata de un canal de hormigón con enlucido, de 7.700 m de longitud, con 310 m de túnel y enterrado en 1.890 m. A lo largo de su recorrido cruza dos barrancos mediante sifones de tubería de fibrocemento de 400 mm (16") de diámetro.

Canal alto de Tenisca.

Parte del depósito de La Cruz, por encima del casco urbano de Tazacorte, en la cota de 200 m. Se trata de un canal de hormigón con enlucido, aunque cuenta con un primer tramo formado por dos tuberías enterradas de fibrocemento de 350 y 250 mm (12 y 10") de diámetro. Con una longitud total en planta de aproximadamente 6.000 m finaliza en Las Norias, vertiendo en el canal bajo de Tenisca. Su sección media es de 0,27 m2, con capacidad de unas 1.500 pp/h (200 l/s).

Canal bajo de Tenisca.

Comienza en el final de la elevación del pozo Heredamiento de San Miguel. Su primer tramo es un canal de hormigón enlucido y sin tapa, que salva el Barranco de Tenisca mediante un sifón formado por dos tuberías de fibrocemento de 150 mm (6") de diámetro. A partir de este barranco, y hasta pocos metros antes de su incorporación del canal alto de Tenisca, ha sido reemplazado por una tubería de fibrocemento de 500 mm (20") de diámetro, con capacidad para conducir unas 2.000 pp/h (267 l/s). Desde esta incorporación, y hasta su extremo final, está formado por un tramo de 300 m de longitud de canal de hormigón de 0,22 m2 de sección, que vierte sus aguas en el tramo alto de la continuación del canal de La Viña.

Canal de La Viña.

Recoge las aguas desviadas de los tomaderos de La Viña y Las Casitas, en el Barranco de Las Angustias, conduciéndolas por su margen izquierda hasta las tanquillas de la hidroeléctrica de Tazacorte, en cota de 125 m. En parte, se trata de un canal excavado en roca, con enlucido y de muy irregular sección (0,16-0,25 m2), tiene una longitud de 2.200 m y una capacidad de transporte de unas 1.500 pp/h (200 l/s). A partir de la antigua central hidroeléctrica se desdobla en dos canales:

El primero, de mayor importancia por su longitud, termina en El Remo, después de recorrer la franja costera de Tazacorte. Consiste en un canal de mampostería hormigonada y con tapas, de 0,48 m2, de sección, con tramos de tubería de fibrocemento de 300 mm (12") de diámetro. Después de su paso por el depósito regulador de Barranco Hondo, cambia a una sección de 0,347 m2 y discurre sin tapas, disminuyendo su capacidad a unas 1.000 pp/h (140 l/s). Existe otro cambio de sección (0,30 m2) a la altura de la montaña de Todoque.

El segundo, de menor longitud, termina en el pago de San Isidro. Está construido con mampostería hormigonada, con enlucido, aunque tiene tramos de tubería de fibrocemento de 400 mm (16"). Con una sección de 0,525 m2, tiene una capacidad de transporte de 1.500 pp/h (200 l/s). En las cercanías de la iglesia de Tazacorte cambia a una sección de 0,25 m2.

¤VI.1.6.- Conducciones de las galerías de La Caldera.

En la parte baja de la Caldera, y en especial en su margen derecha, se emboquillan seis galerías (Tenerra, Salto de las Cañas, Santa Teresa, Charco de las Ovejas, El Campanario y Salto de los Puercos) cuyos sistemas de conducción consisten fundamentalmente en tuberías de menos de 150 mm (6"), que, tras unos tramos en sifón, finalizan en las tanquillas de La Cruz Chica o en el paraje denominado Lomo de los Caballos.

¤VI.1.7.- Conducciones de las galerías del Riachuelo.

El total de 15 galerías productivas emboquilladas en el Barranco del Riachuelo desaguan sus caudales a través de cuatro conducciones de importancia.

Canal Hidráulica de Aridane.

Se trata de una conducción que recoge las aguas alumbradas en las galerías La Faya, Tacote y El Fuerte y que ofrece varios tramos diferenciados por sus características constructivas. El primero, arranca de la galería La Faya, en el interior de la Caldera de Taburiente, y está formado por una tubería de plástico de 200 mm (8") de diámetro. A su paso por la galería El Fuerte se transforma en una tubería de fibrocemento de 300 mm (12") de diámetro, con la que se continúa hasta la galería La Cumbrecita. De ésta hasta las tanquillas de Cruz Grande, en el casco urbano de El Paso, continúa con una tubería de acero galvanizado de 150 mm (10") de diámetro. Su capacidad de transporte máxima se cifra en unas 175 pp/h (23,3 l/s).

Conducción de Tabercorade.

Parte de la bocamina de la galería del mismo nombre con una tubería de acero de 75 mm (3") de diámetro, para después de recoger las aguas de las galerías Tanausú y el Primor, terminar en las tanquillas de Cruz Grande, en El Paso. Su máxima capacidad de transporte se cifra en aproximadamente unas 260 pp/h (35 l/s).

Conducción Laja Azul.

Se inicia en la galería La Laja Azul con una tubería de fundición de 200 mm (8") de diámetro, a la cual se incorporan las aguas de la mayoría de las galerías de la zona. Posteriormente, la conducción cambia a tubería de cemento de 250 mm (10") de diámetro, para en último extremo discurrir por medio de un canal de hormigón tapado hasta las tanquillas de Cruz Grande, en El Paso. Su máxima capacidad de transporte es de 45 l/s.

Conducción La Única.

Parte de la galería del mismo nombre con una tubería de acero galvanizado de 100 mm (4") de diámetro, para finalizar en las tanquillas de Dos Pinos, después de una reducción de su diámetro a 75 mm (3"). A esta conducción se incorporan las aguas de la galería La Intermedia. Su capacidad máxima de transporte es de 50 pp/h.

¤VI.1.8.- Principales bajantes de galerías y elevaciones de pozos de la vertiente occidental.

Bajante de la galería Los Hombres.

Se trata de una tubería de plástico de 175 mm (7") y 330 m de longitud. Parte de la bocamina de la galería, finalizando su recorrido en el canal de Unión Aguas de Garafía.

Conducción de la galería Fuente Nueva.

Comienza en la bocamina de esta galería, en cota de 1.100 m sobre el nivel del mar, y recorre 2.100 m con tubería de acero galvanizado de 150 mm (6") de diámetro y 85 pp/h (11 l/s) de capacidad máxima. Finaliza en la cabecera del canal Garafía-Tijarafe, en la cota de 650 m.

Bajante de la galería La Guinderesa.

Consiste en una conducción de reciente construcción formada por una tubería de acero galvanizado de 100 mm (4") de diámetro. Su capacidad máxima de transporte se cifra en unas 40 pp/h (5,3 l/s) y conduce parte de las aguas alumbradas en la galería hasta las tanquillas situadas en la margen derecha del barranco de Carmona, tras un recorrido de 1.250 m.

Elevación del pozo Noroeste.

Es éste el único pozo de la zona. Eleva sus aguas mediante una tubería de 250 mm (10") de diámetro y capacidad de 800 pp/h (107 l/s). Conecta con el Garafía-Tijarafe.

Elevación del pozo Los Remolinos.

Se trata de una conducción que eleva las aguas del pozo al canal Barros-Tendiña, en la cota de 415 m, mediante una tubería de acero de 250 mm (10") de diámetro. También puede verter sus aguas en los canales de La Estrechura y la Viña. Su capacidad máxima es de unos 70 1/s (550 pp/h).

Elevación del pozo Duque.

Este pozo tiene la posibilidad de bombear agua a ambas márgenes del Barranco de Las Angustias. Así, para la vertiente de Amagar, tiene dos tuberías de fundición de 200 mm (8") de diámetro. Una de ellas funciona como tubería de impulsión, la otra, conjuntamente con la elevación al canal Barros-Tendiña, del mismo diámetro, actúa como sifón en ambos sentidos.

Elevación del pozo Zona Alta.

Tiene cuatro tuberías de fundición. De ellas, dos, de 150 y 200 mm (68") de diámetro, permiten elevar el agua al canal Intermedio en el pago conocido como Tierra de Cebada. Las otras dos, también de 150 y 200 mm (68"), sirven para elevarla al canal Agua-Triana. La capacidad máxima de bombeo del pozo es de 192 l/s (= 1.450 pp/h), pero normalmente no se elevan más de 80 l/s (= 600 pp/h).

Elevación del pozo La Prosperidad.

Al igual que sucede con el pozo Duque, las aguas del de La Prosperidad pueden elevarse hacia las dos vertientes del Barranco de Las Angustias. En dirección al Valle de Aridane se impulsan a los canales de la Hidráulica de Tazacorte I y II con una tubería de 200 mm (8") de diámetro, mientras que hacia Tijarafe la impulsión consta de dos tuberías de 200 mm (8"). La primera llega hasta el canal de Prosperidad, a la cota de 390 m, con una capacidad de 800 pp/h. Conecta esta tubería también con el canal de Amagar. La segunda, eleva el agua al canal Prosperidad Alto, en cota de 505 m en este caso, la capacidad de elevación es de 450 pp/h (59 l/sg); puede dar agua también a la Cuneta de la Prosperidad.

Elevación del pozo Morriña.

Es una tubería de fundición de 250 mm (10") de diámetro que puede elevar el agua al canal Intermedio, a la cota 250 m, y a los de Hidráulica de Tazacorte I y II, a la cota de 150 m, aunque los vertidos en este último son bastante esporádicos. Su capacidad máxima es de 700 pp/h (Å 90 l/sg), siendo de 500 pp/h (Å 65 l/sg) el caudal medio impulsado.

Elevación del pozo Pedro Gómez.

En la actualidad, bombea a través del pozo Morriña, al que se envían sus aguas mediante una tubería de 150 mm (6") de diámetro.

Elevación del pozo La Fuerza de Tenisca.

Se trata de una tubería de fundición de 200 mm (8") de diámetro, que eleva el agua desde el pozo hasta el canal bajo de Tenisca en cota de 150 m. Su capacidad de conducción se eleva a unas 450 pp/h (59 l/s), aunque el pozo no suele proporcionar más de 200 pp/h (26 l/s).

Elevación del pozo Heredamiento de San Miguel.

Consiste en una tubería de fundición de 250 mm (10") de diámetro, que eleva el agua a la cota de 150 m, en el comienzo del canal bajo de Tenisca. Esta elevación también tiene la posibilidad de impulsar agua al canal de Hidráulica de Tazacorte I. Su capacidad de elevación máxima es de unas 300 pp/h (40 l/s).

Elevación del pozo El Salto.

Este pozo cuenta con dos posibilidades de elevación de sus aguas. Por un lado, con dos tuberías de fundición de 200 mm (8") de diámetro, se pueden impulsar sus caudales hasta el estanque de La Cruz, en cota de 200 m, donde comienza el canal alto de Tenisca. Por otro, hasta el mismo punto que el pozo de La Fuerza de Tenisca, mediante otras dos tuberías de 200 mm (8"). Su capacidad máxima de elevación se cifra en unas 1.500 pp/h (200 l/s).

Elevación del pozo San Antonio.

Se trata de una conducción que eleva el agua hasta la cota de 300 m. Tiene un primer tramo de 5.500 m de tubería de PVC de 300 mm (12") de diámetro, enterrada, que bordea la costa de Tazacorte hasta el pago de Las Hoyas, donde conecta con el canal Guirres-Charco Verde. Desde este punto, la elevación continúa, ahora con un diámetro de 250 mm (10"), hasta la cota de 300 m, donde vierte sus aguas en el canal de distribución de Las Hoyas. Su capacidad máxima de elevación es de 900 pp/h (120 l/s). Sin embargo, en la actualidad no se impulsan más de 540 pp/h (72 l/s).

Elevación del pozo San Isidro.

Se trata de una impulsión con dos tramos diferenciados: el primero consiste en una tubería de fundición de 200 mm (8") de diámetro; el segundo, en una tubería de fibrocemento de 250 mm (10") de diámetro. A lo largo de su recorrido tiene conexiones con los canales alto y bajo de Tenisca, para terminar en el lugar conocido como Cruz de Malpaís, vertiendo en el canal de Malpaís. Su capacidad máxima es de unas 375 pp/h (50 l/s).

Elevación del pozo Peña Horeb.

Se trata de una tubería de fundición de 300 mm (12") de diámetro, que llega hasta el pago de Roque Molino, en cota de 440 m y constituye la única fuente de alimentación de la conducción Punta Jedey-El Manchón.

¤VI.1.9.- Redes de distribución de la vertiente occidental.

La gran parcelación agrícola de la zona (sobre todo del Valle de Aridane) hace prácticamente imposible realizar una descripción individualizada de las redes de distribución de agua. De los canales de transporte arranca un gran número de bajantes, casi de uno por cada parcela. Debido al sistema de reparto de agua que se usa en la agricultura (el de dulas), estos bajantes suelen ser de una gran capacidad relativa, pues han de bastarse para conducir la totalidad del caudal transportado por el canal "madre". En la actualidad se observa una marcada tendencia a sustituir las antiguas acequias por tuberías, especialmente de fibrocemento.

Mención aparte merece el entramado de tuberías de acero galvanizado de pequeño diámetro que a partir de las distintas conducciones de las galerías del Barranco de El Riachuelo, reparten aguas por la zonas altas del Valle de Aridane, principalmente para abasto, pero también para el riego de pequeñas huertas domésticas.

¤VI.1.10.- Red de canalización de agua de la vertiente oriental.

Más que el correspondiente a la occidental, el sistema de conducción de aguas de esta vertiente está organizado conforme al modelo típico de canales generales en el que entroncan los particulares y las redes de distribución. Su estructura está basada en tres canales generales: el Barlovento-Fuencaliente; el de Unión de Canales y el del Cabildo (Intermunicipal). Entre ellos, el primero, que la atraviesa de norte a sur y en toda su longitud, es el principal y hace el papel de auténtica columna vertebral del sistema.

¤VI.1.11.- Canales generales de la vertiente oriental.

Canal Barlovento-Fuencaliente.

Su cota de origen es de 509 m y de 385 m la final. Tiene una longitud total de 78.725 m, sección interior de 0,72 m2 (0,80 x 0,90 m) pendiente del 1,5ä y capacidad de transporte de 1 m3/sg. Es de hormigón ciclópeo bastardo, con tapas de hormigón armado.

Atraviesa 34 túneles de 13.862 m de longitud total y cuenta con 95 obras de fábrica para cruce de barrancos.

Del caudal anual que transporta, más de dos terceras partes proceden de galerías y nacientes y el resto de pozos.

El canal Barlovento-Fuencaliente constituye la principal arteria hidráulica de la ladera oriental. Es de construcción relativamente moderna (sus obras terminaron en 1975). Al modo usual en los canales generales, se le impuso un trazado de cota tan baja como para que pudiera recibir por gravedad los caudales del mayor número posible de galerías (o de los pozos con las menores impulsiones posibles), pero de altura suficiente como para que dominara las superficies bajo riego o la mayoría de los núcleos residenciales que demandan agua.

Y lo cierto es que, en términos generales, esta obra representa perfectamente el papel para el que se construyó y protagoniza de modo absoluto el desenvolvimiento hidráulico de su vertiente. Una buena parte de los alumbramientos de la zona pueden conectarse con él. Lo hacen, en concreto, las galerías y pozos del cuadro de la siguiente página.

Transporta anualmente alrededor de 15 hm3, esto es, sobre el 50% de la demanda hídrica de la vertiente y su ámbito comarcal comprende todos sus términos municipales: Barlovento, San Andrés y Sauces, Puntallana, Santa Cruz de La Palma, Breña Alta, Breña Baja, Mazo y Fuencaliente. Los términos municipales de Breña Baja, Mazo y Fuencaliente no disponen de recursos hidráulicos propios, así que su demanda urbana y agrícola queda cubierta merced, principalmente, a la existencia de este canal.

El deficiente estado de su conservación constituye su principal defecto. En 1981 se realizaron en él obras de reparación básicamente consistentes en la eliminación de la vegetación de su interior, el enlucido en ciertos tramos de su fondo y cajeros y la reparación de las obras de fábrica de los barrancos de La Herradura y Los Breñuscos. En 1986 y 1987 se acometieron dos nuevas reparaciones, con miras a impermeabilizarlo mediante lámina de polietileno en una longitud de unos 6 km, entre el Puente Roto y Los Rodaderos.

Estas reparaciones no han impedido que el canal muestre en la actualidad evidentes síntomas de deterioro. Algunas obras de fábrica de los barrancos de La Herradura, del Agua o de Los Tilos y otras se encuentran en estado de semidestrucción, amén de las pérdidas de agua que se le aprecian a lo largo de todo su trazado, aun en zonas donde su fábrica presenta un buen aspecto exterior.

Ver anexos - página 16344

resulta de todo ello, el canal presenta unas pérdidas elevadas, no determinadas con exactitud, pero que se pueden estimar rondando el 20% del agua que circula por él.

En la actualidad, se encuentra en ejecución un proyecto de reparación de este canal. Está prevista la realización en él de ciertas obras de impermeabilización, otras de reconstrucción de varios tramos de su trazado, además de la apertura de varios accesos para facilitar estas obras y su posterior conservación y mantenimiento.

La impermeabilización se practicará mediante una lámina de polietilenos de alta densidad de 1,5 mm de espesor y sujeta a los cajeros con una pletina de material sintético y arandelas de teflón. En la Memoria del proyecto se justifica esta solución en razón de su buen resultado en aplicaciones anteriores. En los tramos impermeabilizados se dispondrá una tapa de hormigón.

Para facilitar el acceso al canal se ensancharán las perforaciones de tres túneles (números 3, 4 y 5) y se ejecutará uno nuevo, de modo que las secciones definitivas de todos ellos permitan la circulación por su interior de un dúmper o vehículo ligero.

En los túneles números 2 y 3 habrá de construirse un muro de hormigón junto al canal y se reforzará su tapa para crear una plataforma de rodaje de 2,90 m de anchura. Entre los números 4, 5 y 6 se construirá un falso túnel a base de una sección abovedada que permitirá el acceso rodado hasta la boca del nº 6 y constituirá una protección de la plataforma contra probables desprendimientos.

En último término, a lo largo del canal se construirán 5 desarenadores con medidor ultrasónico del caudal y tele-transmisión de datos a una central situada en Santa Cruz de La Palma.

El presupuesto de ejecución por contrata de esta obra asciende a 713 millones de pesetas.

Unión de canales.

Está formado por cuatro canales: Hidráulica de las Nieves, Remolinos, Ledas y Mazo, que en realidad forman una conducción sin solución de continuidad administrada por la Comunidad Unión de Canales.

Se desarrolla entre Santa Cruz de La Palma y llega hasta Mazo, recibe caudales de galerías de Santa Cruz de La Palma y Breña Alta: Salto de la Baranda, Las Mercedes, Hidráulica de las Nieves, Hidráulica de Breña Alta y Risco Blanco.

Transporta un caudal del orden de 5 hm3/año, que se destina a: 1) abastecimiento urbano: 16%; 2) suministro agrícola: 80% del agua transportada.

Su porcentaje de pérdidas actuales es del 4% del caudal transportado.

Canal del Cabildo (Intermunicipal).

Se inicia en el barranco de Juan Mayor, en las inmediaciones de la bocamina de la galería Los Remolinos y termina junto al núcleo de Las Indias (Fuencaliente). Su cota de partida es de 775 m y la final de 580 m. En sus primeros metros desciende con fuerte pendiente de modo que tras un corto tramo llega a la cota de 740 m. A partir de ella, su trazado se va adaptando al terreno con una pendiente del 5ä, hasta alcanzar una longitud total de 38,4 km. Tiene una sección de 0,140 m2 (0,40 x 0,35 m2) y una capacidad de unos 40 l/s. Es de hormigón bastardo, tapado y a cielo abierto.

Tiene como función la de cubrir la demanda hidráulica (sobre todo para el suministro de agua potable) de los núcleos más altos de Breña Alta, Breña Baja, Mazo y Fuencaliente, núcleos que quedan por encima del canal Barlovento-Fuencaliente.

El caudal entrante al canal es en la actualidad del orden de 115 pp/h (15,5 l/s). El agua que circula por él es de muy buena calidad química.

Trasvases generales de la vertiente oriental.

Al objeto de reflejar de forma resumida el funcionamiento del sistema de trasvase de agua de la ladera oriental, en el siguiente cuadro se especifican, mes a mes, los caudales trasvasados a su largo, especificándolos en los límites entre municipios. Como puede suponerse, la parte fundamental de estos trasvases se realiza a través del canal Barlovento-Fuencaliente.

En las cifras del cuadro puede observarse, por un lado, cómo aumentan los caudales trasvasados en verano, al crecer las demandas agrícolas.

De otro, las mismas cifras hacen luz sobre los balances hidráulicos de cada municipio. Barlovento exporta agua, pero poca (apenas una veintena de l/sg). El término municipal de San Andrés y Sauces es importador de agua, pero también en escasa cuantía (recibe unos 20 l/sg de Barlovento y reenvía cerca de 10 a Puntallana). Son Puntallana y Santa Cruz de La Palma los grandes exportadores hidráulicos de la vertiente; sus caudales se consumen en pequeña proporción en Breña Baja, y, sobre todo, en Mazo y Fuencaliente.

Ver anexos - página 16346

VI.1.12.- Bajantes de galerías y nacientes y elevaciones de pozos de la vertiente oriental.

Canal de la galería Girineldos.

Partiendo de la bocamina de la galería, en cota de 300 m, recorre una longitud de 2.077 m. Es un canal de hormigón de 0,12 m2 de sección y 150 pp/h (20 l/s) de capacidad media. Finaliza en la margen derecha del barranco Abreu, en la balsa del mismo nombre. Pertenece a la Comunidad Unión de Canales de Barlovento.

Canal de la galería Las Cuevitas.

Se trata de una conducción con tres tramos diferentes: a) canal de mortero de hormigón de 0,160 m2 de sección; b) tubería de acero galvanizado de 6" de diámetro; y c) tubería de acero galvanizado de 3" de diámetro. Comienza en la bocamina de la galería, en la cota de 595 m, y acaba en la de 475 m, incorporándose al Bajante General a la altura de las tanquillas de La Florida. En su recorrido atraviesa dos túneles con longitud conjunta de 755 m. Los tramos de tubería metálica pertenecen a la Unión de Canales de Barlovento; los tramos de canal son propiedad de la Comunidad de Aguas Las Cuevitas.

Conducción de la galería Meleno.

Se inicia en la bocamina de la galería, en cota de 775 m, y finaliza en las tanquillas de La Laguna. Está formada por una tubería de fibrocemento de ¯ 400 situada en el interior del colector Sur de suministro a la laguna de Barlovento.

Conducción de la galería Loros Bajos.

Parte de la bocamina de la galería, en cota de 980 m, y finaliza a la altura de las tanquillas de La Laguna (cota de 735 m). Con un diámetro de 350 mm (14"), esta tubería de fibra de vidrio puede transportar un caudal medio de 225 pp/h (30 l/s). Por intermedio del Bajante General puede verter sus aguas en el canal Barlovento-Fuencaliente. Pertenece a la Comunidad Unión de Canales de Barlovento. Está conectado con la Laguna de Barlovento.

Canal de la galería El Cerco.

Se trata de un canal de mortero de hormigón, cerrado y a cielo abierto, con sección de 0,160 m2, que conduce las aguas desde la bocamina de la galería hasta el comienzo del canal Barlovento-Fuencaliente, y que reparte sus aguas a través de cinco bajantes anteriores a su incorporación final.

Canal de la galería Pajaritos.

Consta de tres tramos diferentes: 1, el primero, desde la bocamina de la galería, es un canal de hormigón, tapado, con 0,160 m2 de sección; 2, en los siguientes 300 m, hasta la tanquilla El Gamonal se ha colocado una tubería de plástico de 250 mm (10"); 3, el último, está constituido a base de una tubería de plástico de 150 mm (6"). Su capacidad media de transporte en todo el tramo es de unas 150 pp/h (20 l/s).

Canal Colector Sur.

Esta conducción tiene como función transportar las aguas de escorrentía de los barrancos del Agua, Herradura y Fuente de Piedra hasta el embalse de La Laguna de Barlovento. Su recorrido atraviesa dos municipios: San Andrés y Sauces y Barlovento. Se trata de un canal de hormigón con 3.155 m de longitud y hasta 66.186 pp/h (8,15 m3/s) de capacidad de transporte. En su recorrido existen cuatro túneles de longitud total conjunta de 3.095 m. En sus últimos 60 m, a cielo abierto, se incorpora a un desarenador.

Canal Colector Oeste.

Al igual que en el caso anterior, el cometido de este conducto consiste en transportar agua de escorrentía de los barrancos de Los Franceses, Gallegos y Topaciegos hasta el embalse de La Laguna de Barlovento. Es un canal de hormigón cuyo trazado pasa por cinco túneles y que se desarrolla con diferentes pendientes: 1, de aproximadamente el 2ä en sus primeros 2.910 m; 2, alrededor del 1,5ä en los siguientes 1.590 m; y, 3, los últimos 1.300 tienen otra vez pendiente del 2ä. En todo su recorrido, tiene una sección rectangular de 3,7 m2 y una máxima capacidad de transporte de 75.075 pp/h (10 m3/s).

Canal Río de los Sauces.

Su objetivo fundamental es el transporte de las aguas del naciente Caldero de Marcos, que brota en el barranco de Los Tilos, hasta su zona de consumo (casco urbano de Los Sauces). Es un canal de mampostería, sin tapas y a cielo abierto, con una sección de 0,2 m2 y una capacidad media de transporte de 1.051 pp/h (140 l/s). El canal, con sus aguas, pertenece a la Comunidad Río de los Sauces, que también suministra un caudal fijo de 165 l/s proveniente de los nacientes de Marcos y Cordero.

Conducción de la galería de Los Tilos.

Lleva las aguas de dos fuentes de alimentación: las galerías de Los Tilos y de El Rincón, mediante tuberías de acero galvanizado de 8" de diámetro en su primer tramo y de 4", en el segundo. El caudal medio transportado se estima en 52 pp/h (7 l/s) y es utilizado para alimentar el canal Barlovento-Fuencaliente.

Canal de San Andrés.

Se trata de un canal de mampostería hormigonada, con tapa de hormigón y a cielo abierto, de 0,160 m2 de sección y capacidad media de transporte de 1.651 pp/h (220 l/s). Su trazado empieza en la galería de San Andrés y finaliza a la altura de La Galga, conectando con el canal Barlovento-Fuencaliente.

Canal de la galería Tajadre.

El canal tiene su origen en la bocamina de esta galería, en cota de 1.170 m, y lleva sus aguas hasta las tanquillas de reparto de Llano Francisco. Es de mampostería, tapado y a cielo abierto de 0,09 m2 de sección. El caudal medio de transporte es de 323 pp/h (43 l/s), que puede regularse en verano mediante un cierre de presión ubicado en el frente de la galería.

Canal de El Mulato.

Es de cemento, sin tapa y a cielo abierto, con sección de 0,450 m2; caudal medio de transporte de 975 pp/h (130 l/s) y caudal máximo registrado de 2.252 pp/h (300 l/s). Tiene su origen en los tomaderos del barranco del agua, alimentado por los nacientes Marcos y Cordero, y finaliza en las tanquillas de Casa del Canal.

Conducción de la galería El Rincón.

Se trata de una tubería de acero galvanizado de 8" de diámetro, 38 pp/h (5 l/s) de caudal de transporte y 1.700 m de longitud en planta. Su recorrido empieza en cota de 730 m, en la bocamina de la galería El Rincón, y finaliza en el canal Barlovento-Fuencaliente.

Conducción de la galería Garcés.

Tiene dos tramos diferenciados: 1) canal tapado y a cielo abierto de 0,09 m2 de sección y 2) tubería de acero galvanizado de 6" de diámetro. La longitud en planta de todo el tramo es de 1.000 m.

Conducción de la galería La Faya.

Se trata de una tubería de acero galvanizado, que a lo largo de su recorrido cambia su diámetro de 6" a 4", transportando el agua desde la bocamina de la galería hasta la conducción de la denominada Meleno. Pertenece a la Comunidad de Aguas La Faya, pero la administración de sus aguas la lleva la Comunidad Unión de Canales de Barlovento.

Canal El Cubo-La Galga.

Lleva las aguas provenientes de barranco de El Cubo y la galería Tajadre, hasta el caserío de La Galga. Se trata de un canal de mampostería, sin tapa y a cielo abierto, con 0,05 m2 de sección y capacidad media de transporte de 75 pp/h (10 l/s).

Canal de la galería La Rosita o El Cubo.

Parte de la galería de este nombre y finaliza sobre el lomo de Zamagallo. Se trata de un canal de hormigón, tapado y a cielo abierto, con 0,09 m2 de sección y 225 pp/h (30 l/s) de caudal medio transportado. En los tramos en los que la pendiente es muy fuerte, el canal adopta una sección más pequeña (0,06 m2).

Canal de la galería Risco Blanco.

Consiste en una tubería de 8" y 6" de diámetro. Vierte hasta un 35% de su caudal total al canal Barlovento-Fuencaliente.

Canal de la galería Corcho y Zarzalito.

Consiste en un bajante formado por una tubería de acero galvanizado de 6" de diámetro que conecta con el canal Barlovento-Fuencaliente.

Conducción El Corchete-Remolinos.

Se trata de una conducción de cuatro tramos diferenciados en función de las características de su construcción, que recoge las aguas alumbradas en las galerías El Corchete, Los Remolinos y Las Breñas. Comienza en la cota de 850 m, en la bocamina de El Corchete, con una tubería de hormigón vibrado de 200 mm (8") de diámetro. Después continúa con dos tuberías de cemento de 200 mm (8"), que llevan el agua hasta Las Breñas. Desde aquí, el siguiente tramo lo forma un canal de hormigón de 0,16 m2 de sección, tapado y a cielo abierto, que conduce el agua hasta la salida del barranco Juan Mayor. En el tramo final se utiliza una tubería de cemento, enterrada y de 200 mm (8") de diámetro.

Conducción de la galería Risco Blanco I.

Tiene su origen en cota de 890 m, en la bocamina de la galería del mismo nombre, y finaliza en el canal de Hidráulica de las Nieves, a su paso por el camino de Botazo. Está formada por una tubería de acero galvanizado de 4" y se estima en 338 pp/h (45 l/s) su capacidad media de transporte.

Conducción de la galería La Afortunada.

Se trata de una tubería de hormigón vibrado de 200 mm (8") de diámetro, 1.050 m de longitud y 8 pp/h (1 l/s) de capacidad media de transporte, que lleva las aguas desde esta galería (cota de 710 m) hasta el canal Barlovento-Fuencaliente.

Conducción de la galería La Afortunada a Botazo.

Empieza en el interior de la galería La Afortunada, a 300 m de su bocamina y finaliza en Breña Baja, en las tanquillas Ermita del Socorro. El primer tramo, de 500 m de longitud desde el interior de la galería al barranco de Juan Mayor, se recorre con una tubería de fibrocemento de 200 mm (8") de diámetro. Con una tubería de las mismas características se forma el sifón con el que se atraviesa el barranco de Juan Mayor. Finaliza su recorrido con tubería galvanizada de 125 mm (5") de diámetro. La capacidad media de transporte es de 90 pp/h (12 l/s) en toda su longitud.

Conducción de la galería Los Alpes.

Transporta el agua desde esta galería (en cota de 275 m), hasta el barrio de El Pilar de Santa Cruz de La Palma a través de una tubería de acero galvanizado de 4" de diámetro, 1.200 m de longitud y 8 pp/h (1 l/s) de caudal medio transportado.

Canal de la galería Las Mercedes.

Se trata de un canal de mampostería, tapado y a cielo abierto con sección de 0,09 m2 y longitud de 1.300 m. Empieza en la galería Las Mercedes I, luego entra en el barranco de La Madera; pasa en túnel de 630 m de longitud hasta el de El Río y a continuación lo atraviesa en sifón con tubería de fibrocemento. Finaliza conectando con el canal Hidráulica de las Nieves.

Canal de la galería El Torbellino.

Comienza en la galería del mismo nombre, en la cota de 850 m, y finaliza en las tanquillas de La Catarata. Es un canal de mampostería, cerrado y a cielo abierto, de 0,06 m2 de sección, 1.000 m de longitud y 120 pp/h (16 l/s) de caudal medio transportado. Pertenece a la Comunidad de Aguas Cascada de Oro.

Conducción de la galería La Catarata o Cascada de Oro.

Su primer tramo parte de la bocamina de la galería y está formado por un canal de mampostería, cerrado y a cielo abierto, de 0,16 m2 de sección, que finaliza en las tanquillas de La Catarata. A partir de ellas, y hasta su incorporación al canal Barlovento-Fuencaliente, está formada por tres tuberías de acero galvanizado de 4" de diámetro. La longitud de todo su trazado es de 1.300 m y transporta un caudal medio de 338 pp/h (45 l/s).

Conducciones de la galería La Madera.

Desde esta galería parten dos conducciones diferentes: 1ª, hasta las tanquillas de La Dehesa mediante una tubería de acero galvanizado de 3" de diámetro y 1.550 m de longitud; 2ª, hasta el canal Barlovento-Fuencaliente, con una tubería de 250 mm (10"), que parte del interior de la galería (a unos 450 m de su bocamina) y conecta con el canal a través de una perforación en el piso de la galería.

Conducción de la galería Salto de la Baranda.

Tiene su origen en la bocamina de esta galería, en cota de 724 m, y finaliza en el canal Barlovento-Fuencaliente. Está formada por una tubería de acero galvanizado de 4" de diámetro, 1.200 m de longitud y 180 pp/h (24 l/s) de capacidad de transporte.

Canal de la galería Salto de las Poyatas.

Se trata de un canal de hormigón, cerrado y a cielo abierto de 0,2 m2 de sección. Lleva su agua desde la galería hasta el camino de Llano Grande, con un caudal medio transportado de 180 pp/h (25 l/s).

Elevación del pozo El Roque.

Consiste en una conducción para impulsión de las aguas del pozo hasta el canal Barlovento-Fuencaliente, con el que conecta a su paso por el camino de San Vicente. Está formada por una tubería de fundición dúctil de 8" de diámetro, 2.000 m de longitud y 250 pp/h (30 l/s) de capacidad media de transporte. Existe un ramal hasta las tanquillas de Las Dehesas, formado por una tubería de fibrocemento de 8" de diámetro, que transporte agua para el abasto urbano.

Elevación del pozo El Carmen.

Este pozo cuenta en una longitud de 2.500 m de dos tuberías de 9" y 10" de diámetro que conectan el pozo (abierto en la cota de 140 m) con el canal Barlovento-Fuencaliente.

Elevación del pozo Las Lajas.

Impulsa sus aguas al canal Barlovento-Fuencaliente, desde la cota 295 m, mediante una tubería de 1.250 m de longitud y 12" de diámetro.

Elevación del pozo Amargavinos.

Se trata de una tubería de 444 m de longitud y 10" de diámetro, que parte desde la cota 395 m (brocal del pozo) y finaliza en el canal Barlovento-Fuencaliente.

Elevación del pozo Miraflores.

Tiene su origen en este pozo, en la cota de 325 m, y finaliza en la de 500 m, donde conecta con el canal Barlovento-Fuencaliente. Consiste en una tubería de 325 m de longitud y 10" de diámetro.

Elevación del pozo Tenagua.

Se trata de una tubería de 12" y 1.048 m de longitud, que eleva las aguas del pozo al canal Barlovento-Fuencaliente.

Las conducciones de todos los demás pozos en explotación de esta zona: La Caldereta, Campo de Fútbol, El Rustón. H. Mario Fernández, El Espigón, California, UNELCO destinan su caudal directamente al consumo agrícola e industrial (pozo UNELCO), mediante tuberías de entre 6" y 8" de diámetro.

¤VI.1.12.- El trasvase las Breñas-El Paso.

Como se ha dicho ya, constituye una obra de canalización de aguas alojada en un túnel mediante el que se atraviesa el espinazo montañoso de la cordillera dorsal de la isla. El túnel en cuestión tiene una dirección general este-oeste. Su embocadura oriental se sitúa en el término municipal de Breña Alta, en cota de 432 m, en la proximidad, y por debajo, de la traza del canal Barlovento-Fuencaliente; la occidental, en Los Llanos de Aridane, a los 424 metros sobre el nivel del mar. Su longitud total es de unos 9.900 m, con sección unos 6,5 m2 (2,60 de ancha por 2,80 de alta, rematada con arco de medio punto).

Dentro del túnel se emplaza una tubería de fundición dúctil de 500 mm de diámetro. Comienza en un aforador de 1.500 pp/h, con una caseta para un caudalógrafo, al que conecta la derivación del Barlovento-Fuencaliente. En la boca occidental, la conducción de trasvase continúa mediante unos 3.500 m de tubería de fundición dúctil y 300 mm de diámetro que discurre por márgenes del barranco de Tenisca y, posteriormente, siguiendo el trazado de diversos caminos. Se coloca soterrada en zanja, protegida con una capa de hormigón. A esta tubería se conectan todas las conducciones de distribución (cerca de la bocamina, las de los abastecimientos de agua potable de Los Llanos de Aridane y Tazacorte).

El sistema se ha diseñado para que sea capaz de trasvasar unos 5 hm3/año, con un caudal máximo de unos 300 l/sg.

Las obras del trasvase se hallan en plena fase de ejecución. Comenzaron en agosto de 1997 y se tiene prevista su finalización para 1999.

SECCIÓN VI.2.

SITUACIÓN ACTUAL Y MEJORAS DE LA RED DE TRASVASE DE AGUAS.

¤VI.2.1.- La estructura de la red de conducciones generales.

En su conformación básica, el sistema de conducciones generales de la isla no presenta deficiencias de importancia.

En gran manera, y merced a sus dos principales canales generales (Garafía-Tijarafe y Barlovento-Fuencaliente), cada una de sus vertientes constituye una sola comarca hidráulica. En ambas, los caudales pueden circular de un extremo al otro (lógicamente, desde el húmedo norte hacia el sur seco, en correspondencia con las condiciones naturales del sistema producción-consumo de agua de la isla).

Cierto es, por un lado, que durante décadas constituyó una viva aspiración del valle de Aridane su conexión hidráulica con la otra vertiente al objeto de dirigir hacia él los excedentes invernales de la oriental. Con las obras de trasvase actualmente en ejecución, esa pretensión se verá satisfecha, y a no mucho tardar será un hecho definitivo la completa unidad hidráulica de la isla. De momento, pues, el agua se puede mover sin restricciones, pero sólo dentro de cada una de las dos vertientes.

¤VI.2.2.- Los canales de distribución del trasvase.

Sin embargo, una vez en servicio el trasvase, la distribución de los caudales que circulen por él dependerá de la red de canalizaciones existentes en el valle; pero ello acarreará algún inconveniente: por un lado, el de que esa red es, casi en exclusiva, de propiedad privada, con lo que ello puede significar de dependencia con respecto a sus propietarios. En segundo término, que la misma red se aplica ya al trasvase de los caudales producidos en el propio valle, con cuya distribución entrará en conflicto la de las aguas del trasvase.

De modo que se ha considerado necesario estudiar un par de conducciones de titularidad pública que, atravesando el valle, formen el sistema de distribución de los caudales del trasvase.

La primera de ellas tendría una longitud de 8,5 km y se tendería mediante tubería de fundición dúctil, de 450 mm de diámetro, que le daría una capacidad de 133 l/s (1.000 pp/h), idéntica a la del de trasvase. Se ha estudiado enterrada. A ella se conectarían la balsas de Dos Pinos y de Cuatro Caminos, los depósitos de abastecimiento de Los Llanos de Aridane, así como las redes de canalización y riego de la zona.

La segunda consistiría en un ramal de transporte hasta la balsa de Vicario, la cual se instalaría con tubería de ¯ 500 y 6,5 km de longitud.

¤VI.2.3.- La conducción de enlace.

De otra parte, el arco de la vertiente norte comprendido entre el inicio de los canales Garafía-Tijarafe y Barlovento-Fuencaliente ha carecido siempre de conducción general de trasvase. Se acaba de tender, sin embargo, una que conecta la Laguna de Barlovento con el comienzo del Garafía-Tijarafe. Es de pequeño diámetro y, por tanto, de modesta capacidad. De momento, sin embargo, no existiendo alumbramientos importantes en la zona norte, la utilidad de este pequeño trasvase Barlovento-Garafía puede bastar; pero dentro del Plan esta prevista otra de superior capacidad, porque si llegan a promoverse las obras de captación propuestas en él (capítulo V de la presente Memoria), la capacidad de la actual se vería comprometida.

Hay redactado, por tanto, un proyecto técnico de esta segunda conducción. Partiría de la Laguna de Barlovento, en cota de 689 m sobre el nivel del mar, y desde aquí, salvo sus tramos en sifón, se conduciría en lámina libre mediante una tubería de 500 mm de diámetro, hasta el arranque del Garafía-Tijarafe. Esta conducción tendría longitud de 9.916 m, en la que se dispondrían válvulas de compuerta cada 500 m su capacidad de transporte ascendería a unos 130 l/s.

Su longitud total se desglosa de la siguiente manera:

Ver anexos - página 16350

n el desarrollo de la tubería se dispondrán 12 tramos en túnel con sección de 2,60 m de alto por 2,80 de alto, con sección rematada mediante arco de medio punto.

En los tramos a cielo abierto, se dispondrá una explanación de 2,50 m de ancho, obtenida a partir de desmontes, terraplenes y muros de mampostería en seco, en cuyo centro se abrirá una zanja de 0,80 x 0,80, en la que irá enterrada la tubería.

En las conexiones inicial y final se han proyectado sendas arquetas con una válvula compuerta de ¯ 600, de asiento elástico y PN 10 atmósferas, a continuación de las cuales se emplazará un aforador de 1.800 pp/h, con caseta para caudalógrafo.

Como obras accesorias de la conducción se abrirán 13 caminos y 17 escombreras.

Su presupuesto completo -expropiaciones incluidas-, asciende a 1.019 Mpts.

¤VI.2.4.- Red básica.

Se define la red básica insular de canalización de agua a base de incluir en ella exclusivamente a las conducciones de carácter público.

La red en cuestión está formada por las siguientes conducciones:

Vertiente oriental:

Canal Barlovento-Fuencaliente.

Canal Intermunicipal.

Vertiente occidental:

Canal Garafía-Tijarafe.

Canal de Enlace.

Canal de distribución del trasvase.

Ambas vertientes:

Canal de trasvase las Breñas-El Paso.

¤VI.2.5.- Sistemas de conducciones secundarias.

El conjunto de bajantes de galerías, de impulsiones de pozos o de riego se ha construido en su totalidad a iniciativa y expensas de los promotores privados de las obras de captación o de los regantes. Su construcción responde a los intereses de sus propietarios o de los agricultores que las disfrutan.

Por lo demás, en la actualidad, estos propietarios y agricultores tienen siempre a su disposición la posibilidad de conectarse a cualquiera de los dos más importantes canales generales que, a todo su largo, recorren cada una de las dos vertientes de la isla.

Posiblemente, la red del valle de Aridane aparenta ser demasiado densa y desordenada. Pero, para haberse construido por múltiples promotores privados, en ausencia de una instancia que coordinara de sus iniciativas, y a lo largo de un dilatado período de tiempo -durante el cual las condiciones hidráulicas de la zona han ido cambiando-, acaso su disposición general no tenga por qué verse como ilógica. Se entiende, pues, que de momento está bien como está y que no tiene sentido promover su reestructuración a corto plazo. Es de suponer que, con el tiempo, el sistema de conducción de aguas de este valle irá gravitando más cada vez hacia las conducciones generales que o lo atraviesan o lo atravesarán pronto: el Trasvase las Breñas-El Paso y su canal de distribución y los tramos finales del canal Garafía-Tijarafe -sobre todo si las esperanzas depositadas en los futuros nuevos alumbramientos de los acuíferos del norte de la isla se confirman a medio plazo y a través de él llegan al valle importantes caudales.

¤VI.2.6.- Redes de distribución de riego.

Se ha buscado información relativa a las necesidades de redes de distribución de agua de diversas zonas de regadío de la isla, y las consiguientes actuaciones se han incorporado a los programas de inversión del Plan. En su programación de ha supuesto que tales redes se tenderán mediante conducciones a presión, y en las que podrán instalarse sistemas modernos de telemando y telecontrol. Como actuaciones más importantes se han incluido las siguientes:

1. Red de riego Los Barros-Los Pedregales: 270 Mpts.

2. Red de riego de la balsa de Los Dos Pinos: 475 Mpts.

3. Red de riego de la balsa de Todoque: 645 Mpts.

4. Red de riego Las Hoyas-El Remo: 700 Mpts.

5. Telecontrol de la red de riego de la balsa de Cuatro Caminos: 30 Mpts.

6. Conexión de la balsa de Vicario con la red de riego: 100 Mpts.

7. Red de riego en Barlovento: 450 Mpts.

8. Red de riego de La Galga: 60 Mpts.

9. Red de riego en El Granel: 80 Mpts.

10. Red de riego en Bajamar: 125 Mpts.

11. Red de riego en Santa Lucía: 75 Mpts.

12. Mejoras en la red de riego las Breñas-Mazo: 60 Mpts.

13. Mejoras de red de riego de Fuencaliente: 425 Mpts.

14. Telecontrol de redes de riego: 300 Mpts.

Se considera que esta línea de inversión constituye una de las esenciales del presente Plan Hidrológico, ya que está destinada a asegurar el racional uso y el ahorro del agua, al margen de que lo que implicará en el aspecto de las mejoras de las condiciones de trabajo de los agricultores.

¤VI.2.7.- Capacidad de las conducciones.

En principio, frente a los caudales que deben conducir, los canales generales parecen gozar de sobrada capacidad. El Barlovento-Fuencaliente admite alrededor de 1.000 l/sg, y, tal cual se expresó en páginas anteriores, en las épocas (agosto y septiembre) y tramos (los que atraviesan las dos Breñas) en los que es mayor su nivel de utilización las necesidades totales de trasvase de su vertiente apenas superan los 400 l/s.

Los de la Unión e Intermunicipal tienen bastante limitado el caudal que pueden recibir en función del corto número de galerías a las que se hallan conectados, y su capacidad tampoco representa un problema.

La capacidad del Garafía-Tijarafe se utiliza en escasa medida. La relativa pobreza de los caudales alumbrados al norte del barranco de Las Angustias concede poco juego a la posibilidad de exportar agua a través de él. Su actual capacidad es también, por tanto, suficiente, aunque en sus primeros tramos resulte bastante reducida.

En el resto de la red no se plantean problemas de capacidad de particular relevancia. Por lo común, las acusadas pendientes de las laderas insulares facilitan el que con canales o tuberías de reducidas secciones puedan conducirse muy apreciables caudales.

¤VI.2.8.- El estado de conservación de las redes y sus pérdidas.

El mal estado de conservación de los más importantes canales generales representa el punto débil de la red insular de conducción de agua. Al respecto, ya se adelantaron algunos datos en la sección de este capítulo destinada a la descripción de la red.

Por el contrario, los canales particulares se encuentran por lo general bien conservados o, al menos, sus pérdidas de agua están relativamente tasadas (pueden situarse entre el 5 y el 10% de los caudales trasvasados). El que el agua sea un bien con precio de mercado convierte la incuria en la conservación de los canales en un tangible coste económico para sus propietarios, cuando lo son también del agua trasvasada. Lo que suele incentivar fuertemente la adecuada conservación de este tipo de instalaciones.

No se puede decir lo mismo de los canales generales. Con tal de que, al conducir caudales ajenos, quepa imponer libremente el canon por mermas de conducción, los propietarios de canales podrán trasladar sus pérdidas de aguas a los dueños de las trasvasadas. Con lo cual, faltará el impulso básico que permite mantener adecuadamente las instalaciones de conducción de agua.

El asunto tiene su trascendencia en la vertiente oriental, donde se emplazan los más importantes canales generales de la isla. En ellos, y según la época del año, se pierden entre 90 y 100 l/s, esto es, unos 3 hm3/año y cerca del 20% de las aguas trasvasadas, pérdidas que debe cargarse muy especialmente al pasivo del canal Barlovento-Fuencaliente.

En la vertiente opuesta, el menor protagonismo de los canales generales mitiga algo este problema. Aquí, las pérdidas de agua de la red de canalización pueden cifrarse entre 1 y 1,5 hm3/año.

Como se explicó, están ejecutándose las obras de reparación de los canales Barlovento-Fuencaliente, Intermunicipal y Garafía-Tijarafe. Una vez estén concluidas, se verán notablemente reducidas sus actuales e importantes mermas. Con ello, se ahorrarán del orden de 2 hm3/año en la vertiente oriental y 0,5 hm3/año en la occidental. En el Garafía-Tijarafe aún será menester realizar nuevas obras de reparación.

¤VI.2.9.- La organización funcional del trasvase de agua.

Aunque no sea asunto de necesaria consideración dentro de este Plan Hidrológico, no puede pasarse por alto las dificultades que hasta hace poco mostraba el sistema de explotación de los canales públicos de la isla (sobre todo, los dos más importantes: el Barlovento-Fuencaliente y el Garafía-Tijarafe).

Hasta las transferencias en materia de aguas a los Cabildos Insulares (1995), ambos eran de titularidad del Gobierno de Canarias y su explotación y conservación corría por cuenta de una asociación de usuarios informalmente constituida. A partir de esa transferencia, se hallan adscritos al Consejo Insular de Aguas, que lo explota en régimen de gestión directa.

Lo rudimentario de su primer sistema de gestión ha contribuido al mal estado de conservación que presentan en la actualidad ambas conducciones. La informal asociación de usuarios que los mantenía difícilmente podía soportar los costes y exigencias de su normal conservación.

Se pretende poner de relieve, en definitiva, la conveniencia de que los grandes canales de la isla se gestionen por una organización que goce fundamentalmente de dos cualidades esenciales:

1ª) que sea lo suficientemente ágil como para responder con prontitud a las necesidades del servicio de transporte de agua, necesidades que suelen ser muy variables en función de las coyunturas meteorológicas o de las incidencias naturales de las obras de alumbramiento de aguas subterráneas.

2ª) que goce de la suficiente capacidad de capitalización o de endeudamiento como para sostener el ritmo de inversiones que demanda su adecuada conservación.

Si se acude a métodos de prestación indirecta cabe pensar en las siguientes modalidades de gestión:

La constitución de una comunidad de usuarios, encargada de la administración del canal.

La concesión a una empresa a resultas del establecimiento del servicio público de transporte de aguas.

La concesión a una empresa especializada en la gestión de este tipo de servicios públicos, que, en Canarias, es por ahora el sistema más usual de gestión indirecta de los servicios municipales de abastecimiento y distribución de agua potable.

La prestación del servicio por una empresa pública constituida al efecto, que ha sido el método elegido en Tenerife al objeto de gestionar la infraestructura hidráulica insular de carácter público (BALTEN).

Sea cual fuere el sistema elegido, lo que parece pertinente es expresar la necesidad de que, de alguna manera, se establezcan procedimientos que estimulen el ahorro de agua; si se unifican, por ejemplo, la tasa de pérdidas con el canon de trasvase, será el gestor del canal el primer beneficiario y, por tanto, el más interesado en limitarlas (esto es, si el propietario o concesionario de un canal está autorizado a cobrar sólo un precio único e indivisible por su servicio -con independencia de cuáles sean las mermas de agua que se produzcan en sus instalaciones-, tendrá interés en limitarlas en tanto cuanto pueda, porque todas las que sufran sus canales gravitarán directamente sobre su cuenta de resultados).

La ocasión que supone la finalización de las obras de reparación general que en la actualidad se están iniciando puede suponer una oportunidad excelente para plantearse la forma definitiva de gestión del sistema de canales públicos de la isla.

SECCIÓN VI.3.

NORMAS.

¤VI.3.1.- El servicio público de transporte de agua.

La Ley 12/1990 contempla la organización del trasvase hidráulico en función principalmente del establecimiento del denominado servicio público de transporte de agua (Capítulo V de su Título V).

Esta declaración compete al Consejo Insular de Aguas, pero dentro del Plan Hidrológico Insular (artículo 95). Y habrá de venir precedida por el diseño de las redes destinadas a la prestación del servicio, redes que tendrán que constituir sistemas completos de conducciones referidas a una o varias zonas, de manera tal que sea posible el transporte de los caudales desde el lugar de producción hasta donde vayan a ser aprovechados por sus usuarios (artículo 99). Mas se excluyen expresamente de ellas las que en esta Memoria se denominan canales "particulares", esto es, en términos generales, los que se dedican en exclusiva al trasvase de las aguas de sus propietarios o los que pertenecen a sus usuarios (a los usuarios del agua trasvasada). Lo que parece querer distinguir la Ley es, por tanto, el "autotransporte" (es decir, la actividad de quienes canalizan sus propias aguas) de la función comercial de transportar caudales ajenos, para implantar el servicio público sólo en relación con esta última.

Es clave en esta concepción el hecho de que, por imperativo de la propia Ley, el servicio público en cuestión debe prestarse necesariamente en forma de gestión indirecta mediante su concesión, bien, con carácter preferente, a los propietarios de los canales integrados en dichas redes o bien, subsidiariamente, a quienquiera que resulte adjudicatario del correspondiente concurso público (artículo 100).

Pero, en definitiva, el establecimiento del servicio de transporte de agua es facultad discrecional del Consejo Insular de Aguas: Los Consejos Insulares de Aguas establecerán, dentro de cada Plan Hidrológico, el servicio de transporte de agua en la isla o en cualquiera de sus zonas en que sea necesario ... (artículo 95.1). La cuestión estriba pues en dilucidar si su establecimiento es o no conveniente para La Palma.

Como ha quedado dicho ya en este mismo capítulo, contra lo habitual en otras islas, en La Palma no se ha desarrollado verdaderamente la empresa privada de canalización de aguas. Con pocas excepciones, las conducciones que se dedican a trasvasar aguas ajenas suelen ser de propiedad pública.

Así que, en la isla, las redes de transporte de agua diseñadas en los términos de la Ley 12/1990 habrían de integrar necesariamente a los grandes canales generales de propiedad pública y, si acaso, a alguna que otra conducción privada de importancia secundaria. Con lo que, en definitiva, la declaración del servicio público no entrañaría otra consecuencia que la de que los canales públicos habrían de explotarse mediante gestión indirecta, y a través de su concesión a los dueños de los canales de propiedad privada integrados en ellas.

Sin embargo, se entiende que, caso de que en la isla se llegara a estimar la conveniencia de gestionar en forma indirecta la red pública de canales, la selección de los concesionarios debiera practicarse en función de méritos del concesionario más en consonancia con la función que va a desempeñar, tales cuales su experiencia en la gestión de ese tipo de servicios, su capacidad técnica, su solvencia económica, las tarifas del servicio que llegara a ofertar y factores semejantes, y no de si es o no previo propietario de determinada conducción que haya sido integrada en la red del servicio.

Con lo cual, se acaba, en definitiva, por no encontrarse razones que hagan recomendable la implantación del servicio público de transporte de agua en La Palma.

¤VI.3.2.- Las condiciones de prestación del servicio de transporte.

Sea como fuere, el que no se recomiende la declaración de dicho servicio público no significa que se entienda que la función de transportar aguas ajenas pueda o deba dejarse a la iniciativa privada en condiciones de total libertad. Esta actividad es de "monopolio natural", de modo que, en las relaciones comerciales que origina, su titular goza de una posición de dominio de la que pueden derivarse situaciones inconvenientes para los usuarios y el público en general.

Así que en las normas de este Plan se establecen medidas en orden a atajar esa posibilidad: en primer lugar, en cuanto al precio del servicio (que estará siempre sometido al régimen de precios máximos del artículo 113 de la Ley 12/1990) y, en segundo término, tasando el porcentaje de pérdidas de agua que puede cargarse en él. En todo caso, se estipula la obligación de declarar los canales que presten el servicio de transporte de caudales que no sean de sus propietarios.

En último extremo se proponen alguna medida relacionada con el control de eventuales fenómenos de contaminación en canales por mezclas de aguas, fenómenos que aunque hasta ahora no han provocado -que se sepa- mayores problemas en La Palma, pueden ocasionarlos en cualquier momento.

¤VI.3.3.- Otras normas.

Por lo demás, se aportan un conjunto de prescripciones relativas a la servidumbre de acueducto que siguen muy de cerca lo establecido a este propósito por el Reglamento del Dominio Público Hidráulico del Estado (Real Decreto 849/1986) y que no entrañan particularidades de mayor relieve.

Ver anexos - páginas 16355-16356

CAPÍTULO VII

EL ALMACENAMIENTO DE AGUAS

Todas las consideraciones y datos del presente capítulo se refieren a la infraestructura de almacenamiento que forman los depósitos descubiertos, esto es, con expresa exclusión de los cubiertos o vinculados a los servicios urbanos de suministro de agua potable, a los que, por su parte, se presta atención en el capítulo X de esta Memoria. Ni que decir tiene que, descartados estos últimos, el sistema de almacenamiento que aquí se considera tiene a la agricultura de regadío como su único destino, o poco menos.

En la isla, este sistema almacenamiento de agua presenta tres características: 1ª, en su mayor número lo ha erigido la iniciativa de los particulares a sus exclusivas expensas o con subvenciones públicas; 2ª, está formado principalmente por embalses o estanques de reducida o muy reducida capacidad, pero en extremo numerosos; y, 3ª, salvo excepciones se aplica a la regulación anual de caudales de origen subterráneo.

La función y utilidad de este sistema se analiza en el capítulo IX de esta Memoria. De momento, baste decir al respecto que los altibajos estacionales de la demanda de agua -que no de su oferta, porque las aportaciones a lo largo del año de las galerías insulares resultan por lo común sumamente regulares o estables- representan su principal razón de ser. Con él se persigue en definitiva almacenar los caudales sobrantes en el invierno para su aprovechamiento estival.

El desarrollo de la explotación hidráulica insular, a costa casi exclusivamente de la iniciativa y las aguas privadas, ha propiciado las referidas características. Al haberse levantado por el impulso individual de miles de pequeños o medianos agricultores, nada de singular tiene que su conformación definitiva destaque por su atomización y dispersión.

Sólo a partir de la década de los 80 ha llegado el sector público a implicarse en este sector de la inversión hidráulica insular. En primera instancia, mediante la construcción de un concreto embalse -la Laguna de Barlovento-, iniciado en 1975 y destinado a captar y regular aguas superficiales; más adelante, con la ejecución de algunas balsas para almacenar las aportaciones de origen subterráneo.

SECCIÓN VII.1

DESCRIPCIÓN DE LA INFRAESTRUCTURA DE ALMACENAMIENTO DE AGUA.

A efectos de concretar las cifras básicas del sistema de obras de almacenamiento de agua de la isla, en mayo de 1988 se llevaron a cabo trabajos de inventario que condujeron a la redacción del denominado "Catálogo de depósitos de almacenamiento de aguas de la isla de La Palma".

Supusieron dichos trabajos el primer estudio practicado en la isla al objeto de determinar las características de sus depósitos y estanques. A cuyo fin, se partió del directo reconocimiento de una muestra de ellos; para lo cual se revisaron ochenta de Los Llanos de Aridane. Obtenidas sus dimensiones básicas, se dispuso de series de valores de la superficie de su lámina de agua y de su volumen útil; de modo que, con arreglo a las series de parejas de valores obtenidas, pudieron estimarse las ecuaciones de las rectas de regresión mínimo-cuadráticas correspondientes a los tres tipos característicos de estanques o depósitos de la isla: circulares, rectangulares e irregulares.

Así que haciendo uso de cartografía digitalizada de la isla, se determinó la superficie de cada uno de sus depósitos descubiertos, tras lo cual, por aplicación de las funciones de regresión previamente obtenidas llegó a estimarse la capacidad de todos ellos, según se resume en el siguiente cuadro.

Ver anexos - página 16358

e recogen en el cuadro anterior los estanques, depósitos, balsas o embalses de cada término municipal, con expresión de los datos relativos a su número y sus capacidades conjuntas.

Es de resaltar, que la capacidad media de almacenamiento de agua de la isla representa alrededor del 20% del volumen anual de su demanda hídrica (un 15% si se prescinde de La Laguna de Barlovento). Esta ratio se mantiene, poco más o menos, constante entre sus diversas zonas (como puede suponerse, donde hay una especial concentración de capacidad de regulación es porque hay una mayor demanda hídrica) y es francamente alta: en Tenerife, por ejemplo, el mismo promedio no alcanza el 8%.

La mayoría de estos depósitos tienen una capacidad reducida o muy reducida. De los 5.917 contabilizados, sólo poco más de 2.000 superan la cabida de 1.000 m3. Pero los que la sobrepasan, aunque representan apenas un tercio del total, suman un volumen global cercano al 98% del conjunto. En el siguiente cuadro se sintetiza la información relativa a ellos.

Ver anexos - página 16359

e estos dos millares de depósitos, una docena son relativamente singulares por sus dimensiones, que les permite escapar a su clasificación como estanques para entrar en la de embalses o balsas. Entre ellos se cuenta la totalidad de las obras de regulación construidas por el sector público durante los últimos años. Ordenados de mayor a menor capacidad, son los que se recogen el cuadro de la siguiente página.

Ver anexos - página 16360

Por otra parte, del total de los 5.917 depósitos catalogados, por su forma en planta, 1.178 son circulares; 3.144, rectangulares; y 1.595, irregulares.

Los muros de los estanques son, por lo general, de gravedad y de sección trapezoidal. Suelen estar construidos con mampostería hormigonada y enlucida interiormente al objeto de mejorar sus condiciones de impermeabilidad. Los estanques de hormigón armado abundan relativamente.

La altura útil media de los estanques circulares es de 4,5 m, semejante en todo a las de los irregulares y rectangulares, que ascienden a 4,5 m y 4,3 m, respectivamente.

La superficie total en la isla de la lámina de agua de sus depósitos y embalses es de 1,90 km2 (0,64 km2 en la vertiente oriental, 1,26 km2 en la vertiente occidental y 1,14 km2, en concreto, en el valle de Aridane) cifras que tienen su importancia, porque sobre ella (sobre dicha lámina) actúa la evaporación atmosférica. En ¤III.1.3 se aportaron datos experimentales del SPA-15 a propósito de la evaporación en lámina libre en la isla: unos 1.500 mm/año en La Viña (Los Llanos de Aridane, junto al cauce del barranco de Las Angustias) y 1.200 mm/año en Barlovento.

Para estimar las pérdidas por evaporación en depósitos, se ha utilizado el valor medio de 1.200 mm/año (próximo al referido máximo valor de 1.500 mm/año obtenido en La Viña), que puede verse como una cifra razonable si se atiende al hecho de que los depósitos se emplazan principalmente en las zonas de regadío, es decir, en las más cálidas y donde la evaporación es mayor, pero también que las máximas cifras aludidas deben minorarse un tanto, en consideración a que, durante ciertos períodos de tiempo, los depósitos puede o suelen quedar vacíos (sobre todo a finales del verano y comienzos del otoño).

Con arreglo a lo cual, y teniendo en cuenta además las aportaciones que suponen las lluvias caídas directamente sobre los depósitos, las perdidas netas de agua por evaporación pueden estimarse en 1,6 hm3/año (0,6 hm3/año en la vertiente occidental y alrededor de 1,0 hm3/año en la oriental, cifras estas que representan alrededor del 4% de la demanda hídrica de aquélla y del 3% de ésta).

SECCIÓN VII.3.

DESARROLLO DE LA INFRAESTRUCTURA DE ALMACENAMIENTO DE AGUA.

Incluso siendo relativamente alta para los estándares habituales en Canarias -conforme se acaba de explicar en la anterior sección-, la capacidad de regulación de la isla, todavía resulta escasa, tal cual se justificará en el próximo capítulo IX de esta Memoria (¤IX.4.4). De modo que se ha practicado un inventario de los embalses que, en un futuro a medio plazo, pueden o deben ser promovidos en la isla al objeto de conseguir el mejor aprovechamiento de sus recursos hídricos. En su mayoría, obedecen a propuestas anteriores a este Plan Hidrológico Insular (incluso, en muchos casos, sus proyectos o anteproyectos están disponibles desde bastante tiempo), aunque de momento no se ha decidido su construcción o ésta no ha comenzado.

Todas las obras consideradas son de iniciativa pública. Cabría preguntarse por qué ha de ser así si el impulso relativo a la creación de la infraestructura de almacenamiento en la isla ha sido patrimonio tradicional de la privada. La respuesta a esta cuestión es simple: tales obras no son abordables por los particulares por razón de sus fuertes exigencias técnicas, financieras y de disponibilidad de terrenos (en la mayoría de los casos, para ejecutarlas será menester expropiar los terrenos de su emplazamiento). En realidad, lo que la iniciativa privada puede hacer es procurarse capacidad de almacenamiento de agua a su estilo, es decir, mediante los consabidos pequeños estanques emplazados en las mismas fincas de riego; mas eso tiene tres inconvenientes principales: dichos estanques son de pequeña altura, y por ende, consumen mucho suelo (más de 100 ha en el valle de Aridane, superficie que no representa una bagatela precisamente); por su misma pequeña altura, pierden una alta proporción del agua que se deposita en ellos por causa de la evaporación; y, en último término, son mucho más costosos (por m3 almacenado) que los embalses de capacidad media o grande.

A propósito del coste de este tipo de infraestructura, es menester destacar sus apreciables economías de escala. Puede comprobarse este hecho incluso con los propios datos que se aportan más adelante en relación con el coste de ejecución de los embalses propuestos. Cabe observar, en efecto, cómo el coste/m3 embalse se presenta con clara tendencia a crecer a medida que se pasa desde los más grandes, que pueden costar entre 1.000-1.500 ptas./m3 de capacidad útil, a los más pequeños, que rondan las 3.000 ptas./m3 (el caso de la Viña es inválido para este tipo de comparaciones por corresponder a una obra destinada a la captación de aguas superficiales en condiciones topográficas, geológicas e hidrológicas sumamente complejas, lo que la convierte en una actuación especialmente costosa).

En definitiva, dentro del siguiente cuadro se facilita la relación de los embalses en cuestión y de sus más importantes características. Inmediatamente a continuación de él se aportan algunos detalles adicionales sobre sus circunstancias constructivas o de explotación.

Ver anexos - página 16362

alsa de Bediesta.

Proyecto redactado y pendiente de adjudicación desde febrero de 1997 por parte del Ministerio del Medio Ambiente. Las obras consisten en una balsa situada aguas abajo de la balsa Adeyahamen y servirán para completar la regulación de los manantiales de Marcos y Cordero.

La balsa se formará con un dique de escollera que cierra un barranco, alcanzando una capacidad de almacenamiento de 225.000 m3. La salida de la balsa se conecta con la red de riego existente y que parte de la balsa situada aguas arriba.

Presupuesto estimado: 850 Mpts.

Balsa de La Galga.

Obra promovida por el ayuntamiento de Puntallana. Proyecto redactado a petición de la Consejería de Agricultura.

Se formará mediante un depósito situado dentro del cauce de un barranco afluente del Cubo, en el término municipal de Puntallana, en cota de 595 m. El cierre se realizará con un muro de 15 m de altura y su vaso se impermeabilizará en su totalidad (fondo y paredes) con lámina de PEAD. Su capacidad será de 50.000 m3 y se llenará con agua de galerías de la zona y escorrentía del propio barranco. Se incluye en el proyecto una red de riego que conecta con la zona agrícola del casco de La Galga.

Presupuesto aproximado de 150 Mpts.

Balsa de Llano Remón.

Balsa que se formará mediante el cierre de un barranco con un dique de tierras de 15 m de altura. Se alimentará con aguas de galerías de la zona. Las paredes interiores del embalse se impermeabilizarán con lámina de PVC.

Su capacidad será de 120.000 m3. En su proyecto se incluye una red de riego que conecta con la zona agrícola denominada "El Granel".

Presupuesto estimado: 150 Mpts.

Balsa del Aeropuerto de Buenavista.

La dificultad de disponer de suficiente capacidad de regulación en la zona del Valle de Aridane obliga a buscarla en zonas próximas que puedan interconectarse fácilmente con él (a través del túnel de trasvase Este-Oeste).

La existencia del antiguo aeropuerto de Buenavista (cota 410), en la actualidad fuera de servicio permite plantear el acondicionamiento de su cabecera Norte para emplazar una balsa con capacidad rondando el 1.000.000 de m3, para alimentarla con los excedentes del canal Barlovento Fuencaliente, que pasa sobre la cota de 450 m.

El agua almacenada durante el invierno podrá ser enviada al valle mediante un bombeo de poco desnivel hasta la boca de entrada del túnel de trasvase.

En el proyecto deberá de cuidarse el aspecto del impacto visual de la balsa, dando un tratamiento adecuado a la plantación en los taludes de los diques de cierre.

Presupuesto estimado: 1.200 Mpts.

Balsa de Breñas (Beltrán).

Obra solicitada por la comunidad de regantes de las breñas y el Ayuntamiento de Breña Baja. Consiste en el cierre (en la cota 350) de un barranco del término municipal de Breña Baja. El depósito tendrá una capacidad de almacenamiento de 45.000 m3. Su llenado se hará a través de la conducción de salida de la Balsa de Aduares y su salida se conectará a la red de canales situados en la zona limítrofe de los municipios de Breña Baja y Mazo.

Presupuesto estimado: 120 Mpts.

Balsa de cola del canal Barlovento-Fuencaliente.

Solicitada por la Comunidad de Regantes y el Ayuntamiento de Fuencaliente. Se dispone de un estudio previo.

Se sitúa en las proximidades del extremo final del canal Barlovento-Fuencaliente, en cota de 350 m sobre el nivel del mar. Constituirá la cabecera de una red de riego de la Comunidad de Fuencaliente. Su capacidad estimada es de 500.000 m3. Se llenará desde dicho canal, previéndose una pequeña central hidroeléctrica para el aprovechamiento del salto de 80 m de desnivel que existirá entre el canal y la balsa. Ésta se conformará mediante una excavación de una ladera y la construcción de un terraplén de 21 m de altura. El vaso se impermeabilizará con lámina de PVC o de PEAD.

Presupuesto estimado: 650 Mpts.

Balsa de La Rosa.

Corresponde a un proyecto redactado por la Consejería de Obras Públicas, Vivienda y Aguas dentro del sistema hidráulico de La Viña. Consiste en una balsa de 900.000 m3 situada al pie de la montaña de La Rosa. El cierre del vaso se realiza con un dique de material suelto de 20 m de altura.

El dique de la balsa se impermeabilizará con lámina de polipropileno. Su llenado se efectuará con aguas del trasvase Este-Oeste o de un futuro trasvase de las aguas derivadas en el Barranco de Las Angustias.

Presupuesto estimado: 950 Mpts.

Balsa de Hermosilla.

Balsa que se situará en el Barranco de Hermosilla (afluente del de Tenisca), en cota de 520 m sobre el nivel del mar. Su alimentación provendrá, previo un pequeño bombeo, del canal de Las Haciendas de Argual y Tazacorte (cota 380) o desde el trasvase Este-Oeste (tomándose las aguas en la misma boca de salida).

El dique de cierre está previsto de escollera e impermeabilizado interiormente con lámina de PVC o PEAD. Tendrá capacidad de almacenamiento de unos 400.000 m3. Se tiene prevista su conexión con el canal Garafía-Tijarafe, que actuaría como red de distribución de la balsa.

Presupuesto estimado: 500 Mpts.

Embalse de La Viña.

Es una obra que formará parte del sistema de aprovechamiento de las aguas superficiales del Barranco de Las Angustias. En el momento de redactarse estas páginas se encuentra en fase de licitación el concurso para contratar la redacción de su proyecto (ya hay un anteproyecto disponible). La descripción del sistema está expuesta en páginas anteriores de esta Memoria (¤III.4.4.-). El embalse inicialmente previsto tendrá un capacidad de 2 hm3.

Presupuesto: 2.500 Mpts.

Balsa de Vicario.

Constituye una obra solicitada por el Ayuntamiento de Tijarafe. Consistirá en una balsa de planta arriñonada emplazada en la ladera de El Time, en la cota de 410 m. Estará formada por un dique de 18 m de altura, del que, junto a la excavación correspondiente, se obtendrá un volumen de almacenamiento de 2 hm3. Se llenará desde el canal Garafía-Tijarafe y estará conectada al embalse de La Viña. Está prevista una impermeabilización mediante lámina PEAD y será menester disponer un bombeo de 100 m de desnivel para reenviar sus aguas de nuevo al mismo canal.

Presupuesto estimado: 1.500 Mpts.

Balsa de Montaña del Arco.

Hay un proyecto técnico redactado por la Consejería de Agricultura dentro del Plan de Balsas de la isla de La Palma. Consistirá en un depósito con muros de cierre de hormigón armado y una capacidad de 44.000 m3, emplazado en la cota de 850 m. Al parecer, no están claras sus posibilidades de llenado, por lo que se ha retrasado la decisión de contratación de sus obras.

Presupuesto estimado: 120 Mpts.

Balsa de la Jara.

Obra prevista para el aprovechamiento de las aguas superficiales de los barrancos de Carmona y Los Hombres, en el municipio de Garafía. Su capacidad será de 300.000 m3 y se emplazará en cota de 650 m sobre el nivel del mar, de modo que sus aguas podrán conducirse por el canal Garafía-Tijarafe, a partir de su inicio en el túnel de Carmona.

Las obras correspondientes a esta balsa y a sus azudes y túneles se definieron con ocasión de redactarse el proyecto Garafía-Tijarafe.

Presupuesto previsto para la balsa: 420 Mpts.

(El coste de la obra completa, con sus tomaderos y túneles, asciende a 958 Mpts).

Balsa de Los Galguitos.

Se construirá mediante una excavación en ladera y un cierre con dique en terraplén y revestimiento interior de geomembrana en una vaguada situada en cota de 485 m sobre el nivel del mar. Servirá como regulador del riego nocturno y como dispositivo de reserva para el verano. Capacidad: 300.000 m3.

Se llenará con aguas procedentes del canal Barlovento-Fuencaliente o con las de galerías de la zona. Su conexión con las redes de riego será fácil a base de aprovechar conducciones ya existentes.

Presupuesto previsto para la balsa: 150 Mpts.

Balsa de la Montaña Tenagua.

La galería Salto de la Baranda tiene una red de riego muy consolidada que discurre hacia el Lomo de Tenagua (Puntallana). La galería tiene un cierre que regula la salida del agua en invierno, pero el agua de los períodos húmedos no se puede aprovechar por falta de capacidad de regulación en la zona.

Se proyecta, por tanto, una balsa de 80.000 m3 de capacidad con dique de cierre en terraplén y revestimiento interior de geomembrana.

Presupuesto previsto para la balsa: 120 Mpts.

Balsa de San Antonio.

Dentro del aprovechamiento de las aguas superficiales de los barrancos de Magdalena, Luz, Franques, Fernando Oporto, Atajo, Briestas y Mejeras se tiene prevista una balsa denominada de San Antonio para alimentar el canal Garafía-Tijarafe. Se situará en cota de 620 m sobre el nivel del mar y tendrá capacidad de 400.000 m3.

Presupuesto previsto para la balsa: 400 Mpts.

Balsa de El Jurado.

Prevista para el aprovechamiento de la escorrentía del Barranco del Jurado. Se proyecta un pequeño azud con desarenador y un depósito de 20.000 m3, situado en cota de 570 m, en una margen del cauce, depósito que se conectará con el canal Garafía-Tijarafe.

Presupuesto previsto para la balsa: 60 Mpts.

Balsa de Todoque.

Situada en las inmediaciones del barrio de Todoque, en el municipio de Los Llanos de Aridane. Consiste en una balsa de 200.000 m3 de capacidad que se alimentará del canal de Dos Pinos, con posibilidad de aprovechar los excedentes de escorrentía captados por los tomaderos del Barranco de Las Angustias del Heredamiento de las Haciendas de Argual y Tazacorte. Su cota será de 305 m sobre el nivel del mar.

Se tiene previsto proyectarla de escollera e impermeabilización a base de lámina de PVC o PEAD.

Presupuesto previsto para la balsa: 320 Mpts.

Ver anexos - página 16365

ECCIÓN VII.4.

NORMAS.

La Ley de Aguas 12/1990 establece el principio de libertad de la iniciativa privada para promover obras de almacenamiento de aguas, pero sometida a dos condiciones: la de suministrar la información que solicite la Administración sobre las características de las instalaciones y el destino de las aguas y la de obtener autorización para la ejecución de depósitos con capacidad superior a los mil metros cúbicos o altura mayor de cinco metros y para los destinados al servicio de terceros (artº. 208).

En cuanto a la obligación de informar sobre el destino de las aguas, es de suponer que obedece a la necesidad de establecer un control administrativo de lo que se ve como un servicio público. En realidad, al margen del que prestan los embalses de carácter público, el almacenamiento de agua en favor de terceros, si existe como actividad comercial, resulta sumamente raro en Canarias y, tanto más, en La Palma. No obstante lo cual, en las normas del Plan se recoge alguna medida dirigida a asegurar la igualdad, generalidad y transparencia de su oferta y prestación.

Para ello, se impone el principio de no-discriminación entre los demandantes del servicio, de modo que éste no podrá ser denegado más que por causas objetivas: estar ya completa la capacidad del depósito o la mala calidad de las aguas que se pretendan depositar.

Del mismo modo, se confiere al Consejo Insular de Aguas la capacidad de prohibir el almacenamiento de aguas en depósitos destinados al servicio de terceros por la misma razón de la baja calidad de las aguas que se pretendan depositar. Se pretende con ello poner medios en evitación de que alguien intente mejorar la calidad de sus caudales a base de mezclarlos con otros mejores almacenados en el mismo depósito.

Por lo que concierne a la necesidad de autorización para las obras que superen determinadas dimensiones, sin duda que su implantación tiene que ver con la seguridad constructiva de obras con cierta -o alta- potencialidad destructiva caso de producirse fallos en ellas, y con esta perspectiva se articula en la normativa del Plan. Las normas se refieren por tanto a este aspecto del problema, estableciéndose unas reglas muy generales sobre la documentación que debe presentarse con miras a obtener la autorización de un depósito.

CAPÍTULO VIII

LA PRODUCCIÓN INDUSTRIAL DE AGUA

Con arreglo a lo dispuesto en la vigente legislación hidráulica, la producción industrial de agua es una competencia reservada al Gobierno de Canarias y al Plan Hidrológico Regional, al cual, que no a los planes hidrológicos insulares, corresponde la definición de la política relativa a la materia para todas y cada una de las islas del Archipiélago.

El artículo 91.3 de la Ley 12/1990 reza, en efecto, que Çel Gobierno de Canarias, sobre la base de las condiciones concretas de cada isla y cada zona, desarrollará el mandato expresado en el apartado uno, señalando en el Plan Hidrológico Regional las condiciones técnicas, plazos y demás características necesarias para la implantación de sistemas de producción industrial. Se arbitrarán, asimismo, las medidas transitorias que procedan para adaptar situaciones anteriores a la entrada en vigor de la presente LeyÈ.

Y entre las materias comprendidas en el Plan Hidrológico de Canarias, la misma Ley 12/1990 se refiere, precisamente, a la "política de producción industrial de aguas" [artículo 33.1.e)].

El Plan Hidrológico de Canarias se encuentra en fase de redacción, y más adelantada que la del presente Plan Hidrológico Insular. Debe entenderse, por consiguiente, que en lo concerniente a la producción industrial de aguas: el contenido de la presente planificación es puramente informativo, provisional (en tanto se aprueba el Plan Hidrológico de Canarias) y sin ningún valor obligatorio, y bajo este concepto debe aceptarse lo expresado en esta memoria y en sus programas de inversiones. No recoge, en todo caso, propuesta de normativa, cuya formulación corresponde al referido Plan Hidrológico de Canarias.

En Canarias se practican con relativa asiduidad tres modalidades de suministro industrial de agua: la desalación de aguas del mar, la de aguas salobres provenientes de pozos y galerías y la reutilización de las aguas residuales urbanas depuradas.

La Palma y La Gomera son las dos únicas islas del Archipiélago que por el momento no han precisado recurrir a la desalación de agua marina para asegurar su normal suministro de recursos hidráulicos6 (Hay, en realidad, pequeña planta desaladora de unos 1003/día de capacidad en una instalación hotelera de Puerto Naos, pero se ha dispuesto como sistema de reserva, y de momento no parece que sea necesario su concurso para asegurar el abastecimiento del hotel). No es previsible que la presente situación de suficiencia de los recursos alternativos a la desalación vaya a cambiar substancialmente en un futuro a medio plazo, de modo que en el presente Plan Hidrológico Insular, desde un principio se ha optado por descartar cualquier opción relativa a la desalación de agua del mar.

SECCIÓN VIII.1.

LA REUTILIZACIÓN DE AGUAS DEPURADAS.

Lógicamente, la posibilidad de aprovechar las aguas depuradas está por completo supeditada al hecho de que se cuente con los correspondientes servicios de alcantarillado y de depuración de las aguas residuales urbanas. En la isla, y de momento, estos servicios no están muy desarrollados (capítulo XI de esta Memoria): únicamente las ciudades de Santa Cruz de La Palma y Tazacorte cuentan con redes relativamente completas de evacuación de aguas residuales. Los cascos urbanos de Los Llanos de Aridane, Puerto Naos y San Andrés y Sauces disponen de sistemas parciales de alcantarillado. Hay algunas redes de saneamiento más: Fuencaliente, San Andrés y Sauces, Los Cancajos ..., pero carecen de depuradoras, no funcionan o su capacidad es insuficiente.

En materia de reutilización, la única instalación en funcionamiento actualmente en toda la isla es la de Tazacorte, cuyas aguas depuradas (junto con parte de las de Los Llanos de Aridane), se destinan al riego de jardines municipales.

En el mismo capítulo XI de este Plan se formulan las directrices de desarrollo de esta infraestructura, dirigidas en esencia a completar los saneamientos de Santa Cruz de La Palma y su entorno (Breña Alta, Breña Baja y Los Cancajos, en Mazo) y los del Valle de Aridane (Los Llanos de Aridane, Tazacorte y El Paso), con el añadido de la ejecución del alcantarillado de Tijarafe.

En todo caso, ha de entenderse que esta forma de aprovechamiento hidráulico entraña costes que obligan a contemplar con cierta prudencia la posibilidad de promover su desarrollo intensivo.

Así, es el caso, por un lado, que la reutilización exige una infraestructura para la distribución de las aguas depuradas de nueva planta en su casi totalidad (dado que para este propósito no pueden -o no deben- emplearse las redes destinadas a la conducción de aguas blancas), lo cual implica unos altos costes de inversión. Demanda, además, tratamientos terciarios, relativamente costosos, y, dado que las estaciones de depuración se emplazan en puntos relativamente bajos, apreciables impulsiones de agua.

Habrá de tenerse en cuenta, además, que, aun depurados, los caudales que salen de los tratamientos de depuración están relativamente cargados de substancias disueltas, porque la depuración elimina sólo una pequeña parte de las que acarrean las aguas residuales. El asunto puede tener su importancia en el Valle de Aridane, donde son ya muy patentes los problemas de contaminación antropogénica de las aguas de su acuífero costero. En esta comarca, regar con aguas depuradas en cotas que no sean muy bajas probablemente incrementará el aporte de nitrógeno a los acuíferos costeros y no provocará mas que un agravamiento de este tipo de contaminación.

Si llegara a prescindirse de la reutilización en agricultura, las aguas depuradas habrán de aprovecharse casi exclusivamente en el riego de zonas verdes urbanas. En otras islas tienen una aplicación importante en el riego de campos de golf, pero no es el caso de La Palma, donde, por lo menos hasta ahora, no existen instalaciones de este tipo.

De modo que con respecto a la reutilización de las aguas depuradas, hoy por hoy la propuesta de este Plan hidrológico consiste en aplicar las aguas depuradas al riego de jardines y parques de los municipios que puedan estar interesados en esta clase de aprovechamiento.

Por lo demás, se aconseja conceder un margen de tiempo a la promoción de los proyectos dirigidos al riego agrícola, a la espera de que el futuro aclare si la situación hidráulica de la isla llega a ser tan desfavorable -en el sentido de que no pueda atenderse su demanda con los recursos convencionales disponibles- como para que sea recomendable recurrir intensivamente a la utilización de sus aguas depuradas. Sólo en este caso cabría considerar la posibilidad de impulsar su aprovechamiento. Así que en los programas de inversiones, los proyectos de esta naturaleza se proponen, pero con bajo nivel de prioridad.

SECCIÓN VIII.2.

LA DESALACIÓN DE AGUAS SALOBRES.

La desalación de aguas salobre representa una modalidad de aprovechamiento hidráulico a la que se suele recurrir en el Archipiélago al objeto de corregir la calidad química de las aguas de galerías y pozos cuando adolecen de un alto nivel de mineralización. Se aplican por lo general procedimientos de ósmosis inversa o de electrodiálisis y, como puede comprenderse, su principal inconveniente radica en su carestía.

Aunque en otras islas es éste un procedimiento al que recurre muy frecuentemente la iniciativa privada, esto es, por los propietarios de galerías y, sobre todo, de pozos, que pretenden mejorar la calidad de sus caudales, en La Palma no ha llegado a promoverse en ningún caso.

Desde luego, en la isla no viene al caso considerar su aplicación en galerías, porque sus aguas resultan ser comúnmente de buena o aceptable calidad química.

No sucede lo propio con los pozos. Ya se dijo en su momento que sus aguas muestran siempre más o menos acusados síntomas de contaminación por intrusión marina a la que, en la parte meridional de la isla, ha de sumarse la de origen volcánico.

Sin embargo, la desalación de las aguas de pozos tiene un claro inconveniente: en la medida en que con su aplicación se anulan los síntomas de la intrusión marina, se fomenta, por lo general, la sobreexplotación del acuífero y el consiguiente agravamiento del fenómeno, con el resultado de que a la mejora de calidad del agua del pozo que cuenta con la instalación de desalación ha de contraponerse el empeoramiento de las que se extraen en las restantes captaciones del acuífero.

En el curso de los estudios de este Plan se ha llegado a considerar la posibilidad de aplicar sistemas de desalación de agua salobre a pozos tales como Amargavinos, Peña Horeb y otros; pero no parece que en la actual situación hidráulica de la isla sea éste el procedimiento más recomendable para incrementar su disponibilidad de recursos hidráulicos.

CAPÍTULO IX

DEMANDAS SECTORIALES

Y BALANCES HIDRÁULICOS COMARCALES

Es propósito de este capítulo estudiar la demanda hídrica en relación con la disponibilidad de caudales en el conjunto de la isla y en cada una de sus zonas. Y tanto por lo que concierne a sus valores actuales como futuros.

Ahora bien, los balances hidráulicos de La Palma muestran una gran dependencia de las contingencias climáticas: aunque la disponibilidad insular de aguas es por lo común francamente estable, la demanda hídrica agraria, por el contrario, varía mucho estacionalmente y de un año para otro, en función de las coyunturas hidrometeorológicas. De modo que se han aprovechado los datos disponibles en un intento de analizar las particularidades estacionales e interanuales de esos balances.

Por lo demás, ha de tenerse en cuenta que en La Palma los recursos hidráulicos se gestionan en régimen de libre mercado y de competencia. Lo que significa que los equilibrios hidráulicos de la isla deben verse como el resultado de la conjunción de ciertas funciones -dependientes del precio del agua- de demanda y de oferta de caudales.

Lo cual significa que al plantear un balance hidráulico de cualquiera de las islas, lo que de manera más o menos implícita se están formulando son determinadas hipótesis a propósito de la posible o probable evolución de la demanda de agua, pero también, e inevitablemente, de la de su oferta, es decir, de los costes de obtención del agua.

La demanda de agua de La Palma depende en forma principal de la agricultura de regadío (especialmente, de la platanera), cuyos frutos concurren a mercados que no conceden muchas oportunidades a la elevación de los precios de sus productos. Lo que lleva a suponer que tampoco habrá mucho margen para los del agua. De modo que se ha procurado plantear las proyecciones futuras de esos balances en términos prudentes con respecto a la futura disponibilidad de caudales.

Porque, sobre todo, se ha intentado evitar especialmente los planteamientos de anteriores intentos de planificación hidrológica para la isla, intentos que llevaron a pronósticos sobre la evolución de la disponibilidad de agua que el transcurso tiempo ha revelado como llamativamente desenfocados.

SECCIÓN IX.1.

ZONIFICACIÓN HIDRÁULICA DE LA PALMA.

¤IX.1.1.- Planteamiento.

Ha de expresarse, de entrada, que la presentación en este capítulo de una división del territorio insular en zonas hidráulicas obedece, precisamente, a consideraciones relativas a la producción y el consumo de agua y a la conjunción de una y otro. Su formulación obedece, por tanto, a factores distintos de la zonificación hidrogeológica incluida en el anterior capítulo V, dependiente de factores relacionados con las estructuras geológicas y la circulación de las aguas subterráneas.

La zonificación hidráulica obedece, pues, a un propósito práctico; se trata de determinar la situación de la oferta de agua en relación con su demanda en cada comarca de la isla, para identificarlas, analizar sus específicas condiciones de equilibrio y calificarlas según sus particulares circunstancias.

Sin embargo, a la hora de llevar a la práctica este análisis se ha de tener presente la situación de la isla: ya en la actualidad hay en ella una fuerte conexión hidráulica entre varias de sus regiones naturales. Este es un hecho que puede verse con cierto detalle en el capítulo VI, dedicado al sistema de transporte de agua de la isla, y que aquí debe ser traído a colación nuevamente. El canal Barlovento-Fuencaliente, por ejemplo, recorre toda la ladera oriental de la isla, desde su extremo norte hasta el vértice meridional. A través de él, por tanto, pueden trasvasarse hacia el sur una buena parte de los caudales producidos en las comarcas que atraviesa, esto es, desde las más húmedas hacia las más secas; con lo cual, por virtud de su interconexión, toda la vertiente puede contemplarse como una unidad desde el punto de vista hidráulico. Lo propio cabe decir de la zona del noroeste, recorrida por el canal Garafía-Tijarafe, y de la zona media de la vertiente occidental, formada por la Caldera de Taburiente, el Valle de Aridane y sus aledaños, atravesada en todas direcciones por un buen número de conducciones de agua.

Así que éstas son, en suma, las concretas tres zonas hidráulicas en que se ha dividido la isla. División que coincide exactamente con la postulada por el Avance del presente Plan, en el que se las denominaba "0" (la del Valle de Aridane), "I" (la noroccidental) y "II" (la oriental).

No obstante, y en atención a la variedad climática propia en toda la dilatada vertiente oriental (zona "II"), ésta, a su vez, se ha dividido en tres subzonas: la nororiental ("IIa"), la central ("IIb") y la meridional ("IIc").

Todo lo cual queda reflejado en el plano IX.1.

Ver anexos - página 16370

IX.1.2.- Datos generales sobre el consumo de agua.

La isla de La Palma es una región de estructura bipolar: el asentamiento de la población y la actividad económica gravitan alrededor de dos centros de atracción: Santa Cruz de La Palma y el Valle de Aridane. Alrededor de Santa Cruz de La Palma se localizan principalmente la actividad administrativa, los servicios (sanidad, comercio, educación ...) y la infraestructura de conexión con el exterior (puerto y aeropuerto). En el Valle de Aridane tiene acogida la principal agricultura de regadío de la isla (sobre todo, el cultivo del plátano). Esta zona (términos municipales de El Paso, Tazacorte y Los Llanos de Aridane) tiene una población de derecho de más de 30.000 almas. La comarca de Santa Cruz de La Palma (Santa Cruz de La Palma, Breña Alta, Breña baja y Mazo), de unos de 25.000. En el conjunto de ambas comarcas se emplazan, por tanto, más de las dos terceras partes de la población de la isla.

La agricultura representa el principal renglón del consumo de agua (90%). En este aspecto, el cultivo de la platanera tiene una importancia absolutamente capital: en la actualidad participa en el 87% de los caudales demandado por el regadío de la isla (esto es, en casi el 80% de la totalidad de su consumo insular de agua). Del 13% restante, un 7% se destina al riego del aguacate. Los restantes cultivos contribuyen a la demanda insular de agua en proporciones ínfimas.

La platanera está situada especialmente en el Valle de Aridane (50% de la superficie) y en la comarca nordeste, correspondiente a los términos municipales de Barlovento y San Andrés y Sauces (25%).

Una vez considerada la agraria, el resto de la demanda hídrica es apenas significativa. El servicio urbano de agua potable (menos del 10% consumo hidráulico global de la isla) puede tener toda la importancia que se quiera en cuanto a servicio público, pero, desde luego, poca por lo que se refiere a su participación cuantitativa en el consumo insular de caudales.

SECCIÓN IX.2.

LA DEMANDA HÍDRICA AGRARIA.

¤IX.2.1.- Cultivos de regadío en la isla y demandas hídricas de regadío.

Los datos relativos al regadío actual de La Palma se han tomado del Avance del Programa de Actuaciones en materia de regadíos en las Islas Canarias hasta el año 2000 (PRECAN 2000), publicado durante el año 1995, y cuyos datos provienen de un estudio realizado durante el año 1993 (con datos de 1992) por Agrimac para la Dirección General de Estructuras Agrarias: Demandas Hídricas Agrarias de la isla de La Palma (en adelante, estudio de "Agrimac").

Acaso llegue a pensarse que los datos de este estudio son antiguos en exceso como para que puedan describir válidamente la actual situación de la agricultura palmera. Suele ser éste un inconveniente inherente a la planificación hidrológica: que parte de sus estudios (sobre todo, los que requieren información al margen de la ofrecida sistemáticamente por los servicios estadísticos) son de tan lenta gestación que sus análisis están basados siempre en realidades bastante sobrepasadas en el tiempo. Sin embargo, en el caso de La Palma esta objeción tiene particularmente poca entidad, porque, como se verá enseguida, la situación agraria de la isla se caracteriza por su marcada estabilidad.

Conforme a los datos del PRECAN-2000, las superficies de cultivos bajo riego en cada una de las zonas y subzonas enunciadas y en la totalidad de la isla son las recogidas en los subsiguientes cuadros. En ellos se reflejan también los consumos hídricos de los distintos cultivos, correspondientes a las aportaciones de agua que, en realidad, les suministran los agricultores.

El establecimiento de estos consumos hídricos se verificó en función de tres circunstancias: la zona agrológica, el método de riego y la cota; la zona y la cota determinan la climatología y en muchos casos el tipo de suelo, además de la calidad de las aguas y los sistemas de su reparto o entrega, factores todos ellos que influyen en el consumo unitario de cada cultivo. Pero como éste depende por añadidura de la apreciación o valoración subjetiva que de ellos hace cada regante, la realidad de los referidos consumos se ponderó mediante una encuesta relativamente entre los propios agricultores.

Ver anexos - páginas 16372-16374

Las demandas hídricas que reflejan los cuadros anteriores corresponden a años climatológicamente normales o medios. En el referido estudio de Agrimac se aportaron también las de años húmedos y secos. Los datos sintéticos referidos a todos ellos quedan recogidos en el siguiente cuadro. Para obtenerlos, se consideró como año seco aquel cuya pluviometría anual tiene una probabilidad del 75% de ser superada; normal, el que disfruta de unas precipitaciones anuales superadas por el 50% de los años, y húmedo, si este porcentaje es sólo del 25%.

Ver anexos - página 16375

os datos que de las páginas anteriores contrastan acusadamente con los presentados en el Avance de este Plan, provenientes de un estudio (Consumos Agrícolas y Necesidades de Riego en las Islas Canarias) acometido en 1985 por Synconsult-Aycasa para la Consejería de Agricultura y Pesca. Las diferencias en cuestión quedan reflejadas en el cuadro que encabeza la siguiente página.

Ver anexos - página 16375

ueden constatarse las apreciables diferencias que se presentan con relación al consumo total de agua y en las dotaciones por hectárea. En el Avance del Plan Hidrológico Insular, éstas son globalmente superiores en más de un 10% a las del PRECAN, aunque en algunas zonas ("I") pueden superar bastante este porcentaje.

Al margen de algún que otro problema estadístico responsable quizá de una pequeña parte de estas diferencias, lo que verdaderamente se pone de manifiesto con ellas es la gran transformación que ha vivido el regadío palmero según avanzaba la década de los 80. Así, en 1986 el 69,1% de la superficie de platanera situada por debajo de los 150 sobre el nivel del mar y el 100% de la situada sobre esta misma cota se regaban a manta; en 1993, estos porcentajes habían descendido respectivamente al 35,4% y al 50% (Agrimac).

El siguiente cuadro muestra la proporción de los distintos sistemas de riego aplicados a la platanera según las zonas en que se ha dividido la isla:

Ver anexos - página 16376

stos últimos años se han caracterizado en la agricultura de la isla por el comienzo del desarrollo de los invernaderos y la proliferación de la variedad gran enana. Actualmente, en las islas hay un fuerte desarrollo de nuevas plantaciones, se estima que como consecuencia de la política de subvenciones de la U.E.

¤IX.2.2.- El consumo de agua de riego.

Tal cual se dijo más arriba, los datos hasta ahora expuestos sobre las demandas hídricas reflejan los requerimientos reales de agua de riego de los cultivos, esto es, los volúmenes de agua que en verdad aplican los agricultores a sus plantaciones. Sin embargo, en ellos no están comprendidas todas las necesidades hídricas de las plantas, porque una parte de ellas queda satisfecha con cargo a las aportaciones naturales de la lluvia.

En 1995 se realizó un estudio en el que se contempló esta circunstancia en relación con la zona "II" de la isla y con referencia al año agrícola 93/94 (Recursos Hidráulicos Sobrantes en la Comarca Oriental de La Palma, de J. J. Braojos y M. Martínez). En el siguiente gráfico se aporta una visión de los volúmenes de agua de riego y de lluvia que contribuyeron a satisfacer la demanda de agua de los cultivos a lo largo de dicho año.

Ver anexos - página 16376

as columnas que constituyen el histograma están divididas en dos tramos: el verde señala la parte de la demanda de agua de los cultivos que queda cubierta con la aportaciones naturales de la lluvia; el azul, la que debe ser satisfecha a base de aportaciones de agua de riego.

Puede observarse que, en las épocas invernales, además de que las necesidades de agua de las plantas disminuyen apreciablemente, las precipitaciones las satisfacen en buena parte.

De lo cual se deriva la marcada estacionalidad que exhibe la demanda hídrica agrícola de la isla.

En total, de la demanda hídrica de los cultivos de la zona, que el año en cuestión ascendió a un total de 25,4 hm3, unos 2,7 hm3 se cubrieron con las aportaciones de la lluvia. Es decir, las precipitaciones satisficieron el 10,7% de las demandas hídricas de la zona. Si este porcentaje se computa para cada uno de los municipios de la zona, se apreciarán sus variaciones en función de las precipitaciones caídas sobre los cultivos. Los datos correspondientes se recogen en el cuadro que sigue.

Ver anexos - página 16377

l año agrícola 1993/94 resultó ser seco, por lo que es de suponer que estos porcentajes habrán de incrementarse significativamente en años normales y tanto más en los húmedos. Suponiendo que el 75% de las necesidades agrícolas de agua correspondientes a los seis meses invernales quedaran satisfechas con las aguas de lluvia (hipótesis que bien puede suponer el techo de lo que las precipitaciones son capaces de aportar a las superficies cultivadas durante un año húmedo), quedaría cubierto algo más del 30% de la demanda hídrica anual.

Habida cuenta, además, de que la vertiente oriental es más seca que la occidental, cabe extrapolar las referidas cifras hasta la conclusión de que en el conjunto de la isla las aportaciones naturales de la lluvia a la demanda hídrica de los cultivos pueden variar entre el 10% para los años secos y el 30% para los húmedos.

Lo cual supone que las precipitaciones aportan anualmente entre 5 y 15 hm3 a los cultivos insulares. El resto (entre 45 y 55 hm3) de la demanda hídrica habrá de suplirse con caudales aportados, ya sean de origen superficial, ya subterráneo.

Que son, poco más o menos, los resultados presentados más arriba (cuadro de "Variación de la Demanda Hídrica en Función de las Lluvias Anuales") entresacados del estudio de Agrimac.

¤IX.2.3.- La evolución del cultivo de la platanera.

Con la gran importancia que en materia de consumo de agua tiene la platanera, las expectativas sobre su evolución representan la dimensión fundamental -casi única- del futuro del problema hidráulico insular. De modo que conjeturar cuál será esa evolución constituye un elemento totalmente primordial de la planificación hidrológica de La Palma.

Hasta principios de la década de los 70, la superficie dedicada en la isla a la platanera era de 1.930 ha (informe final del SPA-15). Este cultivo que venía extendiéndose desde hacía décadas aún gozó de algún año de expansión. Pero a partir de los 80 tendió a estabilizarse.

La producción ha vivido una evolución paralela. Desde 1980 tampoco se han verificado progresos importantes en ella. El gráfico adjunto lo deja ver claramente, tanto en el aspecto a la producción total de plátanos en la isla como a su exportación hacia mercados exteriores.

Desde mediados de 1993, la tradicional reserva del mercado español para el plátano canario desapareció y, dentro de la Unión Europea, fue sustituida por un mercado único y una Organización Común de Mercado (OCM). De modo que desde entonces, el plátano se ha visto obligado a concurrir, en condiciones de libre competencia, con el resto de la producción frutera europea.

Habida cuenta de la escasa capacidad de oferta de que, con respecto a este subsector, gozan las restantes regiones europeas, tal situación sería incluso más favorable que la anterior, a no ser por la presión que, en su empeño por ir ganando cuotas del mercado continental y al amparo de sus notablemente bajos costes productivos, ejerce el plátano del "área dólar".

Ver anexos - página 16378

ara ilustrar lo ajustadas que resultan las posibilidades de exportación del plátano palmero puede aludirse a dos circunstancias.

Por un lado, a la importancia que alcanzan las diferencias entre su producción y exportación, que, más que el consumo interior, dejan ver los volúmenes anuales de excedentes productivos del sector.

En segundo término, a que la estabilidad de las exportaciones palmeras probablemente se ha verificado a costa del lento declinar de la producción correspondiente a las restantes islas del Archipiélago. El gráfico adjunto ofrece una visión de la exportación del conjunto de Canarias desde comienzos de la pasada década junto a la de La Palma. Está claro que si esta isla ha podido mantener sus marcas exportadoras ha sido por virtud a la decadencia de la exportación de Tenerife y, sobre todo, de Gran Canaria. A finales de los 70, esta última isla exportaba más plátanos que La Palma; en la actualidad, menos de la mitad. Y algo menos notorio, pero no muy diferente, ha sucedido con respecto a Tenerife. Así que La Palma, que al comenzar la década de los 80 participaba en el 27% de las exportaciones de plátano canario, está ya bordeando el 40%.

Ver anexos - página 16378

na buena parte del futuro del plátano canario depende en gran manera de las condiciones institucionales que la Unión Europea establezca en defensa de su producción interior y en respuesta al juego de presiones de los productores americanos. Lo que supone que ese futuro queda definitivamente sometido a avatares de decisiones políticas, difícilmente previsibles, relativas a la política agrícola y comercial de la U.E.

En todo caso, en el presente Plan Hidrológico se supone que, en adelante, el plátano disfrutará de condiciones semejantes a las actuales, condiciones que, al menos, han permitido mantener en La Palma las superficies plantadas y los niveles de producción y exportación de las épocas inmediatamente anteriores al cambio de sistema.

A propósito de todo lo cual, merece la pena transcribir el diagnóstico que ofrece el estudio de Agrimac en relación con estos asuntos. En su página 48 se viene a expresar que:

... si el resultado de la aplicación del mercado único es el esperado, se puede prever el mantenimiento de la superficie de platanera que quizá experimente un ligero retroceso debido principalmente al incremento de la extensión ocupada por el casco urbano de las diferentes poblaciones. Esta ligera disminución se verá compensada, en cuanto a producción se refiere, por un aumento de los rendimientos unitarios por la instalación de invernaderos y cambios de variedad.

En ningún caso es previsible el aumento de la superficie de platanera sino a costa de otros cultivos ya sorribados como pueden ser el aguacate hasta una determinada cota, y ello aunque se mantuvieran los precios anteriores, ya que el coste de las sorbidas y los problemas de impacto ambiental que presentan ya no son asumibles en la situación actual.

¤IX.2.4.- La evolución del consumo hídrico de agua.

El propio estudio a que se acaba de aludir sintetizaba de la siguiente manera sus conclusiones con respecto a la evolución en el período 86-93 de la agricultura insular y al consumo agrícola de agua:

- Que en los 6 años contemplados, el consumo hídrico agrario de la isla ha descendido en un 12,68% ya que el consumo de la platanera ha decrecido en un 12,93% sin que su superficie variase sustancialmente, sólo el 0,81%. Por ello la disminución del consumo se ha debido al cambio de método de riego, desde la manta a aspersión principalmente.

- Que se ha mantenido el peso relativo sobre el consumo, de la platanera, del orden del 89%.

- La superficie dedicada a aguacates no ha variado pero sí su consumo al haberse hecho adultas las plantaciones.

- El consumo de la platanera más aguacates representa en todo el período más de un 95% del total.

- Que en el tiempo considerado, en la superficie en riego no ha existido diversificación de cultivos sino tendencia a acusarse el monocultivo tradicional. Tímidos ensayos de piña tropical, flores, frutales tropicales y templados han fracasado con su consiguiente desaparición o lánguida subsistencia.

- La agricultura de autoconsumo reflejada principalmente en el "posible regadío", al igual que en las otras islas, también ha sufrido una disminución en superficie y por tanto en consumo, sin llegar a tener una importancia significativa, del 4,81% ha pasado al 2,66%.

Así que, como se acaba de manifestar, difícilmente cabe esperar aumentos en las superficies cultivadas en la isla. Si acaso, y en el mejor de los casos, sus dimensiones globales se estabilizarán en los valores actuales.

Lo cual significará muy probablemente que la demanda agrícola de agua seguirá en el proceso de decrecimiento que ya se pudo observar en el período comprendido entre 1986 y 1993, por virtud precisamente de los cambios en los procedimientos de riego, que evolucionarán hacia métodos más eficientes, sobre todo al cambiarse el riego a manta por aspersión o riego localizado.

Las estimaciones del estudio sobre Demanda Hídricas de La Palma a propósito de los diferentes aspectos de la evolución de los consumos hídricos agrarios para los años 1997 y 2002 quedan recogidas en los siguientes cuadros.

Ver anexos - páginas 16380-16381

La última columna de la tabla anterior es de elaboración propia y refleja el consumo de agua que se produciría en un hipotético futuro a largo plazo en el que el método de riego de todos los cultivos de la isla fuera el más eficiente posible (de entre los disponibles en la actualidad) por lo que se refiere a su demanda de agua, y en el supuesto adicional de que las superficies bajo riego siguieran siendo las de 2002. De sus cifras puede inferirse cuán escaso margen le quedará al ahorro de agua de riego a partir de ese año.

SECCIÓN IX.3.

LA DEMANDA URBANA DE AGUA.

El consumo no agrícola de agua se ha separado en dos renglones: el urbano y el turístico. Dentro del urbano se englobará el industrial, que, con la sola excepción a la que se hará ulterior mención, se origina en pequeñas instalaciones conectadas a los servicios municipales de abastecimiento de agua. Poco más o menos, al turístico le sucede lo propio, pero la fuerte dinámica que este sector exhibe en Canarias y su capacidad potencial de evolución que aún tiene en La Palma hacen aconsejable su consideración por separado.

¤IX.3.1.- La población y su evolución.

Conforme a los resultados del padrón de 1996, este año La Palma tenía una población de hecho de 81.557 habitantes. El siguiente cuadro muestra su distribución por municipios y zonas.

A su vez, en el cuadro de la siguiente página se presentan los crecimientos del número de habitantes a lo largo en el último lustro (1991-1996), la última década (1986-1996) y el último cuarto de siglo (1970-1996) de cada una de las zonas en que se ha dividido la isla y de ella en su totalidad.

Ver anexos - página 16382

uede verse cómo, a lo largo del último cuarto de siglo, el número de habitantes de sus dos zonas centrales: "0" y "IIa" (valle de Aridane y Santa Cruz de La Palma) ha crecido constantemente, en un proceso que incluso se ha visto acelerado recientemente. Por el contrario, la regiones del norte (zonas "I" y "IIa") y sur ("IIc") tienden a despoblarse, aunque esa propensión aparezca menos marcada en el noroeste (Garafía, Puntagorda, Tijarafe) que en el nordeste (Barlovento, San Andrés y Sauces y Puntallana) por efecto del fuerte crecimiento que ha vivido Tijarafe durante el último período intercensal (seguramente, arrastrado por la potencia de desarrollo del Valle de Aridane).

Ver anexos - página 16383

n general, durante los últimos diez años, la isla ha gozado de un crecimiento poblacional moderado, pero continuo. Desde principios de siglo, ha ganado casi constantemente entre 2.500 y 5.000 habitantes por década. Aumentos superiores sólo se vivieron durante la de los 30 (más de 7.000 habitantes de ganancia neta en el período). Inferiores, en la de los 60 (1.700 habitantes de aumento). En los últimos lustros, sin embargo, esos aumentos parecen haberse amortiguado un tanto: en la década 1986-1996, ninguna de las 5 zonas o subzonas de la isla consiguió superar la tasa anual media acumulativa de crecimiento de la población insular correspondiente a todo el siglo.

Conforme a lo explicado, parece razonable imaginar que, en un futuro a medio plazo, la población insular seguirá creciendo moderadamente y que se mantendrá el proceso de concentración poblacional en las zonas centrales de la isla ("0" y "IIb").

A partir de los datos relativos a las tasas anuales acumulativas de crecimiento del número de habitantes de cada municipio, se han obtenido las de proyección de la población hacia el futuro, a base de promediar las del último lustro, la última década y el último cuarto de siglo, pero ponderadamente, y asignándoles los pesos relativos de 4, 2 y 1, respectivamente.

No obstante, a la zona nordeste se le han incrementado los valores así determinados. Se supone que el proceso de acusada recesión que ha sufrido la población de la comarca se verá un tanto amortiguado merced al esfuerzo que las administraciones canaria y central han realizado ya, y tienen previsto mantener en los próximos años, en pro de la mejora de su eje viario fundamental (carretera C-832). Es de imaginar que el inveterado problema de la zona, que radica en su aislamiento o en lo costoso de sus transportes interiores y de salida hacia el exterior, y que deben ser responsables de una buena parte de su atonía económica, se verán bastante corregidos en el futuro a resultas de estas iniciativas.

Con arreglo a lo cual, las tasas previstas de desarrollo poblacional de cada municipio son las recogidas en la última columna del cuadro que encabeza la página anterior.

Así que las previsiones en materia de población futura serán las reflejadas en el cuadro inmediatamente siguiente:

Ver anexos - página 16384

IX.3.2.- El consumo urbano de agua.

El SPA-15 (1972) evaluó el consumo doméstico de agua en unos 3 hm2/año, lo que, para una población total de 65.291 habitantes, suponía una dotación media insular de unos 125 litros/habitante. Por su parte, en el Avance de este Plan (1992) se computaba según las dotaciones que figuran en el siguiente cuadro. En él se han reflejado también los valores de consumo obtenidos directamente mediante encuesta entre los municipios orientales a cargo del ya mencionado estudio correspondiente al análisis de viabilidad del trasvase de las Breñas al Valle de Aridane (datos que del año hidráulico 1993/94) más los derivados de una encuesta realizada (1998) con cargo al presente Plan Hidrológico.

Son de resaltar en este cuadro las diferencias que se dan entre las dotaciones de la última encuesta (1998) y las de estudios anteriores. Probablemente, su explicación resida en que se hayan contabilizado o no en ellas los caudales que se aplican al suministro urbano mediante autoabastecimiento, esto es, sin intervención de los servicios municipales de suministro de agua potable.

Ver anexos - página 16385

or lo demás, por elevadas, resultan sorprendentes las dotaciones de 1992 relativas a Breña Baja; y, por exiguas, las de Los Llanos de Aridane, Tijarafe y Puntagorda correspondientes a 1998. Desde luego, estas últimas pueden atribuirse a problemas estadísticos relacionados con las citadas prácticas de autoabastecimiento.

(Sea dicho, en todo caso, que en el presente capítulo se han omitido las consideraciones relativas a las pérdidas de agua en las redes de los servicios municipales de abastecimiento y a la eficiencia general de estos servicios, cuestiones que se remiten al dicho capítulo X de la presente Memoria).

Por último, en la última columna de cuadro anterior, se recogen las previsiones sobre el futuro de esas dotaciones. Con ellas -y con las proyecciones de población presentadas anteriormente-, se ha confeccionado el siguiente cuadro donde se refleja el consumo de agua en el renglón del suministro urbano.

Ver anexos - página 16386

n lo que concierne a la distribución en el tiempo de estos consumos, se dispone de los datos relativos a su evolución anual en la vertiente oriental, ofrecidos por el ya varias veces mentado análisis de viabilidad del trasvase de Las Breñas al Valle de Aridane, datos que refleja el gráfico inferior.

Ver anexos - página 16386

uede observarse que la estacionalidad de esta parte del consumo hídrico es bastante menos acusada que la de carácter agrario: la demanda del mes estival de mayor consumo supera sólo en un 5% a la media anual, aunque el consumo del mes de demanda mínima es inferior en un 20% a esta misma media.

En lo sucesivo, la demanda de agua de carácter urbano se estacionalizará mediante su prorrateo mensual en proporción a los consumos de la figura.

Por lo demás, según se comentó arriba, el consumo industrial está englobado dentro del urbano (en particular, los del Aeropuerto de Mazo y del Puerto de Santa Cruz), con la excepción de la central termoeléctrica de la isla (Breña Alta), que se abastece de los pozos "Unelco-Interior 3", "Unelco-Interior 2" y "Unelco-Cuartel". El primero, emplazado muy próximo a la línea de costa, se destina al sistema de refrigeración y ofrece prácticamente agua de mar (conductividad de 33.000 µmhos/cm). El segundo, de 8.260 µmhos/cm) se reserva para situaciones de emergencia. El agua del tercero (1.468 µmhos/cm) se emplea en las zonas ajardinadas. La planta tiene dos pozos más, pero abandonados. En todo caso, dentro de los balances de este Plan se prescindirá de considerar tanto la producción de estos pozos como el consumo que con ellos se satisface.

¤IX.3.2.- El turismo y su demanda de agua.

En las cifras de consumo urbano ofrecidas páginas atrás están comprendidas tanto la demanda de los residentes en la isla como las de sus visitantes. Empero, es menester separar la consideración de una y otra porque las dinámicas de sus evoluciones resultan en extremo diferente. En efecto, al 0,69%, de tasa anual acumulativa de crecimiento de la población residente durante el lustro (1991-1996) cabe contraponerle una de aumento medio del número de visitantes extranjeros de más del 16% en el mismo plazo.

Ver anexos - página 16387

Los comentarios de esta sección se basan exclusivamente en cifras de visitantes extranjeros ya que las estadísticas al uso sólo se refieren a ellos, sin que estén disponibles, por lo común, las relativas al turismo nacional).

El número de turistas extranjeros que, durante estos últimos años, han visitado la isla ha evolucionado desde 89.000 en 1993 hasta 119.000 en 1996. De mantenerse estos ritmos de crecimiento, hacia el año 2000, los turistas llegados a la isla estaría rondando la cifra de 300.000, para, cuatro años más tarde, superar largamente el medio millón de visitantes.

Ver anexos - página 16387

o cual, desde luego, no tiene por qué imaginarse como impensable con arreglo a los patrones habituales en Canarias en esta materia: Lanzarote, con superficie y población bien semejantes a las de La Palma, recibe en la actualidad del orden del millón y medio de turistas extranjeros por año. La media, por otra parte, de llegadas al Archipiélago supera ya los 5 visitantes por cada residente, lo cual asignaría hoy en día a la isla por encima de los 400.000 turistas al año. En este Plan se ha operado sobre una hipótesis relativamente modesta en este aspecto, al suponer unas entradas en el 2002 de unos 250.000 turistas y de unos 500.000 a lo largo de 2006.

La media de las estancias en sus establecimientos hoteleros ascendió en 1996 a 6,5 días, pero tras una rápida caída de esta variable, que ha perdido 1,5 días en sólo tres años. En otras islas es notoriamente superior: verbigracia, durante el mismo período en Tenerife ha oscilado entre 8 y 9 días.

Ver anexos - página 16387

l consumo turístico se ha obtenido con los ya referidos números de visitantes, una estancia media de 8 días y un consumo unitario de 500 litros por persona y día. Lo cual representa demandas respectivas de entre uno y dos hectómetros cúbicos por año. Se considerará, por otra parte, que estos volúmenes se repartirán por igual entre las zonas "0" y "IIb", donde se concentra la mayor parte de los alojamientos de la isla.

En cuanto a la distribución de este consumo a lo largo del año, se hará en razón del número mensual de visitantes reflejado en la figura anterior, cuyos valores se han obtenido promediando las entradas mensuales correspondientes al último lustro. Puede verse que, como es lo común en Canarias, la llegada de turistas extranjeros responde a patrones relativamente estacionalizados, con máximos durante los meses invernales.

¤VIII.3.3.- La demanda hídrica global.

Los cuadros insertos en esta y en las dos siguientes páginas dan cuenta de la evolución de la demanda hídrica total de la isla y de cada una de sus zonas hasta el horizonte final de la planificación. Las cifras relativas al consumo urbano + turístico de 1998 se han tomado directamente de los consumos urbanos que se reflejan en el próximo capítulo X.

Puede verse que, hasta donde alcanzan las previsiones, el consumo de agua desciende primero suavemente y finalmente se estabiliza. Naturalmente, estos resultados no son más que el producto de las hipótesis de partida: estabilización de las superficies bajo riego; disminución de los consumos hídricos unitarios de la agricultura; suave crecimiento de la población de derecho y fuerte crecimiento de las entradas turísticas, pero partiendo estas últimas de cifras tan modestas -para los patrones habituales de Canarias-que su peso en la evolución del consumo global no llega a ser verdaderamente apreciable.

(Es de consignar, en todo caso, que estos consumos se refieren, en primer término, a años de pluviometría media, y a continuación a los húmedos y a los secos).

Ver anexos - página 16388

n cada caso, la demanda de años secos y húmedos se obtendrá manteniendo, en cada año, para la agraria las mismas proporciones que se establecieron para 1992. Por su parte, las demandas urbanas y turísticas se supondrán constantes e independientes de que los años resulten húmedos, normales o secos. Los resultados se presentan en los cuadros de la siguiente página.

Ver anexos - página 16389

su vez, en la figura de la izquierda queda reflejado el desarrollo anual de la demanda global de agua (la representada corresponde a las previsiones para el año horizonte 2002).

Como se ve, por efecto de la fuerte estacionalidad del consumo agrario, la demanda global de agua muestra también una gran variabilidad mensual: el máximo consumo mensual (julio) resulta más de tres veces superior al mínimo (noviembre).

Ver anexos - páginas 16389-16390

SECCIÓN IX.4.

BALANCES HIDRÁULICOS.

En esta sección se confrontan los datos relativos a las demandas hídricas ofrecidos en páginas anteriores con los de capítulos precedentes en relación con la disponibilidad de caudales.

Se inicia con la presentación de los balances hidráulicos anuales, esto es, de los datos agregados anualmente de la demanda y la disponibilidad de agua. En lo tocante a esta demanda, sus cifras se refieren a 1997.

Con posterioridad, esos valores acumulados se desglosan estacionalmente, al objeto de estudiar las particularidades balance hidráulico a lo largo del año agrícola.

En último extremo, los balances en cuestión se proyectarán hacia el futuro, especificándolos para las fechas postuladas como horizontes de planificación (2002 y 2006).

¤IX.4.1.- Balances hidráulicos anuales.

En los cuadros que siguen se ofrecen los balances hidráulicos 1997 correspondientes a los años de pluviometría normal, seca o húmeda; en ellos se resumen los datos correspondientes a la demanda y la disponibilidad de agua de la isla en su conjunto y de cada una de sus zonas.

Se recuerda que, tal cual se apuntó con anterioridad en éste y en anteriores capítulos, año húmedo es aquél que, dentro de la serie de aportaciones pluviométricas anuales, disfruta de unas precipitaciones superadas sólo en un 25% de los casos. Con respecto al mismo porcentaje, sus valores para años normales y secos serán respectivamente del 50% y del 75%.

(Los datos de disponibilidad de agua de los capítulos III y V se ofrecieron con arreglo a las aportaciones de años húmedos, normales y secos. Los datos insertos en los cuadros representan, por tanto, una directa transposición de los allí recogidos).

Ver anexos - páginas 16391-16392

Es de resaltar que, en estos cuadros, las aportaciones de los pozos se han considerado como fijas. Que es precisamente lo que no son en la práctica. Ya se dijo en su momento que el sistema de suministro hidráulico de la isla funciona con dos "reguladores" o "amortiguadores" de las variaciones estacionales: el conjunto de pozos y el de sus depósitos de almacenamiento. En las épocas o situaciones en que aparecen excedentes hídricos, y una vez colmado el sistema de almacenamiento de agua, cesan los bombeos de los pozos. Sin embargo, los datos reflejados en los cuadros anteriores, más que al agua que realmente se bombea en el conjunto de los pozos, se refieren a su máxima capacidad de producción o de oferta hídrica frente a los requerimientos de agua de la isla (¤IV.1.3).

Tal como al respecto puede verse en las cifras de esos cuadros, los excedentes hidráulicos anuales del sistema son, con la sola excepción del Valle de Aridane, substanciales, aun durante los años secos. A su vista, cabría incluso decir que las aportaciones de los susodichos pozos sobran en gran manera. Lo cual está lejos de resultar cierto en la realidad. Porque para entender cómo se ajusta el binomio demanda-disponibilidad de agua, se debe entrar en las consideraciones que constituyen el objeto del siguiente epígrafe.

¤IX.4.2.- Análisis estacional de los balances hidráulicos.

El gráfico inferior refleja, para el caso de año de climatología normal, la evolución anual de la demanda y la disponibilidad hídricas correspondientes al conjunto de la isla.

En él se representan la demanda de agua (línea roja) y su disponibilidad total (línea azul). Al mismo tiempo, la línea verde indica las aportaciones conjuntas de galerías, nacientes y escorrentía superficial. Por tanto, la diferencia entre éstas y la disponibilidad total de agua (es decir, entre la línea azul y la verde) señala la capacidad de aportación de los pozos.

Ver anexos - página 16393

on ayuda de este gráfico puede explicarse, a grandes rasgos, cómo funciona el encaje disponibilidad-demanda de agua en la isla. Desde que llegan las primeras lluvias del otoño -normalmente a partir de octubre- las galerías y los nacientes suministran caudales suficientes como para cubrir la demanda hídrica. Tal estado de cosas se mantiene hasta primavera; con la llegada de ésta y al sobrevenir los meses secos, las aportaciones de galerías y nacientes empiezan a resultar insuficientes para sostener dicha demanda y se hace preciso recurrir al bombeo de los pozos.

Sin embargo, al entrar el verano, es muy probable que ya ni contando con su ayuda (con la de los pozos) resulte posible cubrir la punta de la demanda y cada regante habrá de echar mano del volumen de agua que, durante el invierno y con cargo a los excedentes de caudales de galerías y nacientes, haya podido almacenar en sus estanques. A costa de los cuales deberá sostener el riego hasta que, con la llegada de una nueva temporada de lluvias, disminuyan los requerimientos hídricos de sus cultivos y se vuelve a iniciar el ciclo anual.

En la figura anterior, el área de la derecha encerrada entre la línea roja y la azul (en la zona donde ésta se sitúa por debajo de aquélla) equivale al volumen de agua que debió almacenarse a costa de los excedentes invernales de agua, so riesgo, de otro modo, de que no se cuente con agua para aplicar los riegos estivales exigidos por los cultivos; refleja, por consiguiente, la capacidad de almacenamiento hídrico de que es necesario disponer para asegurar el regular abastecimiento de la isla. En estas páginas, se la denominará déficit estival.

En el mismo gráfico anterior, el área de la izquierda encerrada entre la línea verde y la roja (donde ésta se discurre por debajo de aquélla) refleja el volumen excedentario de agua del invierno, agua que, de no almacenarse, acabará vertiéndose a los barrancos. Se la llamará superávit invernal.

En lo que este superávit supere a la capacidad de almacenamiento existente en la realidad constituirá, pues, un sobrante de agua que acabarán necesariamente en los barrancos. (Del mismo modo, la parte de este superávit que sobrepase al déficit estival representará también un sobrante, porque, aunque pudiera almacenarse, no se utilizaría al sobrepasar la necesidad de agua del verano.)

Lo cierto es que lo reflejado en la figura anterior deriva de un análisis teórico que tal vez no deba tomarse muy a la letra. La isla no funciona hidráulicamente como una perfecta unidad, como un todo integrado, de suerte que puede ocurrir -ocurre, de hecho- que al tiempo que en unas zonas sobra agua, en otras se mantiene el bombeo de los pozos, o que en una zona de la isla hay sobrantes mientras que están vacíos los estanques de otras.

De hecho, tal cual se explicó en su momento, si bien entre las zonas "0" e "I" hay una cierta conexión hidráulica y puede trasvasarse agua entre ellas, la "0 + I" y la "II" son, de momento, casi por completo independientes y mal cabe, por consiguiente, considerarlas en forma agregada.

En todo caso, el gráfico anterior se refería a un año normal y no dejarán de plantearse la pregunta relativa a lo que sucederá en años secos o húmedos.

Empero, antes de entrar en la consideración de todos estos pormenores se hace necesario retomar el hilo de un asunto que se dejó suspendido muchas páginas atrás, concretamente, en el capítulo III (¤III.4.2).

¤IX.4.3.- La escorrentía indirecta.

Es así, pues, que, en la isla, y coincidiendo con las lluvias invernales, las aguas de riego representan un superávit que si no se almacena para cubrir los déficit estivales, se transformarán en sobrantes vertidos a los cauces para su evacuación al mar.

A los barrancos llegan, por tanto, dos tipos de aguas: la asociada a la escorrentía superficial directa, esto es, al directo escurrimiento de las aguas de lluvia, que se presenta en forma de avenidas sumamente torrenciales, sólo muy de vez en cuando -con ocasión de los más intensos aguaceros- y arrastrando todo tipo de materiales sólidos; y, de otro lado, la indirecta, o generada por las aguas de riego sobrantes en épocas de lluvia, a las que también se hace tomar el camino del mar por lo mismos cauces.

Tal vez no sea menester ponderar las indiscutibles ventajas que, con vistas a su aprovechamiento, ofrece esta segunda frente a la primera: en los años no demasiado húmedos, la indirecta puede ser incluso de parecido volumen a la directa (compárense los 8-9 hm3/año que en el capítulo III se daban como escorrentía superficial media para los barrancos de fuera de la Caldera con los sobrantes de un año húmedo del siguiente cuadro); es, además, mucho más regular -en cuanto que su presentación exige lluvias de alguna intensidad, pero no necesariamente torrenciales, que son las que determinan la aparición de la directa-; no arrastra apreciables cantidades de materiales sólidos; y, en última instancia no discurre sólo por ciertos barrancos, sino que está localizada a lo largo y ancho toda la superficie de la isla que recorren sus canales, por lo que resulta mucho más sencillo encontrar adecuados vasos de embalse para su almacenamiento.

Y son, por tanto, todas éstas las razones que avalan la no muy alta importancia que se da a la posibilidad de captar y regular las aguas de la escorrentía superficial directa.

Aunque no debe olvidarse que los nuevos proyectos de regulación de la indirecta tropiezan con un inconveniente: que, merced a sus evidentes ventajas, está ya bastante aprovechada por razón del crecido número de depósito y estanques (cerca de 7 hm3 de capacidad total) que los agricultores han ido levantando por toda la superficie de la isla, y principalmente en aquellas de sus zonas donde abunda el regadío.

¤IX.4.4.- Los balances hidráulicos estacionales.

En el siguiente cuadro se ofrece un resumen de los resultados correspondientes a los diversos casos analizados en relación con los déficit hídricos estivales y los superávit invernales.

Ha de resaltarse que los datos manejados hasta este momento sobre la demanda de agua y a su disponibilidad consignaban valores brutos; es decir, a falta de contabilizar pérdidas varias del sistema, como las producidas en canales y en embalses y estanques, a las que se alude en los capítulos VI y VII. Sin embargo, en los datos que se facilitan a partir ahora, estas pérdidas se han tomado en consideración.

Ver anexos - página 16395

éngase en cuenta, no obstante, lo ya apuntado sobre que las cifras del cuadro representan unas condiciones ideales de funcionamiento de cada zona. Así, las aportaciones de pozos que refleja este cuadro constituyen el mínimo teórico requerido en condiciones de perfecta eficiencia del sistema. Las generadas en la práctica pueden resultar apreciablemente superiores, porque puede ocurrir (ocurre de hecho con regularidad) que en una comarca sobre aún agua de galerías, en tanto que en otra de la misma zona es necesario recurrir ya a los bombeos, sin que pueda efectuarse una transferencias de caudales entre una y otra.

¤IX.4.5.- La situación hidráulica de la isla.

Como corolario de lo expuesto hasta ahora en este capítulo, a continuación se comentan algunos aspectos relativos la situación hidráulica de la isla.

A la vista de los datos presentados en los cuadros que iniciaban la sección, parece claro que, con respecto a sus balances hidráulicos generales, la actual situación de la isla puede reputarse de equilibrada. La particularización por zonas de este diagnóstico ofrece, empero, matices de importancia. La suficiencia y solidez del equilibrio hidráulico resulta bien diferente según se considere una u otra de las dos principales vertientes (oriental u occidental) de la isla.

Según los datos del último cuadro presentado, en la zona "II" se generan excedentes hídricos todos los inviernos. Prácticamente, las puntas del consumo estival pueden cubrirse con las aportaciones de galerías, nacientes y escorrentía superficial con una pequeña ayuda de los pozos en años secos. Apenas son apreciables las necesidades de regulación anual.

El espinazo que forman el canal Intermunicipal y, sobre todo, el Barlovento-Fuencaliente tiene capacidad suficiente como para dar continuidad hidráulica a toda la vertiente. La actual capacidad de trasvase resulta suficiente y la movilidad de recursos desde zonas con excedentes hídricos hacia las que sufren déficit no aparenta ofrecer especiales dificultades.

La situación de las zonas "0" + "I", y en especial la del valle de Aridane, es bastante menos lisonjera: salvo en los años particularmente húmedos, los pozos han de mantenerse en explotación casi permanente. Ocasionalmente, durante los más secos, ni los pozos ni los excedentes invernales almacenados bastan para cubrir la punta de la demanda veraniega, y es de suponer que, por falta de recursos, las dotaciones mínimas de regadío exigidas por sus cultivos se mantendrán con muchas dificultades a base de forzar los bombeos o no podrán sostenerse en absoluto.

Este problema se ve agravado con motivo de la explotación excesiva a que se ve sometido el sistema de pozos de los barrancos de Tenisca y Las Angustias, cuyas extracciones inadecuadas determinan una importante pérdida de calidad de los recursos hidráulicos disponibles en la comarca, pérdida que pueden repercutir negativamente en la cantidad y calidad de la producción frutera.

Los problemas de trasvase de la zona no son relevantes. La producción de agua, tanto como su consumo se centran en el valle de Aridane, que está cruzado por una tupida trama de canales y conducciones de agua. El trasvase desde la zona "I" a la "0" se verifica mediante tuberías que cruzan el barranco de las Angustias; su capacidad no es elevada, pero sí la suficiente como para conducir los cortos caudales por el momento pueden trasvasarse en la dirección norte-sur.

Es de resaltar, sin embargo, que cuando terminen las obras correspondientes al trasvase desde la vertiente oriental a la occidental de la isla (túnel de Las Breñas), la vigente situación hidráulica de la isla quedará substancialmente mejorada, por cuanto podrán aprovecharse en la vertiente occidental los superávit de la oriental (sobre 10 hm3 cuando menos). Sin embargo, se hace notar también que para que se produzca este aprovechamiento será menester contar con la suficiente capacidad de regulación que haga posible el almacenamiento de esos superávit con miras a su utilización estival en la zona "0".

Dado que no se prevén incrementos substanciales de la demanda de agua para el futuro, no parece que venga al caso presentar los balances correspondientes a los años horizontes 2002 y 2006; con pequeñas variaciones constituirían una repetición de los ya ofrecidos.

En definitiva, el planteamiento de este Plan Hidrológico con respecto al desarrollo de la infraestructura hidráulica insular es, en sus líneas fundamentales, el siguiente: de las extracciomes de pozos en el Valle de Aridane es menester sustituir entre 5 y 10 hm3/año de caudales de mala calidad química por efecto de la intrusión marina. El trasvase Este-Oeste paliará una parte de este inconveniente. Pero además, se propone un fuerte desarrollo de la infraestructura de almacenamiento de agua (más de 7 hm3) para regular los superávit invernales de la comarca oriental que se trasvasarán hacia la occidental. Quedan, además, las posibilidades propuestas en el anterior capítulo V de fomentar las captaciones de aguas subterráneas en el sector noroccidental de la isla (Tijarafe-Puntagorda-Garafía) y los proyectos de captación de aguas superficiales incluidos en los programas de inversiones.

Con lo cual se entiende que a medio plazo se solventarán, sin duda, aquellos problemas de calidad de agua y habrá recursos suficientes como para cubrir cualquier eventual aumento de la demanda hídrica. Y ello aunque no sea previsible un notorio crecimiento de esa demanda, toda vez que en el presente Plan se propugna un fuerte desarrollo de la infraestructura de riego que permita mejorar la eficacia del riego y el consumo de agua.

SECCIÓN IX.5.

FACTORES ECONÓMICOS, SOCIALES E INSTITUCIONALES EN LA EXPLOTACIÓN HIDRÁULICA.

¤IX.5.1.- La organización básica del aprovechamiento hidráulico de La Palma.

En La Palma resulta difícil juzgar sobre el aprovechamiento de sus recursos hidráulicos sin tener, al propio tiempo, idea de sus factores y condiciones sociales, es decir, del entramado de instituciones, formas organizativas, prácticas y costumbres que sostienen o acompañan a los actos relativos a la producción, a la distribución o asignación y al consumo del agua.

En las islas de Canarias en las que existen aguas subterráneas explotadas (que, comúnmente, las superficiales lo son en muy escasa medida y representan poco en todas ellas), el aprovechamiento hídrico se verifica en régimen de iniciativa privada y de libre mercado. Las aguas se intercambian, se compran y se venden libremente, sin mayores restricciones ni controles.

La infraestructura es también generalmente de iniciativa y propiedad privada, con la excepción (y no siempre), de los grandes embalses de regulación y de ciertos canales importantes (v.g.: el Barlovento-Fuencaliente o el Garafía-Tijarafe).

En esto, La Palma no constituye ninguna excepción. Si alguna particularidad muestra es la de que, contrariamente a lo que acontece en otras islas (en Gran Canaria y en Tenerife, concretamente) los ejes fundamentales de su red de distribución de agua los ha promovido el sector público.

¤IX.5.2.- La naturaleza pública o privada del agua.

Aunque desde la promulgación de la Ley de Aguas de Canarias 12/1990 las aguas subterráneas del Archipiélago tienen la calificación de dominio público, en realidad, y por razón de lo establecido en el régimen transitorio de esta disposición, continúan siendo en su mayor parte de titularidad privada. Según lo dispuesto en ella, lo son a perpetuidad las alumbradas antes de su promulgación y que no se inscribieron en el correspondiente registro de aguas (más del 87% de las alumbradas actualmente en la isla, según se refirió en ¤V.1.8). Las inscritas, por su parte, disfrutan de una calificación de aprovechamiento temporal de aguas privadas hasta el año 2040.

Por su parte, en La Palma se consideran como públicas desde su origen únicamente las recogidas y conducidas para su regulación a la Laguna de Barlovento y las que manan por los nacientes de Marcos y Cordero, amén de las de escorrentía superficial que puedan captarse en algunos cauces públicos.

¤IX.5.3.- Las entidades del aprovechamiento hidráulico.

Por lo regular, los altos requerimientos inversores y financieros de las empresas de explotación hidráulica las pone lejos del alcance de los esfuerzos individuales; los que buscan promover iniciativas de esta naturaleza se ven, pues, en la precisión de acometerlas sobre bases asociativas que permitan sumar sus particulares capacidades.

A este propósito, la entidad asociativa casi universalmente adoptada en el Archipiélago es la conocida como comunidad de aguas canaria. Está regulada por Ley de 27 de diciembre de 1956, pero es una forma cuyos antecedentes remotos pueden rastrearse en las formas típicas de los Heredamientos canarios del siglo XVI, aunque influida, desde sus orígenes a mediados del pasado siglo XIX, por prácticas y formas típicas de las sociedades mercantiles.

Conforme a sus normas y principios de organización que no se van a comentar (Se puede encontrar alguna información a propósito de estos pormenores en la conferencia introductoria "la utilización del agua subterránea en Canarias y su papel económico, social y de oportunidad", de A. Hoyos-Limón Gil y en el panel "Economía y mercados de aguas en Canarias en relación con la planificación hidrológica", de C. J. Mesa Hernández, correspondientes a las Jornadas sobre las Aguas Subterráneas en la Planificación Hidrológica en las Islas Canarias. Las Palmas de Gran Canaria, abril de 1997), las Comunidades de Aguas disfrutan de personalidad separada de la de sus socios, pero conceden a éstos la propiedad individual de las aguas que captan (generalmente, que alumbran, pues en su inmensa mayoría se dedican fundamentalmente a la promoción de obras de captación de aguas subterráneas).

La Ley 12/1990 (artº. 38.2º) establece la obligación de los Planes Hidrológicos Insulares de formular el inventario general de los heredamientos, Comunidades y Entidades de Gestión del Agua.

En cumplimiento de esta prescripción legal, en ocasión de realizarse el inventario de las obras de captación de las aguas subterráneas se recogieron datos relativos a las organizaciones empresariales de la isla dedicadas al aprovechamiento hidráulico. En todos los casos, se obtuvo el nombre de la entidad, su naturaleza jurídica (comunidad o heredamiento de aguas, comunidad de regantes, comunidad de bienes y derechos, propietarios particulares, etc.), el nombre de sus representantes y los datos imprescindibles para establecer contacto con ellos.

La información obtenida no hace sino confirmar el absoluto protagonismo de la comunidad de aguas en el mundo de la empresa hidráulica palmera.

Así, en lo tocante a las galerías, se inventariaron 98 entidades: de las cuales, 96 se constituyen como comunidades de aguas (incluyendo entre ellas el muy singular caso del Heredamiento de las Haciendas de Argual y Tazacorte), una se titula comunidad de bienes y derechos y otra corresponde a un propietario individual. Las comunidades de aguas suman el 98,5% del caudal conjunto de todas las galerías de la isla. Lo más corriente es que cada entidad posea una sola obra de captación, pero hay una comunidad de aguas que es propietaria de 8 galerías; otra, de 6; dos, de 4; una, de 3; y una docena, de un par.

Al propio tiempo, se inventariaron una treintena de comunidades de aguas titulares de pozos (90% del agua aprovechada en los pozos de la isla); al margen de ellas, una quincena más de pozos pertenecen a propietarios particulares (considerando como tales varias comunidades de herederos); un par, a comunidades de bienes y derechos; uno, a una cooperativa agrícola, media docena, a sociedades mercantiles ajenas al sector hidráulico (UNELCO, etc.); y uno (sin agua), a un municipio. En el caso de los pozos, también lo corriente es que, con pocas excepciones, cada comunidad sea propietaria de una sola captación.

Puede haber en realidad más comunidades de aguas que las inventariadas, pero sin que su existencia formal o sobre el papel comporte vida real y efectiva, pues sus galerías y pozos carecen de agua alumbrada y sus obras e instalaciones se hallan totalmente abandonadas.

Contrariamente a lo que sucede en alguna otra isla, no hay comunidades constituidas para la exclusiva ejecución y explotación de canales de trasvase. La amplia red de conducción de aguas es, en toda su extensión, o bien de titularidad pública o bien de propiedad de las comunidades titulares de galerías y pozos.

El Heredamiento de las Haciendas de Argual y Tazacorte -con raíces en una data real de principios del siglo XVI- es una de las organizaciones relacionadas con el aprovechamiento hidráulico de mayor solera de todo el Archipiélago. También es la que dispone de mayores caudales en la isla: alrededor del 6% del total de los recursos hidráulicos disponibles en ella. Es el propietario de la Caldera de Taburiente y cuenta con una extensa red de canalización en el Valle de Aridane.

Hasta el momento, y quizá en contra de lo deseable desde el punto de vista de la racionalidad en el uso del recurso, el proceso de fusión de Comunidades ha progresado poco. El intento más consistente que al respecto puede referirse tiene que ver con la coordinación de las comunidades de Barlovento que se establece a través de una agrupación de ellas denominada Unión de Aguas de Barlovento. Un proceso en cierta manera semejante es el que efectúa la Unión de Canales con algunas comunidades de galerías del término municipal de Breña Alta.

Las comunidades de usuarios no abundan en el archipiélago. Se han formado comunidades de regantes, en algunas islas (Gran Canaria y La Gomera, principalmente) para la explotación de embalses promovidos por el sector público.

En la isla, hay una comunidad de regantes (la de los Sauces) que aprovecha los caudales de Marcos y Cordero. Existen otras nueve (y tres más en trámites de constitución) organizadas en estos últimos años con miras a la explotación de obras hidráulicas de promoción pública (principalmente, redes de distribución de aguas). Salvo una de Mazo, todas las demás se localizan en la vertiente occidental: valle de Aridane o término municipal de Tijarafe.

Existe, por último, un consorcio de comunidades de regantes constituido para aprovechar la balsa de Cuatro Caminos.

SECCIÓN IX.6.

NORMAS.

El cambio de calificación de las aguas subterráneas de privadas a públicas, acaecido tras la promulgación de la Ley de Aguas nacional de 1985, afectó con particular rigor al Archipiélago por virtud de dos razones principales: el protagonismo que en él tienen los caudales de origen subterráneo y el estar sus peculiares formas de gestión hidráulica basadas en los mercados hidráulicos y especialmente vinculadas, por tanto, a la titularidad privada del agua.

Entre los principales problemas suscitados con motivo de este cambio cabe citar: 1º, el de la adscripción del agua a sus usos que implica la concesión del dominio público; 2º, el desarrollo del sistema de obras de captación de las caudales subterráneos; y, 3º, la inserción de las comunidades de aguas en el nuevo sistema de agua públicas.

¤IX.6.1.- Los procedimientos de asignación del agua a sus usos.

En principio, y en relación con algunos de sus aspectos, no parece del todo claro qué significado cabe atribuir a la declaración del dominio público de las aguas subterráneas de la nueva legislación: la inexistencia de desarrollo reglamentario de la Ley de Aguas 12/1990 deja de momento solamente esbozado el cuadro definitivo de la gestión hidráulica del Archipiélago.

Si en un punto en concreto se pone de relieve esta indefinición es en el relativo a la asignación del agua, esto es, al tipo de nexo que el título concesional establece entre los caudales concedidos y sus usos autorizados.

Al respecto, puede plantearse, como primera opción, el modelo de la legislación nacional de aguas, que opta por una adscripción administrativa del agua a sus usos y, en especial, por su adscripción a la tierra. Su contenido queda bien caracterizado por lo que expresa el artículo 59.2 de la Ley 29/1985: Ç1. El agua que se conceda queda adscrita a los usos indicados en el título concesional, sin que pueda ser aplicada a otros distintos, ni a terrenos diferentes, si se trata de riegos.È

Se hace notar lo que una regla como la citada supondría para Canarias en materia de rigidez de la asignación de sus aguas -en contradicción con el principio de movilidad de caudales- y, por consiguiente, de inconvenientes en relación con la racionalidad de su aprovechamiento.

No parece que la legislación canaria de aguas de 1990 se decantara por modelos de esta naturaleza. Y esta afirmación se presume a partir de tres hechos. Primero, porque en su texto reconoció el principio de movilidad como garantía de la óptima gestión de los recursos hidráulicos canarios. Así, el artículo 4 de la Ley 12/1990 establece.

Ç1. Corresponde a la Comunidad Autónoma de Canarias la ordenación y regulación de los recursos hidráulicos existentes en la misma con el fin de protegerlos tanto en su calidad como en su disponibilidad presente y futura.

2. La Comunidad Autónoma de Canarias, en el ejercicio de sus competencias en materia de aguas y con el fin de garantizar la protección descrita, en el apartado anterior, se ajustará a los siguientes principios:

...

3. Optimización del rendimiento de los recursos hidráulicos a través de la movilidad de los caudales en el seno de los sistemas insulares.

...È

Segundo, porque no parece en modo alguno que esta misma Ley 12/1990 esté prefigurando una conexión entre el agua y sus usos rígidamente determinada desde el propio acto concesional. A tal respecto, el artículo 78 establece que Çquienes soliciten una concesión deberán indicar el destino que pretenden dar al agua o someterse a los usos indicados por el Consejo Insular, ajustándose en ambos casos a lo dispuesto por los Planes HidrológicosÈ. La diferencia de tono con el correspondiente artículo de la Ley nacional es patente: el término "adscripción" se ve sustituido por "indicar" o "usos indicados". La insistencia en el mismo término parece justificar la afirmación de que la Ley canaria postula una asignación del agua de tipo precisamente "indicativo".

Y tercero que, como previniendo la contingencia de que se implanten en Canarias formas de gestión hídrica de corte peninsular, la última y reciente modificación del Estatuto de Canarias -aprobada por consenso de todas las fuerzas políticas con representación parlamentaria-, aprovechó la ocasión que supuso la definición de las competencias de la Comunidad Autónoma en materia de aguas (artículo 30.6) para formular un pronunciamiento sobre el estilo de esta gestión: se prescribe, en efecto, que la Comunidad Autónoma tendrá competencias exclusivas en materia ... Çde aguas, en todas sus manifestaciones, y su captación, alumbramiento, explotación, transformación y fabricación, distribución y consumo para fines agrícolas, urbanos e industriales; aprovechamientos hidráulicos, canales y regadíos; regulación de los recursos hidráulicos de acuerdo con las peculiaridades tradicionales canarias.È Y al respecto que se está considerando aquí, parece indudable que en la tradicional regulación de los recursos hidráulicos canarios, nunca ha tenido vigencia general el principio de adscripción administrativa del agua a la tierra o a usos específicos.

No cabe olvidar, sin embargo, que la Ley 12/1990 sí impone el estatuto de adscripción del agua a la tierra en un caso: las zonas que el Gobierno de Canarias declare como de Especial Protección Agraria (artículo 39).

Dejando atrás estas cuestiones, y sea cual fuere su solución, indudable resulta que, salvado el orden general de prelación del artículo 36 de la Ley 12/1990, la primera palabra en cuanto a la asignación del agua le corresponde a la planificación hidrológica insular (artículo 78).

De acuerdo con lo cual, en el presente Plan, y con respecto a la asignación territorial, no se propone ninguna en definitiva. Tal cual se ha dicho ya, si esta llegara a imponerse se estaría contradiciendo, en primer lugar, el principio de movilidad del agua en el seno del sistema insular; no se haría más que perjudicar, en segundo, al óptimo aprovechamiento de los recursos hidráulicos de la isla; y haría, por último, la política de inversiones del sector público que, al coste de miles de millones de pesetas, lleva años desarrollando la red básica de trasvase de la isla con el propósito de facilitar la movilización de sus caudales.

En cuanto a la asignación sectorial, se propone con carácter general la del artículo 36 de la Ley 12/1990.

¤IX.6.2.- El desarrollo del sistema de captación de aguas subterráneas.

La entrada en vigor de la Ley 12/1990 supuso un importante cambio de rumbo en el régimen de captación de las aguas subterráneas canarias. Conforme a lo dispuesto en su disposición adicional tercera, a los titulares de aprovechamientos de aguas privadas se les concedió un plazo de tres años para inscribirlos en el correspondiente Registro de Aguas como aprovechamientos temporales de aguas privadas. La inscripción les otorga derecho a continuar con el disfrute de sus aguas por el plazo de cincuenta años, a la realización de obras para mantenimiento de los caudales alumbrados, a prórrogas, legalizaciones, subvenciones, y alguna que otra ventaja.

Con respecto a los no inscritos, se mantiene la titularidad privada de los caudales, pero a condición de que cualquier incremento de los aforados o la modificación de las condiciones o del régimen de su aprovechamiento exigen previas concesiones que ampare la totalidad de las explotaciones.

Lo cual significa que los titulares de caudales no inscritos gozan de la posibilidad de retenerlos indefinidamente en concepto de propiedad privada, pero sin que puedan modificar en ningún caso los términos en que verificaban su aprovechamiento con anterioridad a la promulgación de la Ley.

Y ha sido el caso de que, como quedó apuntado, el nivel de inscripciones ha sido, en La Palma, francamente bajo.

Lo cual resulta tanto más relevante si se atiende a que las numerosas obras de captación de aguas subterráneas existentes ya en la isla, no dejan demasiado espacio para la apertura de otras nuevas. De modo que de no poder prolongarse aquéllas, muy pocas posibilidades de que pueda ampliarse del sistema de captación de las aguas de su subsuelo. Podría, en efecto, considerarse éste como bloqueado en cierta manera.

A efectos de facilitar esa ampliación cabe plantear dos opciones: bien la de abrir, mediante la aprobación de una específica Ley, un nuevo plazo de inscripción (en la esperanza de que cambiaría la actitud de los promotores e inversores en obras de captación de aguas subterráneas con respecto a ella), con lo que al menos podrían acometerse las obras de mantenimiento de caudales. Bien, la de que, mediante concesiones que amparen la totalidad de las explotaciones, se continúen los trabajos de perforación en obras ya existentes. Y esta eventualidad es la que más interesa si se atiende al objetivo de aumentar el total de caudales de la isla.

Pero siendo como son casi todas estas obras de propiedad de comunidades de aguas, esta segunda alternativa exige entrar en las consideraciones del siguiente epígrafe.

¤IX.6.3.- La inserción de las comunidades de aguas y las comunidades de usuarios en el nuevo sistema de agua públicas.

Como se vio, la estructura fundamental de carácter asociativo empleada en la explotación de las aguas de La Palma es la Comunidad de Aguas.

La Ley 12/1990 les reconoce personalidad jurídica (artículo 24.1), pero acoge al propio tiempo a la Comunidad de Usuarios (o de Regantes).

Al margen de sus diferencias formales, Comunidad de Usuarios y Comunidad de Aguas responden a dos realidades muy diferentes. Como su mismo nombre indica, aquélla carga el acento en el uso del agua, esto es, da forma y personalidad a las agrupaciones de sus consumidores al objeto fundamental administrar el reparto y distribución de unos caudales previamente concedidos por la Administración. Mas, para que se puedan organizar comunidades de usuarios, deberá imaginarse antes que hay aguas que otorgar, cosa que, en Canarias en general y en La Palma en particular, acaso represente mucho suponer.

La Comunidad de Aguas, por su parte, obedece a un concepto distinto: es una entidad formal destinada a acoger una actividad empresarial cuyo específico objeto es combinar factores productivos en orden a alumbrar aguas subterráneas. En ella, pues, lo esencial es su carácter productivo. Y en la actividad empresarial que alberga priman unas concretas funciones: las financieras e inversoras. Sus bases constitutivas obedecen, en efecto, a la necesidad de canalizar, mediante la agrupación de participaciones individuales, los elevados requerimientos de capital propios del alumbramiento y aprovechamiento de las aguas. Un rasgo adicional de esta actividad radica en los altos niveles de riesgo que por lo regular comporta, en consonancia con lo aleatorio de los resultados de ese alumbramiento. Lo cual determina que los inversores individuales que se integran en ellas busquen muy frecuentemente atenuar riesgos a base de diversificar sus inversiones mediante su participación simultánea en varias comunidades.

Es el caso, por tanto, que la Comunidad de Usuarios mal puede abarcar las funciones de la Comunidad de Aguas. Para que aquélla pudiera emular su capacidad de albergar la actividad empresarial que la caracteriza sería menester que en la misma proporción en que se reparten las necesidades de agua entre sus miembros -que es el natural criterio de participación en una comunidad de usuarios- se distribuyan también su propensión al ahorro o su capacidad de inversión y de riesgo -que es el natural de una Comunidad de Aguas. Coincidencia que, como puede comprenderse, resulta bastante problemática.

La dificultad esencial de su adaptación al nuevo sistema legal de las aguas subterráneas públicas radica en que, estando ésta especializada en la producción hídrica, su mantenimiento exige la separación de las funciones de captación o alumbramiento de las relativas al consumo del agua. Con lo que sería menester habilitar una articulación entre una y otro, articulación que no puede radicar más que en el intercambio comercial de caudales. Con lo cual, toda la cuestión acaba derivando hacia la consideración de si en un sistema de aguas públicas cabe encontrar espacio para los mercados de aguas.

Y la respuesta a esta cuestión radica en la incorporación de la fórmula de la concesión con posibilidades de venta del agua, a través, por ejemplo, de la concesión en régimen de servicio público. Esta forma de concesión se concibe bajo la idea de que cabe el otorgamiento de aguas a quienes no sean sus usuarios, con la lógica presunción de que éstos se las adquirirán a los concesionarios.

De la ortodoxia de la fórmula da fe el hecho de que proviene de la Ley de Aguas nacional (artículo 60) y que la admite la canaria (artº. 112.3). Se expresa, pues, la opinión de que es menester buscar soluciones de gestión hidráulica en la línea de estas fórmulas.

¤IX.6.4.- La organización de las Normas.

En las Normas se tratan los aspectos correspondientes a tres ordenes de cuestiones; a saber:

1º) el aprovechamiento privativo del agua,

2º) el Registro y el Catálogo de Aguas,

3º) la Comunidad de Usuarios.

El aprovechamiento privativo del agua.

Se ordena según las diversas situaciones que pueden dar acceso a este tipo de aprovechamiento:

Se tratan en primer lugar, los que la legislación de aguas nacional llama usos privativos por disposición legal (artículo 50 de la Ley 29/1985 y artículos 83 y siguientes del R.D.P.H.) y la canaria pequeños aprovechamientos (artículo 73 de la Ley 12/1990). Su regulación no encierra particularidades de mayor trascendencia, porque este tipo de aprovechamientos representan bien poco en la isla.

En segundo término, las autorizaciones en relación con el aprovechamiento privativo del agua, que se limitan al mantenimiento de caudales (Disposición Transitoria Tercera 2.b de la LAC).

Y en última instancia, los actos concesionales, entre los que se han considerado varios casos: a) las concesiones con trámite de concurso en competencia; b) las concesiones prescindiendo de este trámite; y c) las concesiones para continuación de labores de alumbramiento de aguas subterráneas.

Por lo demás, se regulan la renovación de las concesiones; la modificación de sus condiciones esenciales y no esenciales y su extinción.

El Registro y el Catálogo de Aguas.

Se establece el desarrollo de las disposiciones de la Ley 12/1990 en relación con el Registro y el Catálogo de Aguas (capítulo I del título IV de la LAC).

La Comunidad de Usuarios.

Se ha presentado un completo desarrollo de sus aspectos reglamentarios. En ella se sigue muy de cerca las normas de la reglamentación nacional.

El régimen de precios máximos del agua y de su transporte.

Se establecen las normas relativas al desarrollo del artículo 113 de la LAC.

CAPÍTULO X

ABASTECIMIENTO A POBLACIONES

Se dedica este capítulo a describir la conformación del sistema insular de abastecimiento urbano de agua potable y a analizar sus particulares características y problemas.

Con respecto a él cabe señalar, en primer lugar, que su principal singularidad estriba en que los municipios no disponen por lo general de los caudales necesarios para el suministro de su población, sino que deben comprárselos o arrendárselos a los propietarios privados de obras de captación (por lo común, de galerías). El sistema funciona así en La Palma como mayoritariamente en las demás islas del Archipiélago en las que existen recursos naturales (no lógicamente en aquellas que se abastecen a partir de la desalación, cuyas instalaciones de producción hídrica sí suelen ser de propiedad pública), y no ha planteado, hasta el presente, inconvenientes de mayor relieve en lo tocante a la calidad y garantía del abastecimiento urbano, aunque a propósito de sus precios o costes, es posible encontrar disparidad de opiniones.

Por lo demás, en todos los casos, los servicios de suministro urbano de agua potable lo prestan directamente los municipios. A la isla no ha llegado el movimiento, muy extendido a lo largo de las dos últimas décadas por Tenerife y Gran Canaria, de transferencia del servicio a empresas especializadas, bien mediante su otorgamiento en concesión, bien a través de la constitución de sociedades de capital mixto (empresas-municipio) a las que se encomienda su gestión.

A primer golpe de vista, se diría que, en general, el horizonte del sistema insular de suministro urbano de agua potable aparece relativamente despejado de insuficiencias o de patologías graves. Que se sepa, en su prestación, a lo largo de las últimas décadas, en casi ningún caso ha sido necesario recurrir a restricciones del consumo urbano de agua ni a la requisa de caudales; de otra parte, las condiciones de calidad química en origen de las aguas utilizadas por los servicios municipales suelen ser buenas o excelentes.

El hecho es, en efecto, que el consumo urbano pesa poco (un 10%, en números redondos) como componente de la demanda hídrica total de la isla y que las aguas de galerías y nacientes son comúnmente de calidad adecuada (lo son mucho menos las de los pozos por efecto de la intrusión marina, pero éstos se utilizan infrecuentemente para atender a los abastecimientos urbanos). De modo que los servicios municipales se desenvuelven con la holgura que implica la relativa abundancia de recursos hidráulicos de la isla y la buena calidad química general de sus caudales.

Aunque, desde luego y como se verá, este diagnóstico resulta menos optimista en lo tocante a los detalles de los medios, la organización y el control con que se desenvuelven tales servicios. Tal vez, el que el abastecimiento de agua de la población insular no constituya de ordinario un problema en ninguno de sus municipios ha terminado abocando a que, con frecuencia, se le preste menos atención que en otras islas (todavía existen barrios o núcleos en los que el suministro domiciliario de agua se verifica mediante autoabastecimiento, es decir, en los que cada vecino adquiere o es propietario de los caudales que consume, caudales que lleva hasta su vivienda mediante su propia e individual conducción de agua. Situación que, desde luego puede reputarse de todo menos recomendable desde el punto de vista sanitario).

La mayor parte de los datos en que se basa este capítulo han sido obtenidos mediante encuesta practicada por el Plan Hidrológico entre los responsables de los servicios de abastecimiento de los distintos municipios.

SECCIÓN X.1.

LA DEMANDA URBANA DE AGUA.

En anterior capítulo (IX) se presentaron ya las consideraciones relativas a la evolución de la población de cada término municipal y a las dotaciones de agua que se dan en ellos. Sus datos relativos a los vigentes consumos unitarios y totales se reproducen en el cuadro de la siguiente página.

Dos conclusiones principales pueden desprenderse de él: la existencia, por un lado, de unas dotaciones medias en consonancia con las características de los núcleos de población de la isla: de tamaño medio o pequeño y a menudo de carácter rural o semi-rural; sin embargo, es de subrayar en segundo lugar, la dispersión que muestra la serie de dotaciones individuales. Por ejemplo, el consumo unitario de Puntallana es inexplicablemente alto; por el contrario, el de Puntagorda, municipio muy semejante al anterior por su caracterización urbana, sorprendentemente bajo. Al margen de problemas estadísticos y de control (y, entre otros, los que suponen los mencionados autoabastecimientos), la cosa no parece tener una explicación suficientemente plausible.

Lo que sí importa destacar de los datos de ese cuadro es la ya apuntada modestia de la contribución urbana a la demanda hídrica insular, modestia que no hay por qué temer que pueda trocarse en un futuro a medio plazo. De momento, en efecto, no hay síntoma ninguno de que los movimientos de población de la isla vayan a separarse de sus patrones habituales en todo este siglo, de crecimiento continuo, pero paulatino y moderado.

Ver anexos - página 16403

a de prestarse atención en último lugar a las marcadas diferencias que se dan entre los consumos de una vertiente y la otra: la dotación media correspondiente a los municipios de la oriental se aproxima a los 250 l/hxdía, en tanto que los de la occidental apenas llegan al promedio de 100 l/hxdía. Tan significativa desproporción pone de relieve -incluso contando con lo que en esas cifras representa el autoabastecimiento, muy frecuente en los municipios occidentales- las distintas circunstancias de escasez de agua que se viven en una y otra banda de la isla.

SECCIÓN X.2.

LA INFRAESTRUCTURA DE SUMINISTRO URBANO DE AGUA POTABLE.

En los planos adjuntos (del X.1 al X.28) se ofrecen los esquemas relativos a la disposición básica de la infraestructura de suministro de agua potable de todos y cada uno de los municipios de la isla.

Ver anexos - páginas 16404-16431

¤.X.2.1.- Organización general del sistema.

Como puede verse en los esquemas anteriores, por razón de la complicada orografía del territorio insular y de la estructuración típica de su urbanismo, tan propenso a la dispersión, la organización de los sistemas de abastecimiento resulta bastante descentralizada. Hay municipios con tres y hasta cuatro o cinco sistemas independientes de abastecimiento urbano destinados a cubrir las necesidades de otros tantos pagos o núcleos inconexos entre sí.

Además, sobre todo en la banda oriental, los abastecimientos urbanos se vinculan a los canales principales de su vertiente. Lógicamente, esta disposición busca aumentar la garantía del servicio al abrir la posibilidad de conectarlos con las aguas del mayor número posible de galerías. Bien es cierto, sin embargo, que en tales circunstancias, los canales se convierten es arterias de muy delicado carácter estratégico, ya que un fallo o una rotura importante en ellos dejaría súbitamente sin suministro a la mayoría de los núcleos de la vertiente (debe comprenderse que una rotura del canal Barlovento-Fuencaliente a la altura, por ejemplo, de Santa Cruz de La Palma pondría en serio aprieto a este término municipal y a los de Breña Alta, Breña Baja, Mazo y Fuencaliente -incluidos abastecimientos domiciliarios, puerto, aeropuerto, hospital ...) Lo cierto es, sin embargo, que, por ahora, la isla nunca ha sufrido incidentes relevantes de este tipo.

Ver anexos - página 16432

.X.2.2.- Infraestructura de almacenamiento de agua.

La capacidad del sistema de depósitos cubiertos de los distintos municipios es alta (cuadro anterior): de más de diez días por término medio, aunque algún núcleo apenas llega a las 24 horas. Lo cual, en principio, no tiene por qué implicar mayores inconvenientes, dado que las aguas utilizadas provienen de galerías, que se caracterizan por la regularidad y estabilidad de sus aportaciones y, según se acaba de decir, nunca se han producido fallos de importancia en los sistemas de trasvase de agua hasta los abastecimientos municipales.

Generalmente, no obstante, los municipios se sienten inclinados a hacerse con muy significativas capacidades de almacenamiento, porque al disponer de grandes depósitos pueden aprovechar los excedentes invernales (gratuitos o muy baratos) para hacerse con caudales a bajo precio, y con los cuales pueden atender luego las puntas estivales del consumo.

Hay, además, otra circunstancia que agudiza la exigencia municipal de capacidad de almacenamiento; en la isla, el sistema habitual de distribución de las aguas subterráneas es el tradicional de su agricultura, es decir, el de turnos o dulas. Significa ello que, con mucha frecuencia, las aportaciones de una captación se reparte entre sus propietarios a base de asignar a cada uno de ellos el caudal total durante un período tiempo (proporcional a su participación en la propiedad de la obra). Una vez que todos los propietarios han cubierto su turno, se vuelve a iniciar el ciclo del adulamiento (cuya duración más habitual es de 12,5 días). Se puede comprender, que esta forma de distribución del agua impone a los municipios la obligación de contar con capacidad de almacenamiento suficiente como para cubrir el tiempo que media entre sus dulas. Aunque el hecho de que cada núcleo de población se suela abastecer simultáneamente de varias galerías (y de que, por tanto, reciba aguas según varios adulamientos) mitiga un tanto el problema, su existencia no deja de hacerse notar en la necesidad de regulación de los servicios municipales de suministro de agua potable.

En todo caso, algún problema suele suponer el suministro en épocas estivales, en las que el consumo puede subir ostensiblemente (sobre todo, en algunos, como Puerto Naos, este fenómeno conocido como efecto "Benidorm" resulta muy marcado). Las correspondientes dificultades del abastecimiento suelen capearse a base de arrendar estacionalmente caudales adicionales. Sea como fuere, tales problemas resultan difícilmente solventables mediante el aumento de la capacidad de regulación con depósitos cubiertos, porque serían menester disponer de volúmenes de depósitos suficientes para almacenar el caudal consumido durante meses, lo cual supone contar con capacidades desmesuradas.

En el mismo cuadro anterior se aportan los números de días de regulación máxima y mínima que, en cada municipio, les corresponden a sus diferentes núcleos según la correspondiente capacidad de sus depósitos.

Como puede verse, la situación es muy diferente de unos municipios a otros y, dentro de cada uno de ellos, entre sus distintos núcleos. Se ha efectuado un análisis del déficit de la capacidad de almacenamiento de los sistemas de almacenamiento de todos los núcleos de la isla, con los resultados que refleja el siguiente cuadro.

Ver anexos - páginas 16433-16434

La determinación de estas capacidades deficitarias se ha efectuado con arreglo a las siguientes hipótesis:

- Dotación de emergencia: 150 l/hxdía.

- Capacidad de almacenamiento: 14 días.

Con lo que se aplica una capacidad óptima de almacenamiento de poco más de 2 m3/habitante.

En la contabilización de estos 14 días se ha tenido en cuenta:

- Posibilidades de averías en sistemas de bombeo.

- Posibilidades de roturas en conducciones (canales y bajantes).

- Adquisición de aguas por dulas.

- Posible absorción de población flotante en fiestas, verano, etc.

Por otra parte, no todos los depósitos existentes se encuentran en buenas condiciones de conservación. Se ha estudiado las obras de reparación que sería menester acometer en ellos con los resultados que refleja el siguiente cuadro.

Ver anexos - página 16435

X.2.3.- Redes de distribución.

Estas redes se caracterizan por su relativa extensión y la diversidad de tipos y materiales, pero sin mayores particularidades. Predomina el acero galvanizado y los diámetros pequeños (2", 3"). Entre las de más reciente instalación abunda la fundición dúctil.

Se han estudiado las actuaciones necesarias para cubrir la totalidad de los núcleos de la isla y para renovarlas y repararlas en lo necesario. En el siguiente cuadro se resume el monto de estas actuaciones.

Ver anexos - página 16435

X.2.4.- Pérdidas de agua en redes.

En el lenguaje técnico, "pérdida" es el agua no facturada; es decir, la diferencia entre los caudales, en "alta", que adquiere el municipio o que son de su propiedad y los que se facturan.

Por ello, en el concepto "pérdida" entran términos tan dispares como:

- Fugas en redes.

- Pérdidas en depósitos.

- Mediciones incorrectas de los caudales en alta.

- Contadores en mal estado.

- Consumos no detectados por inexistencia de contadores.

- Trampas y manipulaciones de la red, etc.

Debido a todo lo cual, las inversiones en mejoras de redes se supeditan -fundamentalmente en aquellos municipios de dudoso diagnóstico- a la realización de un estudio riguroso de las causas de tales pérdidas, para así obrar en consecuencia.

En el siguiente cuadro se ofrecen datos de las pérdidas de agua de todos los servicios municipales de suministro de agua potable de la isla. Se ha confeccionado a partir de la referida encuesta practicada entre los responsables de los servicios municipales. Como puede verse en él, el nivel de eficiencia del suministro es en la isla, y por lo general, bajo.

Ver anexos - página 16436

n relación con estos datos, es de destacar que el servicio municipal no está en ocasiones extendido a toda la población y que, en muchos casos, el nivel de control del servicio es precario, como lo demuestra el escaso número de contadores por persona en funcionamiento que se recoge en el siguiente cuadro (Se considera, por general, como correcto aquel control en el que el ratio personas/contador asciende a 3-4).

Ver anexos - página 16437

ECCIÓN X.3.

LOS SERVICIOS MUNICIPALES DE ABASTECIMIENTO Y LA CALIDAD DEL AGUA SUMINISTRADA.

¤X.3.1.- Tarifas del servicio.

En cuanto a los sistemas tarifarios de los servicios municipales, resulta general la aplicación de las tarifas por bloques o escalones. Es notoria, sin embargo, la dispersión que se da en las tarifas del agua de la isla. Por ejemplo, un consumo bimestral de 5 m3, puede suponer según el municipio tarifas que van de las 29 ptas./m3 a las 137 ptas./m3.

Ver anexos - páginas 16437-16439

A propósito de las tarifas, parece clara la conveniencia de favorecer su paulatina aproximación al coste real del servicio, mediante una mayor trasparencia financiera de éste y una mejor política distributiva.

SECCIÓN X.4.

NORMAS.

Con respecto a la regulación de este aspecto de la gestión hídrica de la isla, una premisa se quiere sentar: que los servicios de suministro de agua potable son de competencia municipal y que con este carácter deben seguir funcionando.

Viene al caso esta afirmación porque en alguna otra isla del Archipiélago se está tendiendo a propiciar una gestión conjunta de parte de las funciones relacionadas con el abastecimiento de agua potable, concretamente de las relativas a lo que se denomina la "aducción", y así se ha recogido en su Plan Hidrológico. Sus normas muestran incluso decidida inclinación hacia la política consistente en extraer de la competencia municipal todo lo relativo a dicha aducción, es decir, a lo que no tiene que ver -o es anterior- a la mera distribución municipal de los caudales destinados al consumo domiciliario, caudales que previamente habrían sido aportados a los servicios municipales por organizaciones supramunicipales. Es lo que se ha llamado "dualidad" del servicio, dualidad en el sentido de que una parte de él (la distribución del agua) sigue siendo municipal y la otra (la gestión del agua antes de llegar a los depósitos del abastecimiento) deja de serlo.

El establecimiento de esta política obedece a razones relacionadas con las dificultades en que pueden verse los municipios de algunas islas para encontrar y adquirir los caudales destinados al abastecimiento de su población, desde el punto en que todos ellos concurren a los mismos mercados de aguas y terminan por competir entre sí por los caudales disponibles, con lo que, desde luego, pueden acabar encareciéndolos; y ello además de que muchas veces los distintos municipios utilizan la misma infraestructura de canalización que permite llevar el agua hasta sus depósitos y de que (sobre todo cuando el abastecimiento se verifica con agua desalada) hay palpables ventajas en que la generación de caudales se realice en común para varios municipios, por virtud de las economías de escala propias de la construcción y explotación de las correspondientes instalaciones producción industrial de agua.

Es evidente que, a partir de estos hechos, pueda ser muy razonable centralizar la adquisición del agua en los mercados hídricos, de su transporte antes de llegar a los depósitos municipales y la construcción y explotación de sus plantas de producción o desalación.

Pero en La Palma no se ve que estas razones pesen lo suficiente. Para atender al abastecimiento de su población, en la isla no será necesario recurrir a otros caudales que a los tradicionalmente alumbrados por las galerías, los grandes canales de trasvase son de propiedad pública (y, por lo tanto, de alguna manera están ya consorciados) y la presión que ejerce la demanda hídrica derivada de los abastecimientos urbanos no cuenta tanto como para que quepa temer la desestabilización de los mercados de agua. De modo que en este Plan se inclina por propugnar que los servicios municipales de suministro urbano de agua potable sigan con su actual estructuración, y ello, por supuesto, sin perjuicio de que los ayuntamientos que pretendan consorciar sus servicios lo puedan hacer libremente, pero sin imposiciones de ningún tipo (imposiciones cuya viabilidad legal, dicho sea de paso, se antoja bastante problemática).

Por lo demás, se entiende que el aspecto normativo de la planificación hidrológica en relación con los abastecimientos urbanos ha de versar sobre tres materias:

1. La prioridad del abastecimiento de la población en relación con la gestión de los recursos hídricos de la isla.

2. Las condiciones de prestación del servicio por parte de los municipios.

3. La calidad del agua de suministro urbano.

¤X.4.1.- La prioridad del abastecimiento a la población.

Aparte de ser totalmente lógica, la naturaleza prioritaria de este tipo de consumo y la necesidad de asegurarlo viene recogido implícitamente como objetivo básico de la actual legislación de aguas, objetivo que se persigue a través de cuatro mecanismos:

1. El carácter preferente de este consumo dentro de la planificación (artículo 36 de la Ley 12/1990).

2. El carácter preferente del propio consumo dentro de las concesiones (artículo 79 de la Ley 12/1990 en relación con el susodicho 36 de la misma disposición).

3. Las restricciones al consumo en situaciones especiales y de emergencia (artículo 108.2 de la Ley 12/1990).

4. Las requisa de agua en casos de desabastecimiento municipal (artículo 109 de la Ley 12/1990).

Con respecto al carácter preferencial del abastecimiento urbano en las concesiones y en la planificación, incluida la declaración de zonas de reserva (artículo 38.4 de la Ley 12/1990), se está a lo que expresado en los capítulos V y IX de este Plan Hidrológico Insular.

De igual manera, el tratamiento de las situaciones especiales y de emergencia y la requisa de aguas está contemplado en el mismo capítulo IX.

De modo que en el articulado correspondiente al presente capítulo se descarta el tratamiento de estas cuestiones.

¤X.4.2.- Los servicios municipales de suministro de agua potable.

Con la única salvedad de lo que concierne a la calidad del agua, no existe una normativa que regule específicamente esta materia. Corresponde a una competencia municipal y sus normas básicas de funcionamiento están contempladas en la legislación local (sobre todo, en el Reglamento de Servicios de las Corporaciones Locales, de 17 de junio de 1995) de consuno con las de los restantes servicios municipales y, en su caso, a través de las correspondientes ordenanzas municipales.

La cuestión radica en si, desde el presente Plan Hidrológico, resultaría conveniente apuntalar dicha normativa básica con algunas prescripciones de carácter técnico orientadas a asegurar la calidad, la garantía y el precio de prestación del servicio. La legislación de aguas nada exige ni prevé al respecto (artículo 38 de la Ley 12/1990). Pero se ha considerado que en dos aspectos convendría ordenar la materia; a saber:

1. En las características de la infraestructura e instalaciones que permite prestar el servicio.

2. En las condiciones de su prestación.

Con respecto al primero de los asuntos relacionados, en las Normas de este Plan se prescriben algunas reglas elementales relativas a las condiciones de redes depósitos, etc. (necesidad de establecer conducciones cerradas, presiones de servicio, etc., que en algún caso están ya contempladas en el Real Decreto 1.138/1990, de 14 de septiembre, a que se hará referencia bajo el próximo epígrafe).

Se precisan en segundo término, normas a propósito de la forma en que se debe prestar el servicio en cuanto a dotaciones mínimas, garantías, etc.

¤X.4.2.- La calidad de las aguas de suministro.

El asunto está ya regulado por la vigente reglamentación técnico-sanitaria: Real Decreto 1.138/1990, de 14 de septiembre. No viene muy al caso, por tanto, añadir nuevas prescripciones a las ya vigentes, de suerte que en el presente Plan no se establece ninguna norma al respecto.

CAPÍTULO XI

El SANEAMIENTO DE POBLACIONES

Y LA CONTAMINACIÓN AGRARIA

Las redes de evacuación de aguas residuales urbanas están relativamente poco desarrolladas en la isla. A falta de sistemas municipales de saneamiento, la eliminación de las aguas negras se verifica mediante pozos filtrantes domiciliarios, que, merced a la alta permeabilidad de los terrenos, casi siempre funcionan aceptablemente. Sólo en urbanizaciones situadas en la inmediata proximidad de la costa, donde el nivel freático está muy cerca de la superficie del terreno, o en las pocas zonas con suelos y primeras capas del subsuelo impermeables, ofrece alguna dificultad su construcción y funcionamiento.

Pero las aguas residuales urbanas no son las únicas causantes de la contaminación de los acuíferos. El abonado y la aplicación de productos fitosanitarios en agricultura provocan la infiltración de substancias indeseables a los acuíferos. Sobre todo, las prácticas de abonados excesivos ocasionan una substancial nitrificación de las aguas subterráneas de Canarias. En La Palma, el fenómeno es claramente apreciable en los pozos costeros del valle de Aridane.

SECCIÓN XI.1.

LA INFRAESTRUCTURA DE SANEAMIENTO.

¤XI.1.1.- Cuestiones generales relativas al saneamiento urbano de la isla.

Al objeto de analizar las condiciones de una política racional de saneamiento de la isla, conviene exponer algunas circunstancias relacionadas con la existencia, implantación o funcionamiento de este tipo de infraestructura.

Es de subrayar de entrada que la carga contaminante que, con las aguas negras, se infiltra hacia el subsuelo insular suele ser pequeña, y ello porque en la mayor parte de su territorio no hay grandes poblaciones, como tampoco actividades intensas (de tipo industrial, sobre todo) que puedan generarla.

Se significa además que las aguas residuales urbanas evacuadas acaban principalmente en los acuíferos costeros, que sólo se explotan con intensidad en el valle de Aridane y en los alrededores de Santa Cruz de La Palma, donde ya están muy afectados por la intrusión marina. Desde luego, los acuíferos Coebra y de las Vertientes quedan bastante a resguardo de este tipo de fenómenos, porque (con la excepción de las instalaciones del Roque de los Muchachos) apenas hay en su vertical asentamientos humanos o actividades que no sean las asociadas a una agricultura de subsistencia o a explotaciones forestales.

De hecho, sólo en las aguas subterráneas de la zona costera del valle de Aridane se presentan concentraciones relativamente altas de materia nitrogenada, concentraciones indicativas de que se padecen los efectos de una contaminación orgánica. Y, para ello, quizá más pueda achacarse este inconveniente a las prácticas agrarias relacionadas con los abonados excesivos que a la infiltración de aguas residuales de origen urbano.

A su vez, por razón de la complicada orografía de la isla y de su dispersión urbanística, la construcción de redes de saneamiento resulta en la mayor parte de las ocasiones sumamente complicada y costosa. Además, esta misma orografía y dispersión urbana obligan a recurrir frecuentemente a estaciones depuradoras múltiples e independientes, cada una al servicio de un pequeño núcleo, estaciones que se caracterizan por su escasa capacidad y por su consecuente carestía de explotación y mantenimiento.

Una dificultad adicional relacionada con el tendido de nuevos alcantarillados tiene que ver con los procesos de ejecución de esta infraestructura. Por lo general, la construcción de los colectores principales y las depuradoras suele estar fuertemente subvencionada (muchas veces, al 100%) por las Administraciones estatal o autonómica. Pero a cargo del municipio y de los vecinos queda la ejecución de las redes secundarias y de las acometidas, de modo que ha de contarse siempre con la capacidad de uno y otros para afrontar la inversión que les corresponde, porque no sería la primera vez que en Canarias, después de construidos dichos colectores y depuradoras, nunca llegan a instalarse sus redes secundarias y sus acometidas.

Este problema puede verse agudizado por la necesidad de que los vecinos acometan las obras necesarias para dirigir sus instalaciones de evacuación de aguas negras desde los pozos negros hasta las acometidas de la nueva red; lo cual puede suponerles no pocos costes y molestias. Es de imaginar que, cuando los pozos filtrantes funcionan sin inconvenientes, el interés del vecindario por estas reformas no será muy intenso.

Todo lo cual determina que en Canarias estén construidas instalaciones de alcantarillado y depuración, que, sin perjuicio de que se impulsaran a petición de los municipios, nunca han entrado en servicio. En La Palma pueden ser los casos de Fuencaliente y Breña Baja, pero desde luego no son éstos los únicos que es dado contemplar en el Archipiélago.

Se dice todo esto para ilustrar la afirmación de que la implantación de la infraestructura de saneamiento debe representar un proceso medido, dirigido según la verdadera utilidad social de sus proyectos y tras haber evaluado bien la necesidad de su promoción, el interés de los vecinos por ellos y su capacidad o la de su municipio para comprometerse en su finalización y en el efectivo sostenimiento del nuevo servicio.

La carestía de la depuración en núcleos pequeños y el frecuente escaso interés económico de la reutilización de las aguas depuradas obliga a plantear en muchos casos soluciones que consisten bien en la construcción de estaciones depuradoras al servicio de varios núcleos o municipios, a fin de disminuir sus costes de tratamiento por razón de las fuertes economías de escala propias de este tipo de instalaciones, bien en la realización de su emisión submarina tras un tratamiento primario.

La primera de las posibilidades apuntadas será factible en unos casos y en otros no. Y ello porque, lógicamente, con las condiciones topográficas de la isla, el coste de los colectores necesarios para hacer confluir las aguas de toda una comarca hasta una sola planta depuradora puede resultar en ocasiones desproporcionado.

A su vez, la práctica de evacuar las aguas residuales tras un tratamiento primario y mediante un emisario submarino puede ser razonable, pero sólo cuando los asentamientos de población se hallan no demasiado separados de la costa, porque la lejanía del mar multiplica los costes de construcción de los correspondientes emisarios terrestres.

Lo que, salvo en casos especiales, se considera fuera de razón es la iniciativa consistente en construir y poner en servicio alcantarillados cuyas aguas residuales deban eliminarse sin depuración a través de un pozo filtrante central, porque con ello no se produce otro resultado que sustituir el gran número de los actuales pozos negros (y su infiltración dispersa) por uno solo, esto es, por una infiltración muy concentrada y, por consecuencia, de muy superior capacidad contaminante.

¤XI.1.2.- El alcantarillado y la depuración desde el punto de vista legal.

Ha de tenerse presente, en todo caso, que existen ciertas obligaciones legales en relación con la dotación de redes de alcantarillado y de depuración a los asentamientos de población. Derivan de la Directiva 91/271/CEE, de 21 de mayo, y de su norma nacional de aplicación: el Real Decreto Ley 11/1995, de 28 de diciembre, por el que se establecen reglas aplicables al tratamiento de las aguas residuales urbanas.

Con respecto a los sistemas colectores para las aguas residuales urbanas, aquel Decreto Ley (artículos 4.1.a y 4.1.b) prescribe la obligación de disponer de ellos en los siguientes plazos:

- Antes del 1 de enero del año 2001, las aglomeraciones urbanas que cuenten con más de 15.000 habitantes-equivalentes.

- Antes del 1 de enero del año 2006, las que tengan entre 2.000 y 15.000 habitantes-equivalentes.

No obstante lo cual, en el mismo Decreto Ley se especifica también que las poblaciones que cuenten con más de 10.000 habitantes-equivalentes y viertan en una "zona sensible" deberán disponer de sus sistemas de colectores antes del 1 de enero de 1999 (artículo 4.1.c) y que en los casos en que no se estime justificado la instalación de estos sistemas, por no suponer ventaja alguna para el medio ambiente o porque su instalación implique un coste excesivo en relación con la utilización de sistemas individuales, las Comunidades Autónomas podrán establecer sistemas individuales u otros sistemas adecuados que impliquen un análogo nivel de prestación ambiental (artículo 4.2).

Por su parte, con respecto a la depuración, el mismo Decreto Ley impone la obligación de aplicar un tratamiento secundario a las aguas residuales urbanas que entren en los sistemas colectores en los siguientes plazos:

- Antes del 1 de enero del año 2001, las aglomeraciones urbanas que cuenten con más de 15.000 habitantes-equivalentes.

- Antes del 1 de enero del año 2006, las que tengan entre 10.000 y 15.000 habitantes-equivalentes.

- Antes del 1 de enero del año 2006, las que cuenten entre 2.000 y 10.000 habitantes-equivalentes y viertan en aguas continentales o estuarios.

- Sin embargo, asimismo se dispone (artículo 6) que deberán tener un tratamiento adecuado antes del 1 de enero de 2006, las siguientes aglomeraciones:

- Las que cuenten con menos de 2.000 habitantes-equivalentes y viertan en aguas continentales.

- Las que cuenten con menos de 10.000 habitantes-equivalentes y viertan en aguas marítimas.

Y, finalmente, llega a prescribirse (artículo 7) que las aglomeraciones que viertan en "zonas menos sensibles" podrán someter a sus aguas a un tratamiento menos riguroso que el secundario, siempre que existan estudios globales que indiquen que dichos vertidos no tendrán efectos negativos sobre el medio ambiente, se les aplique un tratamiento primario y se encuentren entre las siguientes:

- Aquellas que cuenten entre 10.000 y 150.000 habitantes-equivalentes y viertan en aguas marítimas.

- Aquellas que cuenten entre 2.000 y 10.000 habitantes-equivalentes y viertan en estuarios.

Canarias goza de condiciones que permitirían declarar a su espacio marítimo como "zona no sensible"; pero el caso es que a este respecto la Comunidad Autónoma no ha llegado a producir el correspondiente pronunciamiento oficial.

Por tanto, según lo dicho, con respecto a la obligación de contar con alcantarillado, la situación de La Palma es la siguiente (entendiendo que, por virtud del escaso peso de la industria en la isla, un habitante-equivalente equivale a un habitante):

4. Los núcleos (aglomeraciones urbanas) con más de 15.000 habitantes (esto es, Los Llanos de Aridane con Puerto Naos y Santa Cruz de La Palma) deberán disponer de sistemas de alcantarillado antes del 1 de enero de 2001.

5. Los núcleos entre 2.000 y 10.000 habitantes (Tazacorte, El Paso, San Andrés y Sauces, Breña Alta, Breña Baja) antes del 1 de enero del año 2006.

6. A los núcleos por debajo de los 2.000 habitantes (los de los restantes términos municipales) no les es exigido disponer de alcantarillado. (En realidad, los municipios de Tijarafe, Puntallana, Garafía y Barlovento superan en no mucho los 2.000 habitantes, pero no sus núcleos independientes -principales o secundarios-, que no alcanzan esta dimensión).

En cuanto a la depuración, si llegara a formularse la declaración de Canarias como zona menos sensible, en La Palma no sería necesaria la depuración secundaria en ninguna de sus poblaciones.

No habiéndose producido esa declaración, Santa Cruz de La Palma y Los Llanos de Aridane deberán contar con tratamiento secundario de sus aguas residuales urbanas. Las demás, sólo con un tratamiento adecuado (supuestamente, con un tratamiento primario).

¤XI.1.3.- Descripción de la situación actual y propuestas generales de actuación.

Se facilita seguidamente una descripción de la situación de los diferentes municipios en cuanto a su problemática de evacuación de aguas residuales urbanas acompañada de las líneas de actuación previstas para ellas.

Barlovento.

Con arreglo a lo dispuesto en el Real Decreto-Ley 11/1995, no hay obligación legal de instalar alcantarillado ni depuradora en ninguno de los núcleos del municipio.

No dispone de saneamiento. Hay un anteproyecto de red de evacuación, pero circunscrito al núcleo cabecera del municipio, que es el único en el que cabría imaginar su tendido. El resto de su estructura urbana municipal la forman asentamientos de población de carácter netamente rural, pequeños y dispersos, a los que, por la extensión de los colectores y las dificultades de su tendido, resultaría muy costoso dotar de este servicio.

En el casco urbano no hay ni zonas verdes ni jardines de suficiente amplitud cuyo riego pudiera justificar la depuración de las aguas residuales.

Además, el casco central del municipio se emplaza en cota relativamente alta, de modo que el emisario submarino demandaría un previo emisario terrestre de gran longitud. Sería, por tanto, menester evacuar las aguas residuales a través de un pozo filtrante, y para eso se considera preferible el actual sistema basado en pozos domiciliarios individuales.

Se propone, en definitiva, que, por el momento, se prescinda de instalar sistema municipal de alcantarillado.

Breña Alta.

Con arreglo a lo dispuesto en el Real Decreto-Ley 11/1995, hay obligación legal de instalar alcantarillado en el núcleo principal del municipio, pero no depuradora con tratamiento secundario.

No hay red de saneamiento. Existe un proyecto de ella que data de la década de los 80. Su coste actual sería de unos 200 Mpts, a los que debería añadirse el de una depuradora conjunta con Breña Baja y Mazo en la zona de cabecera del actual aeropuerto de Mazo.

Por tanto, en el presente Plan Hidrológico Insular se ha previsto la ejecución de las siguientes obras en el municipio:

Ver anexos - página 16444

reña Baja.

Con arreglo a lo dispuesto en el Real Decreto-Ley 11/1995, hay obligación legal de instalar alcantarillado en el núcleo principal del municipio, pero no depuradora con tratamiento secundario.

Tiene una red de saneamiento que cubre la parte alta del municipio, pero sin estación de depuración ni emisario submarino. De éste hay un proyecto técnico. En Los Cancajos existe una depuradora insuficiente y que debe desmantelarse.

Se está a lo dicho con respecto a la necesidad de diseñar un sistema comarcal de evacuación, depuración y emisión submarina de agua residuales que comprenda a las dos Breñas (incluido fundamentalmente el núcleo de Los Cancajos) y el casco urbano de Mazo.

El proyecto de ampliación de la red a todo el municipio comportaría una inversión del orden de 230 Mpts. Los colectores intermunicipales, la EDAR comarcal y el emisario submarino, unos 420 Mpts. De momento, se encuentran en fase de estudios técnicos.

En el presente Plan Hidrológico Insular se ha previsto la ejecución de las siguientes obras dentro del municipio:

Ver anexos - página 16444

uencaliente.

Con arreglo a lo dispuesto en el Real Decreto-Ley 11/1995, no hay obligación legal de instalar alcantarillado ni depuradora en ninguno de los núcleos del municipio.

Se dispone de una red de evacuación que cubre el casco principal del municipio, pero no se utiliza. No hay depuradora ni emisario submarino.

Hay un anteproyecto que, al coste de unos 130 Mpts, contempla la extensión de la red, más la construcción de la estación de depuración y de las consiguientes instalaciones de reutilización. No parece muy clara su justificación, porque estaría basada en el exclusivo aprovechamiento de un pequeño caudal aguas depuradas (100 m3/día) obtenido a un coste que podría resultar desproporcionado. En todo caso, la actual eliminación mediante pozos filtrantes individuales no ocasiona inconveniente alguno sobre las aguas subterráneas de la zona, que ni se aprovechan ni se pueden aprovechar por su mala calidad química.

Garafía.

Con arreglo a lo dispuesto en el Real Decreto-Ley 11/1995, no hay obligación legal de instalar alcantarillado ni depuradora en ninguno de los núcleos del municipio.

En la actualidad, el municipio no cuenta con redes de evacuación de aguas residuales. Su situación es en todo semejante a la de Barlovento. Casi no es preciso añadir, por tanto, que no se recomienda su tendido.

El municipio tiene solicitada una red que recoja las aguas residuales del observatorio Astrofísico del Roque de los Muchachos con vistas a su depuración y reutilización.

Así pues, en el presente Plan Hidrológico Insular se ha previsto la ejecución de las siguientes obras:

Ver anexos - página 16445

os Llanos de Aridane.

Con arreglo a lo dispuesto en el Real Decreto-Ley 11/1995, el municipio tiene obligación legal de instalar alcantarillado y depuradora con tratamiento secundario.

Dispone de redes que cubren sólo parcialmente el casco principal del municipio y casi totalmente el núcleo turístico de Puerto Naos.

En el propio casco, la red no está desarrollada del todo. Hay un anteproyecto para su ampliación con un presupuesto de 120 Mpts. Existe una depuradora en servicio con tratamiento terciario que es necesario ampliar. Parte de las aguas depuradas se ceden a Tazacorte para su reutilización. Para emplearlas en el propio término municipal sería menester instalar una red de distribución de unos 150 Mpts de coste, además de un depósito de unos 3.000 m3 (40 Mpts).

En Puerto Naos, la red cubre casi totalmente el actual núcleo urbano, aunque quedan fuera de ella las urbanizaciones en construcción o programadas. Hay una depuradora (si se construyen las urbanizaciones previstas será insuficiente) en servicio y su emisario submarino se encuentra en fase de construcción. Las aguas depuradas no se aprovechan.

Dentro de este municipio, en el presente Plan Hidrológico Insular se ha programado la ejecución de las siguientes obras:

Ver anexos - página 16445

azo.

Con arreglo a lo dispuesto en el Real Decreto-Ley 11/1995, no hay obligación legal de instalar alcantarillado ni depuradora en ninguno de los núcleos del municipio (en realidad, el término municipal sobrepasa en mucho los 2.000 habitantes, pero su población se reparte entre pequeños núcleos dispersos).

No hay red, pero sí un anteproyecto para su instalación en el núcleo principal del municipio por un presupuesto de 60 Mpts. No hay problemas de contaminación porque en el término municipal no existen captaciones de aguas subterráneas.

Sin embargo, se tiene previsto ejecutar el alcantarillado mediante su conexión con una estación depuradora comarcal (Breña Alta, Breña Baja y el propio Mazo).

Así pues, dentro del presente Plan Hidrológico Insular se tiene prevista la ejecución de las siguientes obras:

Ver anexos - página 16446

l Paso.

Con arreglo a lo dispuesto en el Real Decreto-Ley 11/1995, hay obligación legal de instalar alcantarillado en el núcleo principal del municipio, pero no depuradora con tratamiento secundario.

No hay redes, pero sí un anteproyecto para su tendido al coste de unos 150 Mpts. Está prevista su conexión con la depuradora de Los Llanos de Aridane.

Dentro del presente Plan Hidrológico Insular se tiene prevista la ejecución de la siguiente obra:

Red del casco y colector de enlace: 150 Mpts.

Puntagorda.

Con arreglo a lo dispuesto en el Real Decreto-Ley 11/1995, no hay obligación legal de instalar alcantarillado ni depuradora en ninguno de los núcleos del municipio.

No hay redes ni proyecto para su desarrollo. Para este término municipal pueden valer las explicaciones que se aportaron en el caso de Barlovento.

Puntallana.

Con arreglo a lo dispuesto en el Real Decreto-Ley 11/1995, no hay obligación legal de instalar alcantarillado ni depuradora en ninguno de los núcleos del municipio.

No hay redes ni proyecto para su desarrollo. Para este término municipal también pueden valer las explicaciones del caso de Barlovento.

San Andrés y Sauces.

Con arreglo a lo dispuesto en el Real Decreto-Ley 11/1995, hay obligación legal de instalar alcantarillado en el núcleo principal del municipio, pero no depuradora con tratamiento secundario.

La red del casco urbano principal del municipio se encuentra bastante desarrollada, pero no las hay en los núcleos de Bajamar, Puerto Espíndola y San Andrés. Hay una depuradora en servicio con capacidad máxima de 400 m3/día y sin emisario submarino, en la que se tratan del orden de 300 m3/día.

Existe un proyecto de depósito a pie de planta y una impulsión para reutilización con un coste de 50 Mpts.

En definitiva, los proyectos propuestos por el presente Plan Hidrológico Insular son los siguientes:

Ver anexos - página 16446

anta Cruz de La Palma.

Con arreglo a lo dispuesto en el Real Decreto-Ley 11/1995, el municipio tiene obligación legal de instalar alcantarillado y depuradora con tratamiento secundario.

La red de alcantarillado está muy desarrollada. Hay una estación depuradora en funcionamiento, pero sin el necesario emisario submarino.

Dentro del término municipal se tienen en proyecto las siguientes actuaciones: saneamiento del núcleo de Velhoco; acondicionamiento del punto bajo de la ciudad para la evacuación de las aguas pluviales mediante bombeo; instalaciones de desodorización de las tres estaciones de bombeo; mejora del tratamiento de fango de la EDAR con la instalación de un filtro banda; y emisario de la EDAR.

Existe un proyecto de reutilizar las aguas depuradas desviándolas hasta Las Breñas, donde hay posibilidades de su aplicación al riego agrícola.

Dentro del presente Plan Hidrológico Insular se tiene prevista, pues, la ejecución de las siguientes obras:

Ver anexos - página 16447

azacorte.

Con arreglo a lo dispuesto en el Real Decreto-Ley 11/1995, hay obligación legal de instalar alcantarillado en el núcleo principal del municipio, pero no depuradora con tratamiento secundario.

El casco y el Puerto cuentan con red de alcantarillado, pero no los núcleos periféricos (San Borondón, Marina y Puerto Nuevo). Se dispone de una depuradora en servicio (300 m3/día), pero sin emisario submarino. Parte del caudal depurado (50%) se aprovecha en el riego de los jardines del Puerto de Tazacorte. Faltan las obras del bombeo del Puerto Nuevo al Puerto Viejo.

Así pues, dentro del presente Plan Hidrológico Insular se tiene prevista la ejecución de las siguientes obras:

Ver anexos - página 16447

ijarafe.

Con arreglo a lo dispuesto en el Real Decreto-Ley 11/1995, no hay obligación legal de instalar alcantarillado ni depuradora en ninguno de los núcleos del municipio.

No hay alcantarillado. La estructura urbana del municipio favorece poco el tendido de este tipo de redes, pero el Ayuntamiento las reclama en función de las dificultades de funcionamiento de los pozos filtrantes. El coste de red y de su estación depuradora asciende a unos 130 Mpts.

La población se asienta en cotas altas y no hay jardines ni parques públicos donde puedan emplearse las aguas depuradas.

Dentro del presente Plan Hidrológico Insular se tiene prevista la ejecución de las siguientes obras:

Ver anexos - página 16447

XI.1.4.- Resumen de la situación de la isla.

En el cuadro de la siguiente página queda reflejado en forma resumida el actual estado del saneamiento de aguas residuales en los cascos urbanos de los diferentes municipios de la isla:

Ver anexos - página 16448

XI.1.5.- Planteamiento definitivo.

Conforme a lo que se ha ido apuntando hasta ahora, en materia de saneamiento de poblaciones la estrategia que se propugna desde este plan Hidrológico consiste en concentrar las actuaciones sobre las zonas con mayores densidades urbanas o sobre aquellas que acusan problemas de contaminación de sus aguas subterráneas: a saber, la comarca de Santa Cruz de La Palma (comprendiendo este término municipal más las dos Breñas, con el núcleo de Los Cancajos, y Mazo) y en el Valle de Aridane (Los Llanos de Aridane, Tazacorte y El Paso).

Se añade a estas dos zonas, el casco urbano de Tijarafe, que constituye un núcleo con población creciente y donde, al parecer, hay problemas de construcción y funcionamiento de los pozos filtrantes.

De momento, no parece razonable la posibilidad de crear redes de evacuación y estaciones de depuración en el resto de la isla, porque su instalación no resulta obligatoria desde el punto de vista legal ni corregiría problema alguno -apreciable al menos por ahora- de contaminación, y porque su promoción no dejaría de entrañar importantes gastos de explotación difícilmente soportables por los municipios, siendo así, además, que en la mayoría de los casos sus poblaciones o están estabilizadas o tienden a disminuir.

En cuanto al tratamiento de las aguas, tanto de Santa Cruz de La Palma como del Valle de Aridane, la recomendación general es que, en la medida de lo posible, se centralicen las instalaciones de depuración y reutilización. De no ser posible esto, sería el caso de considerar la posibilidad de eliminar las aguas residuales mediante una emisión submarina tras un simple tratamiento primario.

Con respecto a estas dos zonas, nada más se añade, porque, en definitiva, la estructura de su saneamiento se encuentra en plena fase de diseño y los datos correspondientes a sus actuaciones se recogen en el capítulo de inversiones.

Del mismo modo, en el caso del Valle de Aridane parece muy conveniente centralizar la depuración de El Paso en las instalaciones de Los Llanos, tal cual se prevé en los primeros diseños de estos sistemas de saneamiento actualmente en estudio.

SECCIÓN XI.2.

CONTROL DE LA CONTAMINACIÓN AGRARIA.

Tal cual ya se ha dicho en varias ocasiones, en La Palma la contaminación de origen agrario se manifiesta exclusivamente en la zona costera del Valle de Aridane. Comparativamente con la que suele darse en otras islas, no es grave; peso sí notoria, y empieza a ser preciso controlarla.

Los problemas de contaminación agraria no admiten, como en el caso de las aguas residuales urbanas, correcciones mediante la implantación de determinados sistemas infraestructurales, tales cuales redes de alcantarillados y estaciones de depuración. En este caso, se trata de racionalizar las prácticas agrarias, en el sentido de que, sobre todo, el abonado pero también la aplicación de cualquier tipo de productos a las plantas o a los suelos sea razonable.

Para corregir situaciones inconvenientes en este aspecto sólo caben medidas formativas e informativas entre los agricultores y las legales. A estas últimas se hace alguna referencia en la siguiente sección dedicada a las normas.

SECCIÓN XI.3.

NORMAS.

Aparte de la Ley 12/1990, las disposiciones que en esta materia operan como antecedentes del presente Plan Hidrológico son el Reglamento de Control de Vertidos (Decreto del Gobierno de Canarias 174/1994) y el ya comentado Real Decreto-Ley 11/1995, de 28 de diciembre, por el que se establecen las normas aplicables al tratamiento de las aguas residuales urbanas, y que representa la respuesta nacional a la Directiva del Consejo 91/271/CEE, de 21 de mayo. En relación con los problemas de contaminación de aguas subterráneas, tiene vigencia el Real Decreto 261/1996, de 16 de febrero, sobre protección de las aguas contra la contaminación producida por los nitratos procedentes de fuentes agrarias (Directiva 91/676/CEE, de 12 de diciembre).

Como en el caso del abastecimiento urbano de agua potable, la primera cuestión que se plantea es la concerniente a la dualidad del servicio. Ahora, también se desestima la posibilidad de su imposición. El Reglamento de Control de Vertidos (artículo 10.1) prescribe taxativamente la directa responsabilidad municipal con respecto a los servicios de abastecimiento domiciliario de agua potable, de alcantarillado y de tratamiento o depuración de aguas residuales, en los términos de la legislación de Régimen Local. Desde luego, en aras de la racionalidad y economía de los servicios, en el presente Plan Hidrológico se propugna la unificación de los de depuración, emisión submarina y reutilización, pero también se piensa que a ella debe llegarse a través de fórmulas de colaboración voluntaria entre los municipios, y no por otros procedimientos.

Por lo demás, en dicho Reglamento se establece un amplio sistema de reglas relacionadas con los vertidos en cauces y acuíferos, cuya duplicación en la normativa de este Plan Hidrológico no parece que sea necesario.

Concretamente, por lo que concierne a la calidad de las aguas de vertido, sus anexos I (sustancias prohibidas por su carácter tóxico o peligroso), II (sustancias contaminantes cuya toxicidad, persistencia o bioacumulación son manifiestas) y III (lista de parámetros que deben cuantificarse en las instalaciones de tratamiento de vertidos y valores límites admisibles) se refieren a la composición del agua al ser devuelta a la naturaleza (en el anexo III, tras pasar por las estaciones de depuración). Se echa de menos, sin embargo, una regulación a propósito de la composición de las aguas que llegan a los alcantarillados, que ha pasado a recogerse en las normas del Plan.

En última instancia se prescriben algunas reglas adicionales en relación con la declaración de zonas sensibles y parámetros de protección, declaración que en La Palma se entiende innecesaria, en cuanto que no hay actividades especialmente peligrosas desde el punto de vista de la contaminación hídrica, ni, por lo que se sabe, la calidad de las aguas de sus acuíferos refleja nada inquietante al respecto, y a la valoración de la Unidad de Contaminación (U.C.), más algunas reglas adicionales en relación con el funcionamiento de los servicios municipales de alcantarillado y depuración de aguas residuales.

Por lo que se atañe a la contaminación por nitratos de fuentes agrarias caben dos tipos de medidas:

1ª) la declaración de zonas vulnerables;

2ª) la aprobación y aplicación de los códigos de buenas prácticas agrarias.

Ambas medidas pertenecen a la competencia del Gobierno de Canarias y se piensa que lo propio es que se emitieran para el conjunto del Archipiélago, por lo cual en este Plan se descarta cualquier tratamiento normativo de la materia.

CAPÍTULO XII

ESTUDIO ECONÓMICO-FINANCIERO

Este capítulo se dedica a establecer el marco financiero de las inversiones en obras de iniciativa pública que exigirá el desarrollo del presente Plan Hidrológico Insular de La Palma.

Con respecto a la financiación de origen privado, en este capítulo se da entrada sólo a la aportada como contrapartida a las subvenciones de la Consejería de Agricultura, Pesca y Alimentación. Las consideraciones relativas a las inversiones privadas en obras de iniciativa privada se adelantaron en el anterior capítulo V.

SECCIÓN XII.1.

ANÁLISIS DE PREVISIONES FINANCIERAS DEL PLAN HIDROLÓGICO.

El Plan tendrá una vigencia de ocho años, con comienzo en el año 1999 y terminación en el 2006, con lo que coincidirá temporalmente con el Plan Hidrológico de Canarias, que se encuentra en avanzada fase de redacción.

De este último se extraerán las inversiones previstas para tal período en la isla de La Palma; inversiones que se refieren a las aportaciones del Estado, merced a las Obras de Interés General, y a la previsión de financiación de Obras de Interés Regional, a realizar por la Consejería de Obras Públicas.

Estas cantidades, junto con las aportaciones previsibles de la Consejería de Agricultura, Pesca y Alimentación, fundamentalmente para redes de riego, como subvenciones a particulares y los fondos que, vía Capítulo VII, la Consejería de Obras Públicas entrega al Consejo Insular, en virtud de lo dispuesto en el Decreto 26/1995 de traspaso de servicios, medios personales, materiales y recursos, para el ejercicio de las competencias en materia de aguas, son las que compondrían la financiación "externa" del Plan Hidrológico de La Palma.

Los recursos que aporte el Consejo Insular, bien como subvención del Cabildo o fondos propios, así como las inversiones municipales en obras hidráulicas y las contribuciones de los particulares, que en las previsiones del presente Plan se ciñen únicamente a las cantidades precisas para completar las aportaciones de la Consejería de Agricultura, Pesca y Alimentación en redes de riego, compondrían la financiación "interna".

La suma de ambas financiaciones supondrá la totalidad del "input" financiero del Plan Hidrológico; se desglosará en las siguientes partes:

¤XII.1.1.- Previsión de financiación de las Obras de Interés General.

En el Convenio suscrito entre el Ministerio de Medio Ambiente y el Gobierno de Canarias para actuaciones en materia de infraestructuras hidráulicas y de calidad de las aguas, de 30 de diciembre de 1997, se reseñan una serie de actuaciones en La Palma, entre los años 1997 y 2004, por importe de 11.669 millones de pesetas, que, en lo que atañe a este Plan, se reduce a 9.839 millones, ya que algunas inversiones, tales como la reparación del Canal Barlovento-Fuencaliente, el Trasvase Este-Oeste y la Reparación del canal Intermunicipal y del Garafía-Tijarafe, no se contemplan en este Plan, por ser obras contratadas con anterioridad a su año de inicio; por contra, dado que el período de actuación se amplía hasta el año 2006, se considera que estos dos años de más respecto al Convenio suponen otras actuaciones de Interés General no previstas, y por un importe de 2.500 millones de pesetas más.

Así lo contempla el Borrador del Plan Hidrológico de Canarias ya citado. Con todo esto, se tiene que las inversiones previstas para el período 1999-2006 en La Palma, ascienden a la cantidad de 12.339 millones de pesetas.

¤XII.1.2.- Previsión de financiación de las Obras de Interés Regional.

El repetidamente citado Plan Hidrológico de Canarias (en adelante P.H.C.), realiza un análisis histórico de las inversiones realizadas por el Gobierno de Canarias desde la asunción de competencias en materia de obras hidráulicas, en el año 1985, para, de este modo, prever, de manera razonable, las inversiones del futuro, como una extrapolación lineal de los datos del pasado.

Concretamente, en lo que se refiere a la isla de La Palma, el P.H.C. estima una cantidad de 500 millones de pesetas/año como inversión de la Consejería de Obras Públicas, cifra que se estima razonable y que supondría una inversión total para el período de 4.000 millones de pesetas.

¤XII.1.3.- Previsión de la Consejería de Agricultura en materia de regadíos.

Igualmente, el Plan de Regadíos de Canarias (PRECAN) dispone para La Palma una serie de actuaciones -fundamentalmente, redes de riego- durante el período considerado en el presente Plan Hidrológico, por un importe global de 3.815 millones de pesetas.

Siguiendo las pautas habituales de la Consejería de Agricultura, Pesca y Alimentación, el montante total de la inversión se divide entre los fondos de la propia Consejería y los beneficiarios, ya que, en general, son subvenciones de porcentaje variable, que deben de completar los particulares.

La Ley de Acompañamiento a los Presupuestos de la Comunidad Autónoma para 1999, contempla una modificación puntual de la Ley 12/1990, de Aguas de Canarias, de tal modo que las subvenciones de la Consejería de Agricultura se elevan hasta el 75% de la inversión total, en vez del 50% que dispone el artículo 119 de la citada Ley.

En base a lo anterior, la inversión total prevista para el período de vigencia del Plan, se divide en dos partes; una, como inversión del Gobierno de Canarias, y la otra, como inversión de los particulares.

Ver anexos - página 16451

XII.1.4.- Aportación del Cabildo y/o del Consejo Insular de Aguas.

Las previsiones financieras por este concepto se hacen más imprecisas, porque la "juventud presupuestaria" del Consejo Insular (sólo lleva dos años elaborando los Presupuestos) impide establecer series evolutivas como sucede con los presupuestos de la Dirección General de Aguas. Se intenta, sin embargo, establecer unos supuestos con escenarios realistas.

Tres son las fuentes de financiación que convergen en el Consejo Insular: los fondos derivados de la aplicación del Decreto 26/1995 ya comentado; las aportaciones del Cabildo de La Palma y los ingresos previstos en la legislación general para los Organismos de Cuenca (artículo 20 de la Ley de Aguas de Canarias).

a) Fondos provenientes del Gobierno de Canarias.

El Decreto 26/1995 establece diversas transferencias, en Capítulos I, II, IV y VI. Desestimando las correspondientes a los Capítulos I y II (Gastos de personal y gastos corrientes), lo previsto en el citado Decreto alcanzaba la cantidad de 117 millones, aproximadamente, de los que 30 eran del Capítulo IV (Transferencias corrientes) y 87 del Capítulo VI (Inversión nueva de reposición).

Esta última cantidad se ha mantenido invariable en los sucesivos Presupuestos de la Comunidad Autónoma, por lo que se puede suponer que seguirá del mismo modo; mientras que las transferencias corrientes han sufrido modificaciones en los diferentes Presupuestos, desde los 30 millones, previstos en su inicio, hasta los 80 millones, contemplados en el Presupuesto de 1998. Parece razonable que este concepto, aunque variable, pueda establecerse en una media similar a la del último Presupuesto citado, con lo que se obtiene un global de 1.336 millones para el período de vigencia del Plan.

b) Aportaciones del Cabildo.

Si de difícil estimación resultaban las cantidades del epígrafe anterior, aún más complicado resulta considerar las aportaciones del Cabildo, que en los dos únicos años de Presupuesto del Consejo han sufrido variaciones en proporción de 2 a 1 (100 millones en 1998 y aproximadamente 200 millones en el borrador para 1999).

Por ello quizás convenga hacer aquí una pequeña reflexión al respecto: la puesta en marcha de un Consejo Insular de la trascendencia del de La Palma requiere un esfuerzo importante en medios materiales y humanos, acorde con la importancia que la gestión del agua y del dominio público hidráulico en general tiene en la isla.

Los recursos transferidos desde el Gobierno de Canarias son, probablemente, insuficientes para un eficaz trabajo, pero eso es algo cerrado sobre lo que no merece la pena insistir; de igual modo se produjeron, en 1985, las trasferencias Estado-Canarias y, desde entonces, las aportaciones económicas de la Consejería de Obras Públicas no han dejado de aumentar por la necesidad ineludible, de hacer frente a los retos hidráulicos del Archipiélago.

Por ello, el Plan considera que el Cabildo debe hacer un esfuerzo suplementario en materia económica, para que puede llevarse a buen fin el programa de inversiones previsto en este Plan, si no en su totalidad para los ocho años de vigencia del mismo, sí en su parte más importante y significativa.

De otro lado, tampoco se plantean cantidades manifiestamente elevadas; el Plan considera que una inversión anual de 350 millones es suficiente para garantizar el cumplimiento de las inversiones más importantes del período, es decir, que la inversión total del Cabildo, como aportación al Consejo Insular, se estima en la cantidad de 2.800 millones de pesetas.

c) Recursos propios del Consejo Insular.

Como antes se indicaba, la Ley 12/1990 señala como ingresos del Consejo Insular, además de los ya reseñados, los derivados de la percepción, gestión y aplicación de todos los ingresos señalados en las leyes por la utilización del dominio público hidráulico, obras de regulación y vertido, incluso los derivados del régimen sancionador.

El Plan considera que el Consejo Insular debe de hacer un esfuerzo importante para conseguir ingresos por estos medios, con el fin de incrementar las dotaciones presupuestarias que le permitan hacer frente a los diversos gastos, singularmente a los de reposición, conservación y gestión. Las previsiones que a continuación se exponen son más bien conservadoras y deben considerarse un mínimo de las posibilidades reales de recaudación. Al Consejo, y más concretamente a su gerencia, corresponde su éxito o su fracaso.

c.1) Canon por uso de canales y conducciones públicas.

· Canal Barlovento-Fuencaliente y, en su momento, túnel de trasvase:

10 Hm3/año x 2,007 (precio medio indicativo, que debería obtenerse en función de la distancia) ptas./m3 = 20 Mpts./año.

· Canal Garafía-Tijarafe:

2 Hm3/año x 2,001 ptas./m3 = 4 Mpts./año.

· Canal Intermunicipal:

1 Hm3/año x 2,001 ptas./m3 = 2 Mpts./año.

Total apartado c.1): 26 Mpts./año.

c.2) Aguas depositadas en las balsas públicas.

Las diversas balsas públicas (Adeyahamen, Lomadas, Cuatro Caminos, Puntagorda, Aduares, etc.), almacenarán un caudal que puede estimarse, en un año medio, en 1,25 hm3, con lo que, mediante el cobro de un canon por depósito de 2 ptas./m3, se obtendría:

Total apartado c.2): 2,5 Mpts./año.

c.3) Agua de escorrentía captada.

Hasta que no finalice la Presa de La Viña, solamente la Laguna de Barlovento dispone de un caudal apreciable de aguas de escorrentía, que se puede fijar en unos 400.000 m3 en un año medio. Razonablemente, la Presa de La Viña no estará plenamente operativa hasta el año 2002, momento en el que deben considerarse estos ingresos adicionales. Para este estudio, se consideran solamente los ingresos procedentes de la Laguna de Barlovento, cuyo precio de venta se estima en 20 ptas./m3.

Total apartado c.3): 8 Mpts./año.

c.4) Áridos extraídos en cauces públicos.

Los áridos procedentes de los Barrancos de Las Angustias, Gallegos y Chincho, pueden estimarse en unos 150.000 m3, cuyo canon se fija en 100 ptas./m3.

Total apartado c.4): 15 Mpts./año.

c.5) Concesiones y autorizaciones en el dominio público.

· Concesiones administrativas existentes:

50 concesiones x 100.000 ptas./año = 5 Mpts./año.

· Canon por ocupación de cauce con conducciones existentes:

100 Conducciones x 25.000 ptas./año = 2,5 Mpts./año.

Total apartado c.5): 7,5 Mpts./año.

C.6) Total Recursos propios del Consejo Insular.

· Total financiación para inversión del Consejo Insular de Aguas: 59 Mpts./año.

· En el período de vigencia del Plan: 472 Mpts./año.

Y, en definitiva, los totales de recursos financieros correspondientes al Cabildo y/o al Consejo Insular de Aguas serán:

· Fondos provenientes del Gobierno de Canarias: 1.336 Mpts.

· Aportaciones del Cabildo: 2.800 Mpts.

· Recursos propios del Consejo Insular: 472 Mpts.

Suma de recursos del Cabildo y/o Consejo Insular: 4.608 Mpts.

¤XII.1.5.- Inversiones municipales.

Los ayuntamientos, cuyas competencias en abastecimiento de aguas, distribución, saneamiento y depuración son exclusivas e innegables, han carecido históricamente de recursos suficientes para hacer frente a las necesidades y demandas de sus ciudadanos en materia de las infraestructuras precisas para poder ejercer mínimamente las competencias descritas, razón por la cual han recurrido a otras instancias de la Administración con el fin de resolver sus problemas económicos, especialmente a la Administración Estatal y, tras el traspaso de las competencias del Estado, al Gobierno Autónomo.

No es objeto ni deseo de este Plan analizar los motivos que han llevado a esta situación, ni entrar en consideraciones acerca de las posibilidades recaudatorias no ejercidas por los municipios, que hubieran podido paliar, si no remediar, las carencias apuntadas, pero sí debe señalarse que las circunstancias, para bien o para mal, han de ser diferentes de lo que lo han sido hasta ahora, al menos en parte.

Este Plan propone que los municipios hagan frente, al menos, a los gastos de explotación, mantenimiento y obras menores de sus instalaciones de abastecimiento, almacenamiento y distribución de agua potable, y a los de saneamiento, depuración y/o vertido, corriendo a cargo del Consejo Insular y/o el Gobierno de Canarias las obras de carácter regional o insular, significando que la solución para hacer frente a estas inversiones debe venir, principalmente, por la aplicación de una política tarifaria realista, una política tarifaria que en la actualidad se encuentra a menudo muy por debajo del coste efectivo del servicio.

Cuánto podrían representar estos costes no es tarea fácil de aclarar, pero puede formularse una estimación basada en la cuantía económica de las instalaciones antedichas, suponiendo un tiempo de amortización o de vida útil de 50 años, para lo que se refiere a los gastos de conservación. Dado que el Plan no contempla las llamadas "obras menores" (pequeñas actuaciones en vías públicas, etc.) ni tampoco, los costes de explotación y de gestión, sólo se considerarán los referidos costes de mantenimiento.

El siguiente problema es conseguir la cuantificación de las obras e instalaciones cuya gestión está a cargo de los Ayuntamientos; asunto que, dada la imposibilidad material de evaluar, una a una, las infraestructuras actuales y su antigüedad, se resolverá considerando que la inversión por habitante, según los datos estadísticos más usuales, oscila entre las 200.000 y las 125.000 pesetas. En este plan Hidrológico se considerará la cifra de 150.000 ptas./hab. dadas las características de La Palma, con una aún fuerte carga rural.

De este modo se obtiene:

125.000 x 0,02 x 80 (hab. en miles) = 200 Mpts./año.

De modo que en todo el período, la inversión municipal, en costes de mantenimiento y obras menores, sería de 1.600 Mpts.

¤XII.1.6.- Inversiones del Capital Privado.

El Plan sólo contempla la parte correspondiente de las aportaciones del capital privado en subvenciones de la Consejería de Agricultura, que, como se explicó en epígrafes precedentes, ascenderá a 954 Mpts.

SECCIÓN XII.2.

RESUMEN DE PREVISIONES FINANCIERAS PARA INVERSIONES.

A continuación se presenta el estado resumido de las anteriores previsiones financieras, previsiones que se han utilizado para orientar a grandes rasgos el volumen económico de los programas de inversión de este Plan Hidrológico Insular.

Ver anexos - página 16454

CAPÍTULO XIII

ACTUACIONES

Con la denominación genérica de "actuaciones", en este Plan Hidrológico Insular se alude a aquellos proyectos de carácter inversor no específicamente dedicados a la ejecución de obras.

Así pues, dentro de ellas se engloban los estudios y las actividades de investigación y de recogida de datos, de programación y de otros tipos no directamente vinculadas a la construcción de elementos infraestructurales.

A lo largo de los anteriores capítulos, se ha ido aludiendo a varios de dichos estudios y actividades de investigación o programación. Aunque suponga repetición de algo ya expuesto, se vuelven a considerar ahora al objeto de contemplarlos conjuntamente y de definir sus aspectos presupuestarios.

En todo caso, se quiere manifestar una cosa: la isla de La Palma no deja de constituir una comarca (80.000 habitantes) de modestas posibilidades económicas (menos de 1000.0000 Mpts. de P.I.B.); sería, pues, ilógico programarle actividades en materia de investigación hidrológica al margen por completo de los que representa su base social y económica. Lo que de intento se ha buscado en este capítulo ha sido, por tanto, definir algo realista y practicable.

Por lo demás, se supone que las actividades relativas a investigación de carácter más generalista o básico, serán afrontadas por el Gobierno de Canarias.

SECCIÓN XIII.1.

ESTUDIOS.

Se expusieron en su momento (capítulo III) las dudas que se experimentan con respecto a la utilidad de la recogida de información de datos relativos a las magnitudes fundamentales del balance hidrológico.

Se desaconsejaba en definitiva la posibilidad de practicarla. De los datos pluviométricos se ocupa el Servicio Meteorológico Nacional; las restantes variables (escorrentía superficial, recarga o evapotranspiración) difícilmente admiten mediciones directas, por lo que no cabe organizar campañas para su observación.

Con respecto a la hidrología básica de la isla, la más evidente posibilidad de investigación consiste en estudiar las aguas subterráneas mediante un modelo matemático de simulación del flujo subterráneo. Es esta una técnica que en Canarias se ha llevado a la práctica tan sólo en la isla de Tenerife, aunque en ella se utiliza desde hace más de una década, al parecer con estimables resultados.

Se entiende que constituye este un procedimiento de estudio que debiera ensayarse en La Palma. En el presente Plan Hidrológico se deja, pues, recomendado.

Sea como fuere, se entiende que la aplicación de esta técnica podría empezarse por la creación de un primer modelo de carácter relativamente simple o elemental, cuyo coste total no tendría por qué superar los 30 Mpts.

Cabe citar, por lo demás, los estudios sobre máximas avenidas a que se hizo referencia en ¤III.6.3.

"Máximas crecidas y daños por avenidas en el Barranco de Las Angustias": 15 Mpts.

"Máximas crecidas y daños por avenidas en los cauces (públicos y privados) de La Palma, con la excepción del de Las Angustias": 10 Mpts.

Se aludió ya también (¤V.3.7) al "Plan de obras de alumbramiento de aguas subterráneas para el noroeste de la isla", cuyo presupuesto ascendería a 20 Mpts y el "Programa de regularización del aprovechamiento del acuífero costero de Tenisca y Las Angustias" (¤V.3.11), por un presupuesto de 25 Mpts.

Por otro lado, se entiende muy conveniente que el Consejo Insular de Aguas mantenga un control sobre los caudales de producción de agua de la isla, es decir, que se aconseja la periódica repetición del inventario de obras de captación de aguas subterráneas. Se recomienda que vuelva a repetirse hacia el año 2000.

SECCIÓN XIII.2.

COSTES.

Así pues, los costes de los diferentes estudios propuestos serían los siguientes:

Ver anexos - páginas 16455-16456

ÍNDICE

TÍTULO

PRIMERO Del dominio público hidráulico.

CAPÍTULO I De los bienes que lo integran.

CAPÍTULO II De los cauces y márgenes.

CAPÍTULO III De los embalses y terrenos anegables.

CAPÍTULO IV De los acuíferos subterráneos.

CAPÍTULO V De los deslindes.

TÍTULO

SEGUNDO Servidumbres legales.

TÍTULO Del aprovechamiento del dominio TERCERO público hidráulico.

CAPÍTULO I Los usos comunes de aguas y cauces y las autorizaciones en el dominio público.

CAPÍTULO II Concesiones de obras en el dominio público hidráulico.

CAPÍTULO III El aprovechamiento privativo de las aguas.

CAPÍTULO IV Del Registro y del Catálogo de Aguas.

CAPÍTULO V Las Comunidades de Usuarios.

CAPÍTULO VI La agrupación de aprovechamientos.

CAPÍTULO VII Planeamiento de las aguas subterráneas.

CAPÍTULO VIII Conducción de las aguas.

CAPÍTULO IX Almacenamiento de las aguas.

CAPÍTULO X Abastecimiento a poblaciones.

CAPÍTULO XI El saneamiento de poblaciones y la contaminación agraria.

TÍTULO Del régimen económico del dominio CUARTO público hidráulico.

TÍTULO

FINAL Seguimiento y revisión del Plan.

TÍTULO PRIMERO

DEL DOMINIO PÚBLICO HIDRÁULICO

CAPÍTULO I

DE LOS BIENES QUE LO INTEGRAN

Artículo 1º.- Con las salvedades expresamente establecidas en la Ley, constituyen el dominio público hidráulico:

1. Las aguas terrestres renovables, tanto superficiales como subterráneas, con independencia del tiempo de su renovación.

2. Los cauces de las corrientes naturales continuas y, cuando no constituyan un dominio privado, los de las discontinuas.

3. Los lechos de los embalses superficiales emplazados en cauces públicos.

4. Con respecto a los actos de disposición sobre los recursos hidráulicos o de afección a ellos, los acuíferos subterráneos.

Artículo 2º.- La fase atmosférica del ciclo hidrológico y el régimen de lluvias sólo podrán ser modificados artificialmente por la Administración de la Comunidad Autónoma o por quienes ella autorice.

CAPÍTULO II

DE LOS CAUCES Y MÁRGENES

Artículo 3º.- 1. Álveo o cauce natural de una corriente continua o discontinua es el terreno cubierto por las aguas de las máximas crecidas ordinarias.

2. Se entenderá como máxima crecida ordinaria aquella de tan probable o frecuente ocurrencia estimada como para que los terrenos por ella inundados resulten inaprovechables por virtud del riesgo que para personas y bienes representa su anegamiento y con arreglo a las señales de las aguas altas en las márgenes y su vegetación.

3. El Consejo Insular de Aguas podrá aprobar ordenanzas que establezcan los procedimientos técnicos de estimación general de los caudales de las máximas crecidas ordinarias y extraordinarias.

Artículo 4º.- 1. Son de dominio privado los cauces por los que ocasionalmente discurran aguas pluviales, en tanto que desde su origen atraviesen únicamente fincas de dominio particular.

2. El dominio privado de los cauces por los que ocasionalmente discurran aguas pluviales no se interrumpe por el hecho de cruzar una vía pública, pero no se permite hacer obras que puedan variar el curso natural de las aguas sin autorización administrativa del Consejo Insular de Aguas, que será previa a cualquier otra que se precise (artº. 58.1 de la LAC).

Artículo 5º.- 1. Se considerarán, en todo caso, cauces de aguas discontinuas, que forman parte del dominio público, los de aquellos barrancos que se prolonguen desde cualquier divisoria de cuenca hasta el mar, sin solución de continuidad (artº. 58.2 de la LAC).

2. A tal efecto, se considerarán divisorias de cuencas las principales líneas de cumbres de la isla o las alturas topográficas que en ellas limitan las grandes regiones hidrográficas.

3. El Consejo Insular de Aguas podrá elaborar Catálogos Insulares de cauces, en los que se identifiquen los tramos de cauces de una isla o de parte de ella a los que corresponda la calificación de públicos. Previo trámite de información pública durante un período mínimo de 20 días, se elevarán al Gobierno de Canarias para su aprobación definitiva.

Artículo 6º.- 1. Los terrenos lindantes con los cauces públicos constituyen sus márgenes, las cuales estarán sujetas, con carácter general, y en toda su extensión longitudinal, a una zona de servidumbre para uso público de cinco metros de anchura.

2. En supuestos de especiales dificultades de acceso en la margen de un barranco, y previa declaración expresa y singular del Consejo Insular de Aguas, la zona de servidumbre de un cauce público se extenderá al terreno practicable más próximo que permita el acceso al cauce, aun cuando la distancia al mismo supere los cinco metros lineales [artº. 111.b) de la LAC].

3. En la zona de servidumbre quedan, en todo caso, sujetas a lo dispuesto en estas Normas las siguientes actividades y usos del suelo:

a) Las alteraciones substanciales del relieve natural del terreno.

b) Las extracciones de áridos.

c) Las construcciones de todo tipo, tengan carácter definitivo o provisional.

d) Cualquier otro uso o actividad que suponga un obstáculo para la corriente en régimen de avenidas o que pueda causar degradación o deterioro del dominio público hidráulico.

Artículo 7º.- 1. Las márgenes de los cauces públicos estarán sujetas a una zona de policía con una anchura máxima de 25 metros contados a partir del extremo de la zona de dominio público, siempre que no se supere el borde de la zona anegable a que se refiere el próximo artículo 10.2. Por exigencias de la protección y vigilancia del dominio público hidráulico o del salvamento de bienes y personas, en la zona de policía se establecen las limitaciones de actividades y usos del suelo prescritas en el anterior artículo.

2. Las edificaciones, excepto en suelo urbano, los movimientos de tierras, la apertura de canteras, la extracción de áridos y todas las obras que alteren sustancialmente el relieve de la zona de policía quedarán sujetas a autorización del Consejo Insular de Aguas. Esta autorización será independiente de cualquier otra que haya de ser otorgada por otras Administraciones Públicas.

Artículo 8º.- Las situaciones jurídicas debidas a modificaciones naturales de los cauces se regirán por lo dispuesto en la legislación civil. En cuanto a las originadas por obras legalmente autorizadas, se estará a lo dispuesto en la concesión o autorización correspondiente.

CAPÍTULO III

DE LOS EMBALSES

Y TERRENOS ANEGABLES

Artículo 9º.- Lecho o fondo de un embalse superficial es el terreno cubierto por las aguas cuando éstas alcanzan su máximo nivel como consecuencia de las mayores crecidas ordinarias de los cauces que lo alimentan.

Artículo 10º.- 1. Los terrenos que puedan resultar inundados durante las crecidas extraordinarias producidas en embalses y cauces conservarán su calificación jurídica y la titularidad dominical que tuvieran.

2. Se podrán considerar como zonas anegables las cubiertas por las aguas de las avenidas con período estimado de recurrencia no superior a quinientos años.

3. Mediante Decreto, el Gobierno de Canarias podrá establecer las limitaciones en el uso de las zonas anegables que se estimen necesarias para garantizar la seguridad de personas y bienes.

CAPÍTULO IV

DE LOS ACUÍFEROS SUBTERRÁNEOS

Artículo 11º.- 1. Se considerará acuífero aquella porción del subsuelo cuyos poros o intersticios estén saturados de agua, o lo hayan estado y puedan volver a estarlo, si dicha agua es aprovechable mediante su extracción.

2. El dominio público de los acuíferos o partes del subsuelo por las que circulan aguas subterráneas se entiende sin perjuicio de los derechos del propietario del fundo a realizar cualquier obra que no tenga por finalidad la extracción o aprovechamiento del agua ni perturbe su régimen ni deteriore su calidad.

CAPÍTULO V

DE LOS DESLINDES

Artículo 12º.- 1. El Consejo Insular de Aguas tramitará y resolverá los expedientes de deslinde del dominio público de los cauces y embalses. En el caso de que se incoen a instancia de parte, los gastos de tramitación del expediente correrán a cargo del peticionario.

2. En la delimitación de los cauces públicos, además de los cálculos hidrológicos sobre la máxima crecida ordinaria, se tendrán en cuenta los datos que proporcione la observación del terreno y los que puedan aportar los prácticos de la zona en relación con el alcance de las avenidas de sus barrancos.

Artículo 13º.- 1. Con arreglo a los datos disponibles, el Consejo Insular de Aguas practicará un deslinde previo del cauce, a base de delimitar el espacio susceptible de ser anegado por las aguas en ocasión de la máxima crecida ordinaria.

2. Las líneas que delimiten el deslinde previo se marcarán sobre el terreno mediante hitos, estaquillas o señales de cualquier naturaleza que sean perfectamente visibles y puedan mantenerse al menos durante el tiempo de tramitación del expediente.

Artículo 14º.- 1. La práctica de un deslinde se anunciará en el Boletín Oficial de la Provincia y en los tablones de los Ayuntamientos en cuyos municipios se emplace el cauce, dando un plazo no inferior a veinte días para que los interesados expongan sus alegaciones en relación con los resultados del deslinde previo.

2. Recibidas las manifestaciones de los interesados se practicará, previa citación de todos ellos, un reconocimiento del tramo de cauce afectado por el deslinde, donde se les pondrá de manifiesto las líneas del deslinde previo y se recogerán sus observaciones con respecto al practicado. De todo lo cual se levantará acta en la que figurarán las alegaciones de los interesados.

Artículo 15º.- Con arreglo a dichas alegaciones y a las modificaciones del deslinde previo que procedan, el Consejo Insular de Aguas elevará a definitivo el deslinde practicado mediante Resolución que habrá de notificarse a todos los interesados en el expediente y que se publicará en el Boletín Oficial de la Provincia y por la que se definirán las líneas de delimitación del dominio público con respecto a un sistema permanente de referencias que permita su reconstrucción en cualquier momento.

TÍTULO SEGUNDO

SERVIDUMBRES LEGALES

Artículo 16º.- La servidumbre de acueducto se regirá por lo establecido en los artículos 224 y siguientes de las presentes Normas.

Artículo 17º.- 1. Los predios inferiores están sujetos a recibir las aguas que naturalmente y sin obra del hombre desciendan de los superiores, así como las piedras o tierra que arrastren en su curso. Ni el dueño del predio inferior puede hacer obras que impidan esta servidumbre, ni el del superior obras que lo agraven.

2. Si las aguas provinieran de un alumbramiento o de las sobrantes de un aprovechamiento o se hubiese alterado de modo artificial su calidad espontánea, el dueño del predio inferior podrá oponerse a su recepción, con derecho a exigir resarcimiento de daños y perjuicios de no existir la correspondiente servidumbre.

Artículo 18º.- 1. En la tramitación del expediente de constitución de una servidumbre se deberá reducir, en lo posible, el gravamen que ésta pueda suponer sobre el predio sirviente.

2. La variación de las circunstancias que ocasionaron la constitución de una servidumbre dará lugar, a instancia de parte, al correspondiente expediente de revisión que seguirá los mismos trámites reglamentarios que los previstos en el de su constitución.

Artículo 19º.- El beneficiario de una servidumbre forzosa deberá indemnizar los daños y perjuicios ocasionados al predio sirviente de conformidad con la legislación vigente.

Artículo 20º.- Con arreglo a las normas del Código Civil y de las presentes Normas, el Consejo Insular de Aguas podrá imponer las servidumbres de saca de aguas y abrevadero, de estribo de presa y de parada o partidor, así como las de paso cuando se trate de garantizar el acceso o facilitar el mismo a la zona de dominio público de los cauces, para usos determinados, incluyendo los deportivos y recreativos y, en general, cuantas servidumbres estén previstas en el Código Civil.

Artículo 21º.- 1. Las servidumbres forzosas de abrevadero y de saca de aguas solamente podrán imponerse por causa de utilidad pública, en favor de vivienda o núcleo de población, previa la correspondiente indemnización, según lo establecido en el artículo 555 del Código Civil.

2. No se impondrán estas servidumbres sobre cisternas o aljibes ni edificios o terrenos cercados con pared.

Artículo 22º.- Las servidumbres de abrevadero y de saca de aguas llevan consigo la obligación de los predios sirvientes de dar paso a personas y ganados hasta el punto donde hayan de utilizares aquéllas, debiendo ser extensiva a este servicio la indemnización, según lo preceptuado en el artículo 556 del Código Civil.

Artículo 23º.- Son aplicables a la imposición de esta clase de servidumbres las prescripciones establecidas para el otorgamiento de las de acueducto. Al concederlas se fijará, según su objeto y las circunstancias de la localidad, la anchura de la vía o senda que hayan de conducir al abrevadero o punto destinado para sacar agua.

Artículo 24º.- Los dueños de los predios sirvientes podrán variar la dirección de la vía o senda destinada al uso de estas servidumbres, pero no su anchura ni entrada y siempre que la variación no perjudique el uso de la servidumbre.

Artículo 25º.- 1. Cuando resulte imposible o particularmente difícil el acceso a las márgenes de un cauce público, el Consejo Insular de Aguas podrá imponer la correspondiente servidumbre de paso que lo permita o facilite.

2. La finalidad concreta de la servidumbre se justificará por quien pretenda establecerla en el expediente que instruya el Consejo Insular de Aguas. Las indemnizaciones que procedan correrán a cargo del titular de la servidumbre.

Artículo 26º.- Cuando los cauces públicos hayan de desbrozarse y limpiarse de arena y piedras depositadas por las aguas, o hayan de retirarse otros objetos que al obstruir o torcer el curso de las aguas amenacen con que éstas produzcan daños, podrán depositarse temporalmente en las zonas de servidumbre de los predios ribereños.

TÍTULO TERCERO

DEL APROVECHAMIENTO

DEL DOMINIO PÚBLICO HIDRÁULICO

CAPÍTULO I

LOS USOS COMUNES DE AGUAS Y CAUCES

Y LAS AUTORIZACIONES EN EL

DOMINIO PÚBLICO

Sección primera

Usos comunes de aguas y cauces

Artículo 27º.- 1. Sin necesidad de autorización administrativa y de conformidad con lo que dispongan las leyes y reglamentos, todos pueden usar de las aguas superficiales, mientras discurran por sus cauces naturales, para beber, bañarse y otros usos domésticos, así como para abrevar el ganado.

2. Estos usos comunes habrán de llevarse a cabo de forma que no se produzca alteración apreciable de la calidad y caudal de las aguas. En ningún caso podrán ser desviadas éstas de sus cauces o lechos, debiendo respetarse su normal régimen de circulación.

3. En los casos en que estos usos puedan perjudicar apreciablemente la calidad o el caudal de las aguas circulantes por un concreto tramo de barranco, el Consejo Insular de Aguas podrá prohibirlos en él, mediante Resolución dictada tras la práctica de una información pública en el Boletín Oficial de la Provincia por plazo mínimo de veinte días.

Artículo 28º.- 1. Cualquier otro uso de los que no excluyan la utilización del dominio público por terceros, no comprendido en el artículo anterior, requerirá previa autorización administrativa.

2. El derecho al uso privativo, sea o no consuntivo del dominio público hidráulico, se adquiere por disposición legal o por concesión administrativa.

Sección segunda

Autorizaciones en la zona

de dominio público

Artículo 29º.- 1. La utilización o aprovechamiento por los particulares de los cauces o de los bienes situados en ellos requerirá la previa concesión o autorización administrativa.

2. Todos los actos y negocios jurídicos relativos al aprovechamiento del dominio público hidráulico de Canarias se ajustarán a la planificación hidrológica.

Artículo 30º.- 1. A la solicitud de cualquier obra, uso o actuación en el dominio público hidráulico se acompañará memoria descriptiva de las obras, plano de situación a escala 1:25.000 del tramo de barranco afectado y plano de planta donde la obra solicitada quede definida con respecto al cauce y a los distintos elementos identificativos de su entorno.

2. En el otorgamiento de autorizaciones para aprovechamiento de áridos, pastos y vegetación arbórea o arbustiva, establecimiento de puentes o pasarelas y para cualquier otro posible uso del dominio público y de los bienes en él situados, se considerará su posible incidencia ecológica desfavorable, debiendo exigirse las adecuadas garantías para la restitución del medio.

3. Cuando por la índole de la obra solicitada pueda verse modificada la capacidad de evacuación del cauce, se incluirán perfiles transversales de él y un estudio, confrontado con referencias históricas, si las hubiera, justificativo de que su capacidad de evacuación resultante permitirá el desagüe de la avenida con período de retorno de 500 años.

4. Las autorizaciones se otorgarán sin menoscabo del derecho de propiedad y sin perjuicio de terceros, y con independencia de las específicas condiciones que, en cada caso, puedan establecerse.

5. Las autorizaciones estarán sujetas al pago del importe del canon de ocupación de los terrenos de dominio público.

6. En el caso de su revocación, el titular de una autorización queda obligado a dejar el cauce en sus normales condiciones de desagüe, pudiendo el Consejo Insular de Aguas reponerlas a costa de su titular.

Artículo 31º.- Salvo que en estas Normas se disponga otra cosa, con carácter previo al otorgamiento de cualquier autorización para obras en la zona de dominio público que puedan alterar sensiblemente el régimen natural de sus aguas se practicará un trámite de información pública por plazo no inferior a veinte días, ni superior a dos meses, mediante inserción de un anuncio en el Boletín Oficial de la Provincia y su exposición en los tablones de los ayuntamientos en cuyos términos municipales radique el aprovechamiento.

Artículo 32º.- 1. Las extracciones de áridos en terrenos de dominio público que no pretendan el uso exclusivo del cauce precisarán de una autorización del Consejo Insular de Aguas, la cual se tramitará con arreglo a las siguientes normas:

2. No podrán autorizarse extracciones de áridos en aquellos barrancos en los que queden proscritas por el correspondiente Plan Hidrológico Insular.

3. En la petición se concretarán: cauce, zona de extracción y término municipal, emplazamiento de las instalaciones de clasificación y acopio, si las hubiera, puntos de salida y acceso a la red de carreteras, volumen en metros cúbicos de la extracción y plazo en que ha de realizarse ésta, medios que se utilizarán en ella y en el transporte de los áridos y, en su caso, tarifas de venta.

4. A la petición reseñada se acompañará la siguiente documentación:

a) Para extracción de más de 20.000 metros cúbicos, proyecto suscrito por técnico competente.

b) Para extracciones comprendidas entre 20.000 y 500 metros cúbicos, memoria descriptiva de la extracción, en la que se justificará que el desarrollo de los trabajos está orientado al encauzamiento y mejor desagüe del curso de agua o que no perjudica su capacidad en este sentido, plano de situación y topográfico de la gravera y perfiles transversales de ésta con sus cubicaciones.

c) Para extracciones inferiores a 500 metros cúbicos bastará con la presentación de planos de situación y de la gravera, este último acotado.

5. El plazo por el que se otorguen estas autorizaciones será proporcionado al volumen de extracción.

6. En las extracciones inferiores a 5.000 metros cúbicos podrá prescindirse del trámite de información pública.

7. Antes de iniciar sus trabajos de extracción, los beneficiarios de estas autorizaciones vendrán obligados a depositar una fianza o aval para responder de los posibles daños al dominio público hidráulico. Su importe será de cuantía igual al del canon y no inferior a 5.000 pesetas. Se podrá eximir de esta fianza o aval en las extracciones inferiores a 500 metros cúbicos.

Artículo 33º.- 1. El Consejo Insular de Aguas podrá autorizar los cruces de líneas eléctricas y de otros tipos sobre el dominio público hidráulico previa presentación de una sucinta memoria que especifique sus características esenciales y unos planos de planta y perfil transversal, en los que se reflejen el cauce, y las obras de cruce, y en los que, en su caso, se acotará la altura mínima de éstos sobre el nivel de las máximas crecidas ordinarias. El expediente se tramitará sin información pública.

2. En los cruces de líneas eléctricas que hayan de ser aéreos, la altura mínima sobre el nivel alcanzado por las máximas avenidas ordinarias será la que a estos efectos tengan dictadas los órganos competentes en materia de industria y energía, respetando siempre un mínimo de 5 metros.

Artículo 34º.- La tramitación y contenido de las autorizaciones no específicamente reguladas en este capítulo se adaptarán a sus disposiciones, con arreglo a lo que resulte de la naturaleza y finalidad de lo solicitado.

Sección tercera

Autorizaciones en márgenes

y en cauces privados

Artículo 35º.- 1. La realización de cualquier construcción en zonas de servidumbre o de policía de cauces públicos y en los cauces privados exigirá previa autorización del Consejo Insular de Aguas, a menos que estuviera contemplada en un Plan de Ordenación Urbana u otra figura del ordenamiento urbanístico o en proyectos de obras de la Administración que hubieran sido favorablemente informados por el Consejo Insular de Aguas, y se hubieran aplicado las condiciones del correspondiente informe.

2. Cuando la naturaleza de las obras solicitadas sea tal que previsiblemente puedan afectar en forma sensible al régimen de las avenidas extraordinarias, su autorización se atendrá a lo dispuesto en los artículos 30.2 y 31 de estas Normas.

Artículo 36º.- 1. Para la realización en las zonas de servidumbre o de policía de obras de defensa, nivelaciones de terrenos, caminos rurales, acequias y drenajes o cualquier otro tipo de actividad de las referidas en el tercer párrafo del artículo 13 de estas Normas, la documentación exigida, los trámites y la autorización se ajustarán igualmente a lo dispuesto en sus artículos 30 y 31.

2. Para la realización de cualquier obra, uso o actuación en cauces privados se deberá aportar la misma documentación establecida en el artículo 30 de estas Normas para cauces públicos.

Artículo 37º.- 1. Sin perjuicio de lo establecido en la legislación de Minas, las extracciones de áridos en zonas de servidumbre o de policía de cauces sólo podrán ser otorgadas al propietario de la finca o a personas que gocen de su autorización.

2. Se tramitarán de acuerdo con lo señalado en el artículo 32 con las particularidades propias del caso y de modo tal que en la documentación presentada se destaque cuanto corresponda a las afecciones a las márgenes y a su refuerzo a fin de evitar la desviación del cauce a consecuencia de la depresión causada por las extracciones. Se estudiará igualmente la posible reposición del hueco ocasionado con productos sobrantes de la extracción u otros materiales.

Artículo 38º.- 1. Las acampadas colectivas en zona de policía de cauces públicos que, de acuerdo con la legislación vigente, necesiten autorización de los organismos competentes en materia de regulación de campamentos turísticos, habrán de ser autorizadas por el Consejo Insular de Aguas, previa la correspondiente petición formulada por el interesado, al menos con un mes de antelación a la fecha en que quiera iniciarse la actividad.

2. Esta autorización señalará las limitaciones a que habrá de sujetarse la acampada, en lo referente a los riesgos para la seguridad de las personas o de contaminación de las aguas por vertidos de residuos sólidos o líquidos.

Artículo 39º.- En los cauces privados, la autorización de las obras que puedan variar sensiblemente el curso natural de las aguas será previa a cualquier otra que se precise y se tramitará con arreglo a lo dispuesto en los artículos 30 y 31 de las presentes Normas.

Sección cuarta

Permisos de investigación previos a concesiones de aprovechamiento de aguas subterráneas

Artículo 40º.- 1. Los permisos de investigación de aguas subterráneas se otorgarán por un plazo máximo de dos años. Transcurrido este término, el Consejo Insular de Aguas podrá, en función de las dificultades de los trabajos, otorgar un nuevo permiso.

2. Los permisos de investigación para regadíos podrán otorgarse sin trámite de competencia de proyectos, cuando el solicitante sea una sola entidad comunal debidamente legalizada (artº. 76 de la LAC).

3. Se aceptará como tal entidad comunal a la que agrupe a una proporción significativa de los agricultores de la zona donde, de llegar a alumbrarse las aguas investigadas, fuera posible aprovecharlas.

Artículo 41º.- Los permisos de investigación se otorgarán según las previsiones del Plan Hidrológico Insular.

Artículo 42º.- 1. Quien desee obtener un permiso de investigación de aguas subterráneas lo solicitará del Consejo Insular de Aguas mediante instancia en la que manifieste su pretensión y pida, si resulta inexcusable, la iniciación del trámite de concurso público de proyectos, haciendo constar los siguientes extremos:

- Peticionario (persona física o jurídica).

- Descripción de las obras de investigación.

- Tipos de usos que dará a las aguas alumbradas una vez se otorgue la correspondiente concesión.

2. La documentación exigida para descripción de las obras será la necesaria para juzgar sobre la adaptación del proyecto a la planificación hidrológica y sobre sus riesgos de afección a aprovechamientos preexistentes.

Artículo 43º.- Las solicitudes se tramitarán según las normas de procedimiento establecidas en estas Normas para las concesiones de aprovechamiento de aguas mediante concurso público o, en su caso, prescindiendo de él.

Sección quinta

Otros permisos de investigación

Artículo 44º.- 1. En el caso de obras previamente otorgadas, el Consejo Insular de Aguas podrá autorizar la realización de sondeos exploratorios en su misma dirección, a no más de 5 metros de distancia de su traza autorizada y dirigidos a concretar sus posibilidades de alumbramiento o la naturaleza de los terrenos que hayan de atravesar.

2. En dicha autorización se fijará, a criterio del Consejo Insular de Aguas, la profundidad o longitud máxima de los sondeos y sus características.

3. Una vez concluida la obra de investigación, si la originalmente autorizada se ejecuta, se realizará con arreglo a los términos de su condicionado inicial.

CAPÍTULO II

CONCESIONES DE OBRAS

EN EL DOMINIO PÚBLICO HIDRÁULICO

Artículo 45º.- 1. La tramitación de los expedientes de concesión de obras dentro del dominio público hidráulico o sobre él se realizará según el procedimiento normal regulado en los artículos 31 y siguientes, con las salvedades y precisiones que se especifican a continuación:

a) A la solicitud se acompañará proyecto de las obras suscrito por técnico competente y que habrá de contener, como mínimo, memoria descriptiva de las obras, planos a escala adecuada, presupuesto y pliego de prescripciones técnicas. Cuando la obra solicitada pueda modificar la capacidad de evacuación del cauce, en el proyecto se incluirán perfiles transversales y un estudio, confrontado con referencias históricas, justificativo de que su capacidad resultante es suficiente para desaguar la avenida con período de retorno de 500 años.

b) El Consejo Insular podrá decidir la sustitución del proyecto por planos a escala, descriptivos de la totalidad de las obras, y por una memoria justificativa cuando se trate de obras de escasa importancia para su realización en cauces públicos pequeños.

c) En el caso de que con las obras se pretenda recuperar terrenos que hayan pertenecido al peticionario, tal circunstancia se hará constar expresamente en la solicitud inicial, debiéndose justificar la propiedad de esos terrenos, y se adjuntará una copia del plano parcelario de la finca que se intenta recuperar.

2. Se extremarán en todo caso las condiciones de seguridad con respecto a la autorización dentro del dominio público hidráulico de edificaciones o instalaciones destinadas a albergar personas o que puedan albergarlas.

Artículo 46º.- 1. Las extracciones de áridos que se pretendan realizar con exclusividad en un tramo de cauce, precisarán de concesión administrativa.

2. Para obtener una de estas concesiones, el peticionario presentará ante el Consejo Insular de Aguas una instancia acompañada de un anexo, en el que se incluirán, además de los datos del peticionario, los relativos al cauce, al tramo en el que se proyecta realizar la extracción, a su volumen expresado en metros cúbicos, al destino de los áridos y su tarifa de venta.

3. Recibida la petición y estimada conforme, el Consejo Insular de Aguas iniciará los trámites de competencia y de proyectos, pero indicándose expresamente en el anuncio que la competencia versará sobre:

a) El volumen de extracción de áridos.

b) Las condiciones hidráulicas, ecológicas y paisajísticas que se producirán en todas las fases de la extracción.

c) Las tarifas propuestas.

4. Estas concesiones, que se tramitarán con arreglo a las reglas de los concursos en competencia de estas Normas, se otorgarán por un plazo máximo de 10 años, dependiendo del volumen de extracción solicitado y de las características del cauce. En el condicionado se fijará la obligación de prestar una fianza, de importe igual al canon, para responder de los posibles daños inferidos al dominio público hidráulico, que, si éstos no se hubieran producido, será devuelta al terminarse los trabajos.

5. El Consejo Insular de Aguas podrá condicionar las extracciones en función de la cantidad de arrastres depositados cada año en el cauce, reservándose la posibilidad de fijar anualmente el volumen de ellas autorizado.

6. Las extracciones realizadas quedarán sujetas al pago del canon de utilización del dominio público hidráulico.

Artículo 47º.- 1. Cuando las particulares circunstancias de un cauce lo recomienden, el Consejo Insular de Aguas podrá redactar un proyecto para someter a licitación pública la ejecución de unas obras de corrección o defensa de un cauce con la concesión de los áridos que se obtengan de ellas.

2. El proyecto del Consejo Insular de Aguas será sometido a los trámites previstos en estas Normas para las concesiones de extracciones de áridos. Una vez aprobado, se redactará el pliego de bases de la licitación pública para la ejecución de las obras y la concesión de los áridos a su consecuencia. Se harán constar en él los extremos sobre los que versará tal licitación y, como mínimo, la cantidad máxima de áridos que podrá extraerse, la tarifa y el canon por metro cúbico y el plazo de ejecución de las obras y de la extracción.

3. Igualmente, cabrá convocar concurso de proyecto y obra.

4. Los trámites subsiguientes se ajustarán a lo previsto en la legislación de contratos de las Administraciones Públicas.

Artículo 48º.- 1. En las concesiones de extracción de áridos no se autorizarán otras modificaciones de sus características esenciales que la de cambio de titularidad.

2. La modificación de características no esenciales se solicitará por el concesionario al Consejo Insular de Aguas, que las autorizará, si procede, previos los trámites que se consideren preceptivos u oportunos. En el caso de modificación de tarifas, se realizará una información pública, por plazo no inferior a 20 días en el Boletín Oficial de la Provincia.

CAPÍTULO III

EL APROVECHAMIENTO PRIVATIVO

DE LAS AGUAS

Sección primera

Disposiciones generales

Artículo 49º.- El agua puede ser producida y aprovechada por personas y entidades públicas o privadas con arreglo a lo dispuesto en la Ley de Aguas de Canarias (artº. 73.1 de la LAC) y en estas Normas.

Artículo 50º.- Todos los actos y negocios jurídicos de aprovechamiento del agua se ajustarán a la planificación hidrológica. En defecto de Plan o Actuación Hidrológica en la zona para la que se soliciten, las concesiones y autorizaciones se otorgarán, si no afectan a caudales apropiados, a concesiones o autorizaciones preexistentes o a reservas hidrológicas (artº. 74 de la LAC).

Artículo 51º.- 1. La ordenación de las aguas canarias contempla la existencia de aprovechamientos de aguas públicas y de aprovechamientos de aguas calificadas como privadas por la legislación anterior.

2. Los aprovechamientos de aguas públicas se rigen por la Ley de Aguas de Canarias, por las presentes Normas y, en lo que les sea de aplicación, por la Ley de aguas nacional de 1985, modificada por la Ley de 13 de diciembre de 1999.

3. Los aprovechamientos de aguas calificadas como privadas por la legislación anterior se rigen por el régimen transitorio de la Ley de Aguas de Canarias y por las presentes Normas (artº. 50 de la LAC).

Artículo 52º.- 1. Todas las aguas del Archipiélago quedan vinculadas al abastecimiento de la población en las situaciones de emergencia previstas por la Ley. Las aguas, además, están vinculadas por el contenido de su título administrativo, por la planificación hidrológica y por la prioridad de usos definida en la Ley.

2. En los términos de la Ley de Aguas de Canarias y de las presentes Normas, los poderes públicos de Canarias velarán por la adecuación del uso de las aguas, cualquiera que sea su naturaleza y ubicación, a los intereses generales (artº. 53 de la LAC).

Artículo 53º.- Con la excepción relativa a las calificadas como privadas por la legislación anterior, los usos privativos de las aguas no incluidos en los artículos 54 y 55 de las presentes Normas requieren concesión administrativa.

Sección segunda

Usos privativos del agua por disposición legal

Artículo 54º.- 1. El propietario de una finca puede aprovechar las aguas pluviales que discurran por ella y las estancadas y nacidas naturalmente dentro de sus linderos, sin más restricciones que las derivadas del respeto a los derechos de terceros, de la prohibición del abuso del derecho y de la limitación del máximo volumen anual al respecto establecido por el Plan Hidrológico Insular.

2. A falta de esta última limitación, el volumen de agua aprovechable dentro de cada finca no podrá superar los 5.000 metros cúbicos al año.

3. El propietario que realice este tipo de aprovechamiento de modo regular viene obligado a comunicar al Consejo Insular de Aguas las características de la captación que realiza con expresión de si son aguas corrientes, estancadas o nacidas, indicación de la situación de la finca, justificación de su propiedad y del volumen medio anual de agua aprovechada.

4. El aprovechamiento a que se refiere este artículo no eximirá, en su caso, de la obligación de obtener la autorización a que se refiere el artículo 35 de estas Normas.

Artículo 55º.- 1. Previa autorización del Consejo Insular de Aguas, el propietario de una finca puede aprovechar aguas subterráneas con destino al autoconsumo mediante pequeños pozos y socavones.

2. La autorización de estos aprovechamientos sólo podrá ser denegada en zonas declaradas sobreexplotadas o en proceso de salinización y por virtud de riesgos de afección a aprovechamientos legalmente constituidos.

3. El volumen máximo que podrá extraerse anualmente no sobrepasará los 3.000 metros cúbicos.

4. Las autorizaciones de estos aprovechamientos se tramitarán con inclusión de un trámite de información pública por plazo no inferior a los veinte días y entre las condiciones de su autorización podrá figurar el establecimiento de un sistema de control de caudales que garantice el cumplimiento de sus límites de extracción.

Sección tercera

Autorizaciones en aprovechamientos de aguas

privadas según la anterior legislación

Artículo 56º.- 1. Los titulares de aprovechamientos de aguas calificadas como privadas por la legislación anterior que, con arreglo a lo dispuesto en la Disposición Transitoria Tercera de la Ley 12/1990, las hubieran acreditado para su inscripción en el Registro de Aguas, podrán solicitar la continuación de sus labores de alumbramiento a fin de mantener los caudales aforados en los términos de la inscripción.

2. La solicitud se formulará mediante escrito en el que se especificará el caudal disponible en las labores afectadas, la justificación de la necesidad de su continuación por virtud de la disminución de este caudal, y al que se acompañarán los planos y cualquier otra documentación necesaria para describir con claridad las obras solicitadas o justificarlas.

Artículo 57º.- 1. El Consejo Insular de Aguas abrirá un trámite de información pública de la solicitud, mediante la inserción de un extracto de la misma en el Boletín Oficial de la Provincia y en los tablones de anuncios de los municipios donde se desarrollarán las obras, concediendo un plazo de 15 días para que quienes se consideren afectados por ellas puedan formular sus oposiciones.

2. De estas oposiciones se dará traslado al peticionario para que en el plazo máximo de 10 días presente sus observaciones o alegaciones.

Artículo 58º.- Si de los términos de la solicitud y de las oposiciones se dedujera la existencia de circunstancias de hecho desconocidas o inciertas que exigieran comprobaciones sobre el terreno, se practicará para su aclaración un acto de confrontación con asistencia de peticionario y opositores.

Artículo 59º.- Instruido el procedimiento, e inmediatamente antes de la redacción de la propuesta de resolución, las actuaciones se pondrán de manifiesto a los interesados o sus representantes, al objeto y en los términos estipulados en el artículo 84 de la Ley 30/1992, de 26 de noviembre, modificada por la Ley 4/1999.

Artículo 60º.- 1. De conformidad con lo dispuesto en su Disposición Transitoria Tercera 2d) de la Ley 12/1990, los titulares de autorizaciones de alumbramiento válidas a su entrada en vigor e inscritas en el Registro de Aguas podrán ejercitar el derecho a obtener prórrogas del plazo de ejecución de sus obras en cuanto sean adecuadas a la racional terminación de los trabajos.

2. Las autorizaciones de obras de alumbramiento vigentes por aplicación de la misma disposición transitoria tercera de la Ley 12/1990 podrán caducarse en todo o en parte por incumplimiento de sus condiciones esenciales. No se considerarán condiciones esenciales de ellas haber sobrepasado los plazos de ejecución de las obras. La modificación de las condiciones no esenciales las solicitará el titular al Consejo Insular de Aguas que las autorizará, si procede, previos los trámites que se consideren preceptivos u oportunos.

3. Para que la caducidad pueda acordarse habrá de instruirse el oportuno expediente, cuya apertura se comunicará al titular de la autorización.

4. Cuando la existencia de una autorización constituya obstáculo para la ejecución de la planificación hidrológica o para los incrementos de caudales que, a juicio del Consejo Insular de Aguas, sean necesarios en una zona, se podrá requerir a los interesados para que impriman un ritmo adecuado a sus perforaciones, e incluso denegar la prórroga de plazos de ejecución de obras mal usados.

Artículo 61º.- A los aprovechamientos de aguas a que se refiere la Disposición Transitoria 3ª de la Ley 12/1990, de Aguas, les serán igualmente aplicables las normas que regulan la sobreexplotación de acuíferos, las situaciones de emergencia, la protección de la calidad de las aguas, el transporte del agua, el régimen del control de precios, las determinaciones de la planificación hidrológica que procedan y, en general, las limitaciones del uso del dominio público hidráulico.

Sección cuarta

Concesiones de aprovechamiento de aguas

Artículo 62º.- Quienes soliciten una concesión de aprovechamiento de aguas deberán indicar los destinos que pretenden dar a los caudales o someterse a los usos indicados por el Consejo Insular de Aguas, ajustándose en ambos casos a lo dispuesto en el Plan Hidrológico (artº. 78 de la LAC).

Artículo 63º.- El otorgamiento de concesiones para nuevas producciones y aprovechamientos de bienes de dominio público hidráulico se ajustará a las siguientes reglas:

1) El Consejo Insular, atendiendo a las previsiones del Plan Hidrológico, determinará el plazo de duración de toda concesión, que no será superior a 75 años.

2) La concesión contendrá la descripción de las obras a realizar y se referirá a unos caudales aprovechables, que se entenderán como máximos. En el título concesional podrá exigirse que, una vez realizadas las obras y dispuestas en condiciones de explotación, el aprovechamiento sea obligatorio, siempre que, a juicio del Consejo Insular de Aguas, resulte posible técnicamente y económicamente viable.

3) Los usos de los caudales objeto de la concesión se ajustarán a lo dispuesto en el Plan Hidrológico Insular.

4) Tratándose de pozos o de galerías, la concesión se extenderá a la utilización del subsuelo, y no siendo el titular el propietario del suelo donde se encuentre la bocamina y anejos, también se extenderá a esa superficie y supondrá, en su caso, la declaración de utilidad pública a los efectos de su expropiación e indemnización correspondiente.

5) El contenido de la concesión comprenderá la explotación de los recursos hídricos y la realización de obras e instalaciones, tanto subterráneas como superficiales, incluida la construcción de la conducción hasta el acceso a una red de transporte o punto de consumo y, con las mismas garantías del punto anterior, la ocupación de los terrenos necesarios.

6) La concesión se otorgará sin perjuicio de tercero y no podrá perjudicar a explotaciones preexistentes amparadas por la Ley de Aguas de Canarias, salvo que el peticionario sea el titular de las mismas o proceda legalmente la explotación consorciada (artº. 79 de la LAC).

Artículo 64º.- 1. La concesión estará sujeta al cumplimiento de las obligaciones generales previstas en las leyes, reglamentos y planes y al de las condiciones especiales establecidas en el acto de su otorgamiento.

2. El Consejo Insular podrá establecer los requisitos técnicos de la explotación que sean conformes al Plan, incluida la afectación total o parcial de los caudales obtenidos a un destino determinado (artº. 81 de la LAC).

Artículo 65º.- En las concesiones de aguas públicas y en las modificaciones de ellas que se autoricen, se entenderá comprendida la de los terrenos del dominio público hidráulico necesarios para su utilización.

Artículo 66º.- 1. El procedimiento del otorgamiento de concesiones se ajustará a lo dispuesto en los artículos 71 y siguientes de estas Normas, respetando los principios de publicidad y tramitación en competencia, con subordinación a lo establecido en la planificación hidrológica y preferencia, en igualdad de otras condiciones, de los destinos que supongan un más racional uso del agua y la mejor protección del entorno y sin que el acto concesional garantice la disponibilidad de los caudales concedidos.

2. El otorgamiento de las concesiones relativas al dominio público hidráulico es atribución del Consejo Insular de Aguas.

Artículo 67º.- Si su finalidad es el abastecimiento a poblaciones o cuando, siendo otra, el aprovechamiento esté previsto en el respectivo Plan Hidrológico Insular, la concesión de aguas llevará implícita su declaración de utilidad pública.

Artículo 68º.- 1. Podrán disfrutar de los beneficios implícitos en la declaración de utilidad pública quienes sean titulares de concesiones de aguas que no reúnan los requisitos señalados en el artículo anterior, siempre que sean necesarias para el funcionamiento de una actividad que haya obtenido previamente una declaración del mismo carácter otorgada por la autoridad competente.

2. La solicitud de acogerse a esta posibilidad, que podrá ser conjunta con la de la concesión de aguas, se presentará ante el Consejo Insular de Aguas respectivo, acompañada de la documentación justificativa de la declaración de utilidad pública solicitada. Los trámites para su autorización se limitarán a una información pública y al estudio documentario justificativo de la petición.

Artículo 69º.- 1. En el otorgamiento de las concesiones se observará el orden de preferencia establecido en el correspondiente Plan Hidrológico Insular en cuanto a los destinos del agua, respetando las exigencias de la protección y conservación del recurso y su entorno.

2. En todo caso, los tipos de consumo respetarán el siguiente orden de prelación:

1º) Abastecimiento a poblaciones, incluidas las industrias de poco consumo de aguas conectadas a la red municipal, dentro de los módulos establecidos en la planificación hidrológica en base a la población de derecho.

2º) Regadíos y usos agrícolas dentro de los módulos de consumo según cultivos y zonas, en los términos que reglamentariamente se establezcan.

3º) Usos industriales y turísticos.

4º) Usos recreativos.

5º) Otros usos y aprovechamientos (artº. 36.2 de la LAC).

3. Toda concesión estará sujeta a expropiación forzosa, de conformidad con lo dispuesto en la legislación general sobre la materia, en favor de otro aprovechamiento que le preceda en el orden de preferencia establecido en el Plan Hidrológico Insular correspondiente.

4. En el caso de incompatibilidad de proyectos, y dentro de cada tipo de uso serán preferidos aquellos de mayor utilidad pública o general o los que supongan técnicas que redunden en un menor consumo de agua.

Artículo 70º.- 1. El agua concedida quedará adscrita a los usos y zonas indicados en el título concesional.

2. No obstante, con el fin de racionalizar el uso del recurso y con arreglo, en todo caso, a lo previsto en la planificación hidrológica y en la propia concesión, o previa autorización del Consejo Insular, el agua podrá destinarse temporalmente a otros usos cuando no sea requerida en los de su adscripción concesional.

3. Con la misma finalidad, el Consejo Insular de Aguas podrá imponer la sustitución de la totalidad o parte de los caudales concesionales por otros de distinto origen y de condiciones equivalentes en cuanto a cantidad y calidad. En tal caso, la Administración responderá sólo de los gastos inherentes a la obra de sustitución, pudiendo repercutirlos sobre los beneficiarios.

Sección quinta

Normas de procedimiento para la concesión

de aprovechamientos de aguas mediante

concurso público

Artículo 71º.- 1. El otorgamiento de las concesiones será ofertado mediante concurso público a iniciativa de la Administración o de los particulares interesados, a través de unas bases sujetas al Plan Hidrológico Insular correspondiente, en las que se determinarán las condiciones técnicas, administrativas y económicas de la gestión a las que habrán de adaptarse los proyectos que se presenten.

2. En las convocatorias podrá imponerse justificadamente restricciones a la oferta de proyectos, limitándola a Comunidades de Usuarios que al efecto se constituyan, o exigiendo la explotación consorciada de la nueva concesión con las ya existentes en la zona, según se determina en los apartados siguientes.

3. En cada convocatoria se individualizarán los criterios que deberán ser tenidos en cuenta para la selección del concesionario, de acuerdo con la Ley y con los principios previstos en la planificación hidrológica, estableciéndose un orden de concurrencia o de prelación entre los factores que puedan aducir los peticionarios, como son: naturaleza jurídica pública o privada del empresario; propiedad del suelo; adecuación a la prioridad de usos prevista en la Ley de Aguas de Canarias y en estas Normas; titularidad de otras concesiones conexas; puesta de una parte del agua a disposición de entes públicos; mejores condiciones de ofertas; compromiso de explotación consorciada; rentabilidad social; clase de cultivo a que se va a destinar, en su caso, el agua y otros de finalidad análoga.

4. Podrá prescindirse del concurso público cuando las bases de la concesión supongan unas condiciones que excluyan la concurrencia por su propia naturaleza, o cuando se exija, al amparo del apartado dos del presente artículo, que los peticionarios sean todos los titulares de la zona afectada o cuando se imponga una explotación consorciada de los mismos (artº. 82 de la de la LAC).

5. Se prescindirá en todo caso, del concurso público cuando los caudales objeto de un aprovechamiento hayan sido alumbrados como consecuencia de obras ejecutadas al amparo de un permiso de investigación de aguas subterráneas y cuando se trate de concesiones para aumento de caudales de obras previamente autorizadas.

Artículo 72º.- Quien desee obtener una concesión lo solicitará al correspondiente Consejo Insular de Aguas mediante instancia en la que pida la iniciación del trámite de concurso público de proyectos y haga constar los siguientes extremos:

- Peticionario (persona física o jurídica).

- Caudal de agua solicitado.

- Descripción de las obras.

- Destino de las aguas, entendido por tal la zona donde se utilizarán y el tipo de uso que se les dará.

Artículo 73º.- 1. Tras comprobarse que la solicitud resulta admisible por no contradecir la planificación hidrológica y no implicar perjuicios para explotaciones preexistentes amparadas por la Ley de Aguas de Canarias, el Consejo Insular de Aguas la aceptará y aprobará las bases del correspondiente concurso público.

2. La resolución que deniegue la admisión de una solicitud deberá venir fundada en el incumplimiento de cualquiera de dichas dos condiciones relativas a la existencia de contradicciones con la planificación hidrológica o de perjuicio para explotaciones legales y preexistentes.

Artículo 74º.- Antes de la denegación de una solicitud, el Consejo Insular de Aguas podrá proponer al peticionario su modificación en el sentido que permita su admisión. Aceptada esta propuesta, se emitirá resolución por la que se acepta la solicitud y se aprueban las bases del concurso.

Artículo 75º.- En cualquier caso, el Consejo Insular de Aguas podrá promover los concursos que consideren convenientes en orden a mejorar la explotación de los recursos hidráulicos de sus islas mediante la simple aprobación de las bases de las convocatorias y su tramitación de acuerdo con lo establecido en las presentes Normas.

Artículo 76º.- 1. Admitida la solicitud de una concesión, el Consejo Insular de Aguas remitirá al Boletín Oficial de la Provincia la convocatoria del correspondiente concurso. En ella se anunciará la apertura de un plazo de un mes, ampliable hasta tres a criterio del propio Consejo y según la importancia del proyecto y el tipo de la documentación técnica exigida, para que el peticionario concrete y documente su petición, admitiéndose también, en el mismo plazo, otras solicitudes igualmente documentadas que tengan un objeto similar.

2. En la convocatoria se especificarán las condiciones y particularidades a que deberá atenerse cada oferta para que cumpla los requisitos de adaptación a la planificación hidrológica y de inexistencia de perjuicios a explotaciones legales y preexistentes y la clase de documentos y estudios que deberán respaldarla, que, en todo caso, se limitarán a los estrictamente necesarios para describir suficientemente la oferta, justificar su viabilidad y evaluar sus ventajas e inconvenientes.

3. En el mismo anuncio de la convocatoria se recogerá el derecho de cualquier interesado a oponerse a ella si la considera incompatible con la planificación hidrológica y de los titulares de explotaciones amparadas por la Ley de Aguas de Canarias por razón de los perjuicios que con ella se les pueda ocasionar.

Artículo 77º.- 1. Durante el plazo señalado en el artículo anterior, el peticionario y cuantos deseen presentar proyectos en competencia se dirigirán al correspondiente Consejo Insular de Aguas mediante instancia en la que formulen sus peticiones, pudiendo solicitar en ese momento la declaración de utilidad pública y la imposición de las servidumbres que consideren necesarias. A cada instancia se acompañará, en sobre debidamente cerrado y lacrado, la documentación exigida por la convocatoria.

2. En el caso de que se solicite declaración de utilidad pública a efectos de expropiación forzosa, la documentación técnica deberá recoger la relación concreta e individualizada de los bienes y derechos que se considere de necesaria expropiación. Si se pretende la imposición de servidumbres se cumplirán los requisitos que para esta finalidad se requieren en las presentes Normas.

Artículo 78º.- 1. El desprecintado de los documentos técnicos se realizará públicamente en la fecha y hora designada por el Consejo Insular de Aguas en la convocatoria del concurso, que habrá de fijarse para no antes de seis días después del de conclusión del plazo de presentación de las peticiones.

2. De la apertura de la documentación se levantará acta, que deberán firmar los interesados presentes.

3. Si se aprecia insuficiencia en la documentación de alguno de los concursantes, se le requerirá para que subsane la falta o acompañe los documentos preceptivos en el plazo previsto en el artículo 71.1 de la Ley de Régimen Jurídico de las Administraciones Públicas y del Procedimiento Administrativo Común.

Artículo 79º.- 1. Concluido el trámite anterior, el Consejo Insular de Aguas examinará la documentación presentada con cada petición, los escritos de oposición a la convocatoria y los de alegaciones.

2. Si del examen de las oposiciones se deduce que la convocatoria es compatible con la planificación hidrológica y que no existen perjuicios para explotaciones preexistentes, se emitirá resolución que las desestime.

3. La resolución que estime alguna de estas oposiciones en sus condiciones de compatibilidad con la planificación hidrológica y de inexistencia de perjuicios sobre explotaciones preexistentes dará fin a la tramitación del concurso con la anulación de la convocatoria.

4. Si no llegara a presentarse ninguna oferta que resulte compatible con las bases de la convocatoria y con lo dispuesto en la planificación hidrológica, el concurso se resolverá mediante acto que lo declare desierto.

Artículo 80º.- 1. Una vez desestimadas las oposiciones, se solicitarán los informes que sean necesarios para fundamentar la resolución del concurso, entre los que necesariamente habrán de figurar los de los municipios afectados para el caso de que entre los destinos del agua aprovechada figure el suministro de su población.

2. Para la emisión de cualquiera de los informes solicitados se dará vista del expediente y la documentación técnica que acompañe a todas las ofertas presentadas.

Artículo 81º.- 1. Emitidos tales informes, el Consejo Insular de Aguas citará con antelación suficiente a todos los concursantes al acto de reconocimiento sobre el terreno para la necesaria confrontación sobre el terreno los proyectos presentados, de la que se levantará acta que suscribirán los asistentes.

2. En el caso de que no se haya presentado ninguna petición en competencia, se podrá prescindir de este trámite cuando el conocimiento de las circunstancias de la petición dispense al Consejo Insular de Aguas de la necesidad de adquirir nuevos datos y realizar comprobaciones sobre el terreno en relación con ella.

Artículo 82º.- El órgano del Consejo Insular de Aguas responsabilizado de la tramitación del concurso emitirá informe sobre las diferentes ofertas presentadas en el que se analizarán las ventajas e inconvenientes de cada una de ellas con respecto a las circunstancias que se deduzcan de los términos de la planificación hidrológica vigente y de las bases de la propia convocatoria. Informará, en su caso, sobre el régimen de tarifas previsto y propondrá la petición a favor de la cual debe resolverse el concurso, el orden de aceptación de las restantes y las condiciones en las que deberá otorgarse el título concesional.

Artículo 83º.- Emitido dicho informe-propuesta, se dará trámite de audiencia a los licitantes de las actuaciones incluidas en el expediente en la forma prevista por Ley de Régimen Jurídico de las Administraciones Públicas y del Procedimiento Administrativo Común.

Artículo 84º.- 1. A la vista de las alegaciones formuladas tras dicho trámite de audiencia, el Consejo Insular de Aguas resolverá el concurso mediante la designación de un peticionario y el establecimiento de un orden de preferencia entre los no designados.

2. Las condiciones en que puede otorgarse la concesión se notificarán al peticionario único o al designado entre los presentados al trámite de competencia para que en el plazo máximo de quince días hábiles manifieste su conformidad con ellas o formule las observaciones que estime pertinentes. Cuando el peticionario no responda a esta notificación, se le requerirá de nuevo por un plazo de diez días, con la advertencia de que, de no dar contestación, se le tendrá por desistido en su petición.

3. Si el peticionario formula observaciones y el Consejo Insular las admite, se le otorgará la concesión, y, si no, se le fijará un plazo de diez días para que acepte de plano las condiciones propuestas, con la advertencia que, de no hacerlo así, se le tendrá por desistido de su solicitud.

4. Si se produce el desistimiento del peticionario designado y hubiera otros, el primero del orden de preferencia del concurso pasará a considerarse como nuevo designado y tendrá la opción de aceptar las condiciones de otorgamiento de la concesión en los términos de los párrafos 2 y 3 de este mismo artículo.

Artículo 85º.- Entre las condiciones de la concesión habrán de figurar como mínimo las siguientes:

a) El máximo caudal aprovechable.

b) Los valores límites de los parámetros de calidad del agua.

c) La imposición de una fianza por un importe del tres por ciento del presupuesto de ejecución material de las obras del aprovechamiento como garantía frente a eventuales daños inferidos al dominio público hidráulico por un mal uso de la concesión.

d) La fijación de los plazos de desarrollo del aprovechamiento, al menos en lo referente al inicio y terminación de las obras y al comienzo de la explotación.

e) El destino de las aguas.

f) Las tarifas máximas de transmisión de los caudales aprovechados cuando se autorice su venta, las cuales se fijarán con carácter singular o mediante su remisión a los precios máximos o de vigilancia especial a que se refieren los artículos 301 y siguientes de estas Normas.

Artículo 86º.- Extinguida una concesión otorgada mediante concurso por haberse incurrido en motivos de caducidad, el Consejo Insular de Aguas determinará si persisten las circunstancias de hecho y derecho vigentes al tiempo de la celebración de aquél, en cuyo caso, sin más trámites, con la fin de otorgar una nueva concesión y conforme al orden de preferencia de su primera resolución, se podrá formular la notificación de condiciones a que se refiere el segundo párrafo del artículo 84 de las presentes Normas.

Artículo 87º.- La resolución de los concursos se comunicará a los licitantes en la forma prevista en Ley de Régimen Jurídico de las Administraciones Públicas y del Procedimiento Administrativo Común.

Artículo 88º.- La concesión otorgada será inscrita de oficio en el Registro de Aguas del correspondiente Consejo Insular de Aguas.

Sección sexta

Procedimiento sin concurso público para concesiones de aprovechamiento de aguas

Artículo 89º.- 1. Cuando, de conformidad con lo establecido en las presentes Normas, proceda el otorgamiento de una concesión con omisión del concurso público, quien desee obtenerla lo solicitará mediante instancia ante el correspondiente Consejo Insular de Aguas manifestando su pretensión y haciendo constar los siguientes extremos:

- Peticionario (persona física o jurídica).

- Circunstancias que permiten prescindir del concurso público.

- Caudal de agua solicitado.

- Descripción de las obras.

- Destino de las aguas.

Artículo 90º.- 1. Tras comprobación de que la solicitud resulta admisible por cumplir las condiciones de no contradecir la planificación hidrológica y no supone perjuicios evidentes para explotaciones preexistentes amparadas por la Ley de Aguas de Canarias, el Consejo Insular de Aguas la admitirá a trámite.

2. La resolución que deniegue la admisión de una solicitud deberá venir fundada en el incumplimiento de cualquiera de dichas dos condiciones.

3. En los casos en que proceda la admisión de la solicitud, pero no la omisión del concurso, el acto resolutorio que la acepte ordenará su tramitación con arreglo a las normas generales que para este procedimiento se establecen en las presentes Normas.

Artículo 91º.- En todo caso, el Consejo Insular de Aguas podrá proponer al peticionario cualquier modificación o condicionamiento del proyecto que le permita dar cumplimiento a sus condiciones de admisibilidad. Aceptada esta propuesta, se emitirá resolución positiva.

Artículo 92º.- 1. Admitida la solicitud de una concesión para su tramitación prescindiendo del concurso público, la petición y su documentación se someterán a información pública, mediante la inserción de un anuncio en el Boletín Oficial de la Provincia y su exposición en los tablones oficiales de los Ayuntamientos en cuyos términos municipales se hayan de desarrollar las obras, en el que se recogerá el derecho de cualquier interesado a oponerse a ella si la considera incompatible con la planificación hidrológica y el de los titulares de explotaciones amparadas por la Ley de Aguas de Canarias en razón a los perjuicios pueda suponer para sus aprovechamientos.

2. El anuncio expresará, al menos, el nombre del peticionario, el tipo de aprovechamiento y la zona de desarrollo y si se ha interesado la declaración de utilidad pública a efectos de expropiación o la imposición de servidumbres. Se indicará, asimismo, que, durante el plazo que se señale, que en ningún caso será inferior a veinte días naturales contados a partir del de su publicación, los interesados podrán examinar el expediente y los documentos técnicos presentados y formular alegaciones por los medios establecidos en la Ley de Régimen Jurídico de las Administraciones Públicas y del Procedimiento Administrativo Común.

3. Al término del plazo de exposición, los Ayuntamientos en los que ésta se haya ordenado remitirán el certificado acreditativo de haberse dado cumplimiento al trámite con expresión de su resultado.

Artículo 93º.- 1. Concluido el trámite de información pública, el Consejo Insular de Aguas examinará la documentación presentada con la petición, los escritos de oposición a la convocatoria y los de alegaciones.

2. Si del examen de las oposiciones se deduce que la convocatoria es compatible con la planificación hidrológica y que no existen perjuicios para explotaciones preexistentes, se dictará resolución que las desestime.

3. La resolución que acepte alguna de estas oposiciones en sus requisitos de compatibilidad con la planificación hidrológica y de ausencia de perjuicios sobre explotaciones preexistentes dará fin a la tramitación con la denegación de la solicitud.

Artículo 94º.- 1. Una vez desestimadas las oposiciones, se solicitarán los informes que sean necesarios para fundamentar la resolución del expediente, entre los que necesariamente habrán de figurar los de los municipios afectados para el caso de que entre los destinos del agua aprovechada figure el suministro de su población.

2. Para la emisión de cualquiera de los informes solicitados se dará vista del expediente y la documentación técnica que acompañe a la solicitud.

Artículo 95º.- Emitidos dichos informes, se dará trámite de audiencia a los interesados de las actuaciones incluidas en el expediente en la forma prevista por Ley de Régimen Jurídico de las Administraciones Públicas y del Procedimiento Administrativo Común.

Artículo 96º.- A la vista de las alegaciones formuladas en dicho trámite de audiencia, el Consejo Insular de Aguas resolverá el expediente en las condiciones previstas en los artículos 84 y siguientes de estas Normas para el caso de peticionario único.

Sección séptima

Concesiones para continuación de obras

para alumbramiento de aguas subterráneas

Artículo 97º.- 1. La continuación de labores de alumbramiento de aguas subterráneas de quienes, conforme a lo establecido en la Disposición Transitoria Tercera de la Ley 12/1990, no hubieran acreditado sus derechos para la inscripción en el Registro de Aguas y, en cualquier caso, mediando o no tal acreditación, la continuación de estas mismas labores para el aumento de sus caudales aforados exigirá previa concesión administrativa que ampare la totalidad de la explotación.

2. Para ello, y de acuerdo con lo establecido en el artículo 72 de estas Normas, en la solicitud de continuación habrá de especificarse el destino de la totalidad de sus aguas, tanto de las alumbradas previamente a la formulación de la nueva solicitud como de las de futuro alumbramiento.

3. En lo demás, el procedimiento de la concesión se atendrá a lo estipulado para las concesiones de aprovechamiento de aguas sin trámite de concurso público.

Artículo 98º.- En el caso de que el titular del aprovechamiento fuera un Heredamiento o una Comunidad de Aguas Canaria de las constituidas al amparo de la Ley de 27 de diciembre de 1956, se considerará que cada partícipe adquiere la cuota proporcional de la condición de concesionario y se aceptará, como destino de los caudales ya alumbrados al formularse la solicitud, el que hubiera existido regularmente con anterioridad a ella.

Sección octava

Renovación de concesiones de aprovechamiento de aguas

Artículo 99º.- 1. Las concesiones podrán ser renovadas al término de su plazo, ateniéndose al procedimiento de concurso público, en el que se incluirá como factor de preferencia el hecho de haber sido anterior concesionario, siempre que no se haya incurrido en caducidad por incumplimiento de sus condiciones esenciales.

2. Cuando el destino de las aguas fuese el abastecimiento a la población o el uso agrícola, el titular de la concesión podrá obtener una nueva con el mismo uso y destino, debiendo formular la solicitud en el trámite de audiencia previa en el expediente de declaración de extinción o durante los últimos cinco años de vigencia de aquélla.

3. En el caso de producirse esta solicitud, y siempre que no se opusiera a lo establecido en el Plan Hidrológico, el Consejo Insular tramitará el expediente con omisión del trámite de proyectos en competencia (artº. 83 de la LAC).

Artículo 100º.- 1. La renovación deberá formularse mediante petición del titular de la concesión que, en su caso, incluya la expresa solicitud de exclusión del trámite de proyectos en competencia y la alegación de las circunstancias que la permiten, a la que se acompañará una memoria descriptiva del aprovechamiento del agua que ha supuesto la concesión en fase de renovación con atención a las siguientes particularidades:

- Las obras ejecutadas y las fechas de su ejecución.

- Los caudales obtenidos y su grado de utilización.

- El destino y usos de las aguas captadas y las zonas beneficiadas.

2. La solicitud será sometida a un trámite de información mediante la inserción de un anuncio en el Boletín Oficial de la Provincia y en los tablones de los ayuntamientos en cuyos términos municipales radiquen las obras del aprovechamiento.

Artículo 101º.- 1. Cuando esté acreditado que las aguas de una concesión han sido destinadas al abastecimiento de la población o a usos agrícolas en fracción superior a la mitad de su caudal total, que su aprovechamiento resulta compatible con la planificación hidrológica y que en su aplicación no se ha incurrido en causas de caducidad, el Consejo Insular de Aguas autorizará su renovación sin trámite de concurso público de proyectos en competencia.

2. De concurrir dichas causas de caducidad, el Consejo Insular de Aguas incoará el preceptivo expediente dirigido a su declaración.

Artículo 102º.- De no proceder la omisión del trámite de proyectos en competencia, y siempre que no haya sido caducada, la renovación de una concesión se convocará mediante concurso público en cuyas bases habrá de figurar como mérito preferente el haber sido anterior titular de la concesión en trámites de renovación.

Sección novena

Modificación de las condiciones no esenciales y transmisión de las concesiones

Artículo 103º.- 1. Toda concesión podrá ser modificada por el Consejo Insular de Aguas de oficio o a instancia de los concesionarios por razón de alteración en los supuestos de hecho de su otorgamiento o por su adecuación a la planificación hidrológica.

2. Se considerará que existe alteración de los supuestos de hecho de una concesión si, con posterioridad a su otorgamiento, sobrevienen cambios en las circunstancias que la motivaron, hasta el punto de quedar substancialmente afectadas sus causas y finalidades y las de sus condiciones y características.

Artículo 104º.- Las revisiones de oficio por adecuación a la planificación hidrológica darán derecho a indemnización por los perjuicios ocasionados a los concesionarios, con arreglo a lo dispuesto en la legislación general en materia de expropiación forzosa.

Artículo 105º.- Sin otro requisito que su justificación mediante informe técnico, el Consejo Insular de Aguas podrá autorizar pequeñas modificaciones de las obras de una concesión en cualquier fase de su ejecución con motivo de su adaptación a circunstancias técnicas o hidrológicas desconocidas o imprevistas en el momento de su otorgamiento.

Artículo 106º.- 1. En los demás casos, la autorización de las modificaciones que afecten a las características y condiciones no esenciales de una concesión exigirán previa autorización administrativa del Consejo Insular de Aguas, emitida de conformidad con lo establecido en los siguientes artículos.

2. Se entenderán como características o condiciones esenciales de una concesión las relativas a la localización, configuración, y dimensiones fundamentales de sus obras, a la cuantía de los caudales aprovechables o al destino del agua, si supone cambio en los usos autorizados inicialmente en favor de otros con inferior prioridad en el orden de preferencia vigente para su zona.

3. Se considerará, en todo caso, como modificación de las condiciones no esenciales de una concesión la ampliación de obras necesarias para alcanzar o mantener los caudales otorgados, y la realización de sondeos exploratorios en la misma dirección de obras autorizadas, a no más de 5 metros de distancia de su traza autorizada y dirigidos a concretar sus posibilidades de alumbramiento o la naturaleza de los terrenos que hayan de atravesar.

Artículo 107º.- La solicitud deberá justificar la necesidad o conveniencia de la modificación proyectada y venir acompañada de su documentación descriptiva, del mismo tipo y naturaleza que la exigida para la obtención de una nueva concesión.

Artículo 108º.- El Consejo Insular de Aguas autorizará, en su caso, las modificaciones tras la práctica de un trámite de información pública mediante la inserción de un anuncio en el Boletín Oficial de la Provincia y en los tablones de los ayuntamientos en cuyos términos municipales radiquen las obras concedidas.

Artículo 109º.- 1. Si, una vez ejecutada una parte significativa de las obras autorizadas en una concesión, resulta razonable prever que con ellas no llegarán a alcanzarse los caudales otorgados, se admitirá la solicitud de autorización de nuevas obras para su consecución.

2. Las solicitudes de ampliación de concesiones para la consecución de caudales otorgados sólo podrán ser autorizadas cuando no resulten contradictorias con las especificaciones de la planificación hidrológica y previa comprobación de que no se afectará a captaciones preexistentes.

Artículo 110º.- 1. Una vez alumbrados los caudales de una concesión, su agotamiento o disminución dará derecho al concesionario a obtener autorizaciones para ejecutar nuevas obras para su mantenimiento.

2. Las solicitudes de ampliaciones concesionales para mantenimiento de caudales sólo podrán autorizarse cuando no resulten contradictorias con las especificaciones de la planificación hidrológica y previa comprobación de que no se afectará a captaciones preexistentes.

Artículo 111º.- 1. Los derechos que otorga una concesión administrativa en materia hidráulica pueden trasmitirse por actos intervivos y mortis causa.

2. En el caso de concesión sobre dominio público hidráulico, la validez de la transmisión estará subordinada a la posterior comunicación del negocio o acto jurídico de los nuevos titulares al Consejo Insular de Aguas.

En la transmisión de participaciones de comunidades u otras personas jurídicas se producirá la adquisición de la cuota proporcional en la condición de concesionario, en cuyo caso la obligación de comunicar corresponde a la comunidad o persona jurídica titular de la concesión.

3. En las concesiones de servicio público, la transmisión de los derechos que otorga precisará autorización previa del Consejo Insular de Aguas (artº. 112 de la LAC).

Artículo 112º.- 1. En el plazo de un año, cuando la transmisión obedezca a una sucesión Çmortis causaÈ, o de tres meses, si responde a otra circunstancia, y no se trata de ventas de caudales autorizadas según lo dispuesto en el anterior artículo 85.f) de estas Normas, el nuevo titular deberá comunicar la transmisión al Consejo Insular de Aguas.

2. A la correspondiente comunicación se deberá acompañar:

a) Documentación pública o fehaciente que acredite el tracto sucesivo de la concesión o su reanudación.

b) Descripción de las variaciones que deban verificarse en el aprovechamiento por razón de su transmisión, variaciones que en ningún caso podrán referirse a sus características y condiciones esenciales.

Artículo 113º.- 1. Los plazos de las obras de una concesión podrán prorrogarse a instancia del concesionario si acredita que los retrasos de su ejecución son debidos a factores imponderables o de difícil previsión al tiempo de proyectarse.

2. La autorización de modificaciones de una concesión implicará la inscripción de oficio de los nuevos términos concesionales en el correspondiente Registro de Aguas.

Sección décima

Modificación de las condiciones esenciales

de las concesiones

Artículo 114º.- Por razones de interés general, el Consejo Insular de Aguas podrá modificar las condiciones esenciales de una concesión, en resolución motivada y mediante expediente contradictorio en los siguientes casos:

1) En la zona de acuíferos declarados sobreexplotados, para reducir con carácter temporal el caudal producible con objeto de conservar equilibradamente los recursos hidráulicos. Cuando esta medida no afecte a todas las explotaciones de la zona y con ella se ocasione un beneficio a favor de otros aprovechamientos, los titulares de éstos deberán indemnizar al perjudicado. A falta de acuerdo entre ellos, se decidirá la cuantía que corresponda por el procedimiento de expropiación forzosa urgente. Estas medidas subsistirán hasta que se declare que la zona o acuífero ha dejado de encontrarse en situación de sobreexplotación.

2) Con objeto de racionalizar la explotación de una zona, el Consejo Insular de Aguas de oficio, o a iniciativa de los particulares, podrá imponer la reordenación de las concesiones ya existentes, exigiendo una explotación coordinada, consorciada o común entre varias de ellas. Las que pertenezcan a quienes no acepten las condiciones impuestas al efecto podrán ser expropiadas con la indemnización correspondiente, en beneficio de los demás.

3) Cuando se constaten afecciones recíprocas entre varias concesiones existentes o se prevea la posibilidad de que se produzcan, podrán imponerse las medidas establecidas en el número anterior y con las mismas garantías a favor de los concesionarios (artº. 84 de la LAC).

Artículo 115º.- En el caso de alumbramiento de caudales superiores a los otorgados en la concesión, ésta podrá ser ampliada siempre y cuando lo permita la racional explotación del acuífero (artº. 80.3 de la LAC).

Artículo 116º.- La resolución de un procedimiento contradictorio de modificación de concesiones en virtud de la reducción temporal del caudal producible en zonas sobreexplotadas, por racionalización de explotaciones o por afección entre ellas, supondrá necesariamente la aprobación de un programa de reordenación, temporal o definitiva, de la explotación hidráulica de la zona, en el que se recogerán las condiciones y limitaciones del nuevo régimen de explotación de todos y cada uno de los aprovechamientos afectados y el de las compensaciones que habrán de producirse entre ellos.

Artículo 117º.- 1. El acto del Consejo Insular de Aguas que dé inicio a uno de estos procedimientos contradictorios, así como los estudios técnicos que lo motiven, se someterán a un trámite de información pública mediante inserción de un anuncio en el Boletín Oficial de la Provincia y en los tablones de los ayuntamientos de los municipios en cuyos términos municipales radiquen las obras de sus aprovechamientos y notificación a los titulares de las concesiones y aprovechamientos temporales de aguas privadas afectadas.

2. A la vista de las alegaciones formuladas con ocasión de dicho trámite, el Consejo Insular de Aguas aprobará, en su caso, un programa inicial de reordenación de la explotación hidráulica de la zona, del que, por el plazo de un mes, se dará vista a los interesados en el expediente.

Artículo 118º.- 1. Los titulares de todos o parte de los aprovechamientos afectados podrán ofrecer conjuntamente medidas relativas a las condiciones y limitaciones de explotación que les afectan, cuyos resultados o efectos equivalgan a las incluidas en el programa inicial de reordenación, medidas que, en cuanto sea cierta esta equivalencia, habrán de ser aceptadas por el Consejo Insular.

2. Igualmente, en cuanto conduzcan a los mismos resultados que el del programa inicial, el Consejo Insular de Aguas, habrá de aceptar el régimen de compensaciones recíprocas que pacten entre sí los titulares de todos o parte de los aprovechamientos afectados.

Artículo 119º.- 1. Con arreglo a las manifestaciones y ofertas presentadas, se dictará la resolución del expediente contradictorio, que incluirá el programa de reordenación de la explotación hidráulica de la zona.

2. En dicha resolución se ordenará a los titulares de las explotaciones afectadas que expresen su aceptación de las condiciones impuestas para tal explotación, con la advertencia de que quienes no las acepten serán expropiados en beneficio de los demás.

Artículo 120º.- Una vez ocupados los bienes sometidos a un procedimiento de expropiación forzosa derivado de no aceptarse el programa de reordenación de un expediente contradictorio de modificación de concesiones por reducción temporal del caudal producible en zonas sobreexplotadas, por racionalización de explotaciones o por afección entre ellas, se convocará un concurso de proyectos en competencia para la concesión de los aprovechamientos expropiados, con derecho preferente a favor de los titulares de otras explotaciones de la zona afectados por el mismo expediente, en el que podrá incluirse la condición de reintegro a la Administración de los costes en que haya incurrido en ocasión de dicho procedimiento expropiatorio.

Artículo 121º.- La ampliación de una concesión para aumento de su caudal precisará de un nuevo acto concesional complementario del anterior. Estas ampliaciones se extinguirán en el mismo momento que la concesión principal, teniendo el carácter de accesorio de ella (artº. 80.1 de la LAC).

Artículo 122º.- 1. Las solicitudes de ampliaciones concesionales por aumento de caudal o las de concesiones complementarias para alumbramiento de caudales superiores a los inicialmente otorgados sólo podrán ser autorizadas en el caso de propuestas de usos del agua de prioridad igual o superior al de la concesión inicial, siempre que no resulten contradictorias con las especificaciones de la planificación hidrológica, previa justificación de que no se afectarán captaciones preexistentes y de que lo permite la racional explotación del acuífero.

2. La tramitación de las solicitudes de dichas ampliaciones concesionales o concesiones complementarias se tramitarán de acuerdo con las reglas de procedimiento establecidas para el otorgamiento de concesiones sin trámite de concurso público.

Artículo 123º.- Con la excepciones relativas a los supuestos de los anteriores artículos 114 y 115, las modificaciones que afecten a las características y condiciones esenciales de una concesión exigirán nuevo acto concesional sometido a la tramitación que proceda con arreglo a lo estipulado en la Ley 12/1990 y en las presentes Normas y, en todo caso, con derecho preferente para el anterior concesionario si no hubiera incurrido en motivos de caducidad.

Sección undécima

Extinción de las concesiones

Artículo 124º.- 1. Las concesiones y los derechos sobre el dominio público hidráulico se extinguirán por:

1º) Expropiación forzosa o rescate de la concesión, con la indemnización correspondiente en su caso.

2º) Expiración del plazo de la concesión o renuncia de su titular.

3º) Caducidad de la concesión por la interrupción continuada de la explotación durante dos años consecutivos, siempre que dicha interrupción sea imputable al titular.

4º) Revocación de la concesión por el incumplimiento de las condiciones esenciales previstas como tales en el documento concesional.

5º) Mutuo acuerdo entre la Administración concedente y el concesionario (artº. 85 de la LAC).

2. El Consejo Insular de Aguas que dicte una resolución de extinción podrá imponer condiciones, cuyo cumplimiento será obligatorio para el titular del derecho extinguido y exigible por los medios previstos en la legislación. En el supuesto de que la extinción obedezca a expropiación forzosa, la compensación por dicho cumplimiento correrá a cargo del beneficiario.

3. Las servidumbres en favor de terceros constituidas sobre bienes que hayan de revertir a la Administración deberán ser redimidas por el titular del derecho en extinción o aceptadas por el beneficiario de la expropiación, salvo que hayan sido impuestas con autorización de aquélla, en cuyo caso habrán de ser aceptadas por ella o por el nuevo titular del aprovechamiento.

Artículo 125º.- Todos los derechos sobre aguas quedan sujetos a su total o parcial expropiación forzosa en favor de:

a) Usos que, en el orden de prioridad establecido por la planificación hidrológica, precedan al de su utilización habitual, y ello de conformidad con lo dispuesto en la legislación general sobre la materia.

b) Los titulares de las restantes explotaciones afectadas por un expediente contradictorio en los casos de no aceptación de los programas de reordenación de la explotación hidráulica de una zona.

Artículo 126º.- Las facultades sobre el dominio público hidráulico ejercitadas al amparo de la normativa anterior a la Ley de Aguas 12/1990, o de la planificación y actos administrativos dictados a su amparo, quedan sometidas, previa indemnización con arreglo a lo establecido en materia de expropiación forzosa, a las restricciones que les imponga la planificación hidrológica, salvo que deriven en cantidad o calidad de las variaciones naturales del acuífero (artº. 30.2 de la LAC) .

Artículo 127º.- 1. La facultad de expropiar derechos sobre aguas se hace extensiva a la de las obras, instalaciones, predios y cualquier derecho en general anejo a su explotación que resulten imprescindibles para su normal aprovechamiento.

2. El titular de un derecho sobre aguas sometido a expropiación forzosa podrá solicitar la inclusión en el procedimiento expropiatorio de las obras, instalaciones, predios y cualquier derecho en general necesario para su explotación o anejo a su aprovechamiento.

Artículo 128º.- 1. La instrucción de un expediente de expropiación forzosa de derechos sobre aguas se iniciará mediante declaración del correspondiente Consejo Insular de Aguas, de la que se dará audiencia a los interesados y a la que se le practicará un trámite de información pública por un plazo de al menos quince días mediante la inserción de un anuncio en el Boletín Oficial de la Provincia y en los tablones de los ayuntamientos en cuyos términos municipales radiquen las obras y el aprovechamiento.

2. Cuando los derechos sobre aguas en expropiación sean anteriores a la Ley de Aguas 12/1990, el trámite de audiencia podrá limitarse exclusivamente a los concesionarios y titulares del aprovechamiento.

3. Una vez acreditado el pago del justiprecio o de su equivalente, el Consejo Insular de Aguas concluirá el expediente de extinción del derecho expropiado.

Artículo 129º.- 1. El Consejo Insular de Aguas podrá incoar expedientes de extinción de las concesiones por expiración de su plazo a partir de los dos años anteriores a la conclusión de sus períodos de vigencia.

2. Todo expediente de extinción de derechos por expiración de plazo será sometido a un trámite de información pública por un plazo de al menos veinte días mediante la inserción de un anuncio en el Boletín Oficial de la Provincia y en los tablones de los ayuntamientos en cuyos términos municipales radiquen las obras concedidas.

Artículo 130º.- 1. Las concesiones podrán declararse caducadas por incumplimiento grave de sus plazos o de cualquiera de sus condiciones esenciales.

2. Asimismo, el derecho al uso privativo de las aguas, cualquiera que sea el título de su adquisición, podrá declararse caducado por interrupción permanente e imputable al titular de la explotación durante tres años consecutivos.

Artículo 131º.- 1. En los supuestos de existencia de causas de caducidad, el Consejo Insular de Aguas incoará el expediente de extinción, que notificará al titular de la concesión, con expresión de sus motivos, a fin de que formule alegaciones en defensa de sus derechos.

2. Asimismo, la declaración motivada de iniciación del expediente de caducidad se someterá a un trámite de información pública por un plazo de al menos quince días mediante la inserción de un anuncio en el Boletín Oficial de la Provincia y en los tablones de los ayuntamientos en cuyos términos municipales radiquen las obras concedidas.

Artículo 132º.- 1. Las renuncias de concesiones para aprovechamientos de aguas tendrán que ser expresamente aceptadas por el Consejo Insular de Aguas, que las aprobará cuando no vayan en perjuicio del interés general o de terceros.

2. La renuncia a derechos sobre aguas se someterá a un trámite de información pública por un plazo de al menos quince días mediante la inserción de un anuncio en el Boletín Oficial de la Provincia y en los tablones de los ayuntamientos en cuyos términos municipales radiquen las obras concedidas.

CAPÍTULO IV

DEL REGISTRO

Y DEL CATÁLOGO DE AGUAS

Sección primera

El registro de aguas

Artículo 133º.- 1. Se constituye un Registro de Aguas en el que se inscribirán los títulos legitimadores de todos los aprovechamientos de aguas en régimen concesional y de los temporales de aguas privadas, así como las incidencias propias de su tráfico jurídico con los efectos previstos en la legislación de aguas.

2. No podrá otorgarse concesión ni autorización alguna de aprovechamiento de aguas que contradiga los derechos y situaciones derivados de títulos administrativos inscritos en el Registro, sin que previamente se haya procedido a su anulación, bien sea en vía administrativa contradictoria o en la posterior vía jurisdiccional contencioso-administrativa.

3. A instancia de los interesados la Administración protegerá los derechos y situaciones derivados de los títulos administrativos inscritos en el Registro de Aguas, sin que pueda oponerse acción interdictal contra las medidas que al efecto se adopten (artº. 51 de la LAC).

Artículo 134º.- 1. El Consejo Insular de Aguas llevará un Registro de Aguas en el que se inscribirán:

a) de oficio, las concesiones de aprovechamiento de aguas, así como las modificaciones autorizadas en su titularidad, condiciones y características;

b) los aprovechamientos temporales de aguas privadas;

c) las autorizaciones de alumbramientos válidas a la entrada en vigor de la Ley 12/1990 que, conforme a lo dispuesto en su Disposición Adicional Tercera, hubieran sido acreditadas para su inscripción en él;

d) las autorizaciones dictadas conforme a lo dispuesto en los artículos 40, 54 y 55 de las presentes Normas; y,

e) las autorizaciones y concesiones para la producción industrial de aguas.

Artículo 135º.- 1. En el Consejo Insular de Aguas existirá un único Registro de Aguas conformado por un libro de inscripciones y sus índices auxiliares.

2. Estará integrado dicho libro por hojas móviles, foliadas y selladas con anterioridad a su apertura. En la primera hoja de cada uno de sus volúmenes se extenderá una diligencia fechada en la que se hará constar el número de las que lo componen y que ninguna de ellas ha sido utilizada.

3. Los asientos del libro del Registro de Aguas estarán exentos de enmiendas y raspaduras y se numerarán correlativamente. Los errores de una inscripción se salvarán al final de ella o mediante otra que cancele la errónea.

Artículo 136º.- 1. Cada aprovechamiento dispondrá de una hoja registral del libro de inscripciones, donde se practicarán los asientos correspondientes a sus concesiones y autorizaciones. Todos los asientos relativos al mismo aprovechamiento se practicarán sin dejar espacios en blanco entre ellos. Cuando se llene la hoja destinada a uno de ellos, se abrirá otra, relacionada con la anterior mediante las oportunas notas de referencia.

2. A los efectos de su inscripción, se entiende como un aprovechamiento el vinculado a las aguas de una sola captación, ya consista ésta en la toma de un cauce, en un manantial, un pozo o una galería o una instalación de producción industrial de agua.

Artículo 137º.- La primera inscripción será la de inmatriculación y contendrá los siguientes apartados:

a) Número identificativo del expediente inicial de la concesión o autorización del aprovechamiento de aguas, que será invariable, cualquiera que sea su tracto.

b) Tipo del aprovechamiento, ya provenga éste de una captación de aguas superficiales o de un manantial, pozo, galería o sistema de producción industrial de agua.

c) Nombre de la obra de captación, si lo tuviera.

d) Término municipal de la captación, que será el del punto de la corriente superficial donde se toma el agua, o donde brota el manantial, se emboquilla la galería o el pozo o se emplaza la instalación de producción industrial de agua.

e) Nombre del titular del aprovechamiento.

f) Caudal máximo concedido o, en el caso de aprovechamiento temporal de aguas privadas, caudal inscrito con expresión de los límites estacionales, temporales o de cualquier otro tipo que tenga fijados.

g) Destino del agua.

Artículo 138º.- 1. A continuación de la inmatriculación se inscribirán las obras ejecutadas o autorizadas del aprovechamiento mediante las anotaciones que exijan su descripción general y sucinta y, en el caso de estas últimas, los plazos autorizados para su ejecución.

2. En el caso de obras de captación de aguas subterráneas, se especificarán los datos topográficos relativos al sistema de obras de perforación existente y al autorizado.

Artículo 139º.- Con posterioridad a la inmatriculación de un aprovechamiento y a la inscripción inicial de sus obras en el Registro de Aguas, se realizarán las inscripciones exigidas por aquellas variaciones que conviertan en inciertas las anotaciones anteriores, ya sean debidas a actos administrativos que modifiquen las condiciones y características de anteriores concesiones o autorizaciones, ya a circunstancias de hecho efectivamente comprobadas que afecten al contenido de los datos registrales.

Artículo 140º.- 1. El Registro de Aguas tendrá el carácter de público, por lo que cualquier persona podrá examinar discrecionalmente sus índices, tomar las notas que tenga por convenientes y, previo abono de la preceptiva tasa, obtener certificaciones del Consejo Insular de Aguas relativas a las anotaciones de un aprovechamiento en particular.

2. El Consejo Insular de Aguas no estará obligado, sin embargo, a facilitar certificaciones generales de secciones del Registro de Aguas o de grupos de aprovechamientos, ni copias simples o autorizadas de ellas o de los índices auxiliares a que se refiere el artículo 144 de las presentes Normas.

Artículo 141º.- 1. Los titulares de concesiones o autorizaciones inscritas en el Registro de Aguas podrán solicitar la intervención del correspondiente Consejo Insular de Aguas en defensa de sus derechos, de acuerdo con el contenido de su concesión o autorización y de lo previsto en la legislación de aguas.

2. Esta protección se ejercerá frente a quien se oponga a los derechos del titular o perturbe su ejercicio, mediante la aplicación de las medidas previstas en la Ley 12/1990, en sus reglamentos de desarrollo y en la legislación general de procedimiento administrativo.

Sección segunda

El catálogo de aguas y la información

sobre aprovechamientos de aguas

Artículo 142º.- 1. En la isla se creará un Catálogo de Aguas calificadas como privadas por la legislación anterior a la Ley 12/1990, destinado a recoger los derechos de esta naturaleza adquiridos conforme a las previsiones de la Ley de Aguas de 1879 y el Código Civil.

2. Las anotaciones de este Catálogo tendrán efectos declarativos (artº. 52 de la LAC).

Artículo 143º.- Las anotaciones del Catálogo de Aguas se referirán a:

a) Si lo hay, el número identificativo del expediente inicial de autorización del aprovechamiento de aguas.

b) El tipo de captación, con referencia a si se aprovechan aguas de un manantial, un pozo o una galería.

c) El nombre de la obra de captación o del manantial, si lo tuviera.

d) El término municipal de la captación, que será el del punto donde brota el manantial o se emboquilla la galería o el pozo.

e) El nombre del titular del aprovechamiento.

f) El caudal aprovechado, con especificación de sus variaciones estacionales y del volumen de extracción anual.

g) El destino del agua.

h) Los datos topográficos de las obras perforadas.

Artículo 144º.- Como instrumentos auxiliares del Registro y del Catálogo de Aguas, y a efectos estadísticos y técnicos, el Consejo Insular de Aguas llevará índices consistentes en ficheros normalizados de datos relativos a las aguas de la isla y a su aprovechamiento.

Artículo 145º.- 1. A propuesta del correspondiente Consejo Insular de Aguas, y mediante orden de la Consejería del Gobierno de Canarias con competencias en materia de aguas, las particularidades de inscripción de los artículos 137 y 143 de las presentes Normas podrán variarse o concretarse en sus detalles, para adaptarlos a las peculiaridades de los aprovechamientos de agua de la isla.

2. En todo caso, podrán realizarse anotaciones en el Registro o en el Catálogo relativas a la calidad del agua de los aprovechamientos, mediante la inscripción de datos relacionados con las concentraciones de aquellos elementos o compuestos químicos que denoten el grado de contaminación del agua o su calidad para los diferentes usos.

Artículo 146º.- 1. A requerimiento de la Consejería del Gobierno de Canarias con competencias en materia de aguas, el Consejo Insular de Aguas deberá facilitarle un duplicado de los libros de Registro de Aguas.

2. A requerimiento de la misma Consejería, el Consejo Insular de Aguas deberá facilitarle copia de la documentación o de los datos incluidos en los índices auxiliares del Registro de Aguas.

Artículo 147º.- 1. Los titulares de derechos de cualquier clase sobre el agua están obligados a suministrar la información que la Administración hidráulica les demande, directamente relacionada con el cumplimiento de sus fines [artº. 54.a) de la LAC].

2. A tales efectos, cuando sean requeridos expresamente para ello por el Consejo Insular de Aguas, habrán de aportar los datos sobre los aprovechamientos de aguas, su destino, las obras e instalaciones, así como cualquier otro que se estime pertinente.

3. Este requerimiento podrá tener el carácter de recurrente y periódico cuando la información se refiera a hechos y circunstancias susceptibles de sufrir variaciones estacionales o, en general, temporales.

4. La denegación de dichos datos o su aportación en forma errónea será considerada una infracción calificable como falta menos grave o grave, según la importancia del aprovechamiento y la naturaleza de la información denegada.

CAPÍTULO V

LAS COMUNIDADES DE USUARIOS

Sección primera

Normas generales

Artículo 148º.- 1. Sin perjuicio de las peculiaridades establecidas en la Ley 12/1990, se reconoce la personalidad jurídica de los Heredamientos y Comunidades de Aguas de Canarias, constituidos al amparo de la Ley de 27 de diciembre de 1956 y de las Comunidades de Usuarios previstas en la legislación estatal de aguas (artº. 24 de la LAC).

2. Las Heredades, Heredamientos o Comunidades de Aguas tradicionales de Canarias conservarán su estructura organizativa y sus estatutos, así como el patrimonio, los derechos, concesiones y beneficios de que sean titulares, en los términos establecidos en la legislación aplicable.

Artículo 149º.- 1. Los usuarios de aguas vinculados entre sí por utilizar aguas procedentes de una misma concesión o aprovechamiento, transportarlas por una misma red o usarlas para el riego de una zona común podrán constituirse en Comunidades de Usuarios. Cuando el destino del agua fuera primordialmente el riego, tales comunidades adoptarán la denominación de Comunidades de Regantes (artº. 24.3 de la LAC).

2. Las Comunidades de Usuarios que se creen al amparo de la legislación estatal de aguas tienen la consideración de corporaciones de Derecho Público. Las Comunidades de Aguas ya existentes podrán adquirir también esta condición si lo solicitaren (artº. 24.2 de la LAC).

3. Las Comunidades de Usuarios que tengan por objeto el riego han de dejar constancia del polígono o perímetro delimitador de su ámbito territorial y del aprovechamiento colectivo de los bienes del dominio público hidráulico cuyo uso les sea autorizado o concedido, quedando el agua adscrita a su cultivo.

4. Los terrenos adscritos a una Comunidad de Usuarios no podrán integrarse en otra distinta, salvo que el caudal de agua que se le haya asignado sea inferior al módulo de riego establecido, tenga otro objeto o se acredite su separación de aquella primera.

5. Sin perjuicio de lo dispuesto en la legislación que las ampara y regula en su personalidad, bienes y derechos, las Comunidades y Heredamientos tradicionales de Canarias titulares de aguas privadas que, además, compartan derechos sobre aguas públicas con otros titulares podrán participar con ellos en la correspondiente Comunidad de Usuarios, bien que sólo en su condición de cotitulares de aguas públicas y sin perjuicio de que en cuanto a las privadas sigan rigiéndose por su instituto de origen.

Artículo 150º.- 1. Las Comunidades de Usuarios vendrán obligadas a adecuar su actuación a las disposiciones del Plan Hidrológico Insular, así como a cumplir los acuerdos que en desarrollo del mismo les fije el respectivo Consejo Insular.

2. Las Comunidades podrán ejecutar por sí mismas y con cargo al usuario, los acuerdos incumplidos que supongan una obligación de hacer. El coste de la ejecución subsidiaria será exigible por la vía administrativa de apremio (artº. 25 de la LAC).

Artículo 151º.- 1. Las Comunidades de Usuarios estarán adscritas al Consejo Insular de Aguas, que velará por el cumplimiento de sus Estatutos u Ordenanzas y por el buen orden del aprovechamiento del que sean titulares.

2. Las Comunidades de Usuarios realizarán las funciones de policía, distribución y administración de las aguas, así como las de conservación y mejora de las obras y bienes a ellas atribuidos.

Artículo 152º.- 1. Los Estatutos u Ordenanzas de cada Comunidad de Usuarios serán aprobados por sus partícipes, que los presentarán ante el correspondiente Consejo Insular de Aguas para su aprobación administrativa.

2. El Consejo Insular no podrá denegar su aprobación a unos Estatutos u Ordenanzas, ni introducir modificaciones en ellos, sino por contravenir la legalidad, y en particular los principios del artículo 3 de la Ley 12/1990, o por su inadaptación a las determinaciones de la planificación hidrológica, pero en todo caso previo dictamen del Consejo Consultivo de Canarias.

Artículo 153º.- 1. Los Estatutos u Ordenanzas de las Comunidades de Usuarios especificarán los fines de la entidad, regularán su régimen organizativo, participativo y de representación y establecerán las reglas de policía y utilización de sus aguas, obras y bienes.

2. La Comunidad de Usuarios impondrá a todos sus partícipes las contribuciones económicas que, en equitativo reparto, exijan el sostenimiento de sus servicios, la explotación, conservación, mejora o ampliación de las aguas, obras y bienes que tengan atribuidas colectivamente y, en general, la satisfacción de cánones y tarifas y de cualquier gasto originado por la persecución de sus fines.

Artículo 154º.- 1. Cuando la demanda global de agua de los que soliciten participar en una Comunidad de Usuarios en constitución supere el caudal disponible, o el que razonablemente quepa esperar del aprovechamiento que constituya su objeto, se establecerá un orden de preferencia entre ellos en función del destino para el que se requiera el agua, conforme a las prioridades del artículo 36.2 de la Ley 12/1990 y, dentro de ellas, a las establecidas en la planificación hidrológica.

2. No podrán formar parte de una Comunidad de Usuarios quienes sean propietarios o concesionarios de caudales cuya racional utilización pudiera bastarles para satisfacer las necesidades de agua que justificarían su participación en ella.

Artículo 155º.- El Consejo Insular de Aguas podrá promover la constitución de Comunidades de Usuarios, en cuyo caso designarán a quienes hayan de actuar en su representación.

Artículo 156º.- Los Estatutos u Ordenanzas de las Comunidades de Usuarios se atendrán a los siguientes requisitos:

a) Sólo los propietarios de bienes y los titulares de servicios dependientes del aprovechamiento, o sus representantes legales, tendrán derecho a participar en la constitución o funcionamiento de una Comunidad y a ser elegidos para desempeñar cargos en ella.

b) En todo caso, la representación voluntaria deberá ser conferida expresamente y por escrito. Salvo limitación en contrario establecida en su otorgamiento, el representante voluntario estará facultado para participar en la adopción de cualquier acuerdo de la Comunidad, pero en ningún caso podrá sustituir al representado en el desempeño de un cargo de la propia Comunidad ni ser elegido para ocuparlo.

c) Cualesquiera que sean sus cuotas de participación en los elementos comunes, todos los propietarios tendrán derecho a participar en la constitución o funcionamiento de la Comunidad, a ser elegidos para desempeñar cargos en ella y a votar de acuerdo con lo consignado en sus Ordenanzas, pudiendo agruparse, en todo caso, hasta alcanzar el mínimo exigido para el directo ejercicio del derecho de voto.

d) A ningún partícipe podrá corresponderle un número de votos que alcance el 50 por ciento del conjunto de todos los comuneros, cualquiera que sea su participación en los elementos comunes y, consiguientemente, en los gastos de la Comunidad.

e) Ningún comunero podrá ser exonerado por entero de las obligaciones y cargas inherentes a su participación en el aprovechamiento colectivo de las aguas y demás elementos comunes. Tampoco podrán establecerse pactos o cláusulas estatutarias prohibitivas de la realización de las derramas necesarias para subvenir a los gastos de la Comunidad y al cumplimiento de sus demás obligaciones, o por los que se exima de responsabilidad a sus cargos.

Artículo 157º.- 1. El representante de quienes pretendan formar una Comunidad de Usuarios solicitará, con identificación o descripción del aprovechamiento que habrá de constituir su objeto y presentación de un proyecto de sus Estatutos, al Consejo Insular de Aguas la convocatoria de una asamblea de todos los interesados en ella, convocatoria que se efectuará mediante inserción de un anuncio en el Boletín Oficial de la Provincia con un mes al menos de anticipación a la fecha de su celebración.

2. En esta asamblea, que presidirá el solicitante, se confeccionará, en primer lugar, la relación de aquellos asistentes o representados que soliciten formar parte de la Comunidad de Usuarios y que, según el proyecto de Estatutos, reúnan las condiciones exigidas, y, mediante votación entre ellos y con arreglo al número de votos que según el proyecto presentado le corresponda a cada uno, se aprobarán dichos Estatutos y se elegirán los miembros de los órganos de dirección y representación de la Comunidad.

3. En el acta de esta asamblea figurará la relación de aquellos asistentes o representados que hayan solicitado formar parte de la Comunidad de Usuarios, con los datos relativos a su identificación y a las circunstancias que determinaron o no su derecho de incorporarse a ella, y el resultado de las votaciones efectuadas.

Artículo 158º.- 1. Aprobado el proyecto de Estatutos y Ordenanzas de la Comunidad de Usuarios, se depositará en el Consejo Insular de Aguas junto con la relación de sus miembros, la de sus representantes y directivos y las actas de las asambleas celebradas, a efectos de que, durante el plazo de treinta días, puedan ser examinados por quienes tengan interés en ello, a cuyo efecto el Consejo Insular de Aguas insertará un anuncio en el Boletín Oficial de la Provincia a costa de la Comunidad de Usuarios.

2. A la vista de las alegaciones formuladas, el Consejo Insular de Aguas acordará la aprobación o, conforme a lo especificado en el segundo párrafo del artículo 152 de las presentes Normas, la denegación de los Estatutos y/u Ordenanzas elaborados.

3. El Consejo Insular de Aguas aprobará, igualmente, la relación de usuarios y resolverá sobre las reclamaciones de los que hubieran visto denegada su solicitud de incorporación a la Comunidad por parte de la asamblea.

Artículo 159º.- 1. Cuando la modalidad o las circunstancias y características de un aprovechamiento lo aconsejen o cuando el número de sus partícipes sea reducido, el régimen de la Comunidad podrá ser determinado por el que se establezca en convenios específicos, que deberán ser aprobados por el Consejo Insular de Aguas con arreglo a lo establecido en el artículo 152 de las presentes Normas.

2. A solicitud de los interesados, se aplicará en todo caso este artículo cuando el número de partícipes sea inferior a veinte. Cualquier otro supuesto exigirá su previa justificación ante el Consejo Insular de Aguas.

3. Los convenios especificarán los fines de la entidad, regularán su régimen organizativo, participativo y de representación y establecerán las reglas de policía y utilización de sus aguas, obras y bienes y la relación de sus partícipes.

4. En cualquier caso, el Consejo Insular de Aguas someterá a los convenios a un trámite de información pública, que se efectuará mediante inserción de un anuncio en el Boletín Oficial de la Provincia, a efectos de que quienes se hallen interesados en participar en la Comunidad de Usuarios lo soliciten.

Artículo 160º.- 1. Las Comunidades podrán ejecutar por sí mismas, y con cargo al usuario, los acuerdos incumplidos que impongan una obligación de hacer. El coste de la ejecución subsidiaria será exigible por la vía administrativa de apremio. Quedarán exceptuadas de este régimen aquellas obligaciones que revistan un carácter personalísimo.

2. Las Comunidades de Usuarios podrán solicitar del Consejo Insular de Aguas el auxilio necesario para el cumplimiento de sus acuerdos relativos a las funciones de administración, policía y distribución de las aguas y al cumplimiento de sus Estatutos.

3. En el caso de su incumplimiento, las obligaciones de hacer impuestas reglamentariamente a los comuneros y que no tuvieran carácter personalísimo, podrán ser ejecutadas subsidiariamente por la Comunidad, transformándolas en la de abonar los correspondientes gastos y perjuicios, que podrán exigirse por vía de apremio.

Artículo 161º.- 1. Las Comunidades de Usuarios serán beneficiarias de la expropiación forzosa y de la imposición de las servidumbres que exijan su aprovechamiento y el cumplimiento de sus fines.

2. Las Comunidades de Usuarios podrán solicitar que, conforme a las disposiciones vigentes, se declaren de utilidad pública los aprovechamientos de que son titulares o la ejecución singularizada de determinadas obras y proyectos.

3. Obtenida dicha declaración, podrán solicitar del Consejo Insular de Aguas la instrucción del correspondiente expediente de expropiación forzosa de los bienes y derechos afectados por las obras y proyectos calificados de utilidad pública, expediente que se tramitará con arreglo a lo dispuesto en la legislación de expropiación forzosa.

Artículo 162º.- Las Comunidades de Usuarios estarán obligadas a realizar las obras e instalaciones ordenadas por el Consejo Insular a fin de evitar el mal uso del agua o el deterioro del dominio público.

Artículo 163º.- 1. Las deudas frente a las Comunidades de Usuarios por gastos de conservación, limpieza y mejoras, así como cualquier otra motivada por la administración y distribución de las aguas, gravarán la finca o industria en cuyo favor se realizaron, pudiendo exigirse su importe por la vía administrativa de apremio y prohibir el uso del agua mientras no se satisfagan, aun cuando la finca o industria hubiese cambiado de dueño. El mismo criterio se seguirá cuando la deuda obedezca a multas e indemnizaciones por los jurados de la Comunidad.

2. En las concesiones de aprovechamiento colectivo para riegos, todos los terrenos comprendidos en el plano general aprobado quedarán sujetos al pago de sus obligaciones por gastos de conservación, limpieza y mejoras, así como cualquier otro motivado por la administración y distribución de las aguas, aunque sus propietarios las rehúsen.

3. Los gastos de construcción de sistema de captación y conducción de aguas, así como los de su explotación y conservación, serán sufragados por sus beneficiarios en la proporción que determinen los Estatutos de la Comunidad de Usuarios.

4. Ningún partícipe podrá separarse de una Comunidad de Usuarios sin renunciar al aprovechamiento del agua y satisfacer íntegramente las obligaciones que con ella hubiera contraído.

5. Los conflictos de atribuciones que surjan entre Comunidades de Usuarios serán resueltos, sin ulterior recurso administrativo, por el Consejo Insular de Aguas.

6. Los conflictos de atribuciones que surjan entre Comunidades que formen parte de un Consorcio, Fusión o Agrupación, serán resueltos por su Junta General y, posteriormente, podrán recurrirse ante el Consejo Insular de Aguas.

Artículo 164º.- 1. Las Comunidades de Usuarios se extinguirán en los siguientes casos:

a) Por expiración del plazo de la concesión, si no se prorroga.

b) Por caducidad de la concesión.

c) Por expropiación forzosa de la concesión.

d) Por fusión con otra Comunidad de Usuarios.

e) Por resolución del Consejo Insular de Aguas, adoptado en expediente sancionador, en especial cuando se produzca el abandono de la conservación y mantenimiento del aprovechamiento.

f) Por renuncia al aprovechamiento, formulada al menos por las tres cuartas partes de sus comuneros, a menos que los que no hubieran renunciado acuerden mantener la Comunidad de Usuarios con la modificación de sus Estatutos.

g) Por abandono en la explotación o conservación de su aprovechamiento.

2. Una vez aprobada por el Consejo Insular de Aguas la extinción de la Comunidad, se procederá a la liquidación de sus bienes patrimoniales, con arreglo a lo dispuesto en el Código Civil para la liquidación de las Sociedades.

Sección segunda

Órganos de las comunidades de usuarios

y régimen de sus acuerdos

Artículo 165º.- 1. Toda Comunidad de Usuarios tendrá una Junta General o Asamblea, una Junta de Gobierno y uno o varios jurados y órganos de control.

2. La Junta General, constituida por todos los usuarios de la Comunidad, es su órgano soberano y al que le corresponden todas las facultades no atribuidas específicamente a otro.

3. Son competencias de la Junta General o Asamblea de la Comunidad de Usuarios:

a) La elección del Presidente y del Vicepresidente de la Comunidad, la de los vocales titulares y suplentes de la Junta de Gobierno y de los jurados, la de los vocales que hayan de representarla en cualquier otro organismo y el nombramiento y separación del Secretario de la Comunidad.

b) El examen y aprobación de la Memoria anual, de los Presupuestos de gastos e ingresos y de las cuentas anuales de la Comunidad presentados por la Junta de Gobierno.

c) La aprobación de los proyectos de Estatutos u Ordenanzas de la Comunidad y Reglamentos de la Junta de Gobierno y de los jurados, así como sus modificaciones.

d) La imposición de derramas y la aprobación de Presupuestos adicionales.

e) La adquisición y enajenación de bienes, sin perjuicio de las facultades que a este respecto competen a la Junta de Gobierno.

f) La aprobación de los proyectos de obras presentados por la Junta de Gobierno y la decisión de ejecutarlos.

g) La solicitud de nuevas autorizaciones o concesiones de aprovechamiento de aguas.

h) La solicitud de los beneficios de expropiación forzosa o de la imposición de servidumbres en beneficio de la Comunidad.

i) La aprobación del ingreso en la Comunidad de quien, con derecho al uso del agua, lo solicite, y las propuestas justificadas al Consejo Insular de Aguas de expulsión de los partícipes cuyo derecho a pertenecer a la Comunidad se considere decaído.

j) La decisión sobre cualquier asunto que le someta la Junta de Gobierno o cualquiera de los partícipes.

k) Cualquier otra facultad atribuida por sus Estatutos y por las disposiciones legales vigentes.

Artículo 166º.- 1. La Junta General se reunirá con carácter ordinario al menos una vez al año y, con carácter extraordinario, cuando lo acuerde la Junta de Gobierno, lo pida la mayoría de los votos de la Comunidad o lo determinen sus Estatutos.

2. La convocatoria se efectuará por el Presidente de la Comunidad, al menos con quince días de antelación a la fecha de su celebración, mediante anuncio publicado en un diario de los de mayor circulación de la isla. Cuando se trate de Comunidades regidas por convenios, la convocatoria a Junta General se hará por citación personal.

3. Los acuerdos de la Junta se adoptarán por mayoría de votos de los asistentes y los debidamente representados. Los Estatutos y Ordenanzas podrán exigir, no obstante, mayorías cualificadas para la adopción de determinados acuerdos.

4. Las votaciones podrán ser públicas o secretas, y los partícipes ejercerán su derecho de voto personalmente o por medio de sus representantes legales o voluntarios. La representación de estos últimos habrá de ser por escrito, al que sólo se le exigirá el bastanteo del Secretario de la Comunidad.

Artículo 167º.- 1. La Junta de Gobierno es la encargada de dirigir la gestión ordinaria de la Comunidad, según sus Estatutos y los acuerdos de su Junta General.

2. La Junta de Gobierno estará formada por el número de vocales que fijen los Estatutos y elegirá entre ellos, un Tesorero-Contador, que será el responsable de los fondos comunitarios.

3. El Secretario de la Junta de Gobierno lo será el de la Comunidad.

Artículo 168º.- 1. En los Estatutos de cada Comunidad podrán establecerse los órganos que sean necesarios en orden a resolver las cuestiones de hecho que se susciten entre sus partícipes, y particularmente las relativas al aprovechamiento de sus aguas y de sus obras y bienes de utilización colectiva, así como a imponer las indemnizaciones que los infractores deban satisfacer a los perjudicados y las obligaciones de hacer que puedan derivarse de la infracción.

2. Sus procedimientos serán públicos y verbales en la forma que determinen los Estatutos y reglamentos de la Comunidad y la costumbre, aunque sus fallos, que serán ejecutivos, habrán de consignarse por escrito comprendiendo todos sus términos.

3. La composición, régimen de funcionamiento, convocatorias, quórum y régimen sancionador de estos órganos serán los que fijen los Estatutos de cada Comunidad.

Artículo 169º.- 1. Los acuerdos de la Junta General y de la Junta de Gobierno serán, en el ámbito de sus competencias, ejecutivos en la forma y con los requisitos establecidos en la Ley de Régimen Jurídico de las Administraciones Públicas y del Procedimiento Administrativo Común, sin perjuicio de su posible impugnación ante el Consejo Insular de Aguas.

2. Los acuerdos de la Junta General y de la Junta de Gobierno serán recurribles en el plazo de quince días ante el Consejo Insular de Aguas, cuya resolución agotará la vía administrativa.

3. Las resoluciones de los órganos de control sólo serán revisables en reposición ante el propio órgano, como requisito previo a su impugnación ante la Junta de Gobierno.

CAPÍTULO VI

LA AGRUPACIÓN DE APROVECHAMIENTOS

Artículo 170º.- Con el fin de conseguir un mejor aprovechamiento global de los recursos de una zona, el Consejo Insular de Aguas podrá condicionar el otorgamiento de nuevas concesiones a la constitución de los interesados en una comunidad general que agrupe todas las captaciones con valor efectivo, en los términos que se determinen (artº. 87 de la LAC).

Artículo 171º.- 1. La agrupación o concentración de comunidades existentes podrá adoptar las siguientes modalidades:

a) Fusión, en la cual la nueva entidad sucede a las fusionadas en la titularidad de los derechos y obligaciones que legitiman las explotaciones hidráulicas afectadas, así como en la de los activos y pasivos patrimoniales a ellas incorporados, extinguiéndose la personalidad de las comunidades preexistentes. Las fusiones han de ser siempre voluntarias.

b) Consorcio, en el que las comunidades participantes se agrupan únicamente a los efectos que ellas mismas hayan señalado, conservando cada una su propia personalidad. El consorcio posee personalidad jurídica propia y capacidad de relacionarse autónomamente con terceros. Las relaciones entre las comunidades consorciadas serán las que libremente se señalen en su pacto de constitución.

c) Agrupación que, constituida al exclusivo fin de relacionarse con la Administración, no crea una personalidad nueva.

2. Cualquiera que sea la modalidad utilizada, no tendrá efectos ante el Consejo Insular de Aguas hasta la aprobación por éste del acuerdo de su constitución y de sus Estatutos, que se entenderá concedida si no se notificare resolución expresa en el plazo de tres meses contados desde la presentación de la solicitud.

3. Las resoluciones administrativas aprobatorias de los convenios de fusión, consorcios o agrupación, serán publicadas en el Boletín Oficial de Canarias, prensa y tablones de anuncios de los Ayuntamientos en cuyos términos radiquen las obras o acuíferos afectados.

4. El Consejo Insular no podrá denegar la aprobación, ni introducir variantes en los Estatutos, sin previo dictamen del Consejo Consultivo de Canarias (artº. 26 de la LAC).

Artículo 172º.- 1. La Administración hidráulica fomentará la fusión de captaciones en una comunidad única en aquellos puntos en que sus dimensiones y volumen de interacciones lo haga recomendable.

2. A tal fin, ofrecerá ayuda técnica para al redacción de los nuevos estatutos, además de los estímulos que puedan crearse en el seno de un programa de actuación tendente a impulsar estas fusiones en el que cooperarán el Gobierno de Canarias y el Consejo Insular de Aguas (artº. 88 de la LAC).

Artículo 173º.- Las Ordenanzas o Reglamentos de las Agrupaciones de Comunidades de Usuarios y de las Juntas de Usuarios deberán ser aprobados por el Consejo Insular de Aguas, conforme a lo regulado en los artículos 152 y siguientes de estas Normas.

CAPÍTULO VII

PLANEAMIENTO DE LAS AGUAS SUBTERRÁNEAS

Sección VII.1

Situación hidrológica general y acuíferos infraexplotados

Artículo 174º.- Con la excepción de las zonas calificadas en la próxima Sección V.4 de estas Normas como en riesgo de sobreexplotación o en proceso de salinización, los acuíferos de La Palma disponen de recursos hídricos excedentarios y susceptibles de ser explotados.

2. Por virtud de lo cual, con la misma salvedad, sin perjuicio de la inadecuada calidad química general de las aguas subterráneas de las zonas IIF y IIM, coincidentes con los términos municipales de Mazo y Fuencaliente, y del respeto a alumbramientos preexistentes, se podrán otorgar concesiones y autorizaciones a efectos de aprovechar los recursos hidráulicos subterráneos de la isla.

Artículo 175º.- Conforme a lo dispuesto en el artículo 38.3º.a) de la vigente Ley 12/1990, se califican como zonas y acuíferos infraexplotados de la isla los siguientes:

a) Acuífero de Las Vertientes:

Zonas: IT2 (Tijarafe-Norte).

IG1 (Puntagorda y Garafía-Oeste).

IG2 (Garafía-Este).

b) Acuífero costero:

Zonas: IT2 (Tijarafe-Norte).

IG1 (Puntagorda y Garafía-Oeste).

IG2 (Garafía-Este).

IIB (Barlovento).

IIP (San Andrés y Sauces y Puntallana).

Artículo 176º.- 1. En el plazo de un año a partir de la aprobación del presente Plan Hidrológico Insular, el Consejo Insular de Aguas redactará un Plan de obras de alumbramiento de aguas subterráneas para el norte de la isla, en el que se definirán las galerías y pozos necesarias para conseguir una adecuada explotación de los recursos hidráulicos excedentarios en esa región y en el que se precisarán todas las circunstancias y condiciones relativas a su construcción y explotación.

2. Aprobado dicho Plan de obras de alumbramiento, éstas se ejecutarán directamente por la Administración pública con cargo a los fondos financieros y de acuerdo con el programa de construcción que en él se hayan previsto.

Artículo 177º.- Hasta tanto no se haya aprobado tal Plan de obras de alumbramiento, no se admitirán otras solicitudes para el alumbramiento de aguas subterráneas de las zonas y acuíferos infraexplotados que las correspondientes a mantenimientos de caudales.

Artículo 178º.- Las solicitudes de obras de alumbramiento de aguas subterráneas no correspondientes a zonas infraexplotadas o definidas en estas Normas como en riesgo de sobreexplotación o en proceso de salinización se tramitarán con arreglo al régimen normal de autorización o concesión de este tipo de obras y conforme a lo recogido en las presentes Normas.

Sección VII.2

Aforos y controles técnicos de las obras de alumbramiento de aguas subterráneas

Artículo 179º.- 1. Toda obra de alumbramiento de aguas subterráneas dispondrá de un aforador dispuesto en forma tal que haga posible en todo momento la medición de los caudales de agua que se captan en ella.

2. El Consejo Insular de Aguas podrá emitir las normas técnicas o definir modelos y tipos a los que habrán de ajustarse estos aforadores y decidirá en todo caso sobre la idoneidad de los instalados.

3. Con respecto a los pozos que a lo largo del año se exploten con intermitencia, el Consejo Insular de Aguas, en vez de estos aforadores, podrá exigir la instalación de contadores volumétricos debidamente tarados.

Artículo 180º.- 1. El Consejo Insular de Aguas podrá realizar discrecionalmente la inspección de cualquier obra de alumbramiento de aguas subterráneas y de la totalidad de sus instalaciones y conducciones.

2. Los costes ocasionados con motivo de estas inspecciones serán de cuenta de los propietarios de las obras.

Artículo 181º.- 1. Las obras de alumbramiento de aguas subterráneas abandonadas o carentes de utilidad se clausurarán y precintarán conforme a las instrucciones dictadas por el Consejo Insular de Aguas, a costa de sus propietarios y de modo tal que resulten inaccesibles y quede garantizada la seguridad de las personas que puedan transitar por sus inmediaciones.

2. Si el propietario de una de dichas obras abandonadas o carentes de utilidad fuera desconocido, el Consejo Insular de Aguas podrá acometer directamente su clausurado y precintado.

Artículo 182º.- 1. El Consejo Insular de Aguas podrá requerir al propietario de cualquier galería para que presente un informe suscrito por técnico competente donde se analice la posibilidad y conveniencia de instalar un cierre que impida la salida de sus caudales cuando no se aprovechen.

2. A la vista de este informe y de los datos disponibles, el Consejo Insular de Aguas decidirá la conveniencia de realizar dicho cierre en las condiciones que se consideren más adecuadas para la correcta explotación de la obra.

3. La construcción del cierre se ejecutará por cuenta del propietario de la galería con el auxilio público que establezca el Consejo Insular de Aguas.

Artículo 183º.- Los pozos de captación de aguas subterráneas se ejecutarán en La Palma conforme al modelo típico de pozo canario.

Sección VII.3

El espacio cautelar de protección

Artículo 184º.- 1. No se otorgarán concesiones o autorizaciones de obras de alumbramiento de aguas subterráneas, inclusive las de mantenimiento de caudales, que impliquen riegos de afección para el caudal o la calidad química de las aguas de alumbramientos preexistentes amparados por la Ley de Aguas.

2. Se presumirá inexistente este riesgo de afección cuando las nuevas captaciones no incidan en el espacio cautelar de protección de dichos alumbramientos preexistentes.

Artículo 185º.- 1. El espacio cautelar de protección de nacientes y alumbramientos de galerías que provengan de surgencias asociadas a pequeños acuíferos colgados será aquella porción del espacio que en planta diste de ellos una distancia en planta inferior a D, tal que:

Ver anexos - página 16484

onde Q representa el caudal en litros por segundo del naciente o alumbramiento, y en alzado una diferencia de cota inferior a un quinto de esta distancia.

Artículo 186º.- 1. El espacio cautelar de protección de un alumbramiento debido al acuífero de Las Vertientes será aquella porción de territorio que diste de él menos de 1.000 metros en planta y de 200 metros en diferencia de cota.

2. La misma regla se aplicará a los alumbramientos que existan sólo en estado de expectativa como consecuencia de la ejecución de obras legalmente autorizadas.

Artículo 187º.- 1. El espacio cautelar de protección de alumbramientos producidos en acuíferos costeros será aquella porción del territorio que diste de ellos menos de 1.000 metros.

2. La misma regla se aplicará con respecto a alumbramientos en expectativa en razón a la ejecución de obras de alumbramiento legalmente autorizados.

Artículo 188º.- No obstante lo especificado en el artículo anterior, cuando se trate de la concesión de nuevos pozos, ese espacio territorial se constituirá en planta, tanto con respecto a alumbramientos existentes como a expectativas de ellos, como una elipse con un eje mayor de 2.000 metros en la dirección del flujo subterráneo y otro menor, y perpendicular al anterior, de 1.000 metros de longitud.

Sección VII.4

De las situaciones especiales

Subsección VII.4.1

Zonas de reserva

Artículo 189º.- En el presente Plan Hidrológico Insular no se propone la declaración de ninguna zona de reserva de las contempladas en los artículos 106 y siguientes de la Ley 12/1990.

Ello no obstante, con carácter excepcional y con destino a usos de especial interés social, el Consejo Insular de Aguas podrá establecer reservas cautelares del agua, pero antes de su aprobación habrá de acordar la iniciación de los trabajos conducentes a la modificación de este Plan Hidrológico, al objeto de que, conforme a lo establecido en el artículo 106.1 de la vigente Ley 12/1990, los fines de esta reserva queden recogidos en él.

Artículo 190º.- No podrá declararse la reserva cautelar de aguas con destino a usos que, según el orden de prelación del artículo 36.1 de la Ley 12/1990, supongan consumos de prioridad inferior a la de otros no satisfechos y que puedan ser atendidos con ellas.

Artículo 191º.- La declaración de un acuífero o de parte de él como de reserva cautelar no será de aplicación hasta que el Consejo Insular de Aguas no apruebe el programa de explotación de sus aguas, programa en el que se recogerá:

a) La precisa determinación de la zona y acuífero a que se refiere la declaración.

b) La definición de las específicas y concretas demandas de agua a cuya satisfacción queden destinados los recursos hídricos de la reserva cautelar y la estimación de los caudales necesarios para atenderlas.

c) La enumeración y descripción de las explotaciones ya existentes en dichos acuíferos y la evaluación del caudal de sus alumbramientos.

d) El plan de obras y de actuaciones en general, con previsión de su desarrollo en el tiempo, destinado a dar satisfacción a las necesidades de agua a cuyos fines se constituye la reserva.

Artículo 192º.- El Consejo Insular de Aguas aprobará definitivamente el programa de explotación de la zona de reserva tras la práctica de un trámite de información pública por el plazo mínimo de un mes y máximo de tres, mediante la inserción de un anuncio en el Boletín Oficial de la Provincia.

Artículo 193º.- 1. Si un acuífero esta declarado como de reserva cautelar para determinados fines, el aprovechamiento de sus aguas se otorgará con estricta sujeción a lo previsto en su programa de explotación, excepción hecha de las autorizaciones para mantenimiento de caudales a que se refiere la Disposición Transitoria Tercera 2.b) de la Ley 12/1990.

2. Mientras no esté aprobado el programa de explotación, no podrán otorgarse otras autorizaciones que las referidas de mantenimiento de caudales.

Subsección VII.4.2

Situaciones de emergencia

Artículo 194º.- En caso de descenso grave de los caudales disponibles, o de las reservas hídricas, producido por circunstancias previsiblemente transitorias, que pongan en peligro la producción y el abastecimiento de agua de una isla o zona, el Consejo Insular podrá declarar para la totalidad de la isla o parte de ella la situación de emergencia por tiempo determinado, que podrá prorrogarse periódicamente mientras las circunstancias lo exijan.

Artículo 195º.- 1. Declarada la situación de emergencia, el Consejo Insular podrá efectuar asignaciones de aguas a usos y zonas específicos, imponer la venta forzosa de agua a determinados destinatarios al precio autorizado, determinar trasvases forzosos, acudir a la puesta en explotación de instalaciones no rentables, ordenar el empleo de agua almacenada y demás medidas conducentes a lograr la necesaria disponibilidad del agua. Los perjuicios singularizados que cause su actuación, se indemnizarán conforme a la legislación de Expropiación Forzosa.

2. Si la emergencia conduce al desabastecimiento o la sequía resulta excepcional podrá, además, imponer restricciones al consumo de agua, sin perjuicio de la inmediata puesta en marcha de las medidas extraordinarias que se precisen para garantizar el mínimo de agua necesario para usos sanitarios y domésticos, que se adoptarán en coordinación con las autoridades de Protección Civil.

3. En general, el Consejo Insular podrá adoptar las medidas, que para la superación de esta situación, sean precisas, con independencia del título de disfrute de los aprovechamientos (artº. 108 de la LAC).

Artículo 196º.- 1. El acuerdo de declaración de emergencia será adoptado por el Consejo Insular de Aguas previa práctica de un trámite de información pública por plazo mínimo de cinco días, mediante la inserción de un anuncio en el Boletín Oficial de la Provincia o en uno de los diarios de mayor circulación de la isla.

2. Asimismo, la propuesta de declaración de emergencia será informada por las Consejerías del Gobierno de Canarias con competencias en materia de aguas, agricultura y medio ambiente.

3. Dicha propuesta de declaración deberá expresar las circunstancias que la motivan y contener la enumeración y descripción concreta e individualizada de las medidas que procedan en relación con la reasignación de las aguas, la venta forzosa de caudales, los trasvases forzosos, la puesta en funcionamiento de instalaciones paralizadas o fuera de servicio, el empleo del agua almacenada, las restricciones al consumo de agua y, en general, con cualquiera otra medida que pueda garantizar el mínimo caudal necesario para los usos sanitarios y domésticos, así como la enumeración e identificación de los usos a que serán destinadas las aguas.

4. La propia propuesta fijará el plazo de vigencia de la declaración, que no podrá superar los seis meses. Su prórroga demandará una nueva tramitación con arreglo a lo dispuesto en el párrafo 1 de este artículo.

Artículo 197º.- 1. El acuerdo de declaración de emergencia constituirá el acto de previa declaración de utilidad pública o interés social y el de necesidad de ocupación a que se refieren los artículos 9 y 20 de la Ley de Expropiación Forzosa de 16 de diciembre de 1954.

2. Los destinatarios de caudales obtenidos como consecuencia de una declaración de emergencia abonarán su precio, conforme a las tarifas que, para el agua y su transporte, se hayan establecido en la zona o isla o, en defecto de éstas, a los normales de mercado, y satisfacer, además, las indemnizaciones a que hayan dado lugar los procedimientos expropiatorios ocasionados por la declaración.

Subsección VII.4.3

Requisa de agua

Artículo 198º.- Para atender a las necesidades expresadas por los municipios de la isla, el Consejo Insular podrá determinar requisas de agua, hasta el límite que se establece en el siguiente artículo, que serán ejecutivas de inmediato. El Ayuntamiento beneficiario de la requisa abonará el justiprecio debido.

Artículo 199º.- 1. Se podrá considerar desabastecido un núcleo de población si, circunstancialmente, y por causa de la escasez de los caudales disponibles de agua de calidad adecuada, su servicio de suministro público de agua potable no puede alcanzar una dotación media de 150 l/hab./día.

2. Por dotación neta media se entenderá el caudal promedio correspondiente a cada habitante de hecho conectado a dicho servicio, sin incluir en él las pérdidas en las redes de distribución y demás instalaciones.

Artículo 200º.- 1. El municipio que se encuentre en situación de desabastecimiento podrá solicitar del Consejo Insular la realización de una requisa de aguas.

2. La requisa se tramitará con arreglo al mismo procedimiento que la declaración de emergencia y surtirá sus propios efectos, establecidos en el anterior artículo 195º, con respecto a la declaración de utilidad pública y al abono de los caudales requisados.

Subsección VII.4.4

Las zonas sobreexplotadas

y los acuíferos en proceso de salinización

Artículo 201º.- 1. La declaración de zona sobreexplotada se producirá cuando, constatada la sobreexplotación de los recursos hidráulicos en un perímetro determinado, el Consejo Insular de Aguas así lo determine.

2. Esta declaración implicará la denegación de nuevas concesiones y autorizaciones en la zona y la suspensión de todos los expedientes que a tal efecto estén tramitándose, sin perjuicio de lo que resulte del programa de regulación previsto en los apartados siguientes.

3. En el mismo acto de declaración el Consejo Insular aprobará las bases de regularización, en las que se hará constar el caudal máximo de explotación, los caudales mínimos dedicados a la recarga, las restricciones específicas que hayan de establecerse y el plazo en que el programa de regularización debe ser elaborado.

4. Los titulares de derechos afectados, agrupados al efecto, podrán presentar al Consejo Insular, dentro de un plazo suficiente establecido al efecto, un programa de regularización que será aceptado en cuanto respete las bases previstas en el apartado anterior.

5. Si al término del plazo fijado el programa de regularización voluntaria no ha sido presentado, lo elaborará y aprobará directamente el Consejo Insular (artº. 45 de la LAC).

Artículo 202º.- 1. La declaración de un acuífero costero, o porción del mismo, en proceso de salinización por intrusión marina equivale a todos los efectos a la de zona sobreexplotada.

2. Si la intensa explotación de una zona no costera produjera la mineralización de las aguas subterráneas con sales dañinas para el hombre o la agricultura podrá declararse la zona en proceso de salinización, con los mismos efectos (artº. 49 de la LAC).

Artículo 203º.- No se consolida el derecho a sobreexplotar. Cuando se produzca una reducción o redistribución equitativa en la ejecución de un programa de regularización de zona sobreexplotada, la correspondiente reducción de extracción no otorga derecho a indemnización, aunque afecte a derechos de carácter privado preexistentes a la presente Ley. (artº. 47 de la LAC).

Artículo 204º.- 1. A la aprobación del presente Plan Hidrológico Insular, el acuífero Coebra (zona COEBRA de la zonificación hidrológica de la isla) se considerará como en riesgo de sobreexplotación.

2. Las consecuencias de esta declaración se limitarán a la prohibición de ejecutar obras de alumbramiento de aguas subterráneas por encima de la cota de 1.000 metros, con las únicas salvedades de que se trate de obras de mantenimiento de caudales o de que quede demostrado que no llegarán a incidir sobre el acuífero COEBRA y el expediente esté iniciado antes de la aprobación de este Plan.

3. En todo caso, el Consejo Insular de Aguas no autorizará las obras emplazadas por debajo de la cota de 1.000 m con evidentes posibilidades de afectar a dicho acuífero COEBRA.

Artículo 205º.- 1. Igualmente, a la entrada en vigor del presente Plan Hidrológico, el acuífero costero correspondiente a los términos municipales de Los Llanos de Aridane, Tazacorte y a la zona vertiente sobre el Barranco de Las Angustias de Tijarafe se considerará en proceso de salinización.

2. Con motivo de lo cual no se autorizarán otras obras de alumbramiento de aguas subterráneas mediante pozos ni en los referidos términos municipales ni en el de El Paso que las incluidas en el programa de regularización a que se refiere el próximo artículo de estas Normas.

Artículo 206º.- 1. En el plazo máximo de un año a partir de la entrada en servicio del túnel de trasvase Este-Oeste, el Consejo Insular de Aguas preparará el programa de regularización forzosa de la explotación de este acuífero, programa que someterá a un trámite de información pública por plazo no inferior a un mes y que se referirá a los extremos que se especifican en el próximo artículo 209.

2. El Consejo Insular de Aguas participará económicamente en dicho programa de regularización mediante la financiación del coste de las obras correspondientes a la ejecución de obras de captación en la zona de Tijarafe-Las Angustias-Tenisca que permitan mantener o aumentar el caudal extraído de la zona.

Artículo 207º.- 1. La declaración de otras zonas sobreexplotadas deberá estar fundada en la existencia del régimen de explotación de un acuífero o parte de él caracterizado por lo excesivo o inadecuado de las extracciones de agua de sus captaciones, cuando éstas sean interdependientes y la reordenación de tal régimen haya de suponer previsiblemente mejoras inmediatas o mediatas respecto al caudal captado globalmente, a la calidad media de las aguas aprovechadas o al coste económico conjunto de dicha explotación.

2. La existencia en un acuífero de una o varias captaciones de aguas que se caractericen por ser, puntual o singularmente, excesivas, no será causa de declaración de zona sobreexplotada, pero facultará al Consejo Insular de Aguas para limitar sus caudales de extracción mediante acto motivado, de cuya propuesta y antecedentes se dará vista al titular de la explotación afectada por un plazo mínimo de quince días.

Artículo 208º.- Los acuerdos de declaración de zona sobreexplotada y de aprobación de las bases de su programa de regularización se adoptarán por el Consejo Insular de Aguas, previa realización de un trámite de información pública por el plazo mínimo de un mes de la propuesta que a tal efecto se formule, de su justificación y antecedentes, mediante inserción de un anuncio en el Boletín Oficial de la Provincia.

Artículo 209º.- 1. En el plazo máximo de seis meses tras la aprobación de una declaración de zona sobreexplotada y de las bases de su programa de regularización, el Consejo Insular de Aguas redactará este programa, que será sometido a un nuevo trámite de información pública por plazo no inferior a un mes.

2. En el programa de regularización forzosa que se elabore para las zonas sobreexplotadas podrán introducirse las siguientes determinaciones:

a) Integración o gestión conjunta de captaciones o alumbramientos, que implicará la gestión unitaria de los derechos y deberes especificados en el programa, sin perjuicio de las relaciones recíprocas entre sus titulares.

b) Reducción de extracciones y redistribución de caudales, con las compensaciones que procedan, en caso de existir titulares beneficiados, en favor de los perjudicados.

c) Expropiación de las infraestructuras o caudales necesarios para la ejecución del programa, que se declaran de utilidad pública a tales efectos (artº. 46 de la LAC).

Artículo 210º.- 1. La declaración de riesgo de sobreexplotación implicará una situación de vigilancia especial para la zona así calificada, con controles periódicos de las extracciones y seguimiento de la evolución del equilibrio hidrológico de la zona (artº. 48 de la LAC).

2. En los aprovechamientos de zonas declaradas en riesgo de sobreexplotación, el Consejo Insular de Aguas podrá aumentar la información que corresponda aportar a sus titulares por virtud de su inscripción en el Registro o en el Catálogo de Aguas, hasta el punto exigido por la especial vigilancia que se establezca en la evolución de las condiciones de sus caudales subterráneos.

Subsección VII.4.5

Los perímetros de protección

Artículo 211º.- A efectos de los dispuesto en el artículo 44 de la vigente Ley de Aguas 12/1990, en el presente Plan Hidrológico no se establece ningún perímetro de protección del ciclo hidrológico.

Sección VII.5

Permisos de investigación de aguas subterráneas

Artículo 212º.- 1. Los permisos de investigación se otorgarán por un plazo máximo de dos años. Transcurrido este término, el Consejo Insular de Aguas podrá, en función de las dificultades de los trabajos, otorgar un nuevo permiso.

2. Los permisos de investigación para regadíos podrán otorgarse sin trámite de competencia de proyectos, cuando el solicitante sea una sola entidad comunal debidamente legalizada (artº. 76 de la LAC).

3. Se entenderá como tal entidad comunal a la que agrupe a una proporción apreciable de los agricultores de la zona donde, si llegan a alumbrarse, puedan aprovecharse para el riego las aguas investigadas.

Artículo 213º.- 1. La Administración del Estado, la Comunidad Autónoma y los Cabildos Insulares podrán realizar obras para investigación de aguas en zonas de dominio público hidráulico sin perjuicio de terceros y previa autorización especial del correspondiente Consejo Insular de Aguas.

2. Con carácter previo a la emisión de esa autorización, y a fin de garantizar los derechos de terceros, se realizará un trámite de información pública.

Artículo 214º.- 1. Quien desee obtener un permiso de investigación de aguas subterráneas lo solicitará mediante instancia del correspondiente Consejo Insular de Aguas manifestando su pretensión y solicitando, si ello fuera procedente, la iniciación del trámite de concurso público de proyectos haciendo constar los siguientes extremos:

- Peticionario (persona física o jurídica).

- Descripción de las obras de investigación.

- Tipos de usos que dará a las aguas alumbradas.

2. A la solicitud se acompañará la documentación necesaria para la descripción de las obras, de forma que pueda juzgarse sobre su adaptación a la planificación hidrológica y sus riesgos de afección a aprovechamientos preexistentes.

Artículo 215º.- Las solicitudes se tramitarán según las normas de procedimiento establecidas en estas Normas para las concesiones de aprovechamientos de aguas mediante concurso público o, en su caso, prescindiendo de él.

CAPÍTULO VIII

CONDUCCIÓN DE LAS AGUAS

Sección VIII.1

Normas generales

Artículo 216º.- Todos los que dispongan de conducciones que sean utilizadas de forma permanente o temporal para transportar agua a terceros, están obligados a declararlas en los plazos que se establecen en la Ley 12/1990 y en los siguientes artículos (artº. 98 de la LAC).

Artículo 217º.- 1. El Consejo Insular de Aguas podrá requerir individualmente a los propietarios de canales y conducciones empleados en el transporte de aguas de las que no sean sus titulares o que no utilicen ellos mismos para que, en el plazo mínimo de tres meses, suministren información relativa a:

a) La geometría del canal o conducción y de sus secciones, con información cartográfica de su trazado en planta y alzado.

b) Sus características constructivas, con especificación del material o materiales de que está ejecutado y de sus características técnicas.

c) Las instalaciones incluidas en el canal o conducción.

d) El grado de conservación y las pérdidas que se le estiman.

e) Los caudales transportados por él y los datos de sus propietarios o titulares.

f) La calidad química de las aguas transportadas.

g) Las tarifas, tasa o arrastres que se cargan a terceros usuarios.

2. Igualmente, mediante inserción de anuncio en el Boletín Oficial de la Provincia, el Consejo Insular de Aguas podrá requerir genérica y colectivamente a dichos propietarios para que, en el plazo mínimo de tres meses, suministren el mismo tipo de información.

3. En incumplimiento por parte de los afectados por este requerimiento será considerada como falta de leve a grave y sancionada como tal, según la importancia del canal o conducción cuyos datos se hayan omitido y de la de los datos que se hayan ocultado o falseado.

Artículo 218º.- 1. Salvo por las causas especificadas en el siguiente artículo de las presentes Normas, el propietario de un canal o conducción de agua destinado al transporte de aguas de terceros no podrá denegar el servicio de trasvase a quien lo solicite y pague el correspondiente precio en metálico del servicio, ya sea el estipulado por el Consejo Insular de Aguas cuando se haya fijado el precio del agua y su transporte, ya, en defecto de éste, el equivalente al que abonen los restantes usuarios del canal o conducción.

2. El Consejo Insular de Aguas conocerá y resolverá las cuestiones que se susciten en relación con la obligatoriedad del servicio de trasvase de aguas por los canales o conducciones destinados a trasvasar aguas de terceros y sancionará el incumplimiento de esa obligación.

Artículo 219º.- 1. Sólo podrá denegarse el servicio de transporte de agua por una conducción destinado al servicio de terceros cuando su capacidad se halle cubierta en su totalidad por caudales ya transportados o si las circunstancias físicas, químicas o biológicas del agua cuyo trasvase se reclama suponen riesgos apreciables de contaminación de las otras ya trasvasadas o para las propias instalaciones de canalización.

2. En todo caso, el Consejo Insular de Aguas podrá prohibir el transporte por canales o conducciones destinadas al servicio de terceros de aquellos caudales cuyas circunstancias de calidad entrañen riesgos apreciables para las aguas de los restantes usuarios del servicio.

Artículo 220º.- 1. Los propietarios de canales y conducciones deberán conservar adecuadamente sus instalaciones de transporte de aguas, procurando reducir a un mínimo racional sus pérdidas de agua.

2. Cuando las condiciones de conservación de un canal o conducción sean deficientes, el Consejo Insular de Aguas podrá imponer la máxima carga o canon que los terceros deban satisfacer con cargo a las pérdidas de caudales trasvasados. La diferencia entre las pérdidas reales y dicho máximo correrán al cargo del propietario del canal.

Sección VIII.2

Construcción de canales y conducciones

Artículo 221º.- 1. En la programación de inversiones públicas para la construcción de canales y conducciones previstas en una red se dará preferencia a las que, apareciendo previstas en una red, no hayan sido ejecutadas, así como aquellas que modifiquen con ventaja los trazados existentes.

2. El Consejo Insular de Aguas podrá imponer servidumbre forzosa de acueducto en beneficio de la construcción de los canales incluidos en las redes insulares (artº. 102 de la LAC).

Artículo 222º.- La construcción de nuevos canales o conducciones para el transporte del agua a terceros, precisará la autorización del Consejo Insular de Aguas, sin perjuicio de las demás licencias que, por razones urbanísticas o de utilización del dominio público, sean procedentes (artº. 103 de la LAC).

Artículo 223º.- Los propietarios de aguas que sean al mismo tiempo sus usuarios podrán construir libremente, sin perjuicio de las licencias que correspondan por razones urbanísticas o de utilización del dominio público, canales y conducciones, pero sólo para el transporte de las aguas de su propiedad.

Sección VIII.3

La servidumbre de acueducto

Artículo 224º.- Si el aprovechamiento de un caudal de agua o su evacuación lo exige, el Consejo Insular de Aguas podrá imponer la servidumbre forzosa de acueducto con arreglo a lo dispuesto en el Código Civil y en las presentes Normas.

Artículo 225º.- 1. El derecho que asiste al titular de una concesión o una autorización de aprovechamiento de aguas para conducirla a través de fundos ajenos será independiente de la finalidad o clase de la concesión o autorización y se regirá por lo dispuesto para la servidumbre de acueducto en la Ley 12/1990, estas Normas y, subsidiariamente en el Código Civil.

2. Por la servidumbre de acueducto se otorga al propietario de una finca que quiera servirse del agua que pueda disponer para la misma, o evacuar las sobrantes, el derecho a hacerla pasar por los predios intermedios, con obligación de indemnizar a los dueños de los predios sirvientes.

Artículo 226º.- La servidumbre forzosa de acueducto podrá imponerse tanto por motivos de interés público como de interés privado. Se considerarán motivos suficientes de interés privado:

a) El abastecimiento de viviendas y el establecimiento o ampliación de riegos, de balnearios o industrias, así como la evacuación de las aguas sobrantes o residuales.

b) La desecación de terrenos anegables o pantanosos.

c) La evacuación de aguas procedentes de alumbramientos artificiales, de escorrentía y drenaje.

Artículo 227º.- No podrá imponerse servidumbre forzosa de acueducto por motivos de interés privado en los supuestos contemplados en el artículo 559 del Código Civil.

Artículo 228º.- Tampoco podrá constituirse la servidumbre forzosa de acueducto por dentro de otro acueducto preexistente, pero si el dueño de éste lo consiente y el del predio sirviente se niega, se instruirá el oportuno expediente para obligar al segundo a avenirse al nuevo gravamen, previa indemnización si se le ocupa mayor superficie de terreno.

Artículo 229º.- Cuando un terreno de regadío, que reciba el agua por un solo punto, se divida por herencia, venta u otro título entre uno o más dueños, éstos quedan obligados a dar paso al agua de modo que puedan regarse todas las fincas resultantes de la división, sin poder exigir por ello indemnización, de no existir pacto en contrario.

Artículo 230º.- 1. El dueño del terreno sobre el que se trate de imponer la servidumbre forzosa de acueducto podrá oponerse por algunas de las causas siguientes:

a) Por no acreditar el que la solicite la disponibilidad de agua.

b) Por no acreditar, además, la propiedad del terreno en que intente utilizarla, para objeto de interés privado, si la disponibilidad se deriva de título distinto al concesional, al amparo de los supuestos previstos en la Disposición Transitoria Tercera de la Ley 12/1990.

c) Por poderse establecer sobre otros predios con iguales ventajas para el que pretenda imponerla y menores inconvenientes para el que haya de sufrirla.

2. Los expedientes que al respecto se tramiten exigirán la audiencia de los interesados.

Artículo 231º.- La servidumbre forzosa de acueducto se constituirá:

a) Con acequia cubierta cuando lo exija su profundidad, su contigüidad a edificios o caminos o algún otro motivo análogo o cuando lo estime necesario el Consejo Insular de Aguas.

b) Con acequia abierta, si así se solicita y no está incluida en los supuestos del apartado anterior.

c) Con tubería o conducción impermeable cuando puedan ser absorbidas otras aguas, cuando las aguas conducidas puedan contaminar a otras o absorber substancias nocivas, o causar daños a obras o edificios, y siempre que resulte necesario según el expediente que al efecto instruya el Consejo Insular de Aguas.

Artículo 232º.- Al establecerse la servidumbre forzosa de acueducto se señalará la anchura de los terrenos del predio sirviente que han de ser ocupados por la acequia o conducción y sus zonas de servicio.

Artículo 233º.- El establecimiento de la servidumbre forzosa de acueducto exigirá el previo abono de la indemnización que corresponda de acuerdo con lo dispuesto en la legislación de expropiación forzosa.

Artículo 234º.- Serán de cuenta del que haya promovido y obtenido la servidumbre de acueducto todas las obras necesarias para su construcción, conservación y limpieza. A tal efecto se le autorizará a ocupar temporalmente los terrenos indispensables para el depósito de materiales, previa indemnización, o en el caso de no ser su extensión fácil de prever o no conformarse con ella los interesados, previo el depósito de una fianza suficiente. Éstos o el Consejo Insular de Aguas podrán compelerle a ejecutar las obras y mondas necesarias para impedir estancamientos o filtraciones que originen deterioro de los bienes colindantes.

Artículo 235º.- Si el acueducto atraviesa vías públicas o particulares, de cualquier naturaleza que sean, el titular de la servidumbre quedará obligado a constituir y conservar las alcantarillas o pasos necesarios, y, si ha de atravesar otros acueductos, se procederá de modo que no retarde ni acelere el curso de las aguas, ni disminuya su caudal, ni adultere su calidad.

Artículo 236º.- El dueño de un acueducto podrá, en su caso, consolidar sus márgenes con céspedes, estacadas o ribazos de piedra suelta, pero no con plantaciones de ninguna clase. El dueño del predio sirviente tampoco podrá hacer plantaciones ni operación alguna de cultivo en las mismas márgenes, y las raíces que penetren en ellas podrán ser cortadas por el dueño del acueducto.

Artículo 237º.- La servidumbre de acueducto no obstará para que el dueño del predio sirviente pueda cerrarlo, así como edificar sobre el acueducto mismo, de manera que éste no experimente perjuicio y no se imposibiliten las reparaciones y limpiezas necesarias, de acuerdo con lo prevenido en el artículo 560 del Código Civil. Asimismo, en idénticas condiciones podrán construirse, para atravesarlo, puentes y obras de paso sobre el acueducto.

Artículo 238º.- 1. Nadie podrá derivar agua de un acueducto, ni aprovecharse de sus productos ni de las márgenes, ni utilizar la fuerza de la corriente sin autorización de su dueño.

2. En las acequias pertenecientes a Comunidades de Usuarios se observará, en cuanto al aprovechamiento de las corrientes y de los cauces y márgenes, lo prescrito en la Ley 12/1990, en estas Normas y en sus propias Ordenanzas.

Artículo 239º.- Una vez extinguida la servidumbre, el dueño del predio dominante vendrá obligado a reponer las cosas a su antiguo estado.

Artículo 240º.- Se entenderá implícito en la servidumbre forzosa de acueducto el derecho de paso por sus márgenes para su exclusivo servicio.

Artículo 241º.- La servidumbre de acueducto podrá extinguirse:

Por consolidación, cuando se reúnan en un solo titular la propiedad de los predios dominante y sirviente.

Por expiración del plazo fijado al otorgarla.

Por expropiación forzosa.

Por renuncia del titular del predio dominante.

Por pérdida del agua o del derecho a su disposición.

Artículo 242º.- El uso de la servidumbre de acueducto por cualquiera de los cotitulares conserva el derecho para todos, impidiendo la prescripción por falta de uso a que se refiere el artículo 548 del Código Civil.

Artículo 243º.- 1. Al establecimiento de la servidumbre de acueducto deberá preceder expediente administrativo justificativo de la utilidad del gravamen que se pretende imponer.

2. El expediente se iniciará mediante escrito dirigido al Consejo Insular de Aguas. A la solicitud se acompañarán planos que definan la topografía del terreno y las obras, debiendo figurar en ellos la situación del acueducto con respecto a los predios que ha de atravesar, la longitud y anchura de la parcela que ocupará en cada uno de ellos y los datos correspondiente a la identificación de sus titulares. Esta documentación se acompañará de la correspondiente memoria explicativa y justificativa de la servidumbre solicitada.

Artículo 244º.- En el plazo de diez días a partir de la recepción dichos escrito y documentación, el Consejo Insular de Aguas notificará a los propietarios afectados la solicitud presentada para el establecimiento de la servidumbre de acueducto, concediéndoles otros quince para que formulen las alegaciones que, en defensa de sus derechos, tengan por convenientes.

Artículo 245º.- 1. Constituida la servidumbre de acueducto, y una vez satisfecho el importe de la correspondiente indemnización, el dueño del predio dominante podrá ejercer sus derechos.

2. En el caso de falta de avenencia o disconformidad en cuanto al importe de la indemnización, ésta se fijará de acuerdo con lo dispuesto en la legislación de expropiación forzosa.

3. Todos los gastos que ocasione la tramitación del expediente de servidumbre forzosa de acueducto serán de cuenta del peticionario, salvo lo que, en el transcurso de la tramitación, se derive de la oposición del dueño del predio sirviente al establecimiento del gravamen.

Artículo 246º.- En toda acequia o acueducto, el cauce, los cajeros y márgenes serán considerados como parte integrante de la heredad o edificio a que vayan destinadas las aguas o, cuando se trate de su evacuación, de los que procedan.

CAPÍTULO IX

ALMACENAMIENTO DE LAS AGUAS

Artículo 247º.- 1. El almacenamiento de aguas propias en estanques, balsas o depósitos de cualquier tipo es libre, con la obligación de informar a la Administración, cuando lo solicite, sobre las características de las instalaciones y el destino de las aguas.

2. La instalación de depósitos de capacidad superior a mil metros cúbicos, de más de cinco metros de altura y los destinados al servicio de terceros requiere autorización administrativa (artº. 93 de la LAC).

Artículo 248º.- Cualquiera que sea su destino, la Administración hidráulica podrá acordar la expropiación de los depósitos notoriamente infrautilizados, en cuanto sea necesario para incrementar la capacidad de almacenamiento del sistema hidráulico insular (artº. 94 de la LAC).

Artículo 249º.- 1. Los propietarios de depósitos están obligados a facilitar al Consejo Insular de Aguas la inspección ocasional o periódica de sus instalaciones de almacenamiento de agua y a suministrar los datos que éste les demande al objeto de precisar sus condiciones de seguridad constructiva.

2. Cuando un depósito o sus instalaciones muestren condiciones de conservación deficientes que puedan afectar a su seguridad constructiva, el Consejo Insular de Aguas establecerá las obras de reparación a que deberá someterse, y podrá imponer, en tanto éstas no se realicen, el vaciado del mismo o la máxima altura que en él podrá alcanzar el agua almacenada o cualesquiera otras medidas necesarias al objeto de asegurar las obras y sus instalaciones contra el riesgo de accidentes.

Artículo 250º.- 1. La construcción de depósitos de almacenamiento de agua de más de mil metros cúbicos de capacidad o de más de cinco metros de altura requerirá autorización del Consejo Insular de Aguas, previa aportación por parte del peticionario de la documentación que permita comprobar su correcto diseño técnico y su seguridad constructiva.

2. En los casos de depósitos de dimensiones, características constructivas o sometidos a condiciones geotécnicas o de cualquier otra naturaleza singulares, que demanden precauciones especiales en cuanto a su diseño o a la ejecución de sus obras, el Consejo Insular de Aguas podrá exigir la presentación de un proyecto suscrito por técnico competente y visado por el colegio profesional correspondiente.

3. En todo caso, y en tanto no se apruebe una Instrucción canaria de grandes presas, los embalses, balsas y depósitos que cumplan sus condiciones de aplicación se atendrán a lo dispuesto en la Instrucción nacional relativa a la materia.

Artículo 251º.- En el plazo de cinco años, el Consejo Insular de Aguas realizará un inventario general de todos los depósitos de riego o abastecimiento de la isla con capacidad superior a los 5.000 metros cúbicos o de altura mayor de 5 metros, a partir del cual se formará una base de datos que servirá para programar las inspecciones periódicas de estas obras.

Artículo 252º.- En el caso de depósitos al servicio de terceros, el Consejo Insular de Aguas podrá imponer, como condición de su autorización, el régimen de tarifas a que debe someterse el servicio, que no superarán las que, en su caso, se hubieran establecido con motivo de la aprobación de precios máximos del agua y su transporte.

Artículo 253º.- Al efecto de la necesidad de su autorización, no se considerarán depósitos al servicio de terceros los que construyan, utilicen o promuevan los municipios para el exclusivo suministro de su población o los de cualquier persona pública o privada que los utilice únicamente para almacenar las aguas de su propiedad o las de sus asociados, partícipes o comuneros.

Artículo 254º.- 1. Cuando un depósito se destine a almacenar caudales de terceros, no se podrá negar el servicio a quien lo solicite y esté dispuesto a abonar el precio que se tenga establecido por él, con las únicas excepciones de que esté agotada ya su cabida o de que la calidad física, química o bacteriológica del agua que se pretenda almacenar pueda perjudicar la del resto de las depositadas o susceptibles de ser depositadas en él o a sus obras o instalaciones.

2. En todo caso, el Consejo Insular de Aguas podrá prohibir el almacenamiento en depósitos destinados al servicio de terceros de aquellas aguas cuya calidad física, química o bacteriológica pueda ocasionar perjuicios al resto de las depositadas en él.

CAPÍTULO X

ABASTECIMIENTO A POBLACIONES

Artículo 255º.- Las redes de distribución se dimensionarán de modo que en cada punto el agua pueda suministrarse con una presión mínima equivalente a 25 metros de columna de agua para los caudales medios multiplicados por un coeficiente de punta de 2.

Artículo 256º.- Los servicios municipales de abastecimiento de agua potable distribuirán adecuadamente los caudales de que disponga atendiendo a las prioridades que sobre el uso del agua señale la legislación vigente, particularmente en supuestos y épocas de señalada escasez.

Artículo 257º.- Los municipios serán responsables de la calidad física, química y bacteriológica del agua que distribuyan y, en todo caso y momento, deberán cuidar de que responda a las condiciones de salubridad fijadas por la Administración Sanitaria. Al efecto realizarán periódicamente análisis de calidad con arreglo a la vigente reglamentación técnico sanitaria, de los que deberán facilitar copias al Consejo Insular de Aguas cuando éste se las requiera.

Artículo 258º.- Los servicios municipales de abastecimiento urbano de agua garantizarán porcentajes técnicamente aceptables de pérdidas de agua en las redes e instalaciones del suministro.

Artículo 259º.- 1. Los municipios deberán garantizar a través de sus medios técnicos la prestación de los servicios a los usuarios y la conservación en buen estado de funcionamiento del conjunto de sus instalaciones y obras, así como la realización de todas las maniobras y operaciones necesarias para su buena marcha.

2. A los efectos señalados en el párrafo anterior, tendrán la consideración de obras e instalaciones del servicio todas las de tratamiento, impulsión, almacenamiento y distribución hasta las acometidas de los abonados incluyendo las instalaciones eléctricas y mecánicas de todo tipo y todos sus elementos principales y accesorios.

Artículo 260º.- Como obras de mantenimiento y reparaciones ordinarias, corresponde al municipio la vigilancia y conservación de las conducciones generales, depósitos municipales y red de distribución, la verificación periódica del buen funcionamiento de grifos, bocas de riego e incendio, válvulas y compuertas y el diagnóstico y reparación de averías en las instalaciones del servicio y en las correspondientes a los centros, establecimientos y dependencias municipales.

Artículo 261º.- Las obras de ampliación y renovación del abastecimiento son de competencia municipal, si bien en ellas y en su financiación podrán participar otras instituciones en la forma que oportunamente se convenga.

Artículo 262º.- A fin de garantizar las condiciones técnicas precisas, la conexión a la red de nuevos abonados se realizará siempre bajo la supervisión de los servicios municipales de abastecimiento urbano de agua potable, en los términos que establezca su reglamento u ordenanza.

Artículo 263º.- El abonado podrá ejecutar por sí la obra civil correspondiente a la nueva acometida o encomendar la misma al Ayuntamiento, previa elaboración por éste de un presupuesto detallado con arreglo al cuadro de precios unitarios aprobado a tal fin por la corporación municipal.

Artículo 264º.- En cualquier caso, el solicitante estará obligado al abono de los correspondientes derechos de acometida y tasas municipales, de conformidad con la ordenanza vigente en cada momento.

Artículo 265º.- Cuando se trate de dotar de suministro a inmuebles que carezcan de él y se encuentren fuera de la zona de cobertura del servicio, de modo que sea preciso ampliar la red existente, se incluirá dicha ampliación en un presupuesto confeccionado al efecto, cuyo coste será satisfecho por el solicitante.

Artículo 266º.- No obstante lo anterior, en el supuesto de grandes extensiones de red solicitadas por un solo promotor, se estudiará la posibilidad de que el coste sea cubierto por todos los propietarios de terrenos y viviendas que se beneficien o puedan beneficiarse en el futuro de dicha ampliación de la red.

Artículo 267º.- En el caso de nuevas urbanizaciones de iniciativa privada, los proyectos y ejecución de los trabajos se realizarán igualmente bajo la supervisión del Ayuntamiento, quien asimismo deberá informar sobre el estado de conservación de instalaciones ya realizadas con carácter previo a la recepción de las mismas y sobre su incorporación a la red general del servicio.

Artículo 268º.- El Ayuntamiento estará obligado a disponer en todo momento de planos generales actualizados de la red de distribución a escala 1:2.000, digitalizados, así como los de detalle que sean precisos, a escala adecuada, en los que figurarán todos los datos de dimensiones y situación de tuberías, válvulas, descargas, acometidas, bocas de riego e incendio, etcétera, el tipo de sus materiales y, en la medida en que se disponga de datos, de su antigüedad y estado de conservación.

Artículo 269º.- Estos planos, que el Ayuntamiento deberá mantener puestos al día en todo momento, en particular cuando se efectúen rectificaciones o ampliaciones de cierta importancia, deberán estar a disposición del Consejo Insular de Aguas, que colaborará técnica y económicamente en su confección.

Artículo 270º.- El Ayuntamiento está obligado a prestar los servicios en las condiciones reglamentarias que puedan afectarle en toda su zona de cobertura, siempre que previamente se hayan efectuado los enlaces a la red de conformidad con lo que disponen estas normas.

Artículo 271º.- El Ayuntamiento será responsable de la prestación continuada y permanente del suministro de agua a los usuarios, salvo casos de fuerza mayor, pudiendo no obstante interrumpirlo durante el tiempo imprescindible, por alguna de las siguientes causas:

Para ejecución de refuerzos y extensiones de la red de distribución e instalación de acometidas.

Para la reparación urgente de averías que no admitan demora.

Para reposición por insuficiencia de caudales.

Artículo 272º.- En cualquier caso, cuando sea precisa la interrupción del suministro por las causas señaladas, el Ayuntamiento procurará, con todos los medios a su alcance, que afecte al menor número de abonados posible, así como que se acelere la ejecución de los trabajos de forma que el tiempo de interrupción del suministro sea el mínimo posible.

Artículo 273º.- Siempre que, previsiblemente, dicha interrupción haya de prolongarse por más de seis horas, el Ayuntamiento deberá ponerlo en conocimiento de los usuarios afectados en la forma que resulte más efectiva y con la suficiente antelación.

Artículo 274º.- En caso de insuficiencia prolongada de caudales que impida la prestación regular del servicio, el Ayuntamiento, oído el Consejo Insular de Aguas, establecerá un plan de restricciones lo menos gravoso posible para los usuarios hasta el restablecimiento normal del suministro.

Artículo 275º.- El servicio de averías se prestará ininterrumpidamente las veinticuatro horas del día.

Artículo 276º.- Las acometidas conectan las redes generales con la distribución interior de los inmuebles. Cada acometida llevará una llave de cierre situada sobre la acera, de conformidad con lo que disponga el reglamento del servicio.

Artículo 277º.- Las acometidas son de titularidad municipal y serán instaladas por el Ayuntamiento, si bien los gastos de colocación de las mismas correrán por cuenta de los abonados, a los precios aprobados por aquél. En cualquier caso, el abonado podrá ejecutar por sí mismo la obra civil correspondiente.

Artículo 278º.- Los contadores o aparatos de medición de caudales serán de un modelo homologado y estarán debidamente verificados y precintados. Serán de propiedad del abonado, pero el Ayuntamiento estará obligado a instalarlos, conservarlos, repararlos y sustituirlos.

Artículo 279º.- El Ayuntamiento colocará los contadores con cargo a los abonados y, en caso de avería, los reparará y sustituirá por cuenta de la tasa de conservación que tenga establecida el Ayuntamiento.

Artículo 280º.- No obstante lo dispuesto en el apartado anterior, la colocación, reparación y sustitución de contadores en las dependencias municipales y de otros servicios públicos, se realizará por cuenta y a cargo del Ayuntamiento.

Artículo 281º.- El Ayuntamiento está obligado a realizar la reparación de contadores y acometidas. Debiendo existir en las tarifas un concepto que cubra dicha reparación, se resarcirá, con cargo al mismo, del coste de dichas operaciones.

Artículo 282º.- Se entiende por conservación de acometidas, el mantenimiento, en perfecto estado, del ramal que partiendo de la red principal de distribución abastece a un inmueble, desde el entronque con la red hasta la llave de paso situada en la acera o fachada del inmueble.

Artículo 283º.- La tasa de conservación comprende la sustitución, en su caso, de los contadores averiados por otros de iguales características, en perfectas condiciones de funcionamiento y verificados por la Consejería de Industria. La reparación o sustitución se efectuará en el momento mismo de constatarse la avería.

Artículo 284º.- La tasa de conservación no cubrirá, sin embargo, las reparaciones motivadas por causa del uso inadecuado de los aparatos, que será, en todo caso, por cuenta del abonado.

Artículo 285º.- La lectura de contadores, que servirá para establecer los caudales que consume cada abonado, deberá ser realizada por el Ayuntamiento una vez cada dos meses como mínimo. No obstante estará facultado para proceder a la verificación de los contadores con la frecuencia que juzgue oportuno, sin que por ello adquiera el derecho a ninguna remuneración complementaria.

Artículo 286º.- El Ayuntamiento podrá ajustar, discrecionalmente, los períodos de lectura, sin que ello suponga alteración de tarifas. En dichos ajustes nunca se podrán fijar períodos superiores a dos meses.

Artículo 287º.- Las cantidades a facturar se hallarán aplicando las tarifas vigentes a los consumos realizados, habida cuenta de los mínimos o cuotas de servicio vigentes en cada momento, incluyéndose en los recibos los impuestos aplicables y las tasas por conservación de acometidas y contadores.

CAPÍTULO XI

EL SANEAMIENTO DE POBLACIONES

Y LA CONTAMINACIÓN AGRARIA

Artículo 288º.- Con carácter general, será de aplicación lo dispuesto por el Reglamento de Control de Vertidos aprobado por Decreto 174/1994, de 29 de julio, del Gobierno de Canarias, a cuyo efecto en la isla no se establece ninguna zona sensible ni perímetro de control.

Artículo 289º.- El valor de la Unidad de Contaminación prescrito en el artículo 47 del Reglamento de Control de Vertidos se fija en 500.000 pesetas. Anualmente, el Consejo Insular de Aguas podrá actualizar este valor con arreglo a la evolución del índice de precios al consumo.

Artículo 290º.- En los términos del Reglamento de Control de Vertidos aprobado por el Decreto 174/1994, de 29 de julio, del Gobierno de Canarias, toda actividad susceptible de provocar contaminación o degradación del dominio público hidráulico, y en particular las que puedan ocasionar perjuicios a las aguas superficiales o subterráneas, exigirán autorización administrativa del Consejo Insular de Aguas.

Artículo 291º.- Se prohíbe el vertido directo de aguas residuales brutas al mar y de lodos de depuración. Todo vertido marino de agua residual deberá estar precedido de, al menos, un pretratamiento que incluya un desbastado, desarenado, desengrasado y tamizado.

Artículo 292º.- En el plazo de tres años, el Consejo Insular de Aguas promoverá la realización del inventario de vertidos de la isla.

Artículo 293º.- En los núcleos urbanos en los que exista red de alcantarillado, los municipios no permitirán la construcción de nuevos pozos negros o fosas sépticas para edificaciones o viviendas que puedan conectarse con ella. En estas mismas condiciones, se concederá un plazo de cinco años para la clausura de los pozos y fosas que ya estuvieran construidas y en funcionamiento a la entrada en vigor de las presentas Normas.

Artículo 294º.- Las urbanizaciones de nueva construcción de Santa Cruz de La Palma, Breña Alta, Breña Baja, El Paso, Los Llanos de Aridane y Tazacorte incluirán en sus proyectos de urbanización la construcción de redes de evacuación de aguas residuales urbanas y sus conexiones con las redes municipales.

Artículo 295º.- La construcción del alcantarillado corresponderá al urbanizador o al Ayuntamiento según se tenga estipulado en las normas urbanísticas del municipio.

Artículo 296º.- Una vez concluidas las obras de construcción y entregada la nueva red al Ayuntamiento, la propiedad del alcantarillado pasará a ser municipal y, por tanto, la conservación, mantenimiento y explotación de las alcantarillas será competencia del municipio.

Artículo 297º.- Debe garantizarse que la red de saneamiento nunca esté en contacto con la red de distribución de agua. Entre ambos conductos debe existir una distancia de seguridad mínima. La conducción de abastecimiento se situará en el plano superior a la de saneamiento, con distancia vertical y horizontal, entre una y otra, no menor a un metro, medido entre planos tangentes, horizontales y verticales a cada tubería, más próximos entre sí.

Artículo 298º.- Queda prohibido el vertido a las redes de alcantarillado de las siguientes substancias:

a) Todas aquellas que pudieran causar alguno de los siguientes efectos:

a.1) Formación de mezclas inflamables o explosivas.

a.2) Efectos corrosivos sobre los materiales de las instalaciones.

a.3) Sedimentos, obstrucciones o atascos en las tuberías que dificulten el flujo libre de las aguas y las labores de mantenimiento.

a.4) Creación de condiciones ambientales tóxicas, peligrosas o molestas que dificulten el acceso del personal de inspección, limpieza y mantenimiento o funcionamiento de las instalaciones.

a.5) Perturbaciones en los procesos y operaciones de las estaciones depuradoras, que impidan alcanzar los niveles de tratamiento previstos en su diseño, o la reutilización de las aguas tratadas en las mismas.

b) Las siguientes, cuando su cantidad pueda producir o contribuir a la producción de alguno de los efectos a que se refiere el apartado anterior:

b.1) Gasolina, benceno, nafta, fuel-oil, petróleo, aceites volátiles, tolueno, xileno, o cualquier otro tipo de sólidos, líquidos o gases inflamables o explosivos.

b.2) Carburo de calcio, bromato, cloratos, hidruros, percloratos, peróxidos, etc., y toda sustancia sólida, líquida o gaseosa de naturaleza inorgánica potencialmente peligrosa.

b.3) Gases procedentes de motores de explosión o cualquier otro componente que pueda dar lugar a mezclas tóxicas, inflamables o explosivas con el aire.

b.4) A tal efecto, las medidas efectuadas mediante explosímetro, en el punto de descarga del vertido a la red de alcantarillado público, deberán dar siempre valores inferiores al 10% del límite inferior de explosividad.

b.6) Sólidos, líquidos o gases, tóxicos o venenosos, bien puros o mezclados con otros residuos, que puedan constituir peligro para el personal encargado de la red u ocasionar alguna molestia pública.

b.7) Cenizas, carbonillas, arenas, plumas, plástico, madera, sangre, estiércol, desperdicios de animales, pelos, vísceras, y otros cuerpos que puedan causar obstrucciones u obstaculizar los trabajos de conservación y limpieza.

b.8) Disolventes orgánicos, pinturas y colorantes en cualquier proporción.

b.9) Aceite y/o grasa de naturaleza mineral, vegetal o animal.

b.10) Fármacos desechables de industrias farmacéuticas o centros sanitarios que puedan producir alteraciones en estaciones depuradoras.

b.11) Sólidos procedentes de trituradoras de residuos, tanto domésticos como industriales.

b.12) Salmuera o agua de rechazo procedentes de plantas desalinizadoras, independientemente del sistema de tratamiento adoptado.

b.13) Todos aquellos productos contemplados en la vigente legislación sobre productos tóxicos o peligrosos.

Estas prohibiciones lo serán sin perjuicio de lo establecido, para algunos de los productos, en las concentraciones límites en el agua residual que se definen ulteriormente.

c) Las derivadas de los siguientes vertidos:

c.1) Industriales líquidos-concentrados-desechables, cuyo tratamiento corresponda a la planta específica para estos vertidos o a la planta centralizada.

c.2) Líquidos que, cumpliendo con la limitación de temperatura, pudieran adquirir consistencia pastosa o sólida en el rango de temperatura que se pudiera dar en la red de alcantarillado público o planta depuradora.

c.2) Discontinuos procedentes de limpieza de tanques de almacenamiento de combustibles, reactivos o materias primas. Estas limpiezas se realizarán de forma que la evacuación no sea a la red de alcantarillado público.

c.3) De agua de cualquier procedencia que no cumpla las limitaciones que se detallan en el artículo posterior.

d) Y el agua de dilución:

d.1) Queda prohibida la utilización de agua de dilución en los vertidos, salvo en situaciones de emergencia o peligro.

Artículo 299º.- Se establecen las siguientes limitaciones al vertido en las aguas residuales de las substancias cuyas concentraciones superen los límites contenidos en los siguientes parámetros:

DBO5 1.000 mg/l

DQO 1.600 mg/l

Temperatura 45û C

Sólidos en suspensión 1.200 mg/l

Aceites y/o grasas 500 mg/l

Aceites minerales 50 mg/l

Artículo 300º.- Los límites que figuran en el artículo anterior podrán alterarse circunstancialmente por el Consejo Insular de Aguas para determinados usuarios de tipo industrial, si así lo justifican razones especiales relacionadas con la gestión de las instalaciones de saneamiento, como balances generales de determinados contaminantes, grados de disolución resultantes y consecución de objetivos, etc.

TÍTULO CUARTO

DEL RÉGIMEN ECONÓMICO

DEL DOMINIO PÚBLICO HIDRÁULICO

Artículo 301º.- 1. Los criterios para la fijación de precios serán establecidos por el Gobierno de Canarias, conforme al régimen de precios autorizados.

2. El Consejo Insular de Aguas, previa autorización del Gobierno de Canarias, podrá determinar precios máximos o de vigilancia especial para las transacciones de agua que se celebren en la isla o en cualquiera de sus zonas y para el transporte de agua entre los diversos puntos de su territorio.

3. A tal efecto, deberá coordinarse con las autoridades responsables del comercio interior de la Comunidad Autónoma, especialmente en lo que respecta a la fijación de los precios del servicio de abastecimiento domiciliario de agua, que deben ser proporcionales, en su caso, a los precios que se determinen para los caudales de agua en origen, según los respectivos costes de transporte (artº. 113 de la LAC).

Artículo 302º.- 1. Los Ayuntamientos, una vez instruidos los expedientes para modificación de las tarifas del servicio de abastecimiento de agua, tanto si se gestiona en forma directa como indirecta, y conteniendo el acuerdo de su aprobación inicial, los remitirán al Consejo Insular de Aguas correspondiente que, en el plazo de dos meses, resolverá sobre la fijación de los precios, aplicando, en todo caso, los criterios establecidos por el Gobierno de Canarias.

El acuerdo del Consejo Insular de Aguas se elevará al órgano competente en materia de comercio interior del Gobierno de Canarias para que en el plazo de un mes proceda a su autorización y publicación.

Las tarifas entrarán en vigor al día siguiente de su publicación en el Boletín Oficial de Canarias.

2. En el caso de que el suministro de abastecimiento se realice por persona física o jurídica distinta al Ayuntamiento, ésta aportará al Consejo Insular de Aguas documentación análoga a la exigida a los Ayuntamientos.

3. La estructura de las tarifas será establecida por el Consejo Insular de Aguas con arreglo a los siguientes criterios:

a) Tipos de consumo, separando en todo caso el consumo doméstico de otros tipos de consumo.

b) Períodos de medición bimestral, pudiendo el Consejo Insular de Aguas establecer excepciones por causas suficientemente justificadas.

c) Cuota de abonado, por la disponibilidad misma del servicio. Dicha cuota dependerá de los costes específicos de cada tipo de consumo y de los costes fijos del servicio.

d) Bloques tarifarios progresivos.

4. La documentación a aportar a los Consejos Insulares deberá incluir toda la información económico-financiera necesaria que permita determinar los costes reales del servicio.

5. El Consejo Insular de Aguas aprobará un cuestionario de datos económicos del servicio, que deberá cumplimentarse y remitirse anualmente por quien preste el servicio al Consejo Insular de Aguas.

Artículo 303º.- 1. En ningún caso los precios, cánones o tarifas de compraventa, intercambio, arrendamiento y, en general, de cualquier clase de transacción de aguas en alta y de su transporte podrán superar a los aprobados por el Gobierno de Canarias en concepto de precios máximos o de vigilancia especial para una isla o cualquiera de sus zonas.

2. La vulneración de estos límites será considerada de falta leve a grave, según la importancia de la transacción y el margen cuantitativo que suponga la vulneración.

3. Se considerarán en alta las transmisiones de aguas cuando no se produzcan como consecuencia de la prestación de un servicio municipal de abastecimiento domiciliario de agua potable.

Artículo 304º.- 1. Para determinar el régimen de precios máximos o de vigilancia especial de las transacciones de agua que se celebren en una isla o en cualquiera de sus zonas y del transporte de aguas entre los diversos puntos de su territorio, el Consejo Insular presentará ante la Consejería del Gobierno de Canarias con competencias en materia de aguas una propuesta formulada con arreglo a los siguientes criterios:

a) El régimen de precios máximos de transacciones del agua será, en cada zona, de carácter único o general.

b) En este régimen podrán establecerse justificadamente distinciones de precios en función de:

- las calidades físicas, químicas o bacteriológicas de las aguas;

- la estación o época del año en que se verifican las transacciones;

- el origen del agua, según sea éste superficial, subterráneo o industrial;

- los costes adicionales de transporte del agua derivados de su trasvase o elevación;

- el tipo de contrato, en lo relativo a si la transacción supondrá la entrega del agua por una sola vez o será continua y extendida a períodos anuales o estacionales.

c) Los precios del transporte del agua podrán ser generales o particulares para cada conducción o canal o cada uno de sus tramos e irán acompañados de una fijación de los máximos que se podrán facturar con cargo a pérdidas o arrastres en ellos.

d) Los precios propuestos se atendrán al principio de equilibrio económico de los sistemas de captación, producción o transporte de la isla o zona para la que se determinen y habrán de ajustarse, por tanto, a los costes reales de obtención y trasvase del agua, con inclusión de los de inversión tanto como los de conservación y explotación, los cuales se justificarán mediante el oportuno estudio económico-financiero.

e) Sólo en caso de presentarse costes reales desproporcionados por ser las condiciones de los sistemas de captación, producción o trasvase de agua de la isla o zona notoriamente ineficaces o irracionales, podrán fijarse precios máximos que no los cubran en su totalidad.

f) A la suma de costes de obtención y trasvase del agua se le añadirá un seis por ciento en concepto de margen bruto de beneficio industrial.

g) Podrán establecerse fórmulas de revisión para la automática adaptación de los precios fijados a la evolución de los índices generales de precios.

2. Con anterioridad a su remisión al Gobierno de Canarias, el Consejo Insular de Aguas someterá su propuesta, con todos sus antecedentes, a un trámite de información pública por plazo mínimo de un mes, mediante inserción de un anuncio en el Boletín Oficial de la Provincia.

Artículo 305º.- 1. El Consejo Insular de Aguas establecerá sistemas de información puntual sobre el tráfico del agua que permita su vigilancia efectiva sin alterar la rapidez de las operaciones mercantiles.

2. La información disponible sobre esta materia se hará pública oportuna y sistemáticamente al objeto de aumentar la transparencia de funcionamiento de los mercados de aguas.

3. El Consejo Insular de Aguas velará porque no se produzcan situaciones oligopolísticas y ofrecerá alternativas a través de la iniciativa pública a las situaciones anómalas de los mercados de aguas, promoviendo, si fuera necesario, transporte de aguas desde otros puntos de la isla.

Artículo 306º.- 1. En general, la ocupación o utilización de terrenos que requiera autorización o concesión del dominio público hidráulico se gravará con un canon destinado a la protección y mejora del mismo. No obstante, los concesionarios de aguas estarán exentos del pago del canon por la ocupación o utilización de los terrenos del dominio público necesarios para llevar a cabo la concesión (artº. 115.1 de la LAC).

2. Este canon se denominará "canon de ocupación y utilización de terrenos de dominio público hidráulico".

Artículo 307º.- 1. El canon de ocupación y utilización de terrenos de dominio público hidráulico se destinará a su protección y mejora.

2. Su base imponible será el valor del terreno ocupado o utilizado, considerando el beneficio que reporte. El tipo de gravamen anual ascenderá al 4 por ciento de la base imponible.

3. El valor monetario de la base imponible se actualizará regularmente con arreglo al índice de precios que, entre los disponibles oficialmente, se ajuste mejor a las condiciones de evolución de los precios de la zona o comarca donde se emplacen los terrenos.

Artículo 308º.- 1. Los beneficiados por las obras de regulación de aguas superficiales o subterráneas que se determinan en las presentes Normas, realizadas total o parcialmente con fondos públicos, satisfarán un canon destinado a atender los gastos de explotación y conservación de dichas obras.

2. La distribución individual del importe global, entre todos los beneficiarios de las obras y medidas, se realizará con arreglo a criterios de racionalización del uso del agua, equidad en el reparto de las obligaciones y autofinanciación del servicio. Esta distribución podrá hacerse a propuesta de los propios beneficiados, bien sea directamente o a través de sus organizaciones representativas (artº. 116 de la LAC).

3. Este canon se denominará "de explotación y conservación de obras de regulación".

Artículo 309º.- El canon de explotación y conservación de obras de regulación se fijará para cada anualidad por adición de las siguientes cantidades:

a) El total previsto de gastos corrientes de explotación y conservación de las obras realizadas.

b) Los gastos de administración en que incurra el Consejo Insular de Aguas o el organismo encargado de dichas obras e imputables a ellas.

c) El valor, debidamente corregido por la depreciación de la moneda, de las inversiones realizadas por la Administración en el que se incluirán los gastos de redacción de proyectos, los de construcción de las obras principales y complementarias, las expropiaciones e indemnizaciones que haya motivado esta construcción y, en general, todos los gastos de inversión, sean o no de primer establecimiento, exigidos por la ejecución de las obras y por su adecuada conservación.

Artículo 310º.- 1. Están obligadas al pago del canon de explotación y conservación de las obras de regulación las personas naturales o jurídicas, públicas o privadas, titulares de derechos al uso del agua o beneficiadas por la regulación de manera directa o indirecta.

2. Se considerarán beneficiarios directos de una regulación a quienes utilicen las aguas embalsadas y a los que las extraigan de un acuífero recargado artificialmente.

3. Se considerarán beneficiarios indirectos de una regulación a quienes, no utilizando las aguas embalsadas, se beneficien de alguna utilidad resultante de la mayor regularidad de las aportaciones de cauces o acuíferos determinada por ella.

Artículo 311º.- La obligación de satisfacer el canon de conservación y explotación de obras de regulación tendrá carácter periódico y anual y nacerá desde el momento en que se produzca la mejora o beneficio de los usos o bienes afectados, bien sea directa o indirectamente, conforme se establece en el siguiente artículo de estas Normas.

Artículo 312º.- El cálculo de las cantidades que han de considerarse para determinar la base del canon de cada ejercicio presupuestario se efectuará de acuerdo con los siguientes criterios:

a) Para actualizar el valor monetario de las inversiones, cada año se corregirá el efecto de la depreciación de la moneda de conformidad con lo estipulado en el anterior artículo 307.3.

b) El plazo regular de amortización financiera de las inversiones de la Administración en obras se fijará en veinticinco años, durante los cuales subsistirá la obligación de efectuar los pagos.

c) No obstante, si las obras o instalación en que consiste una determinada inversión tienen períodos de vida útil inferiores a dichos veinticinco años, podrán acortarse los plazos de su amortización financiera en tanto cuanto exija el plazo racional de su amortización técnica.

d) La anualidad de amortización de cada inversión de la Administración se determinará suponiendo una depreciación lineal de su valor, actualizado éste conforme a lo prescrito en a), es decir, se obtendrá mediante el cociente de dicho valor por el número de años del plazo de amortización.

e) La base del canon estará constituida por la suma de todas las anualidades de amortización correspondientes a las inversiones de la Administración más la totalidad de los gastos de explotación, conservación y administración debidos a la explotación de las obras.

Artículo 313º.- 1. El canon definitivo correspondiente a cada año podrá cargarse sobre los usuarios de los caudales en forma de tarifa de agua.

2. En los demás casos, dicho canon será puesto al cobro a partir de la aplicación del presupuesto del ejercicio correspondiente o de la prórroga del anterior.

3. Si un canon no puede ser puesto al cobro en el ejercicio corriente debido a retrasos motivados por la tramitación de impugnaciones o recursos o por otras causas, el Consejo Insular de Aguas podrá aplicar provisionalmente y a buena cuenta el último aprobado que haya devenido firme.

Artículo 314º.- Los cánones y exacciones previstas en los artículos anteriores serán gestionados y recaudados, conforme a lo establecido en las presentes Normas, por el Consejo Insular de Aguas. Su impago podrá motivar la suspensión o pérdida del derecho a la utilización o aprovechamiento del dominio público hidráulico y a los servicios regulados en la Ley 12/1990 (artº. 117 de la LAC).

Artículo 315º.- La recaudación se hará efectiva por ingreso directo en la cuenta abierta a este fin por el Consejo Insular de Aguas.

TÍTULO FINAL

SEGUIMIENTO Y REVISIÓN DEL PLAN

Artículo 316º.- La Gerencia del Consejo insular de Aguas de La Palma preparará anualmente un informe donde se recojan las circunstancias más relevantes relacionadas con la aplicación del Plan Hidrológico Insular y con la política hidráulica de la isla.

Artículo 317º.- Con anterioridad al 31 de junio del año 2003, el Consejo Insular de Aguas de La Palma emitirá un informe de revisión intermedia del Plan, en el que se contemplará:

a) La evolución seguida por las variables relacionadas con el consumo y la disponibilidad de agua de la isla hasta el año 2002 y la situación de los balances hidráulicos correspondientes a las diferentes zonas de la isla.

b) La evolución seguida por la ejecución de las inversiones incluidas en los programas del presente Plan Hidrológico.

c) La experiencia acumulada con respecto a la aplicación de las Normas del presente Plan.

d) Cualquier otra circunstancia que haya afectado a la situación hidráulica de la isla o a la efectividad de aplicación de su planificación hidrológica insular.

Artículo 318º.- 1. Si en el momento de emisión de dicho informe se llegara a apreciar que el presente Plan Hidrológico se encuentra desfasado, el Consejo Insular de Aguas impulsaría la redacción de una revisión de él que debería estar redactada no después de marzo de 2004.

2. En caso contrario, antes de enero de 2007, el Consejo Insular de Aguas iniciará los trámites correspondientes a la redacción de un nuevo Plan Hidrológico Insular.

Ver anexos - página 16500

ÍNDICE

PRESENTACIÓN.

EPÍGRAFE 1º CUADROS RESÚMENES DE INVERSIONES.

- ACTUACIÓN Y FUENTE DE FINANCIACIÓN.

- FUENTES DE FINANCIACIÓN.

- MUNICIPIOS.

EPÍGRAFE 2º RELACIÓN DE ACTUACIONES POR PROGRAMAS DE INVERSIONES.

EPÍGRAFE 3º RELACIÓN DE ACTUACIONES POR FUENTES DE FINANCIACIÓN.

EPÍGRAFE 4º RELACIÓN DE ACTUACIONES POR MUNICIPIOS.

PRESENTACIÓN.

El Plan Hidrológico Insular de La Palma constituirá el sistema básico de referencia de las actuaciones de carácter público o privadas destinadas a conseguir la mejor satisfacción de las demandas de agua y a racionalizar el empleo de los recursos hidráulicos de la isla, protegiendo su calidad y economizándolos en armonía con el medio ambiente y los demás recursos naturales (artículo 35 de la Ley de Aguas de Canarias).

El horizonte temporal del Plan, y por tanto el de las actuaciones que se contemplan en él, se sitúa en el año 2006.

En los presentes Programas se incluyen todas las iniciativas inversoras del Plan relacionadas con la ejecución de obras. Aparte, en el capítulo XIII de la Memoria se comentan y valoran las actuaciones relativas a estudios e investigaciones, actuaciones que podrán considerarse presupuestariamente como gastos corrientes o de inversión, según y cómo se plantee su realización.

Deberá entenderse, en todo caso, que con arreglo a la más recomendable técnica de presupuestación, dentro del coste estimado para cada obra se han integrado todas las partidas de gastos que previsiblemente exigirán su ejecución: a saber, y por ejemplo: la de los documentos que demande la promoción de las obras (redacción de proyectos y de estudios de todo tipo: sociales, geotécnicos, ambientales, etc.), los costes de adquisición de los terrenos (mediante expropiaciones o sin ellas) y los de las indemnizaciones a que dé lugar la ejecución de las obras, y, conforme a la legislación de contratos públicos, los costes propiamente dichos de ejecución de éstas.

Se recogen en estos Programas, en definitiva, 215 actuaciones específicas por un presupuesto global de 35.401 millones de pesetas (212,76 millones de euros), actuaciones que se enumeran clasificadas con arreglo a tres tipos de criterios:

1º) programas de actuación específicos,

2º) fuentes financieras de la inversión, y

3º) términos municipales donde se desarrollarán las obras.

Se comenta por último que, desde el punto de vista de la priorización de estas actuaciones, sólo se ha introducido una distinción: la de aquellas que tienen recursos financieros asignados o identificados y las que carecen de esta identificación de fuente de financiación (a las que lógicamente se les supone una inferior prioridad). Pero al margen de esta clasificación, el orden en que se relacionan las obras o los programas nada significa en cuanto a su nivel de preferencia.

Ver anexos - páginas 16502-16557

© Gobierno de Canarias