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La independencia de Portugal de Castilla, que trajo como consecuencia la pérdida del comercio de sus colonias; el matrimonio de Carlos II de Inglaterra con la portuguesa Catalina de Braganza,que favoreció el comercio de vinos de Portugal Madeira y Azores con Inglaterra perjudicando al que se realizaba con Canarias; la Ley de Navegación dictada por el monarca inglés en 1661; y la creación en Londres, en 1665, de la Compañía de Mercaderes que negocian para las islas Canarias" o "Compañía del Monopolio"; fueron los grandes contratiempos en el floreciente comercio de los vinos canarios. Ellos vinieron a marcar el inicio de la crisis.
La política abusiva de los comerciantes ingleses de la Compañía del Monopolio, establecidos en el Archipiélago, originan un gran malestar entre los cosecheros sobre todo de Tenerife, principal isla productora. Este malestar desencadena algunas algaradas de amenaza contra los ingleses, culminando con el llamado "derrame del vino" en Garachico en la noche del 3 de julio de 1666, en la que "trescientos o cuatrocientos enmascarados violentaron las puertas de las bodegas y destruyeron las barricas, derramando el vino, de forma que se originaban arroyos en las calles", provocando, según Viera y Clavijo, "una de las inundaciones más extrañas que se puedan leer en los anales del mundo".
Tras diversas crisis y vicisitudes, en 1848, la decadencia del negocio de los vinos canarios es extraordinaria y con la plaga de oídio en 1852 y, después del mildiu, en 1878, sufre este sector el descalabro definitivo del que ahora, por fortuna, se está recuperando. A pesar de ello, es importante reseñar que aun con el sector en crisis, en las exposiciones de París en 1877 y de Madrid en 1898, los vinos de las islas hacen un excelente papel y así lo reconocen varios cronistas de renombre universal
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